Trump

22 Ene

Una vez más y en política también,  la ficción se ve superada por la realidad. Trump está siendo  investido como nuevo  presidente de los Estados Unidos, mientras escribo esta columna. Y como escribió Borges, «no nos une el amor sino el espanto». Con él,  caminamos todavía entre la perplejidad del cómo fue posible que nos sucediera esto a la incertidumbre de cómo puede ser lo que nos está pasando y, sobre todo, lo que nos pasará. Si hay algo seguro con Trump es que no estamos seguros de nada de lo que diga ni de lo que haga. Un personaje tan excesivo, que dudamos que tenga la mínima prudencia exigible para poder ser capaz de tomar decisiones razonables en un cargo propio de esa responsabilidad.
Podríamos pensar que, al contrario, es una expresión de esa saludable y vigorosa democracia norteamericana donde cualquiera puede ser presidente. En contra de lo que pudiera parecer a simple vista, ha roto también con ese estereotipo.  Él es cualquier cosa menos cualquiera, y desde luego, nunca fue cómo los demás. Nada de un triunfador hecho así mismo gracias al sueño americano, al contrario,  un hijo de papá consentido que se hizo multimillonario con todas las ventajas de su origen social y de su posición económica: un empresario inmobiliario, siempre al límite entre los casinos, los juicios y los escándalos sexuales.  Un personaje de un egocentrismo desmedido  que ha descubierto hace tiempo que nada mejor para expresar esa personalidad incontenible que la televisión y twitter. Alguien que como otros –Berlusconi en otro contexto- aprovechó un contexto favorable de descontento para desde su posición como empresario de éxito –y no político profesional-  iba a hacer política de otra forma y restablecer el sueño americano. Y muchos le creyeron. (más…)

Alternativas difusas

27 Nov

La política no deja de sorprendernos. Hoy la muerte de Fidel Castro coincide con las primeras decisiones del nuevo presidente Trump. Del último símbolo vivo de lo que fue el socialismo real a la expresión más acabada de una derecha populista que  ha sido  capaz de vencer democráticamente en el país de la democracia. Quizás uno de los signos de nuestra época sea un malestar democrático que se ha canalizado hacia una política de los extremos, un revival del populismo y una derechización de la política. Si bien la derecha gobierna ahora, sus políticas no han calmado la insatisfacción ante la crisis y de ahí se está produciendo  una fractura en su gobernabilidad. Por un lado, una derecha liberal que ha gobernado y sigue gobernando la crisis con las políticas de austeridad  y  cuyo máximo exponente sigue siendo Angela Merkel, y, por otro, un neoliberalismo defensivo y populista que está por ver, al menos, en tres escenarios, el post-brexit, el trumpismo y las elecciones francesas donde Marine Le Pen puede obtener un resultado preocupante.  El dilema ahora es saber si estas dos derechas convergerán en sus políticas. La primera, porque es lo que lleva haciendo hace tiempo y piensa que es la única que da resultados para salir de la crisis. La segunda, porque la realidad del poder y del gobierno, probablemente,  les hará moderar el populismo de sus propuestas  exhibido durante las elecciones. La realidad está marcada por la rutina de una política sin imaginación pero que puede marcar la recuperación lenta de la crisis y  el avance hacia un modelo social lleno de desequilibrios, frente a las políticas inciertas de unos políticos que para progresar enarbolan la exclusión. Haría falta, pues, un debate serio sobre las políticas del futuro ante la alternativa de la rutina y la de un aventurismo que presenta incógnitas y amenazas a la democracia. (más…)