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Budapest a pata coja (II)

17 Ago

Muchas guías te van a recomendar que pases por el Puente de las Cadenas al atardecer o de noche para verlo iluminado, pero si vas a atravesarlo para ir a Buda y tienes intención de visitar allí alguno de sus museos, ten en cuenta que todos ellos cierran a las 18.00 h.

Este puente es el más histórico de la ciudad, pues fue el primero en construirse en 1849 para comunicar Buda y Pest, pero lógicamente está reconstruido como casi todo, pues los bombardeos de los aviones alemanes durante la Segunda Guerra Mundial no dejaron apenas piedra sobre piedra. A este respecto has de leer antes del viaje “La mujer justa” del escritor húngaro, Sándor Márai; vivirás lo que fue aquella guerra en Budapest y atisbarás también cómo la posterior liberación de la ocupación nazi por los ejércitos rusos cobró una cuantiosa factura con el régimen terrorífico y dictatorial, al modelo soviético, que fue impuesto en Hungría durante cuarenta años . Este país como muchos de Centroeuropa supo sólo recientemente lo que era el sabor de la libertad.

El funicular que sube hasta Buda, de primera factura en 1870, está recreado tal como fue y vale la pena usarlo, pues te comunica en el ascenso esa remota emoción infantil como de juguete. Para pagarlo usa esos forintos que debes llevar contigo. Cambiar a moneda húngara te será fácil y lo puedes hacer poco a poco, hay muchas casas de cambio por toda la ciudad, y te conviene, pues si pagas en euros (que se puede en muchos lugares), todo te saldrá mucho más caro (un euro de más, incluso en pequeños objetos que cuestan sólo tres o cuatro).

Al salir del funicular, te encontrarás con la fachada principal del castillo de Buda. Nadie te quitará la primera exclamación de asombro, por más que te hayan ya advertido de que es impresionante. Su último remodelado fue por iniciativa del emperador Francisco José I, al estilo neobarroco, pero sigue conservando cierto aire oriental de sus orígenes en el siglo XIII.

Sus numerosas habitaciones poseen un encanto fantasmal, ya que algunas nunca fueron habitadas. El emperador de Austria no gustaba mucho de venir y su esposa, Sissi, según las malas lenguas, cuando venía con frecuencia sola a esta ciudad, prefería dormir en otros lugares…La sombra de Isabel de Baviera planea también por estos lares, vinculada al conde Andrássy, pero lo cierto, en todo caso, aparte de las habladurías, es que esta mujer, amante de Hungría, logró que el país tuviese los mismos derechos que Austria y sus viajes no fueron un mero capricho.

Hay fotos inevitables en este punto; en la fuente del rey Matías y en la terraza que prodiga una vista exquisita de la ciudad, donde destaca el Parlamento al otro lado del Danubio.

En la Galería Nacional puedes visitar ahora la exposición de Frida Kahlo, pero si está ya cerrada, podrás recorrer la parte posterior del castillo y, en el patio de los leones, admirar la Biblioteca Nacional y el Museo de Historia. Sólo desde fuera si han pasado las 18.h, pero no te preocupes, para visitar los interiores, planea otro viaje en invierno.

Como ya ha caído la tarde, es el momento de visitar el barrio del Castillo. Las casitas de muchos colores componen calles de sabor medieval pero te olerán a artificial y recién pintado. Son una recreación de lo que fueron en un remoto día y sirven de bonito decorado para los turistas. A cierta hora, quedan desiertas, como si las desmontasen para volver a montarlas al día siguiente. Pero todavía no; se puede entrar a la iglesia de Matías, hay dentro música de órgano y una ceremonia nupcial. La novia de la boda anterior se hace fotos a la entrada, frente a la estatua ecuestre del rey Esteban: casarse aquí, donde la emperatriz de Austria fue coronada reina de Hungría, es el sueño de muchas chicas de Budapest.

Unos pasos más y estamos en el Bastión de los Pescadores, el mirador por excelencia de la ciudad para los atardeceres. Sus siete torres erigidas en honor a los jefes de las primeras tribus magiares, esculpidos en sus correspondientes hornacinas, emulan con sus cúpulas neogóticas a los castillos de los cuentos de hadas y en los soportales hay un café donde sirven una maravillosa tarta Strudel.

Si ya, rebasada la hora de la merienda, toca más bien cenar, lo ideal es hacerlo en uno de los pequeños locales que hay dispuestos en una callecita lateral (Országház utca) a la Iglesia Matías; son de gestión familiar, cocina clásica, precios moderados y los violinistas van incluidos en la cuenta.

Para bajar al centro de Pest sólo necesitamos tomar el bus 16 que pasa cada cinco minutos y tiene parada frente a la iglesia de Matías. Bajamos en la plaza Elizabeth, que es la más animada y concurrida a estas horas de la noche. Rebosan de gente los bares y restaurantes en torno a la inmensa extensión de césped, de espaldas a la Basílica de San Esteban, donde una inmensa acampada de jóvenes hace botellón. Es un lugar en continua feria durante el verano, con sus chiringuitos y su noria gigante, que buscan también los fan de Michael Jackson por encontrarse allí el árbol consagrado al Rey del Pop.

En las callejuelas circundantes hay locales para todos los gustos, donde prolongar la noche, pero preferimos replegarnos hasta el Parlamento, muy solitario a estas horas, y sólo habitado por ciertas presencias dispersas que cantan el “cumpleaños feliz”. A lo que se oye, es una tradición celebrar aquí esta clase de eventos. Una pareja de japoneses sacan de la mochila una tarta. La chica después de cantarle a su novio homenajeado, que sopla las velas ante la cámara del móvil, se acerca entre las sombras y nos ofrece una porción a cada uno. Bienvenidos a Budapest, dice. Hasta en el último rincón del mundo encuentras un japonés con un gesto y una frase amable en la boca. Bravo por ellos.

 

 

 

 

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