Los Sueños de Conocimiento (2)

30 Abr

Sor Juana de la Cruz, jovenAclaración previa.-

Cuando una serie de hechos se van disponiendo en la historia de una forma que guardan un orden lógico y una cronología adecuada : primero, a lo que es la vida de un ser humano, y luego, a las de sucesivas generaciones de seres, y cuando éstos además transmiten no sólo un afán digno y hacedero sino también la acumulación de nuevos hechos que van coincidiendo con los que antes se dieron, no estamos ante azares ni casualidades, sino ante secuencias plenas de un sentido unívoco. Llamo “secuencias plenas de un sentido unívoco” a aquellas porciones de tiempo, (toda secuencia es un fragmento de tiempo), donde se dan sucesos, o fenómenos, hechos, en suma, que pueden exigir algún tipo de explicación. Es el caso de muchos de los tipos de sueños que tocaremos en este y otros textos.

La investigación de tales hechos y la ordenación razonable de dichas secuencias deben al cabo conformar lo que constituye el armazón de la historia del ser humano en su avatar terrenal. Tratar de ir más allá es aventurarse en territorios ya no lógicos, sino míticos, o incluso parapsicológicos. Tal cosa no es ahora objetivo nuestro, aun cuando podamos rozarla, en algún caso, por la naturaleza misma de lo que se refiera.

Quiero decir que cuando se hable, por ejemplo, de “sueños chamánicos”, (o si se prefiere, “uso chamánico” de los sueños), y de “sueños de creación”, (que tienen carácter demiúrgico, a mi entender), estaremos entrando en esos territorios, ya de tipo mítico, ya de naturaleza parapsicológica.

Ahí, personalmente, entiendo que sólo debo entrar muy de puntillas : ni soy “brujo” ni soy chamán, y las cosas que de esos asuntos sé, es sólo por lecturas o referencias de quienes sí que saben. O más aún que saber : ellos, (y ellas : no estoy autorizado a dar nombres), sí son ambas cosas. O desde luego practican mancias y videncias varias. Que yo los conozca y haya tratado no me convierte ni en vidente ni en experto en cosas de esos ámbitos del amplio abanico de los modos de cognición, del tipo que sea, de los seres humanos. Lo mismo que orar, en el modo y el idioma que sea, no nos convierte en santos.

1.- No está de más empezar anunciando el relato de un sueño que el propio autor del libro de donde lo tomo refiere y comenta en: “Episodios Malagueños”. Su autor, Manuel Laza Palacio, (Vélez Málaga, 1909. Málaga, 1988), consideró oportuno sacar a la luz, entre las muchas cosas curiosas y vicisitudes por las que pasó a lo largo de sus más de 38 años de trabajo en la hoy conocida como “Cueva del Tesoro”, un sueño que ahora podrá el lector de estas líneas valorar, cada cual a tenor de sus ideas y referentes al respecto, pero que a nuestro juicio entraría en lo que venimos llamando “sueños de conocimiento”. Este y otros sueños serán objeto de consideración en un texto posterior a este actual, pues es tema al que quisiera darle la suficiente independencia y a la vez tomarme cierto espacio para su debido comentario.

En ese resumen del sueño (que, como acabo de decir, voy a realizar más adelante), no omitiré el nombre que su autor, y sujeto del sueño, M.L.P., le puso. Lo llamó “Un sueño profético”.

Nosotros lo analizaremos, muy por encima, como es de rigor: habría mucho que preguntar al soñador, en este caso mi propio padre, y eso ya no es posible. Y lo veremos como un tipo de sueño de conocimiento. Y, por último, nos atrevemos a decir que lo mismo que en “Episodios Malagueños” se le llamó “profético”, se le podría haber llamado “sueño visionario”, pues de ambas cosas creo que participaba el suceso onírico que el lector puede ver, por entero, en el libro citado, del que hay edición más moderna, como se reflejará abajo, en la muy concisa bibliografía que se dé aquí. El extracto del sueño lo podremos en próxima entrada, junto con los de otras personas que tiempo atrás se involucraron en el estudio

Sus nombres reales se darán siempre que tenga previa y explícita autorización para ello, o cuando se trate de sueños ya hechos públicos al haber sido editados los textos donde se relatan y hasta estudian, como es el caso de un poema de Sor Juana Inés de la Cruz, “Primero Sueño”, que ha sido ampliamente estudiado, entre otros autores, por Octavio Paz. Como es lógico del poema de Sor Juana Inés de la Cruz sólo podremos dar una puntual referencia, pues se trata de un texto amplio, sin cabida posible en este espacio. Pero todo lector podrá acceder al poema en la propia Red, sin dificultad alguna, si es que no dispone de la obra de la genial escritora mejicana del siglo XVII.

No del todo debidamente valorada en nuestras Historias de la Literatura, se trata de una mujer excepcional. Aprendió latín en veinte lecciones, y la lengua nahuált de sus vecinos naturales de México. Mantuvo además posturas intelectuales que le acercan, muy “avant les temps”, a lo que hoy se consideraría una defensa de la igualdad entre hombres y mujeres (: eludo el término “feminismo”, que considero, a estas alturas, tan cargado de connotaciones que le convierten en un concepto un tanto ambiguo).

El poema de Juana de Asbaje y Ramírez de Santillana (su nombre antes de profesar como religiosa) continúa siendo un enigma en muchos sentidos. Personalmente creo que tiene relación tanto con la tradición que encuentra en Calderón de la Barca ( con su “La vida es sueño”) su máximo valedor, como con la visión que los naturales del México pre-hispánico, los de habla nahuált y otras etnias ( y lenguas) de la antigua Nueva España, tenían de los sueños. Esta cuestión es obvio que sería objeto de otro tipo de estudio.

2.- Hay tres tipos de manifestaciones que son típicamente humanas y que desde ciertos puntos de vista pueden, y yo me atrevería a decir que hasta deben, ser consideradas en conjunto pues sin duda algo las une : las manifestaciones pictóricas prehistóricas, los mitos a ellas asociadas a través de la palabra, y muchos de los símbolos oníricos. Pintura, Palabra, Sueños : he ahí una tríada que desde los inicios mismos de la Historia de la Humanidad deben haber estado unidos de una forma muy íntima. Me refiero ahora a la Historia anterior incluso a las formas de transmisión de nociones y hechos, de eventos, (considerados por aquellos no tan lejanos antepasados nuestros parte esencia de sus vidas, dignas de ser conservadas generación tras generación), y sucesos que “todavía” no recibían la forma de escritura que hoy conocemos y dominamos. Veré de fundamente y razonar lo que digo, y que el prudente lector considere y estime la validez de los argumentos que se den.

Esos tres tipos de manifestaciones son típicamente humanos y que desde ciertos puntos de vista pueden, y yo me atrevería a decir que hasta deben, ser consideradas en conjunto pues sin duda algo las une : las manifestaciones pictóricas prehistóricas, los mitos a ellas  asociadas a través de la palabra, y muchos de los símbolos oníricos. Pintura, Palabra, Sueños: Una auténtica “Tríada”. Yo que creo estuvo íntimamente relacionada en los inicios mismos de la formación del hombre como especie muy particularmente cualificada entre el resto de los seres vivos del planeta. Luego ha sido ya muy tardíamente que se dijo aquello de ut pictura poesis”.

Y es que la Roma Clásica, heredera directa de una Grecia luminosa y apolínea, -aunque también dionisíaca y tendente al enfebrecido “caos báquico”: ahí están las famosas bacantes, ahí está ese estudio, “Los griegos y lo irracional”, de Eric R. Dodds-, Roma, decía, además de dejarnos los caminos o vías de conexión por todo su Imperio extendidos y muchas de ellos aún válidos, y además de dejarnos los tres principios básicos del Derecho, (: 1, no dañar a nadie; 2, dar a cada uno lo que le pertenece; y 3, vivir honestamente), nos dejó una serie de pensamientos que continúan siendo ejemplares y modelos de sabios. Sabios que, sin serlo, pasarían por santos, como de hecho ocurrió, de manera implícita, durante el Medievo ya cristianizado y con el latín clásico convirtiéndose en las actuales lenguas románicas, o bien llenando de términos a lenguas no románicas, como el inglés, por ejemplo.

3.- El poder del pensamiento (lingüístico), representado con palabras o en forma de  pictogramas, e incluso de signos directamente “visibles como simples pinturas”, y su conexión con ciertas categorías de la vida diaria donde vigilia y sueños con-formaban una unidad que hoy sólo se da en algunos de los llamados “pueblos primitivos”, es algo que debemos considerar con un mínimo de seriedad y también debemos valorar con mentalidad científica, en el sentido de tratar de explicarlos y entenderlos, y no en el de verlos dentro de nuestros actuales paradigmas de pensamiento y cultura, ciencia incluida ahí, o eliminarlos como poco menos que escoria “salvaje y primitiva”. A este respecto no está de más citar el estupendo estudio de Steven Pinker, “El mundo de las palabras”.

Cuando desde un sueño una persona se da cuenta de que en su vida se  están produciendo errores a causa de su propia desatención o por  algún otro motivo, tal sueño es claramente de conocimiento. Hay un modo de conocimiento positivo, donde aprendemos algo que no nos era conocido, y otros de conocimiento no digamos que “negativo”, (lo que sería un dislate), pero sí “de rectificación”. Sueños de rectificación típicos serían los que nos llevan a acudir a un especialista, a un psiquiatra o un psicólogo : ” Doctor, ¿qué me pasa ? Soy incapaz de hablar con soltura en público…, ¡algo que he venido haciendo toda mi vida!” Y cosas de ese tipo, que serían posibles ejemplos.

Hay más sueños de conocimiento “de rectificación” que no de conocimiento “positivo” debido a que estamos viviendo en un tipo de sociedad cuya estructura y funcionamiento, en muchos aspectos, potencia los casos de bloqueo o de frustraciones. Y es claro que quien vive con la constante invitación a “ser más”, acabará queriendo ser más, y muy posiblemente “viéndose menos o inferior” debido a ese tipo de exigencia que le viene impuesta desde afuera. Típico de una sociedad donde competir es algo más que esforzarse en ser uno mejor de lo que es: es superar “al otro”. ¿Cuántas veces habremos escuchado, en retransmisiones deportivas por ejemplo, eso de “instinto asesino” o “depredador del área”, en tonos que no ocultan la admiración? Ahí late esa exigencia de que estamos hablando. “Su hijo es un buen jugador, pero tiene que ser más agresivo” : he ahí otro tipo de aserto válido para caracterizar lo que se lleva dicho en este párrafo.

Notas bibliográficas.-

Manuel Laza Palacio, “Episodios Malagueños”. Edita Airón Sesenta S.L. 2005. El libro está en la Biblioteca Manuel Laza Palacio que propició el Ayuntamiento de Rincón de la Victoria.

Steven Pinker. “El mundo de las palabras”. Ediciones Paidós Ibérica, S. A. 2007. La traducción es de Roc Filella. Es un libro que consideramos de gran valor tanto por su contenido, muy puesto al día, como por las posturas que mantiene en los temas que aborda, siempre posturas abiertas y razonables.

Los Sueños de Conocimiento (1)

26 Abr

El sueño de kekulé1.- En términos generales se llaman “sueños de conocimiento” aquellos en los que el sujeto soñador logra aprender algo a partir de uno o varios sueños. Como casos más frecuentes se dan los tipos de sueños donde lo que se aprende tiene que ver más con la eliminación de elementos negativos de la vida diaria que no conocimientos positivos. Por ejemplo, en sueños de ese tipo, alguien puede “aprender” de sí mismo que determinadas fobias las puede eliminar: basta con hacerles frente. Y donde se pone “fobias” podemos poner “hábitos de conducta” que sean nocivos para nosotros: excesos con el alcohol, con el tabaco, la misma irritabilidad que a veces suele obnubilar, (es decir, “en-nubecer”), nuestra mente.

Sería muy raro que alguien lograra aprender matemáticas en sueños, pero no es raro que un matemático, o un químico, logre resolver un problema de su materia en sueños. Paradigmático es el caso, ya en anterior texto citado en este blog, de Federico Augusto Kekulé, quien a partir de un sueño desentrañó la estructura molecular del benceno, una de las más complicadas con que se topaban los químicos de la época, finales del siglo XIX.

Luego están los modelos “de conocimiento” de tipo chamánico, asuntos estos en los que ahora no entramos. Paralelos a los modelos de los chamanes y sus “sueños de conocimiento” serían los de contenido religioso, como pueden ser las llamadas “revelaciones en sueños”. Es también muy conocido, y en su momento se citó en este mismo foro, el llamado “sueño de los nueve años” (tenía esa edad entonces quien lo soñó, Don Bosco) de San Juan Bosco, uno de los soñadores religiosos más notables de la época moderna: en el Israel del Antiguo Testamento habría sido un Tobías o un José en Egipto o un Daniel, y tendría su propio “biblos” en el grupo de libros que componen nuestra Biblia.

2.- La idea de que los aspectos cognitivos usuales de la vigilia quedan desvirtuados en el sueño carece de rigor, o por lo menos está mal expresada. Se parte de la base de que el estado cognitivo “perfecto” es el de la vigilia, y punto. Ese es el error. La vida de vigilia tiene sus propios paradigmas, y sus modos de cognición adecuados a lo que en la vida de vigilia hemos de hacer y sólo a lo que en ese estado hemos de hacer. Los sueños, simplemente, ” son otra cosa”. Están, en parte, en otra dimensión. Y tratar de encajarlos en una dimensión que no es la suya, es como querer embalar bolas o balones en cajas triangulares, y una vez hecho formular una crítica sobre la cantidad de espacio que sobra y queda como inútil : un absurdo. Y es que en este sentido, en tanto somos seres que solemos hacer nuestra vida en estado de vigilia pero que necesitamos pasar cada día una serie de horas durmiendo, y en las cuales solemos soñar, tenemos una doble (por lo menos) naturaleza: la de despiertos y la de dormidos, y dentro del dormir, la del soñar. Somos a la vez “vigilantes” y “soñadores”.

Lo que se dice sobre los sueños en “Bio Questions in Science”, (Londres, 2002) traducido al castellano con el título de “Las grandes preguntas de la Ciencia”, (Crítica. Barcelona. 2006), no cae en ese error. El capítulo sobre los  sueños lo firma Stephen LaBerge, Director del Lucidity Institute, (Palo Alto, California). Una gran autoridad en la materia. Su lectura, ya al alcance de un gran público, es muy interesante. Hay cosas que podrían sorprender a algunos. Otra cuestión es que se tenga o no interés en conocer ese aspecto del funcionamiento del ser humano como organismo vivo en todas sus facetas que tienen relación con la mente y los estados de consciencia. En cierto modo, los sueños son estados de consciencia que se producen, en su inmensa mayoría, mientras dormimos.

3.- “Cuerpo onírico”. Me va a permitir el lector que aclare algo de esto. Es algo así como un “retorno al pasado” no muy lejano. De una forma que (creo) fue más que nada intuitiva, hacia 1994 ó 1995 usé en mis clases, refiriéndome a los sueños y a sus múltiples posibilidades como instrumentos que podrían servir para mejorar aprendizajes, conductas, eliminar fobias o incluso pesadillas, potenciar valencias diversas ya existentes en la persona, usé – digo- ese mismo sintagma, ese par de palabras: ” cuerpo onírico “. Pero luego, leyendo un libro que se escribió en 1997 y se tradujo a nuestra lengua al año siguiente, 1998, me topé con el mismo par de términos y con la noción misma que ya había intuido personalmente.

Consideré el hecho un regalo afortunado de la dedicación misma a una tarea y no me ocupé más de la aparente casualidad : no creo en el azar. Y se acentuaron en mí los ya no pequeños “asedios de interés” que me proponía de continuo el mundo de los sueños. Pero eso es otra historia. Quizá algún día la cuente, si merece la pena. Pero hay algo de lo que no tardé en darme cuenta : la dificultad está en que nuestra sociedad actual, sometida a unos “paradigmas no electivos”, a unos esquemas de pensamiento que van más allá de las creencias religiosas o de las ideologías, y se nos instalan en los modos de conducta y hasta condicionan el lenguaje mismo con que nos comunicamos, la dificultad (decía) está en que se acepte tal idea: existe un “cuerpo onírico” real en cada uno de nosotros.

Que ese modo de corporeidad, que parece inmaterial y no suele ser sensible a otros, (salvo, y sólo en ocasiones, a uno mismo), se desarrolle luego más o menos en cada uno es cuestión muy distinta. No porque tengamos piernas somos ya saltadores de altura natos o corredores de maratón. Pero tenemos piernas y podemos dar un salto, por mínimo que sea, o correr unos cuantos centenares de metros, al ritmo que sea. Algo así pasa con lo del cuerpo onírico.

4.- Entiendo que en el fondo hay una cuestión de palabras. Entiendo que solemos achacar al lenguaje lo que nuestra mente le hace decir, y hablamos, así como así, de “lenguaje machista” o de “lenguaje soez”, cuando el machismo o la ordinariez supina más bien están en nosotros mismos, no en las palabras. Y si están en las palabras, es porque se les ha ido poniendo, por nosotros mismos, a lo largo de la historia: tanto el machismo como el feminismo, la ordinariez como la cortesía, la mística como la blasfemia son “cosas” que los seres humanos, hablantes de lenguas varias pero todos dotados de unos esquemas lingüísticos de muy especial naturaleza, les vamos dejando al lenguaje : como en herencia, buena o menos buena; pero siempre con su carga deíctica, esto es, siempre señalando un qué, un cómo, y un cuándo y dónde en nuestra propia lengua.

En un sentido muy real el lenguaje es algo que nosotros hacemos y a la vez es algo que nos hace a nosotros. Y ahora, cuando escribo ese “nosotros”, no me refiero sólo al pronombre personal de primera persona en plural, sino que quiero aludir ahí, nombrar en ese pronombre, al conjunto de la sociedad a lo largo del tiempo, y en el seno de cada cultura y época. Un ejemplo: el “vocabulario técnico” que manejaba un niño de diez años hace cuarenta o cincuenta, no es en absoluto el que maneja uno de la misma edad hoy, en el 2010. Y podemos estar seguros de que un niño de esa misma edad dentro de cincuenta años más, allá por el 2060, tendrá no sólo a nivel técnico, sino a otros muchos niveles un mundo de palabras, un lenguaje ya aprendido, muy diferente del que tiene hoy día. Pues bien: eso será algo que de muchas maneras determinará sus sueños mismos. Y esto es así porque lo que pensamos, en el fondo, es muchas veces inseparable de lo que soñamos. Grandes escritores y hasta grandes descubridores científicos soñaron sus obras y algunos de sus hallazgos antes de llegar a ellas, antes de llevar a cabo las tareas que los convirtieron en autores, en científicos y descubridores.

Alguien podrá ahora pensar que entonces por qué tenemos algunas veces sueños absurdos, o casi surrealistas, o de cosas que nunca en la vida de la vigilia se nos había ocurrido siquiera imaginar. La respuesta no es difícil : el mundo de los sueños aún nos resulta como una “tierra incógnita”, es un universo muy poco conocido todavía para el hombre actual. La ciencia está comenzando a estudiarlo seriamente desde hace unas décadas, pero si pensamos que en los niveles de conocimiento en que se maneja la ciencia eso, unas décadas, es muy poco tiempo, si nos ponemos el ejemplo de que el hombre europeo no empezó a conocer y a “descubrir” África hasta ya entrado el siglo XIX y que, al fin y al cabo, un continente es en definitiva algo palpable y se puede ir recorriendo paso a paso, ¿qué podemos esperar del conocimiento del cerebro humano y de todas sus funciones? ¿Creemos de verdad que conocemos del todo todas las funciones de nuestro propio cerebro? La duda aquí se llama más bien prudencia, por lo tanto debemos dudar: nos queda mucho por saber.

Hay otra cosa relativa a las palabras, en relación con este universo que aún nos es tan desconocido y que puede llegar a ser fascinante: los ecos que algunas palabras, incluso algunos poemas o textos literarios, pueden despertar en nosotros desde la vida de vigilia, es decir, cuando los leemos despiertos, y actuar en las vivencias oníricas, o sea, repercutir en nuestros sueños. Hay textos y palabras que son como tambores, que oídos mientras estamos despiertos, continúan sonando adentro de nosotros cuando estamos dormidos.

No es lo mismo quedarse dormidos oyendo música suave, (en una emisora de radio, por ejemplo, donde apenas se hable para decir qué canción va a sonar), que oyendo un programa donde se sucedan gritos, ruidos desagradables, incluso conversaciones sobre torturas o desastres: el cerebro es receptor de todo, aunque no sea uno consciente de ello. ¿Se duerme igual en silencio y en la oscuridad que bajo la luz del día y entre ruidos? Por supuesto que no. Y del mismo modo que hay grados de calidad en los alimentos, en el aire que se respire, en la higiene personal, y en un largo etcétera, los hay también en lo que se lee y lo que se piensa. Y en cómo se duerme, y hasta en lo que se sueña.

Una de las cosas que más fascinantes acaban por aparecer ante nosotros cuando nos ocupamos un poco del universo onírico, del mundo de los sueños mientras se duerme (que los sueños que tengamos despiertos es otra cosa), es que tarde o temprano los mismos sueños nos dicen, a su manera, algo que es fundamental: el ser humano es un misterio en gran medida, vivimos rodeados del misterio más de lo que creemos, (T. W. Adorno lo llamaba un Algo), y hay cosas que sólo podremos llegar a conocer “soñándolas”, en sueños. Eso es así porque existen cosas cuya propia naturaleza sólo es onírica, y como resulta lógico, sólo son accesibles a nosotros a través de los sueños.

// Continuará //

El Sueño de la Casa en Ruinas

22 Abr

Portada de libro

1.- El sueño.-

Estábamos en una acampada abierta. Recuerdo que el lugar creía yo que era en el pueblo de Archidona. Un grupo de amigos habíamos decidido acampar en una tienda de campaña cerca de una casa en ruinas, bastante alejada del pueblo, que llamaban “de las almas en pena”. Queríamos saber. Una persona amiga, que reconocí como el doctor don Ricardo Conejo Ramilo, me dijo en el sueño : “no veréis nada, todo eso son patrañas”. Pero no recuerdo ni su cara, (sólo su voz; y yo sabía, en el sueño, que era él), ni las de los que me acompañaban. Desperté con una sensación extraña: como si en la realidad, cuando hace años yo era profesor del instituto de ese pueblo, hubiera llevado a cabo la tal excursión. Una sensación muy viva de cosa ocurrida, con la absoluta certeza de que nunca ocurrió, ambas sensaciones a la vez. Y ya despierto, pensé para mí “Descansa en paz, Ricardo.”

2.-       La reflexión y las preguntas.-

Cada vez va siendo más raro hallarlas en las cercanías de las grandes ciudades, pero las viejas casas de campo en ruinas y abandonadas, cuentan a veces historias increíbles, y sugieren músicas, pinturas, y cómo cambia todo. Del sueño antes referido, surgió este relato breve, que es también, o lo pretende, una reflexión sobre estas preguntas: ¿somos siempre uno solo en los sueños, o a veces nos llegamos a desdoblar? Y si es así, ¿tenemos realmente un “cuerpo onírico”, un “cuerpo de sueño”, con el que podemos manejarnos dentro del mismo soñar, sólo que bajo parámetros y con límites distintos a los de la vigilia? Porque, ¿quién no ha volado en sueños alguna vez? ¿Sólo con la imaginación, o quizá con algún “elemento sutil” que posee nuestra psique y aún no ha sido detectado por la Ciencia?

3.-       El relato.-

Por el camino alto que saliendo de la aldea toma el rumbo de los montes, a unas dos leguas como mucho, está una casucha de piedra y adobe, que se mezclaron los dos tipos de material en la construcción de sus muros y paredes, con techumbre en parte ya derruida, en parte aún conservada, y que consiste (lo que se mantiene todavía) en largas vigas de madera, las unas en paralelo al suelo, y yendo de muro a muro, y las otras formando ángulo sobre éstas, sosteniéndose unas a otras. La techumbre, esas vigas, ya parecen mero esqueleto de los restos que quedan de la casa.

Apenas quedan tejas pero hay señales de haber habido abundante ramaje, lo más seguro que puesto en su día por quienes hayan aprovechado, tiempo atrás, la construcción segura de muros, paredes, y techumbre sólida de vigas de la casona o casucha, (pues, según se mire, es ya ambas cosas), a fin de adobarla y servirse de ella para resguardo, envigándola con ramas. Hasta es posible que se re-habitara durante algún tiempo, pero hoy es sólo ruina lo que se puede ver, y sería cosa de mucho esfuerzo tratar de ponerla en mínimas condiciones de habitabilidad. Ni tan siquiera pájaros anidan en esos restos, que desprenden de sí un como aire de siniestros sentires. Apesadumbra mirar lo que fuera casa viva en su día. Somos misterios: tanto nosotros, como muchas de las cosas que nos rodean.

Las lenguas de los que quedan en la pedanía cercana, o callan. cuando se les pregunta por la vieja casona en ruinas, o aluden a historias que hablan de trágicos sucesos habidos, muchos años atrás, en torno a ella. “La casa de las almas en pena” la llaman, y pocos son los que se aventuran a pasar la noche en sus cercanías, y hasta en los días de fuertes vientos y lluvia rehuyen resguardarse entre sus restos, que tan fuerte es la creencia de que algo maligno persiste en sus ruinas. Yo, la verdad, sólo daría testimonio veraz del sonido del viento por entre sus muros abiertos a todos los aires, aún duros y en pie, pero ya como cansados de estarse así en el mundo, tan sin gente en sus resguardos y tan a la intemperie en los campos.

Llevados de la curiosidad, y animados a saber qué pudiera haber de verdad en todo eso, un día de finales de verano un grupo de otras tres personas y yo mismo acordamos acampar en una especie como de pequeño altozano, a unos metros de la casa, que bien hubiera podido servir, antaño, de era donde separar paja de grano. Yerbas abundantes crecían entre las pocas piedras del suelo, casi todo él de tierra muy apelmazada y como con señales de haberse aplanado adrede mucho tiempo atrás. Y un solitario árbol, muy añoso ya, pero con ramas que conservaban la vida de la savia en ellas, daba sombra a nuestra tienda de lona que montamos, orientando hacia la fachada lateral de la casona, la puerta o salida de lo que había de ser nuestro habitáculo durante, (así lo habíamos previsto), al menos un par de noches. Las voluntades de los hombres muchas veces planean lo que no está en el tiempo reservado para ellos. Como digo, los seres somos un misterio.

No es cosa de contar ahora los sucesos de aquella memorable noche. Quede de momento constancia de que, ni se ven todas las cosas que son reales y de veras existen, ni todas las cosas que vemos tienen real consistencia: sólo son lo que parecen ser a la vista, que entrados un poco en sus respectivos quid, apenas nada son, salvo apariencias.

Sé que hablamos de la muerte, quizá demasiado. Recuerdo que alguno trató de imaginarla como un ente “real”, cuando el hecho es que la muerte sólo es real en dos de sus caras: para el que muere, que ya no puede decirnos qué sea morir, y para el que contempla o ve o siente al que muere, que sólo conoce una muerte que no es la suya. Y la muerte real, ¿cuál es, la que vemos en otros, o la que vivimos -valga la paradoja- en nosotros? Y recuerdo que sentimos cosas extrañas y llegamos a pasar unos modos de miedos que no he vuelto a experimentar. No nos quedamos la segunda noche. Tampoco contamos en el pueblo casi nada de lo sentido allá, junto a las ruinas y a cielo abierto.

Una mera fantasía infantil nunca olvidada suele tener más realidad que algunas de las cosas que vemos y oímos casi a diario. ¿Será que somos especie dada a crear mundos de apariencias, y además cosas de fantasía y fácil difusión? No lo sé. Tal vez llevemos un tipo de gen fantástico, imaginativo, y es por eso que existe el arte en todas sus formas. Algo de eso debe de haber, imagino. Y me atrevo a pensar que, en puridad, no es cosa absolutamente exclusiva del ser humano, aun cuando sea en éste en quien más y con mayor fuerza se manifieste. Pero existen otras especies (animales) que también son creativas, imaginativas. Y desde luego tienen su inteligencia.

4.-       Algunos genios.-

Grandes pintores y escritores han sido a la vez grandes soñadores, desde Hyeronimus El Bosco, con su famoso “Jardín de las Delicias” entre otras figuras de su época, hasta Salvador Dalí, o Juan Eduardo Cirlot. Observe el lector que de manera deliberada he querido seleccionar los nombres de creadores que más fantásticos y dueños absolutos de su arte conozco. Unos, como el Bosco, por sus “misterios” aún por desvelar; otros, como Dalí, por su genio impar; y Cirlot por su magnífica poesía e inigualable saber enciclopédico. Por no decir más cosas de estos tres grandes.

A propósito del famoso cuadro del Bosco recuerdo que, cuando lo vi en la sala donde está, en el Museo de El Prado, me llamó la atención que en el mismísimo Jardín del Edén hay un gato que lleva entre sus dientes un ratoncillo. Lo había visto en libros, al cuadro. muchas veces antes de verlo en su ser natural, pero sólo ante el lienzo “real” me di cuenta del detalle. ¿Por qué? No lo sé, pero intuyo que las cosas, en su ser íntimo y auténtico, poseen una fuerza de comunicación que les es connatural. Son así “ellas” lo que sean. Y las figuraciones que de ellas hagamos, ya son “otra cosa”.

Gustavo Adolfo Bécquer era un estupendo soñador y además se preguntaba o reflexionaba sobre la naturaleza de los sueños. Ahí está su famosa Rima LXXV, si no recuerdo mal. Y los románticos en su gran mayoría han dado de sí grandes obras a partir de sueños, como analiza, (centrándose en franceses y alemanes sobre todo), en su libro “El Alma Romántica y el Sueño”Albert Béguin.

Edgar Allan Poe escribió relatos a partir de sueños, incluso de pesadillas. Y otros, como Roberto Luis Stevenson, o como Sir Arthur Conan Doyle, por no extendernos en más nombres. ¿Quién no se acordaría de Julio Verne, a este respecto? Y poetas como don Antonio Machado, ¿cuánto le debe a los sueños en muchos de sus poemas? El tema en realidad es apasionante, pero la tarea es tan amplia que no creo deba abordarse sin previas y muy precisas “acotaciones del tema”. Y en ello estamos.

5.- Algunas conclusiones provisionales.-

Van a ser muy simples. De hecho nos vamos a ceñir a un mínimo de referencias, sobre todo porque como en otro lugar anterior ya se dijo que había que ir engavillando cuanto se fuera diciendo. No queremos abordar cuestión alguna que se nos quede a la mitad, como tampoco queremos dar noticias o afirmar cosas sin remitir a los lectores a las fuentes que nos han llevado a tales o cuales afirmaciones. Sólo cuando se trate de hipótesis o de ideas absolutamente personales nos limitaremos a decirlas y dejar claro eso, que se trata de una hipótesis, más o menos fundada o razonada, pero sin otra base que la propia ideación que nos haya guiado a ella. Esto, si los lectores se toman la molestia de mirar atrás en anteriores entradas, lo hemos ido haciendo así. Y lo de ofrecer la bibliografía pertinente en cada texto del blog, lo estamos haciendo desde la anterior entrada, quiero decir lo de poner la serie de libros que hayamos usado al final, que en todas hemos dado cuenta de los autores y obras usados como referentes.

En el artículo de La Opinión de Málaga del pasado miércoles 21, el titulado “Ciénagas y Sueños”, se afirmó algo que puede sonar extraño a determinados lectores: que no nos convencían las teorías de Sigmund Freud. Aun reconociendo su valía, la importancia de su obra como paso pionero en su momentos, y reconociendo los aciertos que sin duda tiene, la totalidad de la visión de la Psique Humana que S. Freud contempla no nos resulta satisfactoria: debe haber mucho más. Algunas de esas cosas-mucho-más, ya se han descubierto. Sin ir más lejos, algunos de sus discípulos, como Jung y otros, ya fueron críticos con el maestro: ni más ni menos a como Luis Cencillo es crítico con el propio Jung. Tal cosa es, por así decirlo, una “ley no escrita” de la actividad científica investigadora. Y es bueno y hasta necesario que eso sea así, pues como decía Miguel de Molinos (uno de nuestros últimos grandes místicos del Siglo de Oro), “… y así, habrá que seguir escribiendo y escribiendo hasta el final de los tiempos”.

Ahora queremos justificar lo que se dijo en la colaboración ya citada del día 21, y dejar de momento ese tema zanjado para pasar a otros aspectos que resultarán (creo) interesantes para algunos y escabrosos o desagradables para otros. Pero todo a su tiempo, y vayamos primero a la justificación anunciada. La haremos con ideas y razones no nuestras, sino de un psicoanalista que se caracterizó porque, al ser además antropólogo, pudo calibrar mejor que otros las limitaciones de las teorías freudianas de los sueños. Estoy hablando de Géza Roheim. Doy primero el texto y luego la referencia bibliográfica pertinente.

“Después de investigar con los aborígenes australianos, insistió (G. Roheim) en que los psicoanalistas debían aprender más de la antropología y en que la antropología y el psicoanálisis podían enriquecerse mutuamente. En su último libro, “The Gates of the Dream”, ( : “La Puerta de los Sueños”), explicaba como había llegado a entender que las mismas visiones se producen en los sueños de toda la humanidad, “los eternos del sueño”, que reaparecen no sólo en Occidente sino en todas las civilizaciones. Llegó a la conclusión de que la clave para entender a otra cultura era comprender sus sueños.”

(Cito de las páginas 83 y 84 del libro “El sueño, los sueños y la muerte”. Exploración de la conciencia con S. S. El Dalai Lama. Edición y narración de Francisco J. Varela. Versión castellana de Ángela Pérez. Editado en 1997 en USA. Y  en edición en español de 1998 de José J. de Olañeta, Editor. Más datos de este libro se darán cuando entremos en la visión que corrientes del budismo tienen acerca de los fenómenos oníricos. En cuanto al libro de G. Roheim, que sepamos, no hay nada más que una traducción al francés, pero no al castellano. También nos ocuparemos de este autor más adelante).

Queden las cosas aquí de momento, pues entrar ahora más en el tema, por ver de dar algunas posibles respuestas a las preguntas planteadas en el punto 2º de esta entrada, o ahondar en lo dicho después, haría en exceso largo este texto. Aún queda no poco que decir sobre cuestiones del lenguaje, de los primero hombres de que tenemos constancia en Europa sobre todo (recordemos: se ha de abordar el famoso “Sueño del Chamán”, de Lascaux) pero sin olvidar otras zonas del planeta, y de los sueños y sus vinculaciones con estados mentales determinados (chamanismo) y también con la vida diaria común de la gran mayoría de nosotros. Y aún no nos hemos ocupado de algo que considero fundamental: la relación de los sueños con la creación artística, y la propia creación poética en sí. Queda mucho monte por subir.

Donde se cruzan Sueños y Pensamientos

21 Abr

Sueño de Jacob

Introducción aclaratoria.-

El título de esta entrada se inspira, de manera deliberada, en el de un libro de Taisha Abelar, “Donde cruzan los brujos”, que en el año 2001 iba por la 7ª edición, siendo la primera de marzo de 1994. Tiene una Introducción de Carlos Castaneda. Por el momento, ni los libros de C. Castaneda, ni de sus “discípulos” o seguidores Florinda Donner y Taisha Abelar, ni otros de similar orientación serán objeto de tratamiento en esta primera fase de abordaje de los sueños, que estamos haciendo aquí, en este blog. Tal vez se haga una excepción en el caso de la doctora en psiquiatría, y autora de un libro muy curioso titulado “Entrar en el Círculo”: Olga Kharitidi, la autora, escribió el libro en 1996 y se tradujo del ruso al español en ese mismo año. Relata una experiencia personal muy interesante, pero que sólo roza, o si acaso confluye parcialmente, con el tema que nos ocupa.

Los otros autores antes citados sólo serán objeto de nuestra atención cuando se aborde el tema del chamanismo, desde la Prehistoria, (en un estupendo libro de Jean Clottes y David L. Williams, “Los chamanes de la prehistoria”, en Ariel), hasta la actualidad. Aquí y por ahora los únicos “brujos” que aceptamos son esos que se llaman Sueños y Pensamientos. Y no está de más aclarar desde ahora que el tema del chamanismo lo abordaremos sólo por las más que posibles implicaciones que tiene en ciertos tipos de lenguaje cifrados, así como en el uso específico que ellos, los llamados “brujos”, hacen del soñar.

1.- Leer y aprender son cosas que podemos hacer por propia voluntad; pero no sucede lo mismo con el pensar. El pensar ha de ser estimulado, como el fuego por una corriente de aire, y sostenido por algún interés en el tema que está en juego. Este interés puede ser de tipo puramente objetivo o solamente subjetivo.”

Arthur Schopenhauer, en “Pensar por sí mismo”. Al final de esta nueva entrada procuraré dar las referencias bibliográficas exactas de los textos que vaya utilizando. De ese modo, citado sólo autor y obra en el decurso de nuestras palabras, entiendo que facilitamos la tarea lectora, y sólo los expresamente interesados en las fuentes que se hayan usado, tendrán al final los datos precisos.

El texto de A. Schopenhauer podríamos ahora utilizarlo para iniciar una crítica de nuestros sistemas de enseñanzas, pero el objetivo ahora es otro muy diferente. Y más grato aunque quizá también sea, o lo parezca, menos necesario. Advierta el lector que he escrito en plural lo que nombra a los sistemas de enseñanzas que en nuestra breve historia que va del antiguo Bachillerato con dos Reválidas, (una, al acabar el 4º curso; la otra, al acabar el 6º), seguidas de un curso que entonces se llamaba Pre-universitario y del que uno se examinaba fuera de su centro de estudio, ya se tratara de centro privado, público, religioso o laico, siempre y cuando desde dicho centro se le hubiera a uno dado el pase a lo que hoy se llama Selectividad.

Ese plural, -y termino esto, so pena de meterme en lo que quiero evitar: la crítica a los sistemas de enseñanzas hoy en boga-, se justifica en la enorme cantidad de idas y venidas, de vueltas y revueltas, y de ahora esto luego lo otro que cada tres por tres los regímenes de poder han tenido a gala ir haciendo desde sus centros de decisión. Hemos tenido en esto más meneos y saltos que los que tenía la famosa ardilla en la fábula, que creo recordar se llamaba “La ardilla y el caballo”, de Tomás de Iriarte.

Algo semejante ocurre con los sueños: no caen, en principio, bajo nuestro control. Soñamos la inmensa mayoría de las veces como digerimos o como respiramos, sin la intervención directa de nuestra voluntad. Pero esto no siempre es así : he conocido casos de personas que han logrado en esto del control voluntario de su soñar auténticas proezas. Ya hablaré más adelante de dos de ellas, Silvia y Mercedes, que eran amigas y fueron un tiempo alumnas mías. Y si ellas o alguna de ellas lo desea, se dé a conocer con más detalles y precisión, que no soy yo persona de poner en los papeles a otros sin su previo consentimiento. Incluso los nombres (Silvia, Mercedes) podrían haber sido intencionadamente cambiados por mí ahora, pese a recordarlas bien, pues no sólo eran excelentes personas sino que además, con sus auténticos logros en los sueños, me dejaron francamente admirado. Luego de años de práctica nunca pude hacer cosa tal.

Diré qué fueron capaces de hacer con sólo haber tomado de mí, (en las clases donde dedicaba yo algún tiempo a tratar de enseñar un mínimo control de los sueños), unas notas muy simples. Con esas notas elementales, y ya ellas por su cuenta, lograron ser capaces, cada noche que se lo proponían, continuar el sueño de la noche anterior retomándolo donde lo habían dejado, y así durante días. Y además, en el sueño estaban las dos juntas, quiero decir que soñaban el mismo sueño cada noche. Y todo eso lo llevaban a cabo como un simple acto de voluntad que ambas, de común acuerdo y por su cuenta, se propusieron. Y ahora le planteo al lector de esto si hay o no hay motivos para afirmar que ciertamente existe lo que en anterior entrada en este “Palabras, bosques”, de La Opinión de Málaga llamé “inteligencia onírica”.

Naturalmente haré otras reflexiones conducentes a llevar al ánimo del lector la base no desdeñable de esta hipótesis aquí propuesta: es una realidad eso que llamamos “Inteligencia Onírica”. Aun cuando todavía la Ciencia que estudia la mente humana no la haya detectado o reconocido. Mas todo llegará: hay tecnología para hacer eso y más.

2. Decía Gastón Bachelar algo así como que era una tarea primordial de los poetas “des-aferrar en nosotros una materia que quiere soñar”. Creo recordar que la frase de Bachelar, autor de libros tan interesantes como “La poética del espacio”, entre otros, tendía a proponernos que lográsemos, con nuestras actividades del espíritu, (como la poesía, por ejemplo), “liberar esa materia” que sub-yace en cada uno de nosotros, y que es preciso dejarla soñar. Si es casi literalmente cierto que nuestro organismo físico y biológico está fabricado con materia estelar, como la misma Tierra que habitamos, como el Sistema en que la Tierra está inserta, como la totalidad del Cosmos que conocemos, no menos cierto es que nuestros pensamientos en gran medida están fabricados con la materia misma que los sueños. Pero es que además, y esto no se olvide, lo que Howard Gardner llama “Inteligencia Lingüística” y vincula directamente y de manera muy especia a la Poesía, otro autor de muy notable prestigio y fiabilidad, Albert Béguin, en su “El Alma Romántica y el Sueño”, lo pone en práctica en un estudio de gran interés y profundidad sobre poetas románticos alemanes y franceses que no tiene el más mínimo desperdicio. A. Béguin publicó la primera edición en francés de su libro en 1939. La edición que yo manejo desde hace tiempo es la segunda reimpresión, ya traducida al castellano, y es de 1993. Las fechas les darán sin duda a los lectores una idea de la constante demanda que sobre esta obra se mantiene. Y la razón entre otras cosas es para mí muy sencilla: sobre tratarse de un libro magistral, aborda un tema que tiene un interés tan extraordinario para el común de las personas, que son pocos los que conociendo algo del tema o simplemente estando interesados en el mismo, desdeñan la obra de Albert Béguin.

Y un autor muy dedicado a tratar estos temas, si bien de una manera que podría suscitar críticas en algunos sentidos que ahora dejamos de lado, Pierre Fluchaire, en su obra “La Revolución del Sueño”, escribe lo que sigue, y que tiene cierta relación en cuanto a lo que se hace posible en el mundo del sueño cuando lo tratamos de solapar con el del pensamiento y la voluntad de la vida de vigilia, y que antes ejemplificamos en el caso (real) de Mercedes y Silvia. Dice así:

“Voy a explicarles cómo mi padre descubrió un extraño secreto del cerebro: cómo acordarse soñando de las cosas, gentes y lugares de antaño, tal y como los vio y conoció él mismo, incluso de cosas que no recordaba. A esto le llamaba “soñar la verdad”, y por una larga práctica, había alcanzado en este arte la perfección”. (pág. 202. op.cit.)

El texto que cita P. Fluchaire es más extenso, pero para nuestros propósitos lo he dejado ahí: de algún modo creo que conecta con eso que vengo llamando “inteligencia onírica”, y que he ejemplificado con casos conocidos directamente por mí, y yo diría que incluso implicado (yo mismo) en ellos involuntariamente, y sobre lo que de momento poco más vamos a añadir, por no hacer en exceso extensa esta entrada.

3.- Debemos ir poniendo punto y seguido a esta entrada. Ahora me limitaré a tratar de engavillar algunas de las cosas ya dichas, y a poner al lector ante los datos bibliográficos que prometí ofrecer al principio: es tarea, la de adjuntar la bibliografía básica que use en estos textos del blog, que no quisiera dejar de poner en constante práctica. Tan necesario lo creo que, llegado un momento, y dadas las cosas que se pueden afirmar en determinadas ocasiones, los propios lectores lo exigirían.

Sin duda muchos de ustedes habrán tenido ocasión de conocer a personas que dicen “ yo nunca sueño”. No son muchas las que dicen tal cosa, pero las hay. Y sí que sueñan, lo que ocurre es que no sólo, – como nos pasa a la mayoría -, olvidan lo que sueñan, sino que además, quizá desde muy jóvenes y por razones contundentes, ( : pesadillas, por ejemplo), se acostumbraron a no echar cuenta de los sueños, a olvidarlos si es que al despertar les quedaba algún resto de recuerdo de lo soñado. De hecho, soñamos todos los seres humanos y buena parte de los no humanos por la sencilla razón de que la función onírica es clave para el normal desarrollo del cerebro, para la restauración constante de las células y neuronas, y esto desde que se nace. Los niños recién nacidos tienen que dormir mucho porque su organismo lo necesita para crecer y desarrollarse. Y los adultos tienen (tenemos) que dormir, a secas, porque de lo contrario se caería en la locura y finalmente en la muerte. No exagero.

Se han hecho pruebas ( que se sepa, no con humanos, aunque vaya usted a poner la mano en el fuego sobre estos particulares…) en Laboratorios de Sueños, y ya se sabe que el orden de cosas que nos son imprescindibles para continuar vivos y en estado saludable son primero el aire, respirar. Sin respirar podemos vivir unos pocos minutos, no muchos. Luego, el agua, beber. Sin beber nada de nada podemos estar días, tampoco muchos, pro ya no son minutos, ya son días. Luego, comer, los alimentos sólidos. Sin comer se puede sobrevivir digamos que un espacio de tiempo comprendido entre uno y dos meses. Habrá quizá casos excepcionales de personas que hayan sobrepasado esas cifras, pero serán pocas. Y el dormir/soñar se sitúa entre la bebida y la comida. El sueño ,en su fase llamada REM, es tan preciso que si a una persona sana se le colocan electrodos que se activen en cuanto vaya a quedarse dormido, aunque esté en situaciones óptimas de descanso, alimentación, cuidados varios y demás, si se le impide lo que se llama “conciliar el sueño”, primero se vuelve irritable, luego comienza a desvariar, más tarde aparecen síntomas de locura que se van haciendo más y más evidentes, y finalmente muere. Uno de los nutrientes elementales de la vida humana y de su cerebro se llama sueño.

También habrán conocido ustedes a personas que con gran facilidad recuerdan sus sueños, si no todos, buena parte de ellos. Son personas que esa zona de su cerebro inteligente la tienen más dotada o más activa que el resto. Y a no pocos les habrá pasado acostarse o irse a dormir con una duda o uno problema por resolver y encontrarse con que al despertar se ha despejado la duda; el problema se le aparece resuelto. ¿Qué serie de fenómenos, posiblemente de naturaleza electromagnética la mayoría de ellos, han tenido lugar en el cerebro del durmiente en tanto soñaba/dormía? Los que fueren. Eso, se está hoy día investigando de manera muy específica y directa en los centros de investigación y universidades de los principales países del mundo desarrollado, entre ellos el nuestro, España. A este tipo de personas que con facilidad resuleven problemas mientras duermen, despejan dudas, y tienen facilidad para recordar sus sueños, les considero poseedoras de una especial inteligencia onírica. Y añado: lo de recordar los sueños es algo que está a la mano de quien quiera tomar esa flor al paso por la vida. El método es muy sencillo, como la mayoría de ustedes sabrán sin duda. De todos modos, nos ocuparemos también de eso en una posterior entrada en el blog.

Personalmente creo que el elemento lingüístico, la palabra, el pensamiento, es un factor aglutinante de estas actividades, y que por eso, entre otras razones, la creación artística y determinados factores oníricos suelen aparecer tan ligados, hasta el extremo de que no son pocas las obras literarias que deben su existencia a algún sueño que tuvo su autor. Pero eso, y otras cuestiones más, serán ya tema de otros textos venideros. Y ahora, vayamos a la bibliografía. Los autores de los que creo debo citar las obras de que me he servido son cuatro: Schopenhauer, Béguin, Bachelar, y Fluchaire. No creo preciso dar bibliografía de Tomás de Iriarte, y en cuanto a Howard Gardner ya está citado en una entrada anterior con la obra que usamos en su momento.

Los libros y autores en anteriores entradas no citados son:

Pensamiento, palabras y música” de Arthur Schopenhauer. Traducción de Dionisio Garzón. EDAF. Madrid, 1998

“La Poética del espacio” de Gastón Bachelar. Breviarios del Fondo de Cultura Económica, Octava reimpresión en español, México. 2005. La traducción la hizo Ernestina de Champourcin.

“El Alma Romántica y el Sueño” de Albert Béguin. FCE. Traducción de Mario Monteforte, revisada por Antonio y Margit Alatorre. Ya se dijo antes que la obra es de 1939 y que manejábamos la reimpresión segunda, de 1993.

“La Revolución del Sueño” de Pierre Fluchaire. Traducción de Marga Latorre. Manejo la primera edición, de octubre de 1992. Este libro, curiosamente, aunque el título en francés es “La Révolution du Rêve”, y en la portada se traduce correctamente en singular, luego en el interior se pasa a decir “… de los sueños”, y ya no se abandona el plural de esa palabra, sueños. Una minucia.

Palabras, Imágenes, Sueños (2)

17 Abr

Musas

Musas

1.- Hay cosas que despiertan curiosidad de una manera extraña. No es la cosa en sí, ni tampoco (del todo) el modo como uno llega a conocerla, sino la relación que de pronto descubrimos entre la cosa y la persona con la que se vincula de un modo inevitable. Si nos hemos pasado la vida ( lo que es un decir ) leyendo obras de Roberto Graves como sus poemas, o sus novelas históricas, o como sus ensayos del tipo “La Diosa Blanca”, o “Los Mitos Griegos”, y de pronto, un buen día, encuentra uno que desde el año de 1924 el autor de “Rey Jesús”, o de “Yo, Claudio”, esto es, R. Graves, ya había publicado su “The Meaning of Dreams” (Londres; Cecil Palmer), pero que su primera traducción al castellano no se produce hasta junio del 2007, (Ediciones Península, Barcelona. Traducción de Karen Müller. Con el título de “El sentido de los sueños”.), y que es desde un año antes cuando uno se ha comenzado a plantearse la posibilidad, e incluso la conveniencia, de escribir un pequeño libro sobre sueños, de una manera un tanto inconsciente y a la vez muy plenamente convencido uno de ello, la noción de sin-cronicidad (no exactamente al modo como la explica C. G. Jung, pero sí de una manera aproximada) se instala en nuestra mente y durante cierto tiempo nos da qué pensar. ¿Por qué, si el tema de las cuestiones oníricas me había interesado desde hace décadas, y sentido a veces extrema curiosidad por esas cosas casi desde niño, era ahora, cuando iba forjando una idea en concreto, me topaba con ese autor y ese libro? ¡Hacía años que leía cosas de Graves, pero ignoraba esa faceta suya y por supuesto esa obra!

Quien tenga la curiosidad de acudir a una entrada anterior en este blog, la titulada “Sueños, Palabras, Energías” podrá comprobar que era un día 10 de junio del 2006 cuando remití a Álvaro Marinetto un correo electrónico donde le proponía un tipo de trabajos con sueños, que él se avino a realizar, y cuyos resultados fueron, a mi juicio, de interés para ambos y también para otras personas involucradas en el proyecto de indagaciones que por aquellos años ya nos ocupaban. Las fechas, al igual que los textos en ellas escritos, no pueden inducirnos a error: hay un modo de sin-cronicidad de determinados hechos en las vidas de muchas personas y no siempre está a nuestro alcance lograr explicarla. Aclaremos aquí que el término “sin-cronicidad”, en el sentido estricto en que lo usa Jung en un libro así titulado, nosotros lo estamos usando de una manera mucho más laxa y menos proclive a las cosas misteriosas que en ocasiones topamos en nuestras mentes.

A veces tiene uno la impresión de que determinados sucesos, o cosas a conocer, no llegan a estar a nuestro alcance hasta que la propia vida nos ha predispuesto para ello. Incluso casi se diría que nos ha ido preparando nuestra propia trayectoria vital para asumir el hecho o el suceso que sea. ¿Que esto que digo puede parecer algo “irracional”? Es posible, pero la cuestión está en determinar si todo lo que ocurre en la vida es enteramente “racional”. Y si realmente no existen cosas y procesos, acontecimientos que a nuestros ojos parecen ser “irracionales”. Y si digo “a nuestros ojos” he querido decir a “los ojos de nuestra mente”, o sea: a nuestras entendederas.

El libro de Graves que antes citamos es sumamente interesante. Una de las cosas que se plantea ya en él es la relación entre el potencial onírico y la poesía. El capítulo último de su libro, el octavo, que va desde la página 101 hasta el final, (página 125, : el libro de R. Graves es de esos que por su brevedad se hacen doblemente gratos, a salvo las excepciones de grandes obras cuyo fin uno nunca quisiera alcanzar), está dedicado a ese tema, “Sueños y Poesía” se titula, y comienza analizando un poema de J. Keats, “La bella dama sin compasión”, (en traducción de Carlos Alvar).

2.- Y dichas estas cosas, pasemos  a ciertas cuestiones referentes a palabras, a sus sentidos y valores, los símbolos implícitos en ellas a veces, para luego seguir en esta línea de exposición de unas temáticas con afinidades entre sí y que, a veces, se diría que muy frecuentemente se solapan. Hasta tal punto las cosas son en este ámbito de un modo muy peculiar que se podría afirmar que sin la simbolización intrínseca a los procesos oníricos, ni existiría la poesía tal y como la conocemos ni, -muy posiblemente-, el mismo lenguaje que hablamos: En muy diferentes lenguas y muy distintas familias lingüísticas, es cierto. Pero en todas, “poesía”; y también en todas “lenguaje”.

Que esto que acabo de decir forma parte de la hipótesis que pretendemos ir desarrollando, es cosa sobre la que no tendría que insistir . Pero lo hago, y hasta voy más allá: en el libro de Horward Gardner sobre las múltiples inteligencias, (creo recordar que él distinguía claramente hasta cinco modalidades, excepción hecha de una que considera “inteligencia personal de cada individuo”, algo así como lo que los griegos llamaban “idios” : “lo propio”, de donde nuestra palabra “idiosincracia”), en ese libro, repito, echo de menos lo que se podría llamar “inteligencia onírica”.

Esto, naturalmente, habré de razonarlo de manera suficiente y con la claridad que el caso requiere, so pena de caer en un absurdo sin-sentido. Ahora bien: H. Gardner acertaba plenamente, en nuestra opinión, cuando asociaba la “inteligencia lingüística”, de una manera claramente preferente, a la poesía. Pero es que ambas cosas, lenguaje y poesía, tienen una raíz común en su génesis primigenia ( que procuraré rastrear en palabras y raíces de palabras) con lo que estamos considerando: los símbolos oníricos. Y antes de seguir : no nos dejemos atrás, pues hemos de volver a ello, esa magnífica pintura que hay en la gruta francesa de  Lascaux, (descubierta en 1940), y que se llama “El Sueño del Chamán”. Sobre eso hablaremos también más adelante.

Hay una serie muy variada de palabras que proceden de una única raíz indoeuropea : MEN- De ahí, palabras tan dispares en apariencia como “pensar” ( y derivados de diversos estados mentales), o como “memoria”, y “acordarse”, “reminiscencia”; o como “manía” ( en el sentido griego clásico de “estado de locura”), o “vidente, adivino”. Y ese término, que se pone de pronto de boga, “mantra”, del sánscrito. O como “amonestar”. Quien por excelencia era “La Amonestadora” en Grecia es la Diosa Juno, con el sobrenombre de “Moneta”, que vale por “que amonesta”. Y como junto a su templo se acuñaban monedas, de ahí vino que se les llamara así a óbolos, denarios, y demás acuñaciones para operaciones comerciales: monedas.

Pero el término que ahora más nos interesa es el que, con la vocal /o/ y un sufijo llegó a dar la palabra griega mousa, latín musa. Un Museo era un lugar dedicado a las Musas, y la Música su origen poético. Júpiter y Mnemosine residían las artes liberales, y la palabra “musga”, forma semipopular de “música” significaba “compañía de músicos callejeros, comparsas carnavalescas”. Y de ahí viene también eso de “dar la murga”. También la palabra “amnistía” (olvido de los delitos políticos”) viene de ahí.

Nosotros ahora nos quedamos con las palabras reminiscencias y estados de la mente que recuerda, y con ese valor supremo en la Antigüedad de Las Musas. Y nos preguntamos si son o son los sueños “cosas que vivimos dormidos y que recordamos (o no, depende) al despertar”, y “cosas de las que nos suelen quedar reminiscencias” en la vida de vigilia, recuerdos o reminiscencias que luego “la Musa personal” de cada uno convertirá en obra poética, musical, artística. ¿Cuántos relatos, cuentos, poemas y otros tipos de creaciones literarias son resultados de sueños, cuántos? Por ahora, esa era cuestión que teníamos que abordar, pues como se verá las cosas no se quedan ahí, aunque sí por hoy, tras de comentar muy brevemente un curioso sueño de Juan Eduardo Cirlot, que él mismo publicó.

3.- Un sueño de Juan Eduardo Cirlot.

La obra “80 Sueños” la publicó Juan Eduardo Cirlot en 1951, Los sueños aparecen numerados, con las cifras normales arábigas que usamos, y en el que ocupa el lugar 4 cuarto, podemos leer:

4

La “mujer de París” salió de la obscuridad y se me acercó. Estaba desnuda y su cuerpo era como de barro gris, viscoso y mojado. Sin embargo, no me producía repugnancia, sino una gran felicidad poder estar allí, junto a ella.

Estamos ante una imagen onírica de una extraordinaria sencillez, y al mismo tiempo de una gran fuerza. J. E. Cirlot condensa en muy pocas palabras una gran cantidad de posible información para muy diversas “lecturas”, (rehuyo la palabra “interpretación”, aplicada a los sueños), y uno se queda pensativo sobre la validez o el absurdo de tratar siquiera de realizar esas posibles “lecturas” del escueto relato, magistral, de un sueño altamente simbólico.

Por lo pronto pensamos que en el seno de su incomparable sabiduría y honda percepción de todas las cosas que pertenecen al mundo del hombre y que rozan o casi se adentran en los mundos de los misterios que rodean al hombre, uno tendería a pensar en la Kábala. El número 4 en hebreo se representa con la letra Daleth, y se escribe como una línea vertical en cuya cima reposa, formando un ángulo recto hacia la izquierda, otra línea esta vez horizontal, casi de las mismas dimensiones. Pero aún cuando el propio Juan Eduardo Cirlot en su edición de 1951 ilustró la cubierta de sus “80 Sueños” con la imagen de un perfil masculino, típicamente hebreo y barbado, tomada de la “Kabbala denudata” de Knorr von Rosenroth (Frankfurt 1684), desistimos de ese camino por una razón muy elemental y que todo lector entenderá: para acudir a la Kábbala como instrumento que nos ayude a “leer” este sueño del gran polígrafo y poeta mayor de todo el siglo XX, tendríamos que saber de Kábala por lo menos la mitad de lo que sabía el propio Cirlot. Y ese no es nuestro caso. Esto significa que la lectura que se haga habrá de ser mucho más simple, humilde por supuesto, como mera hipótesis de lectura, y nada más.

El elemento que predomina en el breve relato del sueño es Tierra. La tierra primordial, la tierra apta para amasar figuras, el barro mojado. Elemento del que fuimos (cuenta el Génesis en su inicio) los hombres por un Dios Creador. ¿Es una imagen de Gea, de Gaia, lo que sueña Cirlot, y es por eso que al sentirse junto a la propia alma mater nutricia que es el planeta Tierra no sólo no siente repugnancia sino que experimenta junto a aquella “mujer de París” una gran felicidad? No lo descarto, aunque soy consciente de lo pobre y poco penetrante de mi lectura. Pero tampoco me atrevo a ir más allá. Años antes, en su poemario En la llama” (1945) y en el texto poético titulado “Tus estatuas”, Cirlot escribió este verso:

“/…/ “Escucha largamente las canciones del barro

las palabras del yeso...”

¿Es el sueño 4 una posible “canción del barro” que no ha escrito esta vez, sino que ha visualizado y vivido en ese peculiar estado onírico propio del creador nato? Pudiera ser. Nosotros de momento, aquí dejamos estas cosas, conscientes de lo mucho que se nos queda por decir, y de lo muchísimo más que nos falta por saber, y que a no dudarlo, nos seguirá faltando de por vida.