Un hombre solo

3 May

Durante la campaña electoral, Pedro Sánchez me ha recordado mucho al Julio Iglesias de finales de los ochenta. Al igual que Iglesias (Julio), daba la imagen de un hombre solo con un gesto de abatimiento en la postura y de melancolía en la mirada, incomprendido incluso en el propio seno de su partido, como el cantante tras la separación de su esposa.

El hombre (Julio), como recordamos por la canción, «iba de abrazo en abrazo, de beso en risa y le daban la mano cuando era precisa», pero aquí viene lo más terrible de la letra, «pero cuando amanece, y me quedo solo, siento en el fondo un mar vacío, un seco río, que grita y grita que sólo soy un hombre solo, un hombre solo, un hombre solo».

Pues bien, Iglesias (Julio) confesaba que «lo tenía todo, completamente todo» e incluso, más a o menos, que era millonario, pero que nada era eso si en la alborada sentía la falta del amor verdadero. Por supuesto, el disco se vendió como rosquillas. A las mujeres, principal sector de su público, no hay nada que les conmueva más que la soledad de un hombre joven, guapo y millonario. Por algo se entiende que «Las cincuentas sombras de Grey» fuese un best-seller. Pobrecito Grey, azotaba a las chicas de lo lindo, pero había que comprender que, en el fondo, era un solitario y sólo pedía a gritos cariño del de veras.

Me temo que si Grey hubiese sido feo y pobre, su fama se reduciría a la de un maltratador común sin sublimaciones y con pena de cárcel.

El otro día hubo un despliegue policial en mi calle. Pregunté qué había pasado a los agentes y me respondieron en tono seco «que un hombre se había caído». Entre los vecinos, encontré a un amigo que me explicó que «el hombre vivía solo». Eso da pie a pensar que igual el hombre no se cayó, sino que se arrojó por la ventana. Seguro que no era millonario ni joven ni guapo, por eso ni inspirará una novela ni será digno de grandes compasiones. Simplemente se trataba de un ser común, que no maltrató a nadie y que no provocó más ruido en su vida que el de la sirena del coche policial. Vivía solo; eso podría ser ya una razón, ¿pero habría otras? ¿un despido improcedente? ¿una amenaza de embargo?

Me temo que, con suerte, sabremos de su naufragio vital poco más que sus iniciales. Ya no vive Joaquín Dicenta para escribirle una obra de teatro ni Lauro Olmo para dedicarle una novela. Si hubiese sido una mujer, víctima de la violencia de género, ahora sería «otra víctima de la violencia machista». Sumarse a una estadística tampoco es el más glorioso de los epitafios.

La hipocresía, gran tema. Casi todos los líderes durante la pasada campaña electoral se han llenado la boca para reivindicar el importantísimo papel de las mujeres en la sociedad, entonces ¿por qué ninguno de los partidos ha apostado por tener al frente de ellos a una lideresa? Posibilidades había en cada uno de ellos para hacerlo y sin embargo…Yo no voy a creer en el feminismo nacional hasta que un partido de los grandes postule a una mujer para la presidencia. Por cierto, que esa alternativa la recreó Ana Obregón en una serie televisiva y duró sólo dos capítulos por falta de audiencia. Se debió llevar la actriz una sorpresa, cuando su anterior serie, «Ana y los siete», en la que hacía de chacha de un banquero batió records en la parrilla. Oye ¿y eso?

Se dice que los resultados de las elecciones generales pueden estar sujetos a múltiples interpretaciones, pero los números no son filosofía. 123 diputados significa que ha ganado Pedro Sánchez: el ganador que vende el mito de los perdedores como Joaquín Sabina con sus canciones. De que se ha votado por ese marketing no hay duda, éste es el país de Don Quijote, pero hay más. No se puede negar que el voto ha tenido un componente de miedo y que el miedo, más que el entusiasmo, mueve a los electores a las urnas. Eso explica la subida del índice de participación.

Una parte del voto a Sánchez se debe al miedo a VOX y una parte del voto a VOX se debe al miedo a los independentistas. Los que no quieren ni a VOX ni a los independentistas en el gobierno, se habrían decantado por Ciudadanos, pero han dejado de confiar en esta alternativa por la facilidad que demuestran estas siglas para casar a diestra y siniestra sin temor a los colores. La tendencia a la fractura ya no es sólo cosa de la izquierda, también cunde en la derecha y eso confunde.

La adhesión a VOX ha ganado tanto como el rechazo a VOX y gran parte de los que estaban dispuestos a abstenerse se encaminaron a las urnas para votar izquierda. De eso se ha beneficiado Sánchez, al igual que del temor a Unidas Podemos. Esta coalición ya por el nombre sonaba a feminismo y hasta entre los más izquierdistas, el feminismo suena a horror y pavor; a atentado. Necesitamos todos algunas lecciones de empatía social. Así ganaremos para todos y no contra nadie. Es lo que pienso.

El hijo friki

1 Feb

Málaga tiene también su poquito de invierno, aunque los propios malagueños no lo recuerden de un año a otro y, enfurecidos por tal anomalía, lo maldigan como si se tratase de un intruso enemigo del norte al que se puede intimidar con una denuncia o un pliego de quejas al Ayuntamiento.

—La culpa la tiene el alcalde, que, de tanto hacer amistades con los rusos, nos han contagiado su frío puñetero- pueden llegar a decir.

Mustio y acatarrado veo a Anodino Borrego en la esquina de su bar habitual, tomando una infusión de poleo-menta en lugar de su caña de costumbre:

—Menuda tranca he cogido…

—Pero, Anodino, ¿tú te has abrigado bien estos días?

—¿Para qué, chica? Estamos en Málaga, aquí nadie se abriga.

—Vale, Borrego, tú a lo tuyo, pero, si no me equivoco, a ti te atormenta algo más que el frío. Tienes ojeras de insomnio.

—Ay, nena, ay, qué difícil es ser padre.

—¿Lo dices por José Antonio?

—Pues, mira, por José Antonio, no, que le va muy bien. Tú sabes que, en principio, yo me asusté pensando que la fiebre que le dio por Vox me lo iba a hacer radical, pero qué va, son sólo sarampioncillos de juventud que remiten. Fíjate el susto que daba antes Pablo Iglesias y en lo que se ha quedado ahora…

—¿Entonces?

—A mí el que ahora me trae por la calle de la amargura es Rogelio. Figúrate que se me ha puesto a escribir novelas fantásticas con muchos elfos, unicornios y brujas noruegas y las firma bajo el nombre, J.J. Roying.

—Pero, hijo mío, ¿para qué escribes esas cosas tan raras?

—¿Raras, dices? De eso, nada, papá, no estás al día; todo los jóvenes ahora leemos y escribimos estas cosas para huir de la podredumbre de la realidad actual.

—¿Y tú qué sabes cómo es la realidad actual, si nunca lees un periódico ni ves un telediario?

—Ni falta que me hace, papi, ningún chico de mi edad lo hace y, sin embargo, por lo que leemos en Instagram, ya nos hacemos cargo de la cagada de realidad que tenemos.

—Bueno, me alegro mucho de saber que entras dentro de la normalidad, ya me estaba yo preocupando de pensar que me hubieses salido rarito.

—De rarito, nada, papuchi, yo soy, como tú, un Borrego de los pies a la cabeza.

—Eso es fabuloso, cómo me emociona oírlo, pero dime si eres Borrego, ¿por qué firmas como J.J. Roying?

—Es un homenaje a J.K. Rowling, muchos otros autores ya se han puesto estas iniciales y yo me he dicho, si ellos imitan a Rowling, yo la imitaré más que nadie.

—Felicitaciones, hijo mío, es la idea menos original que he oído en mi vida, pero, oye, por curiosidad ¿qué significa ese J.J?

—Son las iniciales de vuestros segundos apellidos; el de mamá y el tuyo.

—Sí, ya, García Jiménez, ¿pero no es una falta de ortografía anotar el García con jota?

—Es la influencia de Juan Ramón Jiménez, papá, cómo se nota que no entiendes nada de literatura.

—Entiendo lo suficiente, que en ese trabajo se muere uno de hambre, ¿no sería más útil que terminases ya el bachillerato e hicieses luego alguna ingeniería?

—El bachillerato no sirve para nada.

—¿Quién te ha dicho eso?

—Lo dice todo el mundo.

—Claro, claro, ya veo que tienes las ideas muy claras, voy a ayudarte, que una ayudita en estas cosas nunca viene mal. Como tú sabes, yo de literatura no tengo ni pajolera idea, pero Pitita Pijigualda anda en ello y, aunque no sea santo de mi devoción, voy a darte su número de teléfono para que te dé consejos que te ayuden en tu nueva carrera profesional.

—Hola, Pitita, ¿qué tal? Soy el hijo de Borrego.

—¿Otra vez? Mira, José Antonio, que hoy tampoco voy a salir contigo a cenar por mucho que te empeñes…

—Se equivoca, señora, yo soy Rogelio.

—Ay ¿Rogelito? Qué alegría me da de oírte, nene, pero, oye, por favor, ni me trates de usted, ni me llames señora que sólo tengo…en fin, unos pocos años más que tú.

—Es que, a ver, Pitita, mi padre me ha dicho que me asesores en mi nuevo emprendimiento como escritor.

—Eso está tirado, Roger, en mí encontrarás los mejores consejos; el marketing es lo mío.

—¿Y la literatura?

—Eso menos, pero algo habrá qué hacer.

—¿Has terminado ya tu libro de autoayuda?

—Bueno, terminado, terminado, no, pero sólo me quedan para completarlo 249 páginas y lo más importante es que llevo más de un año promocionándolo a lo bestia por todas las redes sociales.

—¿Y eso no es vender la piel del oso antes de cazarlo?

—¿La piel del oso? Qué va, guapín, yo lo que vendo es libros.

—Pero no los escribes…

—Ay, Rogelito, Rogelito, la verdad es que me entiendo mejor con tu hermano José Antonio, me parece a mí que todo lo llano que tiene él, lo tienes tú de retorcido.

A ver, cómo te lo explico, yo promociono que es lo más importante, y lo de escribir ya vendrá luego. Eso se hace en un momentito.

—¿En un momentito?

—Sí, claro, igual hago un libro de micro-autoayuda con micro-reflexiones en cada página y el resto lo relleno de imágenes motivadoras; un amanecer con gaviotas, un atardecer con montañas rojizas o un Buda.

—¿Un Buda? ¿Pero tú no eres católica, apostólica y romana?

—Por supuesto, Roger, no te quepa duda, pero si pongo un Ecce Homo a la gente le va a dar bajón. No hay dios que pare al marketing. Lo importante es captar clientes, no hay más. Óyeme,  como yo lo veo, vender libros no significa escribirlos, como tampoco comprarlos significa leerlos; eso mi público lo entiende y por ello me prefiere, hazme caso…

—Cómo no, Pitita, mi padre te ha juzgado mal, eres, sin duda, brillante y…

—¿Y qué?

—Que si no vas a cenar con José Antonio, podrías cenar conmigo.

—¿Otro más? Bufff, venga, nene, no mezclemos los negocios con el placer.

Hay que crear empleo

25 Ene

Hay que crear empleo, o mejor dicho, hay que ofertarlo. El empleo ya está creado, sólo hace falta que alguien lo desempeñe. Falta personal en todas partes y cunde la concentración humana en las salas de espera, donde se pueden cultivar las relaciones sociales y sembrar el principio de una gran amistad o lo que surja.

Los tiempos vacíos acortan las distancias entre las personas. O, mejor dicho, acortaban. La interminable hora y media de trayecto agónico de la línea 1 de bus urbano, ha dado pie a historias de amor con su planteamiento, nudo y desenlace en San Andrés. Ya no. Desde que el móvil extendió sus redes ya nadie se fija en el pasajero o paciente que se sienta a su lado. Estamos más pendientes de los followers, que pese a su nombre sugerente no son más que fantasmas sin carnalidad alguna.

El empleo. Hace falta personal activo y mucho más, personal interactivo. Me refiero, por ejemplo, a los bancos; esos que se han enriquecido a costa de dar créditos e hipotecas a la gente de buena fe y luego han creado la crisis para amarrarla al mástil de un barco que se hunde (como la Gneisenau, que también era alemana). Pues bien, con todo y con eso, porque la insaciable ambición es saco roto, ahora los bancos se solidarizan con los recortes de personal y mandan a los clientes a hacer sus ingresos, transferencias y demás a la intemperie de un cajero para que disfruten del frío ventoso que este invierno trae.

Duele ver a esas personas, con poca pericia en estas lides, equivocarse una y otra vez por el apuro y la presión que provoca tener una cola de personas detrás que comunican hostiles la impaciencia.

Se acabó eso de estar calentito y sentado en la oficina, atendido por aquel empleado de tu barrio de toda la vida que te preguntaba por la salud y la familia y te ofrecía un pictolín si estabas resfriado. Parece que los bancos sólo tienen dinero para pagar -muy mal, imagino- la amabilidad melosa de un latino que te despierta a la hora de la siesta para ofrecerte un producto financiero:

–No, muchas gracias, ya estoy lo bastante arruinado.

Hay que crear empleo y eliminar las colas. Hay colas en los cajeros y colas en los restaurantes económicos; esos lugares tristes a los que van los trabajadores que sólo tienen media hora de descanso en su jornada continua y, por tanto, se dan el lujo dudoso de almorzar fuera de casa. Unas veces lo logran, otras no, pues, a falta de camareros, se les puede ir la media hora en la cola de gente resignada y compungida, que parece sacada del tiempo de las cartillas de racionamiento y la caridad de la sopa boba, sólo que ahora encima pagando.

Colas en el cajero, en el restaurante económico, y en las puertas del SAE (antiguo INEM). Un país con colas da mala impresión y genera ansiedad en sus ciudadanos. Estar quieto y de pie durante un buen rato no es ni cómodo ni entretenido. Para matar el tiempo, o mejor, invertirlo, se podría uno distraer con un libro de bolsillo, pero lo normal es que saque un móvil y se ponga a discutir con un trol, lo que sumará a la espera y la impaciencia, el cabreo.

Ya casi no me asomo a las redes sociales. Tengo miedo a que salga un trol y me arranque una oreja. Hay que crear empleo; el ocio es un lujo cuando se tiene dinero y aficiones (el dinero solo no basta para sacarse de encima el aburrimiento), pero al pobre y cabreado sin más recursos que un móvil, todo se le va en ocupar los espacios internáuticos para despotricar contra todo quisque virtual. Comprendo que su cabreo tiene sus razones de peso, pero igual apago el teléfono: una cosa es la compasión y otra el masoquismo.

Hay que crear empleo; nos va la vida en ello. Son demasiados los meses que se deben aguardar para visitar a un especialista o ir al quirófano. Las listas de espera sólo aligeran cuando uno de los integrantes deja de esperar por dejar de existir.

Hace falta personal en los hospitales y arquitectos y constructores y jefes de obra y albañiles que creen nuevos hospitales. Hacen falta operativos que arreglen las aceras de los barrios para que no se saturen los hospitales. Según los traumatólogos locales, este último año ha habido una verdadera epidemia de caídas en vía pública.

Hacen falta profesores también en los institutos. Una ratio de treinta adolescentes en cada clase, hoy día, es un asunto desproporcionado para cualquier ser humano, más aún cuando esos treinta son posibles por haberse incorporado, vía legal, los absentistas, que no habituados a ir a clase, expresan su descontento con toda clase de habilidades para montarla en grande. Por tanto, insisto, hay que crear empleo, y más aulas; un profesor con quince alumnos en su propia aula es lo correcto si, de verdad, se pretende mejorar el sistema educativo. No todo se soluciona con pizarras digitales; más todavía si la asignatura en cuestión es Lectura. De ningún modo, se puede pretender que treinta alumnos puedan leer un libro, a la vez, en una pizarra digital.

Los de las últimas filas no ven nada y, por aburrimiento, empiezan a liarla. Esto no es serio; para leer hacen falta libros en papel, uno por alumno. Un lote de treinta libros cuesta mucho menos que una pizarra digital y es lo único que vale para dar una clase de lectura. Si no se hace así, se trata sólo de una hora en la que perder el tiempo y los nervios.

Hay que crear empleo, también para que se vuelva a tener buen humor; la sociedad está repartida entre parados cabreados y trabajadores sobreexplotados, cabreadísimos también. Hay que repartirse la cosa para que vuelva el buen rollo y la armonía y quitarle ocasiones de ocio a quienes muerden al prójimo o hacen chistes espantosos en la redes. Es la prioridad; yo lo escuché y no será nada fácil que lo olvide.

El mejor hogar; la cárcel

18 Ene

Después de buscar por toda la casa el móvil que no para de sonar, lo rescato como un náufrago abatido  bajo una de las pilas de libros que se desperdigan entre el sofá y los sillones.

Por supuesto, la que llama es Pitita:

—¿Te pillo en mal momento?

—Últimamente, lo difícil es que me pilles en uno bueno…

—Ay, chica, pero qué exagerada eres, no es posible que estés peor de lo que sueles estar siempre.

—Un poco peor,  sí, me he roto el brazo izquierdo.

—¿El izquierdo? Pues ya ves tú, eso es nada de nada. Con la derecha se escribe mucho mejor.

—¿Lo dices con intención?

—Jajaja, qué va, figúrate que Cervantes y Valle-Inclán, cuando se accidentaron del brazo izquierdo, escribieron lo mejor de su obra.

—Me sorprendes, Pitita.

— ¿Y por qué? A mí me gustaba mucho la literatura cuando estábamos en el colegio ¿te acuerdas?

—¿Cómo no voy a acordarme, Pitita?

—Pues no lo parece, se diría que a veces te olvidas de tus orígenes…Y te digo una cosa, no es motivo ninguno para avergonzarse ser de buena familia e ir a un colegio de pago. La literatura no es sólo cosa de rojos. Mira, si no, lo que ha citado Juanma en su discurso de investidura a Antonio Machado, García Lorca y Rafael Alberti.

—Ah, por eso me has llamado ¿lo quieres celebrar?

—Pues no te creas, a mí lo de Juanma me preocupa, porque, chica, ha prometido muchas cosas bonitas y a ver cómo las va a cumplir ahora. Como yo lo veo, se está mejor en la oposición. Ahí puedes criticar, cómodamente, lo mal que lo hacen los otros, eso siempre queda bien, pero si gobiernas todos los palos se te vienen encima…Por el momento, tiene el boicot de las mujeres feministas y hasta de los hombres feministas, que se supone que son todos de izquierdas, porque se han inventado ellos llamarse así para conseguir, bueno, lo que quieran. En fin, una tontería muy grande, porque, de corazón, ¿tú de verdad dirías que el coletas es feminista? ¿Y eso de que como es feminista lo hace mejor? Ya me entiendes…

—Pues…

—Si hay hombres feministas, no van por ahí diciéndolo, nena;  eso consiste sólo en portarse bien con las mujeres, no es de izquierdas ni de derechas, y los que lo hacen no se ponen ninguna etiqueta, les sale de natural. Mira, por ejemplo, Iñaki.

—¿Iñaki?

—Iñaki ha elegido ir a la cárcel de mujeres. Así, sin prejuicios ni nada, eso sí que es ser feminista, pero no presume de ello y cómo funcionar, funciona fantástico,  ya ves la pila de hijos que tiene.

—Le va bien allí ¿no?

—Divino. Cristina, al principio, estaba preocupada, imagínate, han sido las peores Navidades de su vida, pero ahora que sabe lo bien que lo tratan, está más tranquila. Oye, que en Nochebuena le pusieron de cenar langostinos, entremeses, cordero y, de postre, turrón y desayunó al día siguiente chocolate con churros. Y yo le dije; Cristina, guapa, si tu marido es capaz de cenar eso y luego a la mañana desayunar chocolate con churros tiene que tener un estómago de acero o estar de muy buen humor.

Claro, claro, Pitita, el problema es que todo eso pone en entredicho la honestidad. Semejante cena y desayuno no se lo pudieron permitir mucha gente honrada en tan señaladas fechas; igual, como mucho, se le quedó el asunto en unos macarrones con tomate y eso da que pensar. Por este camino, el honesto empezará a envidiar la fortuna del delincuente, que tiene un techo caldeado bajo el que cobijarse y una comida fetén y llegará a la conclusión de que su honestidad no sirve sino para pasar necesidades y, en lo mismo, los delincuentes, si están tan a gusto en la cárcel, no quieren salir y cuando lo hacen, sólo piensan en cometer otro delito para volver a ella. Por lo que cuentan, el asesino de Laura Luelmo, antes de que lo pusieran en libertad y cometer el crimen, dijo que no estaba capacitado para llevar una vida normal y que si lo echaban, volvería a cometer un delito para regresar. Y lo hizo.

Hace unos años escribí un relato «El vecino tranquilo», que se recoge en mi libro «Masculino Singular», donde se hablaba de un albañil, que después de dos años de paro, enloqueció y mató a su mujer y a su hija, yendo a parar a la cárcel, donde vivió tan buena experiencia que no quería ya salir de allí. Luego comprobé que lo que relaté no era nada exagerado, pues en un cuento de Ignacio Aldecoa, el Chejov español, hallé personajes marginales que en anteriores tiempos de carestía  transgredían la ley por encontrar cobijo y comida en prisión.

No es probable que, según dice el determinismo biológico,  el crimen sea una actividad a la que se entregue por natura canalla la pobre gente, pues si ésta tuviese trabajo, casa , comida y estufa, lo más probable es que observase la ley. En cambio, en cuanto a que los ricos cometan actos delictivos, no se puede explicar sino por un vicio perverso.

La solución, sin embargo, parece sencilla. Si ese dinero que sin necesidad roban potentados y poderosos  se invirtiese en crear empresas para ocupar a los pobres, el delito casi desaparecería de la faz de la tierra.

Cuando el mejor destino para una persona es la cárcel, hay que plantearse que algo se está haciendo mal. Muy mal.

Rosa para el caballero

11 Ene

Hoy he visto a Anodino Borrego en la esquina de su bar habitual, tomándose una caña al sol del recién estrenado enero. Lucía un flamante jersey rosa que le había regalado su mujer por Reyes y le daba un aspecto azucarado, como uno de esos algodones que todavía se venden por feria.

Anodino es uno de esos hombres complacientes que, sin prejuicios, se deja vestir por su esposa sin hacerle ascos a los rosas, que si en la canastilla están reservados para las niñas, al llegar la edad adulta, las señoras gustan de adjudicarle a sus cónyuges en polos, camisas y pulóver con la insignia hidalga del pertinente caballito, pues nótese que el rosa caballero es más usual entre las clases acomodadas y que no falta en los fondos de armario de ningún bonito señorito de los que van al Rocío con carreta VIP o a las casetas privadas de la Feria.

El rosa y el pistacho con los pertinentes pantalones de colores en amalgamas siempre conjuntadísimas son una atrevida fantasía femenina a la que no se niegan los hombres de posibles. Otra cosa son los masculinos de extracción humilde y clase obrera, que le tienen terror a los tonos llamativos:

—Pero, Rocío, por tu madre, ¿tú quieres que vaya por ahí hecho un mamarracho? Ahora mismo vas y me descambias este jersey por otro azul marino.

—Pero si el rosa se lleva mucho…

—Que lo lleve quien lo lleve. A mí no me vistes tú de mariquita.

Si se tiene en cuenta la historia, que nos da por la medida de lo que fuimos lo que somos, comprenderemos que estos mismos que se niegan al rosa, fueron los que en el siglo XVIII jamás se hubiesen colocado una peluca de bucles blancos en la cabeza ni un cuello de chorreras en la camisa. En los aspectos indumentarios, el pueblo demócrata es mucho más conservador que la propia élite conservadora.

Anodino, ajeno a tales desajustes, sin ser exactamente ni rico ni pobre, obedece a su esposa y a la moda, y con su jersey rosa y la caña del mediodía es feliz. Y, como feliz y conforme, no comprende el revuelo que se ha montado en pro y en contra de la lucha contra la violencia de género ni las consecuentes manifestaciones feministas.

Si fuese por él, no habría violencia de género en absoluto ¿violentarse contra las mujeres, para qué? Lo que hay que hacer en todo caso es educarlas en las buenas costumbres, pues ese sexo bello que por naturaleza tiende a la humildad, la sumisión,  la generosidad y las gracias delicadas, si no hubiese sido malmetido con ambiciones impropias, seguiría siendo como siempre, inofensivo.

A él, particularmente, las mujeres no le dan ninguna lata. A su esposa, que trabaja de administrativa -pero a lo que se ve hace horas extra- no la ve casi por casa, su suegra lo considera tan aburrido que por no sacarle chispa ni se mete con él y su hija de doce años, en fin, su tierna hija le dice eres un capullo, pero, claro, hay que entender que esos son los modos de expresión de los jóvenes hoy día.

Quien realmente le trae problemas no son las mujeres de la familia, sino su niño José Antonio, que con poco más de dieciocho, ya es abierto militante de Vox:

—Pero vamos a ver, Joselito, ¿a ti que se te ha perdido en ese partido radical?

—Perdido, perdido, nada. Lo que he hecho es encontrar el espíritu patriótico, que tanta falta hace en este país, porque esta gentuza lo que quiere es destruir España con tanto independentismo y tanto inmigrante invasor, qué vergüenza. Si los dejamos hasta nos quitan las corridas de toros y por ahí sí que no paso; la patria o es con toros o ya no es.

—Vale, Joselín, a mí eso de los toros también me parece muy bonito, pero no es necesario que para defender la fiesta nacional te metas en un partido minoritario. Tanto yo, como tus ancestros, los Borregos legítimos, han ido siempre con la mayoría.

—Soy joven, papá, y tengo que ser rebelde ¿ Es que tú nunca has sido joven?

—¿Yo? ¿Pero de qué estás hablando? Yo siempre he sido Anodino y me ha ido muy bien así. Nuestra casta ha tenido el gran honor de defender siempre el pellejo a cualquier edad por encima de todas las cosas; sin dignidad, sin principios, pero vivos hasta que no haya más remedio. La verdad es que no pareces hijo mío…

—Bueno, eso se lo preguntas a mamá si algún día la pillas en casa, ahora estamos hablando de Vox

—¿Pero tú qué sabes de Vox?

—Lo que dice todo el mundo.

—Ay, menos mal, me estaba preocupando. Ya entiendo que eres un Borrego legítimo. Un Borrego de los pies a la cabeza.

—Gracias, papi, y ya que estamos de confidencias, también tengo que decirte que estoy enamorado y que esa mujer me da fuerzas para seguir en mi lucha.

—¿Pero no eres demasiado joven para enamorarte?

—Ella tiene madurez por los dos. Su edad me compensa de los años que me faltan. Es rubia, es guapa, es Pitit…

—No sigas, chico, no sigas, ¿Pitita Pijigualda? Tú me vas a dar el día…

—Pero si no es feminista, papá…

—Ya, ya, eso seguro, ¿pues sabes lo que te digo? Que cien feministas juntas no son tan peligrosas como Pitita.

—Y eso ¿por qué? Todos los chicos de mi clase son de Vox y están enamorados de Pitita.

—Me superas, Joselín, eres  más Borrego que yo mismo; un Borrego camino al matadero.

—Me gusta tu jersey, papá ¿Tienes por ahí cincuenta euros?

Cuernos de Año Nuevo

4 Ene

Hace unos días recibí por guasap una foto de Anodino Borrego con la leyenda Feliz 2019, no sé si incluso en inglés, Happy new year o así. Estaba él con una copa de champán en gesto de brindis,  un árbol de Navidad a sus espaldas y unos cuernos de reno sobre su cabeza. En fin, las modas globales mandan, aunque a quien escribe le choque esta facilidad con la que hoy día se ponen los cuernos los españoles, con lo mala relación que han tenido con ellos en tiempos no tan remotos. Digamos que han sido los cuernos (o la sombra de su sospecha ), los que han desatado tantos crímenes pasionales, ahora llamados violencia de género y han hecho posible gran parte del excelso teatro barroco. Sin cuernos es difícil entender la obra del gran Calderón de la Barca ni las corridas de toros, pero, aunque parece que soplan vientos favorables para recuperar las tradiciones más castizas del terruño; himno, rojigualda y salve romana, el tema del honor se ve que anda algo difuso, por lo menos, en el imaginero simbólico o estético. Un autorretrato de hombre astado (ay, si esto lo viesen nuestros venerables ancestros), es lo más de lo más ahora que también ellos apuestan por el violeta con mucho más de pose que de fondo.

Con la gran sutileza que requieren tales asuntos delicados le sugiero a Borrego que elimine esos cuernos de la foto, no vaya a dar pasto a las malas lenguas…

–¿Y por qué no me voy a poner  yo los cuernos si todo el mundo se los pone?- replica Anodino con uno de sus argumentos incontestables.

–Claro que sí, Borrego, tú a lo tuyo.

Por mi parte, me temo que con o sin cuernos no soy una entusiasta del Año Nuevo, como de ninguna fecha señalada. Creo que el tema  de los cómputos en años y meses es el intento inútil de atrapar la materia incontable del tiempo en una convención humana, que es por tanto muy dudosa. Los años son artificios burocráticos que sirven para organizar meriendas alegres con tartas en los tiempos despreocupados de la infancia, pero, a partir de cierta edad, sólo producen bajones y melancolía.

Por otra parte, tengo la idea de que están mal diseñados, sobre todo, desde la reforma de Numa Pompilio, ese antipático rey de Roma que los hizo comenzar en invierno, creando para ello el mes de enero, que es para mí un mes aborrecible por lo que trae de frío, sabañones y constipados con muchos mocos. Como todos los que somos de sangre malagueña, odio toda temperatura que baje de los veinte grados, por lo que creo que el año, si ha de ser, tendría que comenzar en primavera, como antes de Numa y sus reformas ¿No era acaso marzo un mes mejor para inaugurar el calendario?

¿Tal vez no necesitamos el ánimo del dios Marte guerrillero para afrontar una nueva temporada antes que la imagen de un Jano bifronte con dos caras, con lo que lleva eso de dual  y, por tanto, de poco fiable?

Enero es el mes de los saldos, de las sobras, en el que se comen los mantecados del fondo de la caja que nadie quiso y se compra la ropa que en ésta u otras temporadas no le gustó a nadie, también es el mes de la cuesta; el de la resaca desolada, después de la ebriedad del consumo navideño. Es el mes en que el ser humano, dolorosamente lúcido de nuevo, saca con mirada cabizbaja la olla exprés del fondo de armario de cocina y se prepara un cocido de legumbres. Eso es, me temo, enero; nada, en fin, como para tirar cohetes.

Al año nuevo no le pido nada, porque antes  creo en los Reyes Magos que en los años, sobre todo si empiezan en enero. Si enero se dejase hablar podría sugerirle en todo caso, que trajese menos humedad y ninguna helada y que me explicase, ya puestos, el resultado de las elecciones en Andalucía, que viene con dos caras como Jano.

Si lo pienso fría y objetivamente, por más que digan lo contrario, a mí me parece que quien ha ganado es la abstención, pero como la abstención no puede gobernar , ahora se monta este confuso guirigay, que, puestos al título del artículo, huele también un poquito a cuernos.

Por la nueva amenaza de la ultraderecha no habría que preocuparse tanto, es un fenómeno que aparece, como el independentismo, en tiempos de crisis como lo demuestra la historia. Si se resuelve la crisis, se esfumará; digamos la económica y la del sector educativo, porque, en fin, no hay mejor caldo de cultivo para los fanatismos que la ignorancia. La culpa de que los alevines no aprendan la historia no la tienen los profesores de historia, que, como sus colegas, son soldados rasos ante el pelotón de fusilamiento. El nuevo gobierno ya anticipa que dará a los profesores categoría de autoridad. Ojalá, porque hay algunos que ya sólo se conformarían con garantizar su integridad física.

Hay también una promesa de la que se habla mucho. Se trata de que el nuevo presidente de la Junta, al ser malagueño, va a descentralizar la cosa y a favorecer con más recursos a estos lares. Va a tener que cumplirla, porque por aquí se han quedado ya con la copla y está claro que, desde ya, se insistirá mucho en el tema.

A este futuro Parlamento le va a tocar ponerse las pilas e hilar muy fino, porque se han forjado muchas expectativas y va a estar vigiladísimo tanto por dentro como por fuera y está claro que, a estas alturas, nadie tiene garantizada la conclusión de la legislatura.

Esperamos por su bien y por el nuestro que se esmeren y nos ganen por los hechos; ésa es la verdadera victoria. Muy pocos van a querer que regrese el general Pavía, que tan chunga tuvo esta plaza.

Anodino Borrego

28 Dic

Hoy he recibido por email un mensaje de Anodino Borrego, deseándome Feliz Navidad y próspero Año Nuevo. No me ha caído por sorpresa ,la verdad, pues todos los años me manda el mismo mensaje; un christma virtual con llamas parpadeantes de cirios encendidos entre espumillones y muérdagos. Que lo haga en esta fecha no tiene segunda intención, no se trata de una inocentada, es que él desde siempre ha elegido este día como rutina para las felicitaciones y las rutinas forman parte de su personalidad previsible y metódica. Sus hábitos son su propia idiosincrasia, su falta de imaginación también. Si hay algo que le desasosiega a Anodino es llamar la atención, destacar, dar la nota, tiene vocación de masa y entre la masa se diluye cómodamente. Viste con ropa inocua de colores neutros y piensa de igual modo como menos pueda significarse. Anodino ha nacido para vivir en una mediocridad confortable desde la calidad de sus propios genes; no es ni muy rubio ni muy moreno, ni muy alto ni muy bajo y disfruta por ello de la capacidad de no ser nunca llamativo; de no despertar grandes admiraciones ni destructivas envidias, que es la manera más factible de sobrevivir. Anodino es un figurante con vocación, un relleno de cojín que se diría suave; que no tiene huesos ni tampoco sangre. Jamás se alborota por una pasión.Todo lo que sean sentimientos encendidos le espanta, pues ama en su ser el equilibrio de la compresa que ni se mueve ni traspasa. Por lo que pueda ocurrir se adhiere a la seguridad de dejarse arrastrar por la corriente. Su sino es integrarse en la mayoría y seguir lo que la mayoría indique. Borrego es un síntoma de estos tiempos, pero también de otros, de todos; de su estirpe está conformada la historia.

Quien logra el poder, al fin, encontrará a Anodino a sus pies y, mientras que ostente el mando, verá en él un incondicional sumiso por trapacerías e injusticias que perpetre. Ahora bien, que el mandarín oportuno no confíe nunca en su simpatía ni su infinita obediencia, pues si en ese juego de guiñol que es la política, una marioneta viene a darle con la cachiporra y lo sustituye en el trono, Borrego será el primer traidor que le dé la espalda y vaya a rendirle tributo al nuevo mandamás usurpador. Lo que le importa a Anodino no es el progreso ni la justicia, sino salvar su culo por encima de todas las cosas y en esta coyuntura, me temo, residen casi todos sus giros ideológicos, porque, en fin, Borrego jamás va a confesar una tendencia política -vayamos a líos- y si se ve entre la espada y la pared dirá que es de centro:

-Pero ¿de centro-izquierda o de centro-derecha?

-De centro-centro- responderá Borrego muy ufano.

Todos sabemos que tal simetría no existe en el ser humano, que hasta nuestros pies, manos y ojos no son los gemelos que parecen, por no hablar de los hemisferios del cerebro. Por decirlo de algún modo, nos inclinamos siempre de un lado irreversiblemente, pero Anodino se reserva el derecho de inclinación para poderle dar a pavo y a nabo y salvar su culo como es su preeminencia. En eso consiste su ideología.

Anodino Borrego tuvo un antepasado, Máximo Borrego, que es su principal referente. Aquel hombre fue fiel republicano mientras duró la Segunda República, pero en cuanto vino el ejército nacional triunfante a ocupar la ciudad, se lanzó a calle Larios para saludarlo con la salve y gritar ¡Viva Franco!. En su casa luego ponía el «Cara al sol», pero como el aparato recordaba aún el himno de Riego, se rallaba vengativamente en la parte que decía «rojo ayer»(rojo ayeeeer, rojo ayeeeeer).

Pues así es Anodino, igual que sus ancestros, pendulante al sol que más calienta; su mayor gloria es no mojarse y conservar su mediano físico intacto. Si no es héroe, tampoco será nunca mártir para ponerle nombre a una calle.

Su opinión se reduce a sentencias que si no llevan a la honda reflexión, tampoco admiten la controversia: «Cuando las cosas son así, no pueden ser de otra manera», «Si algo no es igual, será porque es diferente» «Lo que hay es lo que hay hasta que no haya otra cosa». Con estas y otras máximas célebres de Anodino se podría publicar un libro de aforismos o proponerlo para presidente del Gobierno. No sería la primera vez.

Pero Anodino Borrego no desea tal protagonismo, qué va, para él, ser mandatario es cosa chunga, pues no está dispuesto a cometer errores de los que luego se le inculpe y soportar reproches públicos, revueltas callejeras y demás líos.  Lo suyo, como ya dijimos, es ser súbdito del gerifalte de ocasión, que sustituirá por el que venga luego. Que sea simple, tal vez, no quiere decir en absoluto que sea inocente. Él es cómplice, como muchos de sus congéneres de los gobiernos más nefastos que se hayan dado a nivel mundial; él, como sus antecesores, mirará para otro lado mientras a causa de la injusticia multitud de personas de ley son arrojadas a la hoguera, desaparecidas, torturadas y ejecutadas. Y, sin embargo, por tanto, él y sus hijos y los hijos de sus hijos serán los más longevos sin ser útiles a nadie para que nunca podamos progresar; para que nada cambie, Emilio, para que nada cambie…

Peluches para adultos

7 Dic

Todo el mundo habla hoy día de lo mismo, de modo que para variar y, en cierto modo, abrir una ventana al aire fresco en un ambiente demasiado caldeado para estas fechas de diciembre, creemos necesario hablar de otra cosa. El tema elegido es, en cuestión, el peluche para adultos; un argumento, a simple vista, frívolo y vacuo que, sin embargo, a la larga, entraña su punto de complejidad y aún más de paradoja ¿pero qué no es paradoja en estos tiempos que vivimos? La extrema izquierda no era concebible como opción de voto hace una década, pero hace relativamente poco llegó a convocar a las urnas, incluso a gente indignada de derechas e igual ha pasado con la extrema derecha, que ha recabado votos también de ex-izquierdistas indignados, entre otros. Será cosa paradójica, donde las haya, si bien tampoco nada que no haya pasado antes. Valle-Inclán pasó del marxismo al carlismo en un giro de humor estrambótico y Azorín, Baroja, Maeztu y Unamuno, en su día, se dieron a su vez la vuelta del calcetín; los indignados son impredecibles, pues la cólera, como pasión violenta, es bastante dada a salir por los cerros de Úbeda, pero no hay que temerla demasiado. Por lo que vamos viendo, el canovismo se las arregla para desmontar los extremos y arbitra la sucesión de ambos dos como en aquella restauración decimonónica; lo hemos visto en Madrid y lo veremos quién sabe si en Andalucía; ¿qué es la vida?, un frenesí, ¿qué es la vida? una ilusión, lo que ayer era gobierno, mañana es oposición. O no. La cosa está igual de clara que cuando las municipales de Málaga. Todavía nos quedan por ver las múltiples combinaciones y jugadas que se aventurarán sobre el tablero de ajedrez. Cada día, el periódico, cada periódico nos traerá un episodio apasionante hasta llegar al desenlace y auguro que, dado el interés de las informaciones, el papel podrá con el digital, que tanto nos desborda la paciencia con sus publicidades intrusivas. Veamos, como en todo, lo que tiene esta confusión transitoria de positiva como campaña de animación a la lectura.

Desde luego que habrá pasotas que se encojan de hombros y digan, ¿a mí qué? Y serán esos mismos que pasaron el domingo al sol, ajenos al relativo bullicio de los colegios electorales. Su apatía, su ataraxia, su indolencia hasta cierto punto parece envidiable, ellos creen que la política nunca afectará a sus vidas, pero nosotros sabemos que sí y por eso sufrimos, pues un partido o una coalición de partidos cuando llegan al gobierno dictan leyes y no siempre nos favorecen, pero, de eso, se entera uno después, cuando ya no tiene remedio.

Recuerdo a un chico con los dieciocho años recién estrenados, que ante unas elecciones se declaró apolítico y me comentó que la política nunca podría cambiar su vida, pues su familia tenía un negocio muy saneado del que sería heredero.

-¿Y qué pasaría si el gobierno electo vuelve a poner la mili obligatoria?

-¿Pero eso puede ocurrir?- preguntó con el gesto demudado y el rostro pálido como hoja de papel.

No ha pasado esto, aunque también podría… y, sin embargo, sí han pasado otras cosas; ha habido recortes en educación y sanidad, reducción de poder adquisitivo para funcionarios, pérdidas de derechos para los trabajadores de cualquier sector, subida de precios de los alquileres de locales a los comerciantes al punto de tener que cerrar negocio, estrangulamiento de los autónomos, exilio de investigadores al extranjero, congelamiento de pensiones, en fin, asuntos que nos afectan directamente a todos, también a aquellos abstencionistas y a los que votaron con total frivolidad a quien les caía más o menos simpático o, en el colmo de la estupidez, les parecía más guapo o menos guapo. Demasiado tarde descubrirán que la política no es un juego y que se decide políticamente, lo mismo con la abstención que con el voto vacío de contenido.

Pero benditas sean las mentes de chorlito, que posibilitan los abusos, mientras la anestesia globalizada hace de niños y adolescentes, seres inconscientes y de los adultos niños. Niños adultos que se consuelan, inmersos en sus móviles, mandando emoticonos a los prójimos, conocidos o no, y se meten en esas tan extendidas tiendas de chorradas para comprarse un peluche bien esponjoso, un bolígrafo con forma de monigote, un cuaderno, cuya portada te dice que eres el mejor y una bolsa de gominolas. Ése será su efecto placebo, después de una jornada de tropecientas horas o de esperar en el paro esa oportunidad que nunca llega. Escribirán en la primera página de ese cuaderno color pastel en cuya portada asegura- normalmente en el inglés del imperio- que van a realizar su sueño o a vivir su aventura para luego estrellarse contra la realidad, porque nuestros sueños y nuestras aventuras dependen mucho de lo que decidan los que nos gobiernan, electos por la abstención o por el voto.

Te queda ignorarlo, claro que sí, irte con tu peluche a casa y, abrazado a él, ver una serie de muchisísimos capítulos que te atrape y te permita no pensar más que en la probabilidad o improbabilidad de un asesino. Te queda aferrarte a las máximas budistas, afrontar las penalidades con una sonrisa, por jodido que estés, y culparte de que si no te va bien es porque no atraes hacia ti la suficiente energía positiva. También te queda sopesar que hay otros que están peor que tú y encima alegrarte por ello. Creerás que eso es algo novedoso, pero se llama conformismo, y si en budismo se llama transcendencia, en catolicismo se llamaba «resignación cristiana». Se trata de una cualidad que permite a los jodidos no rebelarse por jodidos que estén para que los jodedores sigan jodiendo. Nada nuevo bajo el sol.

Budista y todo, tu hijo va a hacer la Primera Comunión, porque le hace ilusión y tú no sabes negarle nada y porque los budistas todavía no se han inventado una ceremonia en la que los niños reciban regalos y si sí, aquí todavía no se conoce.

Enséñale luego a tus hijos a vivir en la indolora burbuja budista y diles que la política no interesa, que no voten ni decidan. Será un niño perfecto cuando cumpla treinta años con su peluche y su bolsa de gominolas, siempre a tu lado, en el sofá de casa para ver la serie de moda bien juntitos.

Yo también

16 Nov

El silencio. Es difícil discernir por qué hay mujeres que padecen la violencia de género y nunca llegan a denunciar su situación, cómo es que intentan normalizar una convivencia (¿convivencia?) que se basa en la continua agresión y siguen sonriendo a la cámara como si nada hasta que un día, de modo inexplicable, aparecen muertas, para sumar una nueva cifra en la gruesa lista de bajas que se cobra este modo brutal de genocidio. O ni siquiera eso, ya que algunas se quitarán la vida por propia mano, al no poder tolerar más la situación, y su fallecimiento será registrado como suicidio ¿Acaso nos hemos parado a pensar cuántos asesinatos encubren los suicidios? ¿No es tal vez una manera de matar privar a las personas de las ganas de vivir a base de torturas físicas o psíquicas, cuando a ello se aplican todas las maliciosas artes propias de una mente perversa? ¿Y cuántas mentes perversas no hay pululando bajo el envoltorio de ciudadanos, en apariencia, amables e incluso intachables? Muchas más de las que podamos imaginar, si contamos a toda esa gente que, disfrazada con pseudónimos, dedica su tiempo libre a atormentar con su odio a otros en las redes. El lado oscuro del ser humano ha encontrado una herramienta de primer orden para desinhibirse; el permitido anonimato en las redes.

Pero estas mujeres de las que hablamos sí conocen a su agresor, cohabitan con él y tienen la posibilidad de denunciarlo con nombre y apellidos en una comisaría ¿por qué no lo hacen? nos preguntamos a veces, culpándolas de cobardía, sin calibrar cuál es el alcance de su miedo y hasta qué punto está justificado, porque sólo cuando se comparte ese mismo terror se puede llegar a comprender su silencio.

Digo esto, después de dar muchas vueltas al asunto; de haberme pensado una y mil veces si escribiría este artículo y me atrevería a publicarlo. Muchas veces maquillamos de prudencia lo que es sólo miedo por temor añadido a que nuestras declaraciones puedan agravar más nuestra situación y sólo nos decidimos a romper el silencio cuando la sensación de peligro ha desbordado cualquier límite; éste es el caso.

Como muchas otras personas, me he acostumbrado a fingir: a convivir con el pánico en silencio como si se tratase de unas almorranas, a silenciar el sufrimiento como si fuese una lacra y comparecer como persona divertida y jovial. Todos queremos ser fuertes y no figurar como víctimas. Se nos figura que, en ello, está en juego nuestro honor, nuestra dignidad y nuestra imagen pública. Los fuertes son admirados, los débiles, no. Admitir la debilidad es hacerse aún más vulnerable; es la ley que hemos aprendido por educación y por observación del medio y se observa hasta que no se puede más, pero si uno es juicioso, al final, declina y admite que necesita ayuda.

Me resulta muy difícil hacerlo; soy una persona orgullosa y me he atrincherado en una postura de suficiencia, sin embargo, amo la vida por encima de todo y no tengo la menor intención de sacrificarla por una estúpida arrogancia.

Os pido ayuda y no sólo en mi nombre, sino en el de muchas mujeres que padecen mi misma situación; las profesoras. Según sondeos, un 84% de las profesoras andaluzas han sufrido agresiones verbales e incluso físicas, mayormente de alumnos varones, esto también es violencia machista.  La cuestión es que muchas estudiamos un temario completo para las oposiciones, pero no encontramos el tema en el que se explicaba cómo defenderse de un alumno que, de buenas a primeras, se encabrita y te levanta el puño, como posiblemente hacen también a su madre. Perdón, no soy madre, no sé lo que es vivir tal situación, como tampoco sé lo que es convivir con un marido maltratador. Si alguna vez tuve un novio que me levantó la voz, lo eché inmediatamente de casa y lo puse a dormir en las escaleras. Reconozco que nunca he tolerado el machismo ni me he sometido a su yugo, en eso me falta experiencia. Por eso, quizás he frivolizado con el tema, pues no he comprendido cómo se puede soportar la violencia masculina por obligación. Ahora sí, lamentablemente, sí, pues lo he sufrido por motivos laborales. En fin, desde que terminé la carrera, mi deseo más ferviente era encontrar un trabajo para ser independiente y no tener que someterme a la tiranía de un marido, ¿cómo podía yo imaginarme que esa violencia tendría que soportarla de un modo u otro? No es que me haya acobardado fácilmente, eso no, si un alumno me gritó, por musculado que estuviese, lo afronté sin perder la calma, así he mantenido mi dignidad durante muchos años, no obstante, es imposible merecer respeto, cuando contra un alumno que te grita y te insulta ante la presencia incluso de una directiva, se adoptan medidas tibias o ninguna.

Perdón, he soportado esos gritos sin denunciar, pues todo me hacía pensar que no se podía hacer nada. Los menores están protegidos por la ley, aunque te saquen dos cabezas y tengan el tórax de Rambo. He soportado también gritos de compañeros, que sí eran mayores de edad, pero tampoco eso era denunciable. Había que comprender que ése era su tono de voz, que sólo se comportaban de un modo espontáneo. En definitiva, he tolerado mucho más allá de lo tolerable y ahora estoy del todo saturada. Siempre pensé que tenía que callar, porque todavía me podía pasar algo peor, pero lo peor ya me ha pasado. Un alumno me amenazó de muerte hace ya un año, porque sí, porque tuvo un mal día y todo eso. Se observó un protocolo al respecto, pero en ese protocolo, no se contempló que me pidiese disculpas.

He pedido traslado de mi centro definitivo y, como no obtuve plaza, pedí después un desplazamiento provisional, sin resultado. Si no se remedía esta situación, volveré a trabajar en el mismo centro, donde ese alumno dijo que me mataría ¿Son estas las condiciones más favorables para trabajar? ¿De verdad? ¿Acaso me he vuelto timorata?

Pues sí, ahora temo, y no me causa rubor pedir ayuda. De ninguna manera, quiero que, si me pasa algo, como puede ocurrir, se contemple como un caso aislado y que se siga esta sinrazón con más incidentes de lo mismo. Por favor, basta ya.

Cuestión de espacios

14 Sep

Proveerse de un espacio agradable ha sido siempre una prioridad de los humanos. Toda civilización ha procurado construirse moradas acogedoras, pues sabe que la idoneidad del lugar que habita es fundamental para generar un equilibrio anímico, por ello los romanos ideaban sus domus con tanta minuciosidad, al igual que los árabes sus palacetes. cuidando que los colores y mobiliario de cada estancia cumplieran su objetivo para generar bienestar, favoreciendo la orientación climática y lumínica para cada una de ellas y procurándose la convivencia de zonas de recreo, donde solazarse con la vivificante presencia de la vegetación y el discurrir del agua. Hoy día, cualquier ser humano, con mayores o menores medios, emplea gran parte de su tiempo en acondicionar su hogar para que resulte confortable. El espacio en el que vivimos nos condiciona, al igual que el espacio donde trabajamos, que a veces es el mismo. Se han dedicado páginas e incluso libros enteros («Cuando llegan las musas») a describir cuál es el ambiente del despacho en el que crean los escritores y otros («Una habitación propia») a reivindicar la sola necesidad de ese cuarto. En este caso, para las mujeres, porque como contaba Virginia Woolf en tal obra emblemática, las que carecían de él pasaban auténticos apuros.

Jane Austen, que escribía sus novelas en el salón familiar a hurtadillas- como era lo normal para una autora del siglo XIX- había de interrumpir sus escritos y esconderlos, en cuanto cualquier pariente o visita irrumpía en la estancia y Charlotte Brontë redactó Jane Eyre en la cocina, mientras pelaba patatas. En cuanto a Elena Fortún, ya nacida después de morir Woolf, había de hacerlo en el cuarto de baño, pues no tenía más remedio que ocultar su labor a los ojos envidiosos de su marido, que era también escritor, pero muy mediocre.

En cuanto a los autores varones, aunque mejor mirados por la sociedad, pero no siempre tanto por la fortuna, han de habido conformarse, en muchas ocasiones, con hacer escritorio de la mesa de un café, cuando no disponían sino de una casucha oscura y mal ventilada, donde enredaba una trupe de chiquillos que lloraban a pleno pulmón, correteaban por los pasillos y se pegaban entre sí.

Un espacio. La conveniencia de un buen espacio es necesaria para el trabajo creativo y para cualquiera. Las empresas eficientes se preocupan de que las oficinas de sus empleados sean salubres, cómodas y agradables, porque saben que un trabajador aumenta su rendimiento en tales circunstancias. El trato cordial es otro ingrediente, que sin suponer coste alguno, también incrementa dicho rendimiento. Se llama coaching, pero, de momento, no fragua.

Pero, en fin, los espacios; la importancia de los espacios, su cuidado, es algo que hay que observar desde un primer momento en el desarrollo del ser humano, sobre todo, si se espera que, en ese espacio, donde ha de pasar muchas horas, se consolide su proceso de aprendizaje; un periodo que va a marcar el resto de su vida.

Oigo hablar de barracones que se instalan en colegios e institutos para albergar aulas. ¿Barracones? me suena mal, como a posguerra o campo de concentración ¿de verdad que no se puede hacer otra cosa?

Vale, vale, sabemos que es coste, pero también que es inversión en el progreso y en el futuro ¿hay de veras otra inversión que merezca más la pena? ¿Vamos a creer que un alumno, sentado durante seis horas ante un pupitre y hacinado en un grupo numeroso de un barracón sin climatizar rinda lo pertinente? Si hay que aplicar la psicopedagogía, apliquémosla en tal concepto. Un alumno es susceptible al espacio que le rodea, si éste es inhóspito, si le sofoca un calor de más de 30 grados en junio y otro tanto en septiembre y octubre, se va a mostrar mucho más irritable. Tampoco se concentrará demasiado si en invierno no puede apenas moverse, refugiado en su plumón, su gorro y sus guantes ¿Que es gasto la calefacción? Es gasto, pero también son gasto las pizarras digitales y no en ellas está resumido todo el progreso, sin el incremento básico de la climatización. Un alumno climatizado, o sea, a gusto, va a aprender con mayor receptividad lo que proyecte una pizarra digital, incluso lo que lea en papel, que ésa es otra, el papel ha de ser actualizado. Eso no significa eliminarlo, ni mucho menos. El papel es necesario, indispensable en el aprendizaje ¿por qué? eso no es difícil de contestar. Sin duda, la lectura en el papel es más cómoda y permite asimilar textos más extensos y complejos, lo que no es excluyente de las pizarras digitales, que son una herramienta muy útil, muy ilustradora e incluso imprescindible, pero complementaria del papel. Cuando me refiero a actualizar el papel, hablo de la calidad del papel que se le da a los alumnos para estudiar. Esto es; el programa de gratuidad de libros es una iniciativa muy loable, pero esto no puede consistir en que hereden libros muy desactualizados ya, rancios de contenidos, casi negritos de color, y hasta en nefastas condiciones higiénicas.

Pregunto y pregunto de corazón ¿acaso motiva leer un libro que ha sido sacado de un armario por un empleado con guantes de látex y mascarilla para no contagiarse de virus? ¿De verdad se merecen estos libros las personas en formación que van a estar a cargo, nada menos, que del futuro? No se pueden abordar campañas de fomento a la lectura, si no se ofertan libros, como poco, presentables.

De otra parte o de la misma, los espacios. En fin, es necesario estudiar el terreno sobre el que se construyen colegios e institutos para que no sean inundados en cuanto vengan lluvias o erosionados por un súbito movimiento sísmico, también, por supuesto, que la orientación sea idónea, que reciban la luz y el calor en las horas convenientes, que contemplen el uso de la energía solar y no hayan de recurrir tanto a la eléctrica.

No me he inventado nada nuevo. El arquitecto Miguel Fisac en 1961 dio a luz a su proyecto del IES Nra Sra de la Victoria, que se forjó con ideales pedagógicos; se trataba de un espacio agradable donde los alumnos aprenderían con gusto en convivencia con la luz solar y las zonas ajardinadas, pero las sucesivas ampliaciones malograron la idea inicial.

El proyecto, sin embargo, dio en su momento sus frutos y sigue siendo de gran inspiración. Las claves del futuro, a veces, hay que buscarlas en el pasado; en lo mejor del pasado.