Un grano en el cubo

17 Sep
Caca
Caca

Estamos padeciendo una de las etapas de mayor decadencia en la sociedad malagueña. La pena de ser pobres se acrecienta con una ciudad despoblada conforme se aparta el sol de la tierra y lo anodino regresa. Pero si algo está siendo un elemento diferenciador de la ciudad en estos últimos meses es la suciedad que padece.

Málaga está muy sucia. Huele peste. Las aceras están negras y pegajosas y –encima- tenemos que soportar a politiquines que, a través de las redes, nos muestran fotos del antes y el después de una calle baldeada tras siglos sin ser limpiada. ¿Qué quieres? ¿Un premio?

Jamás de los jamases hemos tenido una ciudad tan dejada de la mano de Dios. Los cubos de basura apestan muy por encima del olor medio, el pavimento del centro aún tienen restos de jarabe de las hordas feriantes y se comienzan a ver más ratas y cucarachas de lo habitual por el casco histórico.

Nuestro centro está marchito con esos ramilletes que forman los cubos y las basuras apiladas en todo el cogollo de nuestra supuesta parte bonita. Da verdadera vergüenza pasar por Molina Larios y encontrar esa fila de basureros llenos de desperdicios mientras destilan un caldo que horroriza a cualquiera.

Es ridículo que pinten los cubos de reciclaje de vidrio si las ilustraciones las tapan las toneladas de porquería que dan las buenas tardes a los viandantes.

¿Qué está pasando con la suciedad? ¿Nos hemos vuelto más puercos? Imposible. Es más, conforme baja el consumo debe descender el tonelaje de basura. La gente hasta fuma menos porque no puede gastar así que habrá menor cantidad de colillas. Se sale menos. Se gasta menos. Se pasea menos. Se produce menos. ¿Por qué todo apesta? ¿Por qué los suelos dan asco? ¿Por qué hasta los barrios altos están más sucios si siempre han sido los mejor cuidados para hacer la pelota al voto seguro?

Llega un momento en que resulta absurdo e incluso ridículo focalizar las culpas y responsabilidades en personas como Luis Medina que, por cierto, suele realizar un genial trabajo siendo educado y formal. Pero ¿Qué sentido tiene que una capital europea como Málaga acabe trasladando problemas puntuales de limpieza a un señor como Luis? ¿Esto qué es? ¿El tele-escoba? Resulta muy de provincias que nuestra ciudad acabe solucionando los problemas de limpieza a base de teléfono o tuit chivateando a un gestor dónde hay caca y pipí.

Esta situación no es nueva ni asombra a los ciudadanos pues llevan meses gritando y protestando por esta decadente situación.

Pero tranquilos. Guarden la calma. Hay una solución en la que nuestro Ayuntamiento trabaja noche y dice para que seamos felices: Un nuevo museo. El Pompidou en el cubo. Sí. Aquello que iba a ser el recopetín cultural y que atraería a ingentes masas de personas a la ciudad.

Pero algo raro está pasando. No sabemos si es el tufo a basura que nos hace perder la noción real de las cosas o quizás sea el destello por el brillo que proyectan los famosos -¿?- de primer nivel -¿?- que ocupan las primeras filas de la prestigiosa -¿?- Pasarela Larios pero, la cuestión es que lo que iba a ser una historia cultural sencilla y prestigiosa se han convertido en lo que parece ser un pufo de dimensiones descomunales y que huele muy mucho a gancho electoral para las elecciones.

En esa guerrilla están puerto y ayuntamiento para ver si uno consigue que no llegue a tiempo para cortar la cinta a pocos días de soltar el voto o si por el contrario nuestro alcalde se puede apuntar el tanto para que, una vez revalidado en las urnas cuelgue la chaqueta y deje paso a uno nuevo que no hayamos elegido ninguno de los presentes.

La cuestión que indigna sobremanera es que, de lo hablado en un principio sobre el museo en cuestión, no quedan ni las migas. Todo humo. Nada. Cero. Lo que empezó costando uno pronto pasó a dos. Pero es que los dos subieron a tres. Pero es que los tres ya van casi por cuatro y medio. Sí. Casi cinco. Y sin contar un canon y sin contar lo que cuesta arreglar el cubo –que resulta que algo recién hecho cuesta mucho arreglarlo- y así hasta llegar al finito. ¿Pero cinco qué? ¿A qué se refiere usted con cinco? ¿Cinco minutos? ¿Cinco patatas? No. Caramba. Me refiero a los cinco millones de euros que, entre pitos y flautas, van a tener que apoquinar los felices ciudadanos malagueños para poder montar el tenderete cultural nuevo. Otro más. ¿Pero saben qué? Que ese dinero es solamente este año. Hablamos de casi cinco millones de euros al año –Muy baratito sí señor-. Y todo para algo que está firmado por cinco años. Sí. Casi 25 millones de euros para cinco años de museo. Que esto mañana no funciona y jopo. Fuera. Se llevan los cuatro cuadros y los tres hierros doblados y se los llevan a otro sitio para seguir engañan…perdón, para seguir extendiendo la cultura pura y plena por los pueblos dormidos de la baja Europa.

Esto es Málaga a día de hoy. La gente que se le pegan los pies por la calle de la mierda que hay y mientras este grupo de servidores pendientes de algo que ni nos va ni nos viene, que nadie ha pedido y que nos trae realmente sin cuidado pues se trata de un aparato turístico revestido de cultura y que, difícilmente, servirá de reclamo para aumentar las visitas –visitas de las que dejan dinero de verdad- en nuestra ciudad.

Si fuera más barato no habría tanto problema pues todo lo que sea sumar es positivo. Pero la realidad es otra. Y queda patente, una vez más, esa discordancia y pasotismo entre la sociedad real y los gestores municipales. Ellos pasan de nosotros y nosotros de ellos pues, de lo contrario, ya estarían en la calle o nosotros tirándoles tomates a diario. Nos falta valor. Y les falta un pelín de vergüenza.

Se lo rogamos de corazón. Sabemos que es cutre, arrastrado y que no debería ser necesario pedirlo pero, lean bien. Ahora mismo, en estos instantes, nos da absolutamente igual el museo ruso, el francés y el de la Conchinchina. Queremos que Málaga no huela peste. Queremos no ver el mismo papel en el suelo una semana entera. Queremos que intenten hacer el esfuerzo de no dedicar todo el tiempo en organizarse para engañarnos en busca del voto que está al caer.

Con esto de la cultura y los museos en el puerto, a los malagueños nos están abandonando para dedicarse a la búsqueda de engañabobos.

Sin duda alguna, nos ha salido un grano en el cubo. De basura. No del museo. O sí. También.

Viva Málaga

Una respuesta a «Un grano en el cubo»

  1. Me parece un artículo populista y radicalista, donde falta la objetividad que debe primar en el trabajo de un periodista aunque sea en una columna de opinión. No dudo de que el problema que expone no exista ni sea digno de consideración pero debería aportar datos que refuercen sus afirmaciones más cuando vierte verdaderas acusaciones a la vez que no aporta ninguna propuesta o solución concreta o tan siquiera una alternativa a las carencias que usted expone con un idioma que en mi opinión busca justificarse en lo desagradable. Como poco me parece excesivo afirmar, argumento que aunque no se dice de forma expresa se lee clarisimamente entre lineas que la ciudad está sucia porque se crean museos. Deducir esa causalidad es en mi opinión una licencia demasiado populista que no busca mas que crear alarma social.

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