El traje nuevo del emperador.

4 Feb

Esta semana pasada, hablando de resultados, ha sido provechosa, el Unicaja ha rentabilizado ausencias en los contrarios, bajas entre la plantilla local, reducción de la rotación natural, incluso se ha llegado a aprovechar la combustión espontánea de la afición, uno de los valores que siempre mencionan los jugadores y que otros estamentos del club no tienen inconveniente alguno en desdeñar.
El pasado miércoles se vivió en Málaga algo que está dentro del funcionamiento de la competición, el desacuerdo de la afición con su club, no voy a cometer el error de calificar a los aficionados del Unicaja, tengo claro que el pabellón se ha llenado en los tiempos lejanos de bonanza del equipo, ahora, de los que quedamos hay que contemplar varios factores: la masa social real del club es bastante menor de la que nos quieren vender -aunque muy fiel-, el núcleo “duro” de la misma tiene un bagaje, una trayectoria y unos conocimientos que le dan como mínimo, algo de criterio, la media de edad es bastante alta y no está tan claro que haya relevo generacional, y sobre todo, hay bastante cansancio con respecto a una política de comunicación pobre y repetitiva, con un discurso similar al de épocas imposibles de vivir en un futuro próximo y que no tiene un mínimo de veracidad ni siquiera para el que las verbaliza.
El pasado martes, fruto de una irregularidad decepcionante que tiene en algunos momentos tintes de fracaso, parte de la afición reaccionó pitando e increpando a parte de los jugadores, al primer entrenador y a la directiva, no es algo puntual y no es por las derrotas ante equipos como Manresa, Estudiantes, Burgos o Murcia. Un aficionado hizo uso de su libertad de expresión mostrando una pancarta que atacaba directamente al presidente y eso provocó el “incendio” que todos conocemos.
Todos tenemos una opinión sobre lo oportuno o no de la bronca y sobre la función de la afición del equipo, todas son respetables y no voy a calificarlas, pero lo que no puedo pasar por alto es la falta de sensibilidad que muchas veces se observa desde la planta noble de la Avenida Gregorio Diego hacia la parte crítica de la afición, la cual, en gran medida ha sentido más el desdén que la empatía de la clase dirigente.
Éste es un club peculiar, ya lo sabemos, lo que tiene de bueno, la propiedad y el patrocinio del mismo le confiere naturalmente un poder absoluto, también a la hora de nombrar a los dirigentes, cosa que ha llevado a profesionales de la entidad financiera a un entorno artificial que no es el suyo.
Hace años, tras asistir a la tertulia de la Cadena Cope, algo que llevo haciendo desde 2001, fuera de micrófono, uno de los intervinientes en la misma le preguntó al entonces presidente del club:

– Entonces, usted no es hombre de baloncesto, ¿verdad, presidente?
– No, pero llevo mucho tiempo de consejero. Algo sabré.

Con todos mis respetos, es como pensar que yo, al llevar de abonado desde 1980, ya estoy capacitado para ser CEO de la Euroliga, con ese argumento, la designación parece que proporciona el conocimiento necesario para algo tan complicado como la gestión de un club profesional, con la dificultad que supone una exposición permanente a la crítica pública, y sobre todo, a tener que soportarla.
Sobre todo esto último, ¿quién no recibe críticas en su trabajo? Da igual ser autónomo, empleado o funcionario, si tienes un mínimo contacto con el público estás expuesto, y si no sabes lidiar con ello, estás fallando en algo capital en tu cometido, sobre todo, porque quien lo hace, en gran número de ocasiones es uno de los tuyos, no es un contrario que quiera tu destrucción.
Mi padre solía decir que no conocía un político que quisiera tratar mal a sus posibles votantes, pero que la mayoría no tenía idea sobre qué era lo que querían, pues creo que eso le ocurre al club, se vive de espaldas al clima que se respira entre parte de la afición, es un hecho. Aprendí de niño que la afición era soberana, pero lo que que se manifiesta al exterior, es que sólo preocupa cuadrar un presupuesto, y que su estancia en el puesto obedece a un tema profesional, ajeno a una vocación o a algo sentimental, y si llegas a ese puesto sin desearlo, termina torturando.
No vi fuera de lugar la pancarta, puede gustar más o menos, pero las opiniones hay que respetarlas, no puedes pretender que sólo haya aplausos hacia una gestión que además, se sabe que no es perfecta, y no me creo que los dirigentes prefieran revivir la historia de “El traje nuevo del emperador”, a mí por lo menos, me preocuparía mucho que todos los que trabajan a mi lado me aplaudieran en todo momento.
El deporte profesional es duro, complicado, inexacto y sobre todo, requiere profesionales, pese al fallo (creo que en concepción y desarrollo) que supuso el experimento Berdi Pérez, la figura de un Director General Ejecutivo es necesario para este club, para que haya alguien que se juegue su puesto y su sueldo de manera real, no ficticia, que tenga atribuciones y poder para ejecutar unas directrices y que tenga unos conocimientos previos del entorno que mejoren los problemas palpables, que exija a la rama deportiva y que negocie y genere los recursos a gestionar, centrando sobre sí mismo el foco del exterior, creo que sería la mejor noticia para el crecimiento de un club que lleva demasiado en una dinámica que necesita un cambio que no llega para su crecimiento en un entorno tan exigente.

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