Banderas de nuestros hijos

23 Ene

La razón principal de mi actividad política es frenar al nacionalismo. Cualquiera que muestre un mínimo de interés por la historia de España y de Europa, sabe que es la amenaza constante que pende sobre nuestros derechos y libertades.

Ha traído dos guerras mundiales al siglo pasado y centenares de conflictos regionales, segando demasiados millones de vidas.

Stefan Zweig

Stefan Zweig, al inicio de El Mundo de Ayer, describe perfectamente la pulsión ¡hasta feliz! que llevó a Europa a la Primera Guerra Mundial. La nación romántica, el canto poético a las armas y el odio al otro, quebraron una paz que muchos creían inquebrantable.

Yo he basado gran parte de mi actividad política en hacer frente a los nacionalismos secesionistas que padecemos los españoles desde hace décadas.

A nadie se le escapa que una parte importante del debate político se da en las redes sociales. Luego de lo que en ellas sucede, se hacen eco muchos medios de comunicación.

Mi experiencia con los activistas en redes de Esquerra o de Convergencia (que es el nombre que subyace tras todas las mutaciones) define bien la pulsión primigenia que mueve al secesionista.

Una dialéctica amigo-enemigo, en la que lo que pretenden es borrarte, amordazarte, echando mano al insulto o a la amenaza en centenares de ocasiones. No hay un término medio, no puedes ser sólo un desconocido, o un vecino al que saludas de cuando en cuando. O estás con el derecho a la secesión o eres el enemigo a batir.

En Cataluña son bien conocidos los deseos de expulsión de líderes políticos no nacionalistas. A Inés Arrimadas, que ganó las elecciones en Cataluña, le dicen que se “vuelva a Andalucía” cada vez que hace mella en las filas de los secesionistas, que son muchas.

La estelada es una bandera usada contra los españoles, especialmente contra los catalanes no nacionalistas. Es una bandera que tiene su origen en la cubana precisamente por la independencia de la isla que otrora fuera española. Es una bandera que nunca representará un proyecto común porque es una bandera que se alza contra más de la mitad de sus pretendidos representados y contra sus derechos. Una bandera que surge de la ruptura y del odio es casi un oxímoron. Las banderas de verdad simbolizan los derechos y libertades de un país, así como la vida en comunidad de sus individuos.

Lo que no me había pasado hasta hace pocos días, ayer con especial ímpetu, es que se pretendiera utilizar mi bandera y mi historia contra mí, la bandera y la historia común de los españoles, utilizada por españoles contra españoles.

Fue en twitter, donde critiqué el hecho de que el líder de Vox usase un viva España para camuflar que desconocía las respuestas a algunas preguntas que le hacían en un foro. Se puede estar de acuerdo o no con mi reproche. Incluso en si un líder político debe o no tener claras las posturas a adoptar en todos los asuntos del Estado. Pero no fue eso lo contestado por los voceros.

Me llamaron mal español, afrancesado, masón. De imbécil para arriba opté por el bloqueo. Tonos amenazantes e insultos más que excesivos a Ciudadanos. Usaban contra mí la bandera de España acompañando esos tuits. Como la mayoría de los que insultan tienen un nivel de compromiso limitado, lo hacen con nicks, embozados en un nombre ficticio.

Lo curioso es que me atacaban tipos “llamados” Hernando de Acuña, Hernán Cortés o Don Pelayo, con imágenes en el perfil de personajes como Bernardo de Gálvez o Blas de Lezo. En fin, todos esos nombres a cuyo estudio, difusión y memoria he dedicado – y dedico – gran parte de mi vida. Gálvez, por cierto, llevaba en su ejército a centenares de españoles americanos cuando asaltó por sorpresa Pensacola, dato para los esencialistas.

La afrenta, la amenaza y el insulto no me preocupan lo más mínimo. Si algo sé detectar, es la cobardía. Y estos, fuera de la masa y el anonimato, no son nada.

Lo que me preocupa es el daño que pueden hacer al trabajo realizado: somos muchos los que estamos peleando contra la leyenda negra que los holandeses y los ingleses crearon en su propaganda contra España en siglos pasados y que tanto arraigo ha tenido en arquetipos que se sostienen a día de hoy.

No creo que sea bueno que brutitos y voceros usen la historia de todos contra quienes no piensan como ellos. Es cierto que la mayoría hace esto de forma inconsciente, puesto que entienden el debate como algo similar a ir a lanzar petardos a ver si con el ruido, consiguen confundir, pero hacen daño a esos nombres tan importantes en nuestra historia con su intento de asociarlos a la excrecencia que representan.

No voy a quedarme callado mientras pretenden usar la bandera de España para amordazarme. Esa bandera que fue de nuestros padres y será de nuestros hijos, debe tratarse con el decoro y la representación que ostenta. Yo conozco y me reconozco en mi bandera. Por eso jamás la usaré contra un compatriota. Se llame Pablo Iglesias, Gabriel Rufián, Pedro Sánchez, Pablo Casado o Santiago Abascal. Ellos son tan españoles como yo. No existe una gradación de españolidad. No se es más español a caballo o a pie. De izquierdas o de derechas. Es español hasta quien no quiere serlo. Ser español es una circunstancia afortunada que hay que ostentar con alegría. Es mejor nacer aquí que en la gran mayoría de países de la Tierra. Es más, a mí no se me ocurre un sitio mejor. Tendría que ir a la ciencia ficción o a la fantasía.

Ser español es ser libre y tener un amplísimo abanico de derechos. Por eso un español no debe usar la españolidad como arma contra nadie.

Yo soy consciente de que una de las cosas que ya tiene mi hijo, es la bandera de España. Ya más por él que por mí, no voy a permanecer impasible mientras quieren quitarme el derecho a ser escuchado usándola como telón. Lanzando contra mí mi bandera. Si quieren, que hagan como los secesionistas e inventen una, por ejemplo con un gorrito persa, por eso de los patrocinios.

Estos voceros, como españoles que son, deberían seguir el mandamiento legal de respeto a los símbolos que son de todos. No son un arma arrojadiza.

Que sean conscientes de la grandeza de su patria, que no la ensucien con sus prejuicios y fobias, porque la bandera de España es tan grande que da cobijo hasta a quienes no creen en ella.