La fama o la vida

29 Jul
Amy Winehouse
Por la fama se puede matar o morir. La muerte de Amy Winehouse y la matanza de Noruega son dos modos de ir y volver de la fama. Para llegar a la fama hay caminos largos y tortuosos que exigen una vida entera dedicada a una obra artística, científica o humanitaria, pero hay también atajos como el crimen. Los criminales, de manera inmediata, escriben su nombre en la historia, aunque no sea con letras de oro. Por eso, en nuestro memorándum de celebridades comparten cartelera; Dante, Gandhi y Charles Manson.
Anders Breivik, el asesino de Utoya, cegado por su afán de protagonismo, decidió saltar desde el anonimato a la primera plana de los periódicos, matando a lo bestia y a traición a 76 personas (por el momento), adolescentes indefensos en su mayoría, que es la manera más rápida de fabricarse una leyenda, a falta de mayor talento. Su presunta hazaña carece de toda grandeza y singularidad, pues ni como psicópata sanguinario resulta original -quién habla de originalidad en estos días- al limitarse a imitar conductas de otros criminales de la historia en un batiburrillo imposible de argumentos pseudo-ideológicos. Era templario, masón, homófobo, islamófobo, machista y, a lo peor, neonazi. Era lo que fuese, o sea, con tal de justificar un odio que hiciese mucho ruido y atrajera la atención del planeta hacia su mediocre persona que, en modo alguno, merece las etiquetas de superdotado e intelectual con las que está siendo descrito. Sus lecturas –Orwell, Maquiavelo o Kafka- son las básicas de un bachiller cualquiera y su famoso manifiesto, un plagio de corta y pega de los discursos del terrorista, Theodore Kaczynski, pero su fórmula ha dado resultado y su infancia carente de afecto por el abandono del padre y las livianas costumbres de la madre y su apariencia de serafín de cabello rubio y ojos azules tan incoherente con su cruenta barbarie –que le ha valido el sobrenombre de “ángel exterminador”- han pasado a ser temas de análisis colectivo, por lo que su narcisismo y su egolatría, lo único grande en tan deplorable sujeto, se deben ver sumamente satisfechas. Gracias a ciertas frívolas entrevistas, conocemos, además, otros datos de interés acerca del asesino como su bebida y su música favorita, la marca de su colonia y su debilidad por vestir de Lacoste (encima pijo.) Todo ello contribuirá a que los adolescentes, tomando nota, puedan convocar en torno a él un club de fans que fantasee con imitar su método para llegar a la fama. Es más fácil imitar a un asesino que a un artista, un científico o un premio Nobel de la Paz y, por lo demás, todo parece valer con tal de alimentar los delirios de grandeza de los que casi nadie parece librarse desde que existe internet y Belén Esteban. Habida cuenta de que cualquiera, sin mérito alguno, puede alcanzar la celebridad, la búsqueda de la fama se ha convertido en una obsesión globalizada y democrática.
Por otra parte, la idealización de la maldad por culpa de ciertas biografías en las que, por ejemplo, Hitler compaginaba una inteligencia sublime con una extraordinaria sensibilidad para con la música, el arte y los animales, han dotado a los criminales de un halo sobrenatural del que carecen. La maldad no es propia de mentes privilegiadas, sino más bien de criaturas ignorantes y primarias, como ha demostrado con sus recientes hallazgos, el catedrático, Pedro Fernández-Llebrez, quien en un cursillo veraniego de la UMA ha concluido que Hitler era un gran estúpido. Tal vez haría falta convocar otro cursillo para mostrar a los jóvenes el lado amargo de la fama y sus consecuencias. Aunque la lección se aprende con la reciente y trágica muerte de Amy Winehouse. Incluso la fama que da el talento tiene contraindicaciones funestas. Y Winehouse tenía talento, no para peinarse y vestirse, todo hay que decirlo, pero sí para hacerse distinguir con un brillo especial entre tanto músico mediocre. De repente, una de sus canciones te envolvía en algún local y necesitabas preguntarlo:
-¿Quién canta?
-Es Amy Winehouse.
Y a lo mejor empezabas a comprender su moño puntiagudo, los rabos de sus ojos; su agresividad como otra estrategia de defensa, de distanciamiento. Y también sus adicciones, por qué no. Tiene que ser terrible, a palo seco, presentarse ante un público que te exige la mejor voz del soul británico; la mejor. Lo peor no es ser el peor; de un grupo llamado “Peor imposible” no se espera nada y lo que se escuche siempre será mejor de lo que se anuncia. En cambio, al mejor le queda sólo mantenerse o caer, con todo lo que ello conlleva de intolerable presión psicológica; alimentar las expectativas desorbitadas de los admiradores y apartar con la otra mano a los buitres que se mueven por la envidia y se alimentan de carroña: el crítico que está deseando hablar de un concierto “más flojo”, el paparazzi al acecho de captar una foto en momentos bajos, los celosos del talento ajeno que disfrutan diciendo que estás acabada, el poeta que espera publicar ese epitafio que ya tiene escrito.
Por la fama se mata y también se muere. Es un cruel espejismo con los pies de barro.

10 respuestas a «La fama o la vida»

  1. RECORDEMOS CON CARIÑO LO MEJOR DE ELLA…

    LA MÚSICA…

    ¡FELICITACIONES POR EL ARTICULO LOLA!…

    ¡A SEGUIR ESCRIBIENDO!…

    P.

  2. Para estúpidos los políticos que nos gobiernan alrededor de todo este maravilloso Mundo(que con sus políticas de estado lo arruinan y arruinan a la gente)…

    ¿Porque?…

    La discusión (estúpida e) infinita de quien tiene el plan de gobierno de un lado o del otro(ahora son todas ideologías economistas de izquierda, derecha, centro, y todas sus variantes) para salvarnos de una crisis Mundial sin que nadie se entere de…; ¿cual es el plan?…; ¡el plan de gobierno!…; puéis claro…; ellos/ellas(políticos y políticas); creerán que todos somos unos estúpidos; y que la falta de trabajo, de vivienda, la pobreza y el hambre…; sera por cierto ¡una estupidez!…

    Nota: No me gustan ni Hitler, ni he escuchado lo suficiente de Amy Winehouse(¡pero que descanse en paz!, si la prensa amarillista la deja descansar en paz…); ni el tío de Noruega…

    Un estúpido.

  3. No se autoinsulte, que eso traumatiza, aunque tiene la ventaja de la modestia. Si se presenta como estúpido, la inteligencia de sus opiniones, será más valorada que si lo hace como “agudo y sabio observador”. Es una estrategia que funciona.
    La incoherencia e ineficacia de los políticos favorece que mamarrachos como Breivik quieran salvar el mundo a mano armada; tiene usted razón.
    Si no ha escuchado a Amy Winehouse, ésta es la ocasión “Back to black” forever.

  4. Desde luego, toda persona mala es estúpida e imbécil, pero eso no es consuelo. Por lo demás, sólo las personas estúpidas buscan la fama, las otras buscan reconocimiento, o ni siquiera eso.

    Un saludo, y muchas gracias, señora Lola.

  5. Pero hay pocas personas que se resignen a ser completamente anónimas y pensar que no dejarán huella de su paso por el mundo. Sólo los animales saben que estamos aquí por accidente y no por cumplir misión alguna.
    Yo no diría que la fama es obsesión de estúpidos. Ovidio, Virgilio y, en general, los grandes artistas, estaban obsesionados con la fama imperecedera a la manera clásica. No tiene nada que ver con salir en la telebasura y conseguir un minuto de gloria a costa de lo que sea.

  6. No puede uno evitar acordarse de la bella emperatriz Isabel de Portugal, tras su fallecimiento y la exclamación de San Francisco de Borja, al ver el rostro en descomposición de su amada reina, después del trayecto que hizo la comitiva, en pleno verano, desde Toledo hasta Granada: “Nunca, nunca más servir a Señor que se me pueda morir”. Desde entonces renuncia a la fama y la fugacidad de las cosas terrenas, dona posesiones, cede títulos…Y así, entre gazpacho y tinto de verano, uno sigue pensando, como tantos, que tal vez el mundo se quedó en Platón.

    Un saludo para ti, Lola y para todos. Y cómo no, duro con el ferragosto.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.