El próximo, Jordi Pujol.

21 May

Teniendo en cuenta el año que lleva nuestro Unicaja, el partido de Tenerife es una buena noticia, muy serio, con valores añadidos en el sentido que se hace contra un rival que estaba mejor, jugándose en cancha contraria y siendo además un partido en los que se había algo más que un triunfo lejos de Málaga. El equipo fue constante y solvente ante el no bajar los brazos por parte de los rivales, que no tiraron nunca la toalla, pero el sábado vimos algo muy poco habitual en la temporada: un buen partido durante todo el tiempo de juego.
Esta semana frente al MoraBanc Andorra, tenemos otra prueba más ante un equipo que busca meterse arriba. De todas formas, lo que se espera del playoff para el Unicaja, no me lleva a la idea de llegar y jugar la final de la Liga ACB, pero al menos borrar las sensaciones que se han visto ésta y las anteriores temporadas frente a los equipos importantes, como Kirolbet Baskonia y Valencia Básket, teniendo en cuenta que sólo queda finalizar el curso de manera decorosa, en la eliminatoria frente a los levantinos hay algo más que un hipotético 2-1 o un pase a semifinales.
Como por otra parte, gran parte de los pensamientos están ya en la temporada 2019/2020 y se espera que el futuro sea mejor que todo esta realidad, ya se empieza a oír si viene tal o cual refuerzo para la plantilla, y al margen de la sorpresiva llegada de Rubén Guerrero (ojo, mucha paciencia con él desde ya), aparecen nombres para reforzar el plantel, ambos del rival del domingo, en concreto, Moussa Diagne y Andrew Albicy.
No me dirán que no es curioso, hace dos temporadas el Unicaja se trajo del equipo pirenaico a Giorgi Shermadini, y el año pasado era Jaime Fernández el que cambiaba de país dentro de la competición ACB. No sé si llegará alguno de los mencionados para el Unicaja en un futuro inmediato, o si sería más práctico fichar a Francesc Solana como Director Deportivo, pero pensar que el estatus del Club Baloncesto Málaga lleva a orientar la diana a este tipo de refuerzos, lo mismo termina colocando a Jordi Pujol en el radar, no en vano, no conozco a otro que haya hecho tanto en un pasado reciente para colocar al principado en el mapa.
Bromas aparte, y más que serio, me parece triste esa noticia en que el club declinase asistir a la Final a Cuatro de la Euroliga del pasado fin de semana en Vitoria, y que tampoco irá al NBA Global Camp en Mónaco a final de mayo. Se esgrimen razones como que “el mercado al que apunta Unicaja no es el de jugadores de F4” y que se optó por dar apoyo institucional al equipo femenino (por cierto, enhorabuena por su ascenso), pero lo cierto es que, aunque ni por asomo se puede pensar en escribir a los Reyes Magos e intentar ir a por algún jugador de los que han estado en Vitoria, no ir es simplemente no existir, está claro que no vas a recibir un homenaje de la Euroliga como Josean Querejeta y que no vas a fichar allí a los que están jugando. Ya fue Carlos Jiménez en 2016 a la fase final de la Copa de Alemania a intentar fichar a un Brad Wanamaker que era más conocido que el euro, tarde, mal y sin dinero no se va a las fiestas, pero es convertir a Málaga en un lugar exclusivamente de vacaciones y demostrar que esa ilusión de la que hablaba es algo que se queda para algún sorteo de lotería o una relación personal.
No acudir a Mónaco no es ni más ni menos que demostrar una adhesión incondicional a lo que digan los agentes, es tragarse los vídeos con todos los highlights que te manden porque tal o cual representante cae mejor o lleva ya al que toca renovar aquí y conviene estar a buenas, es más, que un miembro del club, como Manolo Rubia acuda a título personal a la cita y no en representación oficial del mismo es algo que necesitaría que me explicaran muy, muy despacio.
Aunque estamos en un momento en el que la temporada próxima queda lejos, o la planificación es algo tan secreto como las memorias reales de Jordi Pujol, o esa teoría de “tú no te metas en líos”, debe ser el lema oficial de los directivos del club.

El BIC de cuatro colores.

14 May

Se nota que vamos cumpliendo años porque la nostalgia ataca de diversas maneras. Eso de traer a la memoria cosas ochenteras es una constante, algo que en generaciones anteriores también se daba; pero ahora, al contar con las redes sociales, está tremendamente potenciado. Un recuerdo imborrable de la época colegial está en el BIC de cuatro colores. Aún se usa. Y que levante la mano quien no tuvo alguno. A mí me llamaba la atención y de qué manera que una compañera de clase, bastante típica en eso de ser cursi y tener una «edad del pavo» casi eterna, que le daba uso al mítico bolígrafo. Ella iba escribiendo, y con un cuidado que llegaba a exasperar, colocaba las tildes de otro color, los signos de interrogación en otro… así hasta que utilizaba las cuatro tintas que tenía a su disposición. Todo esto estaba muy bien en el planteamiento inicial, pero la realidad lo hacía tan inviable como insoportable.
Yo mencionaba en mi columna anterior mis dudas sobre si el Unicaja que siempre nos ocupa iba a tener el deseo suficiente para poder plantar cara a rivales con la soga al cuello y con el ansia de necesitar vencer para escapar del infierno. El jueves pasado, frente al Montakit Fuenlabrada, estuvo tonteando un buen rato con la derrota, y a poco que los madrileños no hubieran sufrido tantos inconvenientes en forma de personales o sus propios males de configuración básica se hubieran llevado el partido.
Pese a la clasificación para el play off, lejos de ser un motivo de celebración, la situación actual, con cierta crispación en el entorno por el hastío que transmite el equipo no invita a ello. Si ya he comentado que el partido del jueves no ayudó, en el de Murcia, frente a un equipo que estaba conjurado en todos sus estamentos para conseguir la victoria, quedó patente que el Unicaja llega a la parte principal de la temporada sin la fiabilidad necesaria, pendiente aún de tener una solidez que lleva buscando desde el primer entrenamiento y con una atonía en su juego que suscita todas las dudas del mundo.
El sábado recordé a mi compañera y al BIC de cuatro colores. Unicaja inició bien todos los cuartos del partido, llevó casi siempre el timón del encuentro y al final de cada periodo, faltando algo más de tres minutos, el UCAM iniciaba un recorte en el marcador y dejaba los 7/12 puntos que llegó a tener el Unicaja a su favor en nada. El equipo de Luis Casimiro Palomo se aplicaba de inicio, Kyle Wiltjer completó su mejor partido numéricamente hablando vestido de verde y con el paso de los minutos, el equipo iba perdiendo la capacidad de hacer las cosas bien y dejó de defender de forma medianamente aceptable, se dejó de buscar el juego interior y se repetían las mismas decisiones de siempre, ya fuera por acción (insistir en el triple) o por omisión, porque lo del bloqueo del rebote ofensivo en este equipo es tan raro como un torero de raza negra.
Aunque en un partido decidido por tan poco margen hay decisiones arbitrales que de haberse decantado de otra forma hubieran cambiado el curso del encuentro, si el equipo malagueño salió derrotado fue por no ser capaz de rematar a un adversario que tiró de un jugador aglutinando todo el esfuerzo atacante (Askia Booker), que lo hizo mejor cuándo no tuvo que dirigir a su quinteto al tener al lado a Manu Lecomte y que no me extrañó que fallara desde el tiro libre. No en vano no llegaba al 75% de acierto, por lo tanto, que en un tiro tan determinante que conllevaba decidir el partido, el juego interior del Unicaja dejara que pívots de nivel LEB como Emanuel Cate y Dino Radoncic les comiera el terreno es muy grave, sobre todo porque en la jugada anterior, hubo hasta tres oportunidades continuadas del Murcia para anotar. Así pues, no puede extrañarnos los 19 rebotes de los de Sito Alonso.
Podemos decir de la sobreexcitación local a todos los niveles, del claro empujón a Kyle Wiltjer en la última jugada y que el Unicaja sólo perdió un cuarto, pero visto todo esto, ¿se ve factible arreglar esto de una sola vez en el play off? Si alguien piensa que este equipo va a transmutarse por dejar atrás la Fase Regular y jugar las eliminatorias, espero que lleve razón, desde luego sería una muy buena noticia, pero lo veo complicado de conseguir.

La prisión del deseo.

7 May

Mi amiga Trini es una persona especial, aparte de lo que significa para mi familia, ella y yo compartimos una filia que muchas veces tenemos que explicar: que somos firmes defensores de Héroes del Silencio, está claro que gustarte la banda aragonesa conlleva darle muchas vueltas en la cabeza a las letras de Bunbury y compañía y tener que aguantar más de una mirada de alguien que te califica de “bicho raro”.
Ni loco pretendo explicar el significado de las letras, me equivocaría, pero en uno de los éxitos más conocidos, en “Mar adentro” habla de la “prisión del deseo”, algo, que desde luego nos condiciona, siendo el empujón decisivo para muchas cosas o lo que nos atenaza sin poder dar una respuesta válida para lo que se pretende.
En el camino que le queda por recorrer al Unicaja hasta el final de la liga regular, se va a encontrar a cuatro rivales con condiciones diferentes, en Málaga jugarán Montakit Fuenlabrada y Morabanc Andorra, y habrá que visitar a UCAM Murcia y a Iberostar Tenerife, madrileños y murcianos, especialmente estos últimos se están jugando la vida, y la amenaza del descenso a LEB Oro es algo más que hablar de jugar un partido, el deseo que pueda tener el Unicaja de completar un fin de temporada con éxito se queda en nada comparado con ese sentimiento cercano a la angustia que vivirán ambos contrarios.
Los otros dos rivales tienen ante sí la posibilidad de meterse en el playoff, los canarios, tras quedarse sin el título de la FIBA Champions ante la Virtus de Bolonia seguro que querrán terminar de dar el tiro certero, y los pirenaicos, han conseguido rehacer el camino errático que los dejó sin Copa del Rey, y llevan una trayectoria en el último tramo de temporada que, pese a que el partido sea en Málaga, no los hace un rival cómodo.
El calendario quiere que Unicaja tenga un camino despejado de los equipos grandes y que se podría pedir un pleno de victorias, pero este equipo nuestro corre serio peligro cada vez que el rival tiene una motivación extra. Si se recuerdan los dos partidos del mal llamado ultimátum, Unicaja rindió bien frente a un equipo que está en la práctica de vacaciones, y otro que está en caída libre con la ausencia de tres de sus principales jugadores.
Lo mejor que le vendría a los de Luis Casimiro sería tener enfrente a equipos sin exigencia clasificatoria, pero si la zona de playoff ve cómo cinco equipos se pelearán por tres plazas, en el tramo de descenso el baile puede ampliarse hasta a siete componentes, con la dramática solución que este año es posible que hasta los dos últimos desciendan de categoría, algo rarísimo hasta hace muy poco, ya que a los vecinos del Real Betis Energía Plus, se les puede unir el RETAbet Bilbao Básket (aunque éstos tienen por delante el playoff), con lo que no habría salvación administrativa que valiera, y aunque estoy mencionando los dos conjuntos que el año pasado abandonaron la ACB, el purgatorio está ahí, y no conozco nadie que vea conveniente bajar a LEB.
Ahora mismo, Herbalife Gran Canaria, Monbús Obradoiro, Montakit Fuenlabrada, Movistar Estudiantes, Delteco GBC, UCAM Murcia y Cafés Candelas Breogán están sometidos a la dictadura que les da la angustia de verse muy cerca del barranco, no sé si la motivación del Unicaja, exenta en su totalidad de necesidad les servirá para tener el deseo suficiente o superior frente a los rivales que va a encontrarse.
Las tres semanas que quedan hasta el fin de la liga regular pueden encararse como una preparación para el playoff o como un castigo antes de cerrar esta temporada que apuntaba mucho, pero que no acierto a ver cómo puede terminar, algo así como adivinar qué querían decir los Héroes del Silencio en sus canciones. Yo, como mucho puedo decir que quizá me quedo con “La chispa adecuada”, quizá porque las historias de amores que se apagan siempre me llamaron la atención, mientras en el Unicaja están buscando eso que haga prender el deseo.

Día a día

30 Abr

Nuestro Unicaja sufrió la semana pasada un golpe casi definitivo para el balance de la temporada 2018/2019, fruto de lo cual, los peores temores y los malos presagios que se pudieron tener en un horizonte más o menos cercanos se verbalizaron.

La derrota en Valencia ha traído las consecuencias máximas que este Club Baloncesto Málaga concede: charla del Director Deportivo con la plantilla, ninguna declaración oficial tras el batacazo y rumores sobre el clima de cabreo que se vive en la zona noble del club de Los Guindos. Más allá de eso y la posibilidad del cambio de algún jugador no hay mucho más que ver. No es que me parezca pobre, es que aunque sea lo habitual, no lo considero normal.

De momento el primer problema que había que afrontar era el partido del San Pablo Burgos, complicado sobre todo por el problema que planteaba Unicaja a día de hoy, en el que cualquier rival, fuera el Fenerbahçe o el peor de la liga parecía peligrosísimo, sobre todo por la fragilidad mental mostrada, y no se trata de un momento puntual, se trata de algo visto a lo largo de la temporada, que el entrenador fije como un objetivo a conseguir ser sólidos en el juego es algo que deja claro la fiabilidad de este grupo.

Del partido del domingo, varias cosas a tener en cuenta, estar en casa al Unicaja le viene como anillo al dedo, el valor del llamado “factor Carpena” está ahí y no tiene mucha discusión, conseguir 14 triples, mejora la media de casi 11 que conseguía (10,8 por partido) y como dato poco habitual, el tema reboteador, en el equipo de Luis Casimiro promediaba 32,5 rebotes por partido, el domingo capturó 41, en ataque superaba por poco los 9, y sólo en el primer tiempo llegó a 11, acabando el partido con 16.

Valgan estos datos como detalles para poder explicar la victoria, cada uno seguro que tuvo su particular crónica en la cabeza, pero lo poco que queda de temporada para el equipo malagueño hay que afrontarlo de la mejor manera posible, de entrada, consiguiendo la victoria en Madrid, frente a un Estudiantes que se acerca al precipicio del descenso con paso firme, y que es capaz de lo mejor (pocas veces) y de lo peor (la mayoría), a favor del Unicaja, la ausencias de Alessandro Gentile y Darío Brizuela y el ansia de un equipo con demasiadas dudas, en su contra, la misma configuración del equipo, el cual tiene que resolver de inmediato la ineficacia para ganar lejos de Málaga, algo que no ocurre desde diciembre y que tiene hasta que llegue el playoff, tres de los cinco encuentros que quedan, y además no hay que dejar de pensar que las eliminatorias se van a afrontar con el factor cancha en contra.

Como se ha dicho hace poco, mucha gente se juega algo en este Unicaja, más allá de tener o no contrato para el año que viene, el juicio al que se someten tanto entrenador como jugadores está ahí, no se entenderían que algunas piezas continuaran otra temporada, sobre todo si el discurso sobre aspiraciones no se rebaja, el final de temporada, aún con la constatación de no haber conseguido ninguno de los objetivos, tiene que ser medianamente decoroso, porque la necesidad de acabar de manera brillante está ahí, demandada por más gente de lo que parece y por mucho que el silencio oficial siga instalado de manera permanente. Pero mientras tanto, nos tenemos que quedar con la versión del entrenador, el cual, según expresó, sólo tiene a la vista el próximo partido, con lo cual, poco se puede aventurar.

Aun habiendo tenido momentos de diversión, que la tarea de enderezar el rumbo y de cerrar la temporada con buena cara esté en manos del mismo grupo que ha dejado notas tan oscuras en su rendimiento, hace que como poco, desde fuera se vea todo con escepticismo, porque la duda es lo mínimo que merecen.

Ya se hizo antes

23 Abr

Pocos aniversarios se me antojan tan brillantes y bonitos como las bodas de plata de la consecución de la Euroliga del Joventut en Tel Aviv frente al Olympiacos. En 1994, ver que un equipo «sólo de baloncesto» y que no estaba entre los todopoderosos del continente triunfara en esa competición fue un bonito detalle que nos encantó, aunque fueras del Unicaja o del OAR Ferrol.

Más allá de la factura que pagó el conjunto catalán por aquel triunfo, un tiempo antes en Málaga nos conformábamos con muy poco. La Euroliga más que una ilusión rozaba la entelequia. Hace unos 30 años, el Caja de Ronda completó la peor temporada de la historia en la 1987/1988, comandados en el inicio desde el banquillo por Arturo Ortega y después por Zoran Slavnic. El equipo completó una Liga con sólo una victoria, en Granollers, y tuvo al mando aquel día a José María Martín Urbano, que respondió a la enésima llamada de auxilio del club. La temporada siguiente, con sólo dos supervivientes de la primera plantilla de ese año (Rafa Vecina y Jordi Grau), se hizo una remodelación a fondo, con un técnico solvente, (Mario Pesquera) varios veteranos fiables (Fede Ramiro, Luis Blanco y Pepe Palacios) y dos americanos que dieron un salto de calidad poco imaginable entonces (Joe Arlauckas y Rickey Brown), unos jóvenes canteranos de aquí y de otros equipos ACB complementaron los entrenamientos y cerraron el plantel.

Hay muchos que no le darán valor suficiente a lo que hizo ese equipo dos años seguidos, o que valorarán otras actuaciones como más valiosas, pero en esa época, quedar quinto dos años seguidos, con un equipo con seis jugadores y medio (más o menos) y sin estar entre los mejores presupuestos, sí que creo que valiese.

Detalles de aquel año: la apuesta fue Joe Arlauckas, tras quedar en la posición 74 del draft de 1987 (el mismo que David Robinson, Scottie Pippen, Reggie Miller o Phil Zevenbergen), se pasó su primer año de profesional viendo como lo cortaban en Sacramento y Caserta, aparte de una propensión a llegar pasado de kilos en verano, se adaptó al juego de tres hombres altos e hizo una de las mejores carreras en Europa que se recuerdan. Rickey Brown era un lujo asiático tan fiable como un reloj suizo, pero tan incómodo como unos zapatos nuevos, puesto 13 del draft de 1980, jugó 5 años en la NBA antes de saltar a Italia, el importe de su fichaje por dos temporadas tenía que estar depositado en un banco estadounidense desde el primer día, con lo cual el riesgo era altísimo, pero tras ganar la Copa de Europa anterior con ese geriátrico de genios llamado entonces Tracer Milán junto a Mike d’Antoni, Bob McAdoo o Dino Meneghin entre otros, tuvo dos años de clases magistrales en Ciudad Jardín. En Youtube hay auténticas joyas si no tuvieron la suerte de poder verlo.

Ahora, la situación no es para hacer control de daños tras un naufragio, pero hay que mirar hacia delante e intentar afinar en la composición de la temporada próxima, salvo que haya otro conejo en la chistera de Jordi Bertomeu (cosa que no es descartable), para jugar la Euroliga 2020/2021 sigue habiendo dos caminos, Eurocup y Liga ACB.

El riesgo a correr es grande, hay que contar con jugadores jóvenes y canteranos que de manera obligatoria tendrán un peso específico mayor que el que han tenido anteriormente, hay que arriesgar con jugadores foráneos que de verdad den un salto de calidad y habrá que estructurar el plantel de una forma diferente, repartiendo importancia de otra manera, necesitando que haya responsables y autores antes de que se produzcan victorias o derrotas, que como todo el mundo sabe, las primeras tienen múltiples padres, y las segundas son huérfanas.

Resumiendo: el club y quienes mandan en él tienen que ser valientes, aunque desde fuera de Málaga, muchos dirán que suplicarían por el respaldo de la Fundación Unicaja y de Unicaja Banco a través del tiempo, por mucha diferencia que presupuestaria que haya. El vértigo existe, pero creo que es mucho peor tener que soportar la apatía por bandera y observar actuaciones como la del domingo en Lugo, diciendo que tampoco tiene más trascendencia porque los objetivos ya no se van a cumplir de ninguna forma, y el libro de excusas ya amarillea de tanto usarlo.