El mejor itinerario.

11 Feb

Según el almanaque, ya tenemos aquí la celebración de uno de los torneos más bonitos que se inventó en nuestro deporte: la Copa del Rey, porque en baloncesto es diferente con respecto a cualquier otro deporte, con la convivencia y comunión de las diversas aficiones, con el poder verte siete partidos en cuatro días, disfrutar de lo que te gusta, y, sobre todo, tener a la mano un título, que por las circunstancias del sorteo dudo mucho que ponga una trayectoria tan plana hasta la hipotética final en un futuro.
Es muy difícil no analizar la previa del torneo desligándolo de lo que la suerte ha podido decidir en forma de emparejamientos, la parte del cuadro en la que se encuadró a Unicaja es un auténtico regalo, entre que la crisis del Kirolbet Baskonia lo dejó fuera de los ocho participantes, y que el otro itinerario de la final ha juntado a Real Madrid, FC Barcelona, Valencia Básket y RETAbet Bilbao Básket, los tres presuntos rivales que pueda tener Unicaja hasta una posible final el domingo son perfectamente accesibles.
No creo que ningún cajista en sus sueños más felices hubiera imaginado otros rivales mejores que Casademont Zaragoza, Iberostar Tenerife o Morabanc Andorra, aún habiendo salido derrotado ante los tres equipos. Lo cierto es que al menos no tienen los galones de inalcanzables que pueden tener los equipos de Euroliga (aunque paradójicamente hayan caído ante los de Luis Casimiro Palomo), y la verdad es que todos los que sufrimos al equipo de Los Guindos deseamos que cumplan las expectativas de una puñetera vez, y la oportunidad es ahora.
La afición malagueña necesita que este equipo llegue lo más lejos posible, porque si alguien opina que no llegar a la final sería una decepción, o incluso un fracaso, no sería rebatible al cien por cien. Hablamos de tres equipos con presupuesto y aspiraciones iniciales inferiores a los locales, y por lo tanto, las expectativas están en otro nivel, pero en medio de una situación de mediocridad tan acentuada, la gente necesita una alegría, además esa alegría no necesita una heroicidad para cumplirla, y lo que exige a día de hoy la Copa del Rey de Málaga 2020 no es sino que el equipo anfitrión cumpla con lo que a priori prometía a inicio de temporada.
Esta temporada ya hemos tenido que tragarnos el sapo de no conseguir entrar entre los ocho mejores para jugar la Copa, pero hay una nueva oportunidad para enderezar (otra vez) un camino torcido. Esta semana, juegue quien juegue, se nos va a olvidar lo que aportan Frank Elegar, Axel Toupane o Josh Adams, porque lo único que nos importará es que Unicaja termine jugando la final, ya que de lo contrario, vamos a poner mala cara.
Todo esto lo tenemos ya encima, dejando aparte algo que no puede olvidarse, que lo realmente importante llega en un mes, a partir del 17 de marzo, con el playoff de cuartos de final de la Eurocup, porque ahí es donde realmente se la juega el equipo, donde tiene en su mano alterar para bien un camino lleno de curvas que sólo tiene la victoria como única solución.
La fase final de la Copa del Rey se presenta como una oportunidad única y que tardará en repetirse para hacer las cosas bien, para poder conseguir algo -por desgracia- ya poco habitual por estos lares, como jugar una final o incluso conseguir un título, pero no debemos perder de vista que lamentablemente, es más fácil volver a la Euroliga por esa vía, ya que conseguirla a base de convencer a quienes mandan en el baloncesto profesional vía despachos es a día de hoy imposible.
Esto de las redes sociales, te trae recuerdos de vez en cuándo, y ha tocado recordar que hace 15 años que Unicaja ganó la copa en Zaragoza, y que el mismo Básket Zaragoza ganó en Málaga en la edición de hace 6 años. No sé si es el momento de otro título en Málaga, pero dudo mucho que se presente otra oportunidad mejor. Deseando contar una gran alegría el próximo martes.

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