Button y Button

2 Ago

En el verano de 1860, el señor Roger Button corrió hacia el hospital contento por el nacimiento de su hijo. Se trataba de la Clínica Maryland en Baltimore, algo reservado para familias económicamente muy solventes. Mientras se acercaba, deseaba que su vástago fuera un niño, para poder enviarlo a la Universidad de Yale. Al Yale de verdad, quiero decir, no como el Harvard ese a pocos kilómetros de Pozuelo.

Pues bien, horririzado, al igual que todo el personal de la clínica, el señor Roger Button iba a comprobar que a su hijo le colgaban los pies de la cuna y que había nacido con 70 años. Le llamó Benjamin.

Así comienza El curioso caso de Benjamin Button de Francis Scott Fitzgerald. Y así comienzan también los nuevos liderazgos en los viejos partidos. 

Socialistas y Populares, los Button de la política española, se renuevan con la garantía de que nada cambie. Para eso buscan a sus elegidos en el interior de la pirámide. Abren el siguiente sarcófago de la fila, para evitar que al nuevo jefe de filas le haya dado el aire de la calle.

Esto no es casualidad. El establishment se organiza. El bipartidismo se protege. Han decidido que hasta aquí hemos llegado. Se han cogido de la mano para expulsar a los nuevos. Qué se han creído estos nuevos que quieren cerrar diputaciones, si son de lo que vivimos en las provincias. Qué se han creído estos nuevos que quieren quitar los aforamientos; estos adanistas que quieren que nos juzguen los jueces que juzgan a todo el mundo. ¡Y quieren que los jueces no sean elegidos por los políticos! ¡Y que se acaben los dedazos y se ponga a gente de carácter técnico y no político al frente de las instituciones públicas! ¡Y que el Fiscal General del Estado sea votado por el Parlamento y no por el Gobierno! ¡Y quieren que los votos de los españoles valgan lo mismo cambiando la Ley Electoral! En fin, no le queda más remedio al bipartidismo que cargarse a los nuevos.

El PP y el PSOE han elaborado una coreografía en la que danzan en círculo simulando un enfrentamiento que contente a su electorado, pero no vayan a hacerse daño o a romper la pajita con la que sorben del bote. Que el enemigo son otros.

Antes de que Pedro Sánchez aglutinase a todos los nacionalistas y populistas para una moción de censura, el PP dijo a Ciudadanos que aprendiesen a ser tan leales como el PSOE. Durante la moción de censura, Pedro Sánchez deseó al PP que se rearmase y recuperasen su espacio. Yo no creo que el PP sea un partido corrupto, dijo. El PP durante la moción de censura centró sus ataques más duros en Ciudadanos. El leal Sánchez atacaba a Rivera y el PP aplaudía. Terminada la moción, el PP y el PSOE atacaron a Ciudadanos. Estos tienen que desaparecer del mapa, que nos cierran el chiringuito, sería la idea que sobrevolaba Génova y Ferraz.

El PP eligió a un candidato que lo primero que ha dicho es que aspira a volver al bipartidismo y que hay que terminar con Rivera.

Mientras, Sánchez, coloca con sueldos del Estado y al frente de sus instituciones más importantes a amiguetes que le aseguren el control político de las mismas. Y lo que es peor, que en absoluto aseguran una buena gestión de las mismas: el CIS, Adif, Cetarsa, Correos, Puertos del Estado, Enusa, Paradores de Turismo, Loterías del Estado, Red Eléctrica, Aena, Renfe, Sepes, el Instituto Cervantes, la SEPI y un nefasto y costoso etcétera. El PP lo asume encantado. No en vano, es el turno del PSOE. En el PP van pensando en quiénes pondrán ellos cuando toque.

Ciudadanos ya ha pedido comparecencias a algunos de estos dedazos para que expliquen qué experiencia tienen para los cargos. Veremos qué hacen los demás.

Mientras, Casado y Sánchez, PP y PSOE, Button y Button, votan juntos en contra de suprimir los aforamientos en Andalucía como ha propuesto Ciudadanos, votan juntos en contra de cambiar la Ley Electoral como ha propuesto Ciudadanos, votan juntos en contra de que el Fiscal General del Estado no sea el Fiscal del Gobierno, como ha propuesto Ciudadanos…

El Button del PP quiere volver al bipartidismo. Quiere que la gobernabilidad de España dependa siempre del PP o del PSOE más algún nacionalista. Eso sí, en su coreografía hará aspavientos contra el secesionismo y demás. Pero no tocará la Ley Electoral que haría a todos los españoles iguales. Porque tocarla haría perder escaños a PP y PSOE.

El Button del PP, dice que el PP ha vuelto. En referencia al PP del Majestic, que entregó decenas de competencias a Pujol para que pudieran empezar a pertrechar el golpe a cambio del Gobierno. Ni se pensó en la posiblidad de pactar con el PSOE. Mejor Pujol.

El Button del PSOE desea que el PP se recupere, mientras, pone el Gobierno de España a los pies de los caballos, dando aire a los golpistas y encargándose de sellar las vías de aire fresco que pudieran contaminar el rancio aroma a naftalina que custodian Button y Button de forma alternativa.

Porque Button y Button, tan preocupados de España estaban, que por no ponerse de acuerdo, llevaron a las urnas de nuevo a los ciudadanos para que se pensasen mejor lo que habían votado. Button y Button en su danza de la permanencia, obedeciendo a su genoma común de parásitos del Estado, se han puesto de acuerdo en que hay que terminar con esos nuevos advenedizos que quieren que España prime ante Génova y Ferraz. Con lo que ha costado montar todo el tinglado.

Porque Button y Button mantendrán las urnas ocultas, mientras no estén seguros que el resultado de las mismas garantiza la pervivencia del sistema gorrón donde la patria es el partido.

Planilandia

2 Mar

 

En 1884 el reverendo Edwin Abbott escribió una novelita estupenda e indispensable para los amantes de la ciencia ficción llamada Planilandia.

La novela está narrada por un cuadrado – de hecho Abbott la firmó originalmente como A Square – que habita en un mundo en dos dimensiones. Los habitantes de Planilandia viven en algo similar a la superficie de un folio. Todo su mundo y movimientos son sobre el folio. Nada arriba, nada abajo.

Nuestro cuadrado tardará en comprender la naturaleza de una esfera que viene de Espaciolandia, pero querrá abrir los ojos a un punto, que no concibe ninguna dimensión y que está convencido de que ocupa todo su universo: Puntolandia. El cuadrado comprende todo y termina en prisión.

Abbott quería criticar la sociedad victoriana en la que vivió. La falta de perspectiva  en nuestra especie es continua. De vez en cuando a un punto se le aparece un cuadrado y a un cuadrado una esfera. La cuestión es la reacción.

La política española se ha movido en dos dimensiones habitualmente. El paradigma izquierda-derecha ha tratado de constreñir cualquier movimiento dentro del espectro. Pero ¿es este el único margen de definición y actuación política? ¿Y si hay otros ejes que pueden aportar nuevas perspectivas?

Hace poco tiempo pude escuchar a Juan Carlos Girauta señalar otro paradigma. Otros puntos cardinales, algunos de los cuales os describo a continuación, añadiendo otro de mi cosecha.

El eje europeísta-antieuropeo: ¿queremos más o menos Europa?

La Unión Europea ha sido el experimento de paz más fructífero que ha conocido el viejo continente. Por eso amantes de la paz como Zweig querían una Europa unida de países hermanos. También quería una cultura y progreso comunes. Antieuropeos proliferan de izquierdas y de derechas, pero suelen tener en común el extremismo.

El eje globalizador-antiglobalizador. ¿Queremos comerciar con todo el mundo o queremos ir hacia la autarquía? ¿Plantear la apertura a la creación y al emprendimiento o el encierro por temores ancestrales?

Un tercer eje del nuevo paradigma de la política actual es el del cosmopolita frente al nacionalista. Más antiguo de lo que parece pero con gran capacidad para el camuflaje. Un error constante de conservadores y socialistas en España ha sido el concebirse mutuamente como enemigos. Esto era así porque se podían expulsar del poder uno a otro. Como los nacionalistas se conformaban con gobernar en una zona, podían ser aliados para contener al adversario.

Para que la frivolidad anterior pueda producirse he pensado un nuevo eje: el del partido como fin o el partido como herramienta. Si el partido es un fin, España es un medio para la supervivencia y bienestar del partido. Hay hasta quien considera al partido un ente que le habla: lo ha dicho el Partido. Estos mediums suelen perder de vista que trabajan para mejorar la vida de los españoles y no para los partidos.

Quien tiene esta concepción de España como herramienta no tiene problema en pactar con quien quiere destruirla, se llame Pujol, Ibarretxe o Rovira. Todo por el partido. Muy del Ingsoc.

La concepción contraria, la del partido como herramienta, es incompatible con estas prácticas. Se puede llevar al poder al rival político, e investirle presidente si consideras que evitas un mal a tu país y consigues la incorporación de algunas de tus políticas, que no de tus políticos.

 La gran ventaja táctica del nacionalismo es que ha contado con la argamasa del odio al diferente. Un odio común hace que conservadores de CIU puedan ir de la mano con antisistemas de las CUP. También es cierto que el nacionalismo garantiza su permanencia en el poder. Y los conocidos percentiles.

El gran drama es que los viejos partidos ven a España como un medio para su supervivencia. Por eso la feroz resistencia frente a los cambios que pueden abrir grietas en los búnkeres de la partitocracia, ya sea la Ley Electoral, la elección de los jueces por alguien diferente a los políticos, igual con el Fiscal General del Estado o con los medios de comunicación públicos.

Atacarán con furia a todo aquel que amenace el status quo. Será el enemigo aunque sea europeísta, globalizador y cosmopolita. Aunque la amenaza no pretenda serlo. Golpearán con todo: se aliarán hasta con antieuropeos, nacionalistas, antiglobalizadores y golpistas. Veloces en línea recta como el Thunderbird de Thelma y Louise, el egoísmo su motor y la soberbia su combustible, hasta el fin del folio…

Patriotas de sede

27 Ene

En el año y medio que llevo trabajando en el Congreso de los Diputados he aprendido muchas cosas. Hoy voy a escribir sobre la que más puede interesar al gran público.

Soy poco amigo de las teorías conspiranoicas. No creo en las manos negras, ni en que unos cuantos poderosos se reúnan en un hotel a ver qué hacen con el mundo en los próximos meses. Sólo hay que leer Cañones de agosto para darse cuenta de que los grandes acontecimientos globales se parecen más a una piedrecita que empieza a rodar por la ladera de una montaña para ir incorporando nieve y más nieve a su masa que a una marioneta con hilos.

Han existido sociedades semisecretas como la Golden Dawn, la Sociedad de la Niebla o los Rosacruces. Poco influyentes en el mundo pero atractivas por sus ritos y sus imaginarios. Yo he pasado grandes momentos leyendo sus historias. Dan Brown ha sido más listo y se ha forrado con sus cócteles literarios sobre estos asuntos. Pero toda su acción real pertenece a ámbitos reducidos y son propias del estudio de románticos o aficionados a temas misteriosos

Pero en el Congreso de los Diputados he dado con una conspiración pública, a plena luz. La de los patriotas de sede.

Tengo el honor de que el Grupo Parlamentario de Ciudadanos me haya designado como portavoz en la Comisión de Control de RTVE. Allí he visto en primera persona cómo el Partido Popular y el Partido Socialista forman una férrea alianza para mantener el control de la radiotelevisión pública española. Maniobras y estrategias conjuntas para evitar que se elija al presidente y Consejo de Administración de RTVE mediante un concurso público, pudiendo seguir eligiendo por concurrencia de amiguetes a los dirigentes de los medios de comunicación pagados por todos.

Lo mismo ha ocurrido con la elección del Consejo General del Poder Judicial. PP y PSOE son hermanos de sangre cuando de evitar la independencia de los jueces se trata. A pesar de que desde Europa ya nos han dado una seria advertencia, el bipartidismo en aras del interés general de sus sedes, se niega a dejar libre de sus garras al Poder Judicial.

Estamos sin presupuestos porque el PSOE no quiere entenderse con el PP en esa materia. La pantomima escénica aquí no afecta a las sedes, sino a los que habitan fuera de ellas. Los del PP acaban lanzar loas a la responsabilidad y sentido de estado de los nacionalistas del PNV. Responsabilidad y sentido de estado que crecen regados por miles de millones de euros que sustraen de las personas para darlos en función del territorio. Parece que el contribuyente es el musgo.

Y luego está la más sangrante conspiración a plena luz y sin disimulo: la Ley Electoral. A pesar de la funesta forma de calcular el valor de los votos de esta norma fundamental, los viejos partidos se niegan a tocarla.

Saben que hace desiguales a los ciudadanos. Saben que propicia que estemos una y otra vez en manos de los nacionalistas. Saben que muchos de los males que hoy soportan los españoles vienen por haber dependido de Pujoles para tener Gobierno. Saben que los españoles sufren desigualdad por las aritméticas diabólicas que surgen de esta norma. Saben que no hay un gobierno constitucionalista en Cataluña por la Ley Electoral.

¿Y por qué no hacen nada? Porque también saben que la sobrerrepresentación bipartita depende de este cálculo injusto. Y ¿qué es España frente a Génova y Ferraz?