Historias de curas

26 May

La figura del cura ha dado muchos personajes a la literatura y al cine. Entre otros, aquel “San Manuel Bueno, mártir” de Unamuno que es capaz de transmitir la fe a sus parroquianos y hace devotos incluso de los más descreídos, ocultándoles esa lucha interior que a él mismo le impide tenerla. Un alter ego, en cierto modo, del escritor bilbaíno, quien siempre se estuvo debatiendo entre la necesidad de creer en un Dios como le pedía el corazón y la razón que le impedía esta creencia. “Tengo la fe de querer tenerla”, solía decir.

También es digno de recordar aquel padre Orduña que escribió Muñoz Molina en la novela “Plenilunio”, un hombre sabio y lleno de perspicacia, que adora el pensamiento del anarquista Kropotkin e invita a buscar la culpa en los ojos de la gente. De este personaje guardo algunas frases inolvidables en la memoria, por ejemplo, “Detrás de las buenas acciones, siempre hay motivos más poderosos que la bondad”.

Como contrapunto a estos curas filósofos y venerables, la ficción nos ha dado otros, siniestros y perversos. Valga el ejemplo del hermano Salvador, retratado en “Los Girasoles ciegos” de Alberto Méndez, un canalla sinvergüenza e hipócrita que usa sus hábitos como pretexto para acosar sexualmente a la madre de un alumno, por la que se ha obsesionado. En esta misma línea oscura se encuentra “El crimen del padre Amaro”, que estremece tanto en su versión literaria como cinematográfica que narra cómo un joven párroco seduce a una muchacha ingenua, valiéndose de falsos argumentos místicos y, al dejarla embarazada, la obliga a abortar en manos de una curandera que acaba con su vida en una orgía sangrienta.

Casi tan repulsivo resulta el padre Manolo de “La mala educación” de Pedro Almodóvar; un pederasta depredador, capaz de estigmatizar la infancia de sus alumnos hasta hacerlos adultos atormentados.

Que la ficción es un reflejo de la realidad es innegable. En las filas del clero como en todos los sectores ha habido manzanas podridas, pero no es justo que éstas determinen a todo el sacerdocio a un mismo juicio condenatorio y que los reprobables sean, a fin de cuentas, la única versión.

La ficción como la realidad, nos ha dado muestras de todos los colores, donde también entran, como dijimos arriba, los curas íntegros y los curas divertidos.

Yo recuerdo de pequeña haber visto con mucho entusiasmo la serie “Don Camilo”. Don Camilo era un cura de pueblo con mucho carácter que, a menudo, se enfrentaba al alcalde comunista, Pepón. Se suponía que sus ideas los hacían enemigos, sin embargo, cuando, a fin de cuentas, comprendían que sus intereses eran los mismos acababan aunando fuerzas y reconciliándose.

En lo fundamental, el cristianismo de base y el comunismo se dan la mano. De ahí que la Transición española fuese una floración de curas comunistas. Aquellos curas comprometidísimos con la clase obrera y con su credo, que siempre me parecieron dignos de admiración.

También otros, aquellos estrafalarios como don Fabián, un cura croata que, siendo destinado a una isla del Adriático, al ver los bajos índices de natalidad, decide con la complicidad del farmacéutico y el quiosquero, agujerear los preservativos. “Los niños del cura”, se llamaba la película.

Ayer mismo vi. también otra película italiana, “Si Dios quiere”, cuyo protagonista era un cura alternativo que predica en los suburbios de Roma y logra captar para su causa a un cardiólogo prepotente y millonario, que baja de su nube para sumarse a la espiritualidad y el compromiso.

En cierto modo, recordaba a las comedias de Franz Capra.

Puede ser, no digo que no, que la iglesia necesite este tipo de propaganda. Nos entusiasma saber que el Papa Francisco es un hombre sencillo, que no le gustan los lujos y viaja en autobús. De otra manera, los adeptos disienten y fichan por religiones orientalistas.

Pero digo yo que si el humano necesita de la religiosidad, como decía Unamuno, para qué buscarla en la India. Los principios son iguales, más o menos.

Para evitar viajes costosos, yo he creado al padre Manuel, un émulo del Padre Brown, pero con sangre de la Axarquía. Tiene lo bueno de todos los curas que he citado ya. Es humano y cercano y, en fin, creía que me lo había inventado yo, pero ha terminado inventándome a mí y dándome nuevas ilusiones. Unamuno no se equivocaba, los personajes nos dominan.

 

7 respuestas a «Historias de curas»

  1. Varios años antes de la Transición, desde el Concilio Vaticano II, a principios de los sesenta, la Iglesia Española fue aumentando su protagonismo, en gran parte gracias al flujo migratorio español hacia países europeos, una vez desplazada Falange (como en tantos otros campos) que controlaba la OSE – Organización Sindical Española -. Apostar, según emanaba del Concilio, por un sentido realmente cristiano de la vida, promoviendo la fe católica, adaptándola a las necesidades y métodos de nuestro tiempo…Esto podría haberse dicho hoy mismo y no causaría sorpresa alguna.
    El caso es que el papel de la Iglesia, fuera de España, resultó decisivo para llevar a buen puerto el cambio de régimen, pues, si bien la intención primordial era seguir ejerciendo el control social, igual que en España, con el objetivo de que los trabajadores españoles no tuvieran necesidad de contactar, sobre todo, con sindicatos de los países de acogida, llegándose a crear la figura del “asesor laboral” e inaugurándose multitud de centros españoles, donde la referencia única era España y lo español, en ese intento por preservar lo “nuestro”, que parecía más un pintoresco “ghetto” que otra cosa… Sin embargo, desde dentro de esa misma Iglesia (que el régimen esperaba “adormeciera” para la causa a tanto español en el extranjero) y espoleado por el espíritu del Concilio en cuestión, fue larvándose un movimiento juvenil, una toma de conciencia de ser “levadura de masa”, en Cáritas y en trabajadores de base cristianos, que, a la postre, conforme avanzaban los sesenta, resultó ser una de las causas determinantes del ansiado cambio…
    De ese espíritu proviene, creo, este cura de la Axarquía, que sabe muy bien en qué terreno se mueve, un lugar donde, por tradición y por historia, se impone la prudencia con arte…

    • Hallazgo donde se halle. Exacto, ésa es la explicación. El cura Manuel es un fruto de la renovación de aquel concilio que quiso acercar la iglesia al pueblo. Se formó en tiempos de cambio, tiempos jóvenes y hubo de soportar luego la paradoja de que los nuevos tiempos viniesen mucho más viejos. Tiempos donde se instala el conformismo, el mirar para otro lado y encogerse de hombros.
      Ha de observar cómo sus parroquianos aceptan la corrupción como el único sistema de gobierno posible, porque los domina el miedo y no está en su naturaleza claudicar. Así que no claudica y le pintan bastos…
      Esa interrogante que es todo él, consigue despejarse algo y, sin embargo, eso no le consuela, pues, al saber la verdad, reconoce lo tortuoso que va a ser su camino ¿cómo podrá poner el orden de los principios cuando la inmoralidad es el común denominador? ¿De verdad queremos ser libres o hay cierta querencia fatal al síndrome de Estocolmo? ¿Qué se hace en el colmo de los colmos?

      • Ya se habló en su día de tal síndrome o parecido, a propósito de la ayuda que, a veces, el clero vasco dispensaba a los terroristas. Y el amenazado resultó ser el periodista que escribió sobre ello. Qué cosas…
        El existencialismo cristiano dice que “yo no soy yo si no estoy totalmente desesperado…” Puedes sublimarte y darle – aún más – sentido a tu vida, apurando en extremo y ganar; pero también puedes perder, dicen el relativista, el conformista y demás patulea, que asienten y nunca disienten. Mas el perder no entra en la apuesta, no al menos en la mente de alguien que se forjó al albur de unos ideales, en que la recompensa es la misma lucha…
        Cuando esa lucha viene en pequeña refriega, sin ideal en mente, puede ocurrir que vayas deambulando por la madrugada de aquella Barcelona -de -paso, que te encuentres un lupanar y, justo enfrente, estén diciendo la misa de la mañana…Entonces sin saber qué hacía, ni tampoco qué pensaba, tomé la calle de en medio, que me llevaba hasta casa. Ante la duda, que se decía…

        • Ganar o perder
          la batalla,
          sea que puede pasar
          fracasar,
          y aún así
          lo nuestro es siempre
          intentar
          sin quitarnos la sotana
          sea pagana
          o clerical
          porque nos pueden las ganas.
          No vamos a claudicar
          ni a entregar el baciyelmo,
          sean los contrincantes
          bien molinos
          o gigantes,
          vamos a seguir palante
          el ideal cervantino.

          • El caso es andar caminos
            entre barrancos y peñas
            entre ciudades y aldeas
            agrestes o sibilinos

            Llámense Manuel o Brown
            Don Roque o Don Camilo;
            siempre dejan lo mejor
            tras su paso por la tierra,

            descubriéndonos la flor
            en la enseñanza primera,
            transmitiéndonos el valor

            de lo que vale la pena,
            que es un mundo de amor.
            Al cabo es lo que se llevan…

          • También el cura Saturio
            por esos pueblos de España
            con muy poquitas pesetas
            iba en su motocicleta,
            espantando a las gallinas
            y tal como el Seat Panda
            se le pone mohína,
            que no arranca.
            Ay, cuántas penalidades
            que han de poner barreras
            a las buenas voluntades
            ¿dónde está la gasolina?

      • Está a precio de oro
        esto no lo para nadie,
        el negro petróleo moro
        lo tiene cogido alguien
        sin el mínimo decoro;
        nos envenena el aire
        platicando como un loro.
        ¿Opciones para frenarle
        y no le salga de balde?
        Desde las astas de un toro
        hasta un cura trabucaire…

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