Sánchez 8 y medio

19 Feb

Del No es No de Sánchez; a Votar y Votar. España irá dos veces a las urnas en menos de un mes

 

Todo tiene su final. Los socios suelen traicionar. La democracia no es solo votar, pero también lo es. Sin presupuestos no hay paraíso, ni Moncloa con jardines

Carlos Pérez Ariza

Mientras el drama venezolano cumple, cada día, un nuevo capítulo de enfrentamiento entre Maduro y Guaidó, sin solución final a la vista. Donald Trump se empeña en su muro mexicano como una emergencia nacional de los EEUU. En nuestro reino, el gobierno del PSOE sanchista toca su marcha electoral para el 28 de abril con un pre-mitin desde su Palacio. Con la buena intención de regenerar el sistema democrático, de reflotar el estado del bienestar, de mejorar el presente y el futuro de todos los españoles, la vía socialista ha concluido, por ahora. Tras ocho meses y medio de gobierno la vía que trazó la moción de censura ha pasado la factura esperada. La derecha en bloque sin piedad, y el procés catalán enquistado en un diálogo imposible, han producido la negativa parlamentaria a los presupuestos. La historia tiene apuñalamientos famosos, pregunten por César. Entre seguir gobernado sine die con unas cuentas prestadas, incompatibles con el pensamiento progresista de la izquierda española, y arriesgarse a contar votos socialistas, Sánchez se ha tirado a la piscina electoral desligándose de la otra convocatoria del 26 de mayo, donde mezclarse con la autonómicas y municipales era dar un salto al vacío sin paracaídas.

Acorazado, difícil de vencer, sobreviviente incombustible, gladiador de tridente y red protectora; Sánchez el resistente, se acaba de convertir en Pedro el breve. Se levanta sin arrugarse para jugar a todo o nada su futuro político. Tal vez sabía, como nos recuerda Laurence Debray, que ‘el poder es un deber, no un privilegio’. Acusado de utilizar tales prebendas de manera ostentosa, ahora lo tiene bien claro. La fantasía le ha durado ocho meses y medio, como aquel Fellini de ‘Otto e mezzo’, su película tiene un final. Puede que proyecte la secuela como parte dos. Para eso tiene que reunir a 176 parlamentarios a favor. Parece improbable que su partido puede alcanzar tal cifra, ya nadie la alcanzará. Los recientes sondeos indican que el centro derecha tendría el 50/55%, la izquierda un 40/45%, aproximadamente. El voto hablará.

El llamamiento electoral, propiciado por la desaprobación de los presupuestos, deja en suspenso muchos temas, aunque el presidente saliente dice que garantiza todo lo aprobado. Entre otros trámites, quedan pospuestos o paralizados: Sacar a Franco de su tumba eterna. Se cae el aforamiento a cargos electos. Queda en el aire ‘la ley mordaza’. Sin ley aprobada el ‘cambio climático’. La reforma laboral de Rajoy sigue ahí. Los flecos de la ley de igualdad quedan sin tramitar. La ley de eutanasia detenida. La enésima ley de Educación se queda en el cuaderno de deberes pendientes. La ley de mecenazgo y la referida a la protección de la infancia y adolescencia frente a la violencia, ambas en espera a la formación de las nuevas Cortes.

La política tiene intrincados laberintos insondables. Ahí está Inglaterra en su dilema de cómo salirse de la UE. Ser isleños da un carácter muy particular. Eso de estar aislados de la tierra firme les hace creer que la suya es la única que existe. Nuestro reino, tan democrático y posmoderno, poco propenso a la pompa y circunstancia, está en busca de un país extraviado. El bipartidismo, aunque resiste el envite, está asediado por agrupaciones que crecen a su alrededor, como escisiones de radicalismos diversos. Con ellos hay que repartir el pastel parlamentario. Gobernar esta España con 17 mini estados no es nada fácil. Con socios será aún más difícil. Aquí está Andalucía, donde se estrena un gobierno a la derecha, que en realidad son dos en uno. Difícil cohabitación. Un reino demasiado traspasado por la política partidista méteme en todo.

Sánchez se ha sincerado, qué remedio. Ha dicho delante de la prensa: “Llámenme clásico, pero sin Presupuestos no se puede gobernar”. También les ha hecho caso a sus barones que se presentan, desde sus CCAA, a las elecciones del 26 de mayo. Ir juntos, en el mismo cesto, era una apuesta infortunada. Perder el 28 de abril, incidirá en derrotas consecutivas en las autonómicas, municipales y aun en las europeas, que van todas juntas en mayo. En el balance, Sánchez lleva dos derrotas: En Andalucía y Presupuestos. Remontar esa cuesta va a ser un tour de force. Los españoles tenemos una alta responsabilidad en este par de votaciones. España requiere un gobierno de calma, orden, paz y la economía clara, sea el que sea. No están los tiempos para experimentos.
El esfuerzo, desde ahora hasta finales de abril (Semana Santa de por medio), será para los candidatos a la presidencia del gobierno. Tras ese torbellino de incertidumbre, las de mayo las cargará el Diablo cabalgando sobre los leones del Congreso. Hay un invitado de piedra: El Tribunal Supremo, que estará enfrascado en el juicio a los líderes del procés catalán. Influirá en el voto, tanto para los secesionistas, como para VOX, cuyo lema es la unidad de España por encima de todo. Sánchez venderá su Presupuesto como leitmotiv de su campaña. Un programa de gobierno a ejecutar. A la espera de los resultados, el que gobierne tendrá que asociarse a uno o dos partidos para sentarse en La Moncloa. El momento político requiere de un estadista, rara avis por estas tierras.

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