El BIC de cuatro colores.

14 May

Se nota que vamos cumpliendo años porque la nostalgia ataca de diversas maneras. Eso de traer a la memoria cosas ochenteras es una constante, algo que en generaciones anteriores también se daba; pero ahora, al contar con las redes sociales, está tremendamente potenciado. Un recuerdo imborrable de la época colegial está en el BIC de cuatro colores. Aún se usa. Y que levante la mano quien no tuvo alguno. A mí me llamaba la atención y de qué manera que una compañera de clase, bastante típica en eso de ser cursi y tener una «edad del pavo» casi eterna, que le daba uso al mítico bolígrafo. Ella iba escribiendo, y con un cuidado que llegaba a exasperar, colocaba las tildes de otro color, los signos de interrogación en otro… así hasta que utilizaba las cuatro tintas que tenía a su disposición. Todo esto estaba muy bien en el planteamiento inicial, pero la realidad lo hacía tan inviable como insoportable.
Yo mencionaba en mi columna anterior mis dudas sobre si el Unicaja que siempre nos ocupa iba a tener el deseo suficiente para poder plantar cara a rivales con la soga al cuello y con el ansia de necesitar vencer para escapar del infierno. El jueves pasado, frente al Montakit Fuenlabrada, estuvo tonteando un buen rato con la derrota, y a poco que los madrileños no hubieran sufrido tantos inconvenientes en forma de personales o sus propios males de configuración básica se hubieran llevado el partido.
Pese a la clasificación para el play off, lejos de ser un motivo de celebración, la situación actual, con cierta crispación en el entorno por el hastío que transmite el equipo no invita a ello. Si ya he comentado que el partido del jueves no ayudó, en el de Murcia, frente a un equipo que estaba conjurado en todos sus estamentos para conseguir la victoria, quedó patente que el Unicaja llega a la parte principal de la temporada sin la fiabilidad necesaria, pendiente aún de tener una solidez que lleva buscando desde el primer entrenamiento y con una atonía en su juego que suscita todas las dudas del mundo.
El sábado recordé a mi compañera y al BIC de cuatro colores. Unicaja inició bien todos los cuartos del partido, llevó casi siempre el timón del encuentro y al final de cada periodo, faltando algo más de tres minutos, el UCAM iniciaba un recorte en el marcador y dejaba los 7/12 puntos que llegó a tener el Unicaja a su favor en nada. El equipo de Luis Casimiro Palomo se aplicaba de inicio, Kyle Wiltjer completó su mejor partido numéricamente hablando vestido de verde y con el paso de los minutos, el equipo iba perdiendo la capacidad de hacer las cosas bien y dejó de defender de forma medianamente aceptable, se dejó de buscar el juego interior y se repetían las mismas decisiones de siempre, ya fuera por acción (insistir en el triple) o por omisión, porque lo del bloqueo del rebote ofensivo en este equipo es tan raro como un torero de raza negra.
Aunque en un partido decidido por tan poco margen hay decisiones arbitrales que de haberse decantado de otra forma hubieran cambiado el curso del encuentro, si el equipo malagueño salió derrotado fue por no ser capaz de rematar a un adversario que tiró de un jugador aglutinando todo el esfuerzo atacante (Askia Booker), que lo hizo mejor cuándo no tuvo que dirigir a su quinteto al tener al lado a Manu Lecomte y que no me extrañó que fallara desde el tiro libre. No en vano no llegaba al 75% de acierto, por lo tanto, que en un tiro tan determinante que conllevaba decidir el partido, el juego interior del Unicaja dejara que pívots de nivel LEB como Emanuel Cate y Dino Radoncic les comiera el terreno es muy grave, sobre todo porque en la jugada anterior, hubo hasta tres oportunidades continuadas del Murcia para anotar. Así pues, no puede extrañarnos los 19 rebotes de los de Sito Alonso.
Podemos decir de la sobreexcitación local a todos los niveles, del claro empujón a Kyle Wiltjer en la última jugada y que el Unicaja sólo perdió un cuarto, pero visto todo esto, ¿se ve factible arreglar esto de una sola vez en el play off? Si alguien piensa que este equipo va a transmutarse por dejar atrás la Fase Regular y jugar las eliminatorias, espero que lleve razón, desde luego sería una muy buena noticia, pero lo veo complicado de conseguir.

La prisión del deseo.

7 May

Mi amiga Trini es una persona especial, aparte de lo que significa para mi familia, ella y yo compartimos una filia que muchas veces tenemos que explicar: que somos firmes defensores de Héroes del Silencio, está claro que gustarte la banda aragonesa conlleva darle muchas vueltas en la cabeza a las letras de Bunbury y compañía y tener que aguantar más de una mirada de alguien que te califica de “bicho raro”.
Ni loco pretendo explicar el significado de las letras, me equivocaría, pero en uno de los éxitos más conocidos, en “Mar adentro” habla de la “prisión del deseo”, algo, que desde luego nos condiciona, siendo el empujón decisivo para muchas cosas o lo que nos atenaza sin poder dar una respuesta válida para lo que se pretende.
En el camino que le queda por recorrer al Unicaja hasta el final de la liga regular, se va a encontrar a cuatro rivales con condiciones diferentes, en Málaga jugarán Montakit Fuenlabrada y Morabanc Andorra, y habrá que visitar a UCAM Murcia y a Iberostar Tenerife, madrileños y murcianos, especialmente estos últimos se están jugando la vida, y la amenaza del descenso a LEB Oro es algo más que hablar de jugar un partido, el deseo que pueda tener el Unicaja de completar un fin de temporada con éxito se queda en nada comparado con ese sentimiento cercano a la angustia que vivirán ambos contrarios.
Los otros dos rivales tienen ante sí la posibilidad de meterse en el playoff, los canarios, tras quedarse sin el título de la FIBA Champions ante la Virtus de Bolonia seguro que querrán terminar de dar el tiro certero, y los pirenaicos, han conseguido rehacer el camino errático que los dejó sin Copa del Rey, y llevan una trayectoria en el último tramo de temporada que, pese a que el partido sea en Málaga, no los hace un rival cómodo.
El calendario quiere que Unicaja tenga un camino despejado de los equipos grandes y que se podría pedir un pleno de victorias, pero este equipo nuestro corre serio peligro cada vez que el rival tiene una motivación extra. Si se recuerdan los dos partidos del mal llamado ultimátum, Unicaja rindió bien frente a un equipo que está en la práctica de vacaciones, y otro que está en caída libre con la ausencia de tres de sus principales jugadores.
Lo mejor que le vendría a los de Luis Casimiro sería tener enfrente a equipos sin exigencia clasificatoria, pero si la zona de playoff ve cómo cinco equipos se pelearán por tres plazas, en el tramo de descenso el baile puede ampliarse hasta a siete componentes, con la dramática solución que este año es posible que hasta los dos últimos desciendan de categoría, algo rarísimo hasta hace muy poco, ya que a los vecinos del Real Betis Energía Plus, se les puede unir el RETAbet Bilbao Básket (aunque éstos tienen por delante el playoff), con lo que no habría salvación administrativa que valiera, y aunque estoy mencionando los dos conjuntos que el año pasado abandonaron la ACB, el purgatorio está ahí, y no conozco nadie que vea conveniente bajar a LEB.
Ahora mismo, Herbalife Gran Canaria, Monbús Obradoiro, Montakit Fuenlabrada, Movistar Estudiantes, Delteco GBC, UCAM Murcia y Cafés Candelas Breogán están sometidos a la dictadura que les da la angustia de verse muy cerca del barranco, no sé si la motivación del Unicaja, exenta en su totalidad de necesidad les servirá para tener el deseo suficiente o superior frente a los rivales que va a encontrarse.
Las tres semanas que quedan hasta el fin de la liga regular pueden encararse como una preparación para el playoff o como un castigo antes de cerrar esta temporada que apuntaba mucho, pero que no acierto a ver cómo puede terminar, algo así como adivinar qué querían decir los Héroes del Silencio en sus canciones. Yo, como mucho puedo decir que quizá me quedo con “La chispa adecuada”, quizá porque las historias de amores que se apagan siempre me llamaron la atención, mientras en el Unicaja están buscando eso que haga prender el deseo.

Día a día

30 Abr

Nuestro Unicaja sufrió la semana pasada un golpe casi definitivo para el balance de la temporada 2018/2019, fruto de lo cual, los peores temores y los malos presagios que se pudieron tener en un horizonte más o menos cercanos se verbalizaron.

La derrota en Valencia ha traído las consecuencias máximas que este Club Baloncesto Málaga concede: charla del Director Deportivo con la plantilla, ninguna declaración oficial tras el batacazo y rumores sobre el clima de cabreo que se vive en la zona noble del club de Los Guindos. Más allá de eso y la posibilidad del cambio de algún jugador no hay mucho más que ver. No es que me parezca pobre, es que aunque sea lo habitual, no lo considero normal.

De momento el primer problema que había que afrontar era el partido del San Pablo Burgos, complicado sobre todo por el problema que planteaba Unicaja a día de hoy, en el que cualquier rival, fuera el Fenerbahçe o el peor de la liga parecía peligrosísimo, sobre todo por la fragilidad mental mostrada, y no se trata de un momento puntual, se trata de algo visto a lo largo de la temporada, que el entrenador fije como un objetivo a conseguir ser sólidos en el juego es algo que deja claro la fiabilidad de este grupo.

Del partido del domingo, varias cosas a tener en cuenta, estar en casa al Unicaja le viene como anillo al dedo, el valor del llamado “factor Carpena” está ahí y no tiene mucha discusión, conseguir 14 triples, mejora la media de casi 11 que conseguía (10,8 por partido) y como dato poco habitual, el tema reboteador, en el equipo de Luis Casimiro promediaba 32,5 rebotes por partido, el domingo capturó 41, en ataque superaba por poco los 9, y sólo en el primer tiempo llegó a 11, acabando el partido con 16.

Valgan estos datos como detalles para poder explicar la victoria, cada uno seguro que tuvo su particular crónica en la cabeza, pero lo poco que queda de temporada para el equipo malagueño hay que afrontarlo de la mejor manera posible, de entrada, consiguiendo la victoria en Madrid, frente a un Estudiantes que se acerca al precipicio del descenso con paso firme, y que es capaz de lo mejor (pocas veces) y de lo peor (la mayoría), a favor del Unicaja, la ausencias de Alessandro Gentile y Darío Brizuela y el ansia de un equipo con demasiadas dudas, en su contra, la misma configuración del equipo, el cual tiene que resolver de inmediato la ineficacia para ganar lejos de Málaga, algo que no ocurre desde diciembre y que tiene hasta que llegue el playoff, tres de los cinco encuentros que quedan, y además no hay que dejar de pensar que las eliminatorias se van a afrontar con el factor cancha en contra.

Como se ha dicho hace poco, mucha gente se juega algo en este Unicaja, más allá de tener o no contrato para el año que viene, el juicio al que se someten tanto entrenador como jugadores está ahí, no se entenderían que algunas piezas continuaran otra temporada, sobre todo si el discurso sobre aspiraciones no se rebaja, el final de temporada, aún con la constatación de no haber conseguido ninguno de los objetivos, tiene que ser medianamente decoroso, porque la necesidad de acabar de manera brillante está ahí, demandada por más gente de lo que parece y por mucho que el silencio oficial siga instalado de manera permanente. Pero mientras tanto, nos tenemos que quedar con la versión del entrenador, el cual, según expresó, sólo tiene a la vista el próximo partido, con lo cual, poco se puede aventurar.

Aun habiendo tenido momentos de diversión, que la tarea de enderezar el rumbo y de cerrar la temporada con buena cara esté en manos del mismo grupo que ha dejado notas tan oscuras en su rendimiento, hace que como poco, desde fuera se vea todo con escepticismo, porque la duda es lo mínimo que merecen.

Ya se hizo antes

23 Abr

Pocos aniversarios se me antojan tan brillantes y bonitos como las bodas de plata de la consecución de la Euroliga del Joventut en Tel Aviv frente al Olympiacos. En 1994, ver que un equipo «sólo de baloncesto» y que no estaba entre los todopoderosos del continente triunfara en esa competición fue un bonito detalle que nos encantó, aunque fueras del Unicaja o del OAR Ferrol.

Más allá de la factura que pagó el conjunto catalán por aquel triunfo, un tiempo antes en Málaga nos conformábamos con muy poco. La Euroliga más que una ilusión rozaba la entelequia. Hace unos 30 años, el Caja de Ronda completó la peor temporada de la historia en la 1987/1988, comandados en el inicio desde el banquillo por Arturo Ortega y después por Zoran Slavnic. El equipo completó una Liga con sólo una victoria, en Granollers, y tuvo al mando aquel día a José María Martín Urbano, que respondió a la enésima llamada de auxilio del club. La temporada siguiente, con sólo dos supervivientes de la primera plantilla de ese año (Rafa Vecina y Jordi Grau), se hizo una remodelación a fondo, con un técnico solvente, (Mario Pesquera) varios veteranos fiables (Fede Ramiro, Luis Blanco y Pepe Palacios) y dos americanos que dieron un salto de calidad poco imaginable entonces (Joe Arlauckas y Rickey Brown), unos jóvenes canteranos de aquí y de otros equipos ACB complementaron los entrenamientos y cerraron el plantel.

Hay muchos que no le darán valor suficiente a lo que hizo ese equipo dos años seguidos, o que valorarán otras actuaciones como más valiosas, pero en esa época, quedar quinto dos años seguidos, con un equipo con seis jugadores y medio (más o menos) y sin estar entre los mejores presupuestos, sí que creo que valiese.

Detalles de aquel año: la apuesta fue Joe Arlauckas, tras quedar en la posición 74 del draft de 1987 (el mismo que David Robinson, Scottie Pippen, Reggie Miller o Phil Zevenbergen), se pasó su primer año de profesional viendo como lo cortaban en Sacramento y Caserta, aparte de una propensión a llegar pasado de kilos en verano, se adaptó al juego de tres hombres altos e hizo una de las mejores carreras en Europa que se recuerdan. Rickey Brown era un lujo asiático tan fiable como un reloj suizo, pero tan incómodo como unos zapatos nuevos, puesto 13 del draft de 1980, jugó 5 años en la NBA antes de saltar a Italia, el importe de su fichaje por dos temporadas tenía que estar depositado en un banco estadounidense desde el primer día, con lo cual el riesgo era altísimo, pero tras ganar la Copa de Europa anterior con ese geriátrico de genios llamado entonces Tracer Milán junto a Mike d’Antoni, Bob McAdoo o Dino Meneghin entre otros, tuvo dos años de clases magistrales en Ciudad Jardín. En Youtube hay auténticas joyas si no tuvieron la suerte de poder verlo.

Ahora, la situación no es para hacer control de daños tras un naufragio, pero hay que mirar hacia delante e intentar afinar en la composición de la temporada próxima, salvo que haya otro conejo en la chistera de Jordi Bertomeu (cosa que no es descartable), para jugar la Euroliga 2020/2021 sigue habiendo dos caminos, Eurocup y Liga ACB.

El riesgo a correr es grande, hay que contar con jugadores jóvenes y canteranos que de manera obligatoria tendrán un peso específico mayor que el que han tenido anteriormente, hay que arriesgar con jugadores foráneos que de verdad den un salto de calidad y habrá que estructurar el plantel de una forma diferente, repartiendo importancia de otra manera, necesitando que haya responsables y autores antes de que se produzcan victorias o derrotas, que como todo el mundo sabe, las primeras tienen múltiples padres, y las segundas son huérfanas.

Resumiendo: el club y quienes mandan en él tienen que ser valientes, aunque desde fuera de Málaga, muchos dirán que suplicarían por el respaldo de la Fundación Unicaja y de Unicaja Banco a través del tiempo, por mucha diferencia que presupuestaria que haya. El vértigo existe, pero creo que es mucho peor tener que soportar la apatía por bandera y observar actuaciones como la del domingo en Lugo, diciendo que tampoco tiene más trascendencia porque los objetivos ya no se van a cumplir de ninguna forma, y el libro de excusas ya amarillea de tanto usarlo.

El espejo y el carácter.

17 Abr

Es una Semana Santa diferente, no ya por lo maravilloso (versión oficial) o lo dantesco (versión redes sociales) que resulta el nuevo recorrido. Aunque en Málaga somos mucho de tronos y todo lo que los rodea, siempre recuerdo encajar baloncesto entre estos días, que si partidos de categorías inferiores, ACB, Euroliga… pero ahora, nada de nada.
La deserción de cada categoría tiene un motivo diferente, pero este año, entre el abandono de la competición europea por parte del Unicaja y el aplazamiento del partido ACB frente al Valencia Básket, nos hemos quedado sin más argumento que ver la final de la Eurocup entre los levantinos y Alba Berlín, con el resultado que ya conocemos y asistir como espectadores a los playoffs de la añorada Euroliga.
No voy calificar todavía la temporada ni me voy a meter sobre lo justo que puede resultar haberse quedado sin objetivos mediado el mes de abril, pero lo cierto es que a partir de ya, el trabajo tiene que ser para preparar el curso 2019/2020, sabiendo que se va a jugar la ACB y la Eurocup, porque aunque para esta competición la liga española tendrá tres plazas, aparte de la necesidad de quedar entre los siete (!) primeros, la competición se reserva otras tres invitaciones, por lo tanto, no lo veo tan complicado, y no voy a ser tan iluso como para pedir el título ACB, total para lo que sirve…
Ahora tenemos un grupo al que el carácter sólo se le ha visto a unos pocos de sus miembros y se les pide competir sólo por el orgullo que es vestir esta camiseta, es mucho pretender, no sé si habría que pensar en clonar a Alberto Díaz y que esta bofetada de realidad (que se veía venir desde hace mucho tiempo) sirva para que más allá del parquet se vea y se piense qué es lo que se pretende hacer con este club y qué sentido tiene el trabajo que se realiza más allá de la cancha.
Como primer reto para los despachos planteo contar o no con Francis Alonso y Rubén Guerrero en la primera plantilla, está claro que en contra me van a lanzar ya la consabida frase de si se aguantaría una racha negativa de resultados de un plantel con ambos jóvenes, y creo que lo que no se aguanta es una indefinición año tras año, medianías pagadas a precio de oro que en su día hicieron un partidazo contra los cajistas y lanzamientos de globos sonda aún a sabiendas de que no dejan de ser un brindis al sol tras otro, como ese presunto interés por Darío Brizuela ahora o por Ricky Rubio en su día (pido por favor que no se ría nadie, en su día salió publicado). Habida cuenta que la Euroliga es historia y que las diferencias van a seguir ampliándose entre los equipos que estén entre los dieciocho mejores y el resto, las piezas que taparían el sitio a los dos mencionados tampoco estarían entre los primeros espadas del continente, sino que serían veteranos queriendo reconducir su carrera o apuestas por otros jóvenes con cosas por demostrar.
El trabajo en los despachos pasa ahora por mantener lo único que pueda merecer la pena de esta plantilla y que si viene un club a fichar a Mathias Lessort o a Jaime Fernández pase las de Caín y, o termine desistiendo de la labor, o pague una factura que se recuerde por mucho tiempo, pasa por ser –como dijo en su día Eduardo García- imaginativos y pensar que poner coto a la ambición pertenece a los mediocres y que de esa forma, los objetivos que se alcancen nunca serán bien valorados.
El principal problema de este Unicaja actual no es un Valencia Básket que títulos aparte, está ya a una distancia sideral en cuanto a ambición, organización y valentía a la hora de afrontar desafíos que la competición plantea, tampoco está en los equipos de Euroliga que no se pueden comparar, simplemente están en otro deporte que no es el baloncesto al que juega el club malagueño. El problema del Club Baloncesto Málaga es que no se reconoce al mirarse al espejo, sobre todo porque no sabe qué imagen le va a devolver, recuerda glorias pasadas que añora, pero no sabe cómo mejorar eso que no le gusta ver, pero está ahí y no se va a marchar solo.
De esta decepcionante temporada, lo mejor está claro que son los españoles de la plantilla encabezados por Alberto Díaz, él sí que tiene el carácter del que adolecen tantos que visten o han vestido de verde, y si en su día la necesidad o un toque de locura hizo que las miras se pusieran en la cantera, este momento existencial del club exige ver qué identidad es la que se quiere tener, para empezar con uno mismo.