El sonido del trueno

25 Abr

En 1952 uno de los mayores genios de la literatura universal, Ray Bradbury, publicaba El ruido del trueno. En él se narra cómo una compañía de safaris organiza viajes al pasado a matar dinosaurios y demás megafauna. Una de las normas fundamentales es que sólo se puede disparar a animales a punto de morir. Se trata de no trastocar el futuro. Es más, deben recoger las balas y caminar en todo momento por un sendero que evita que se pise el suelo original del pasado. Uno de los protagonistas se sale del sendero y cuando regresan al presente en su máquina del tiempo, lleva una mariposa que ha aplastado en su bota. En el presente el idioma es ligeramente distinto, ha cambiado algún matiz en el habla, hay leves variaciones en las personas y en las construcciones. Y existe un férreo régimen dictatorial que ha suprimido las libertades y el modo de vida occidental…

En estos días estamos viendo algunas cuestiones que empiezan a formar parte de la rutina por repetitivas. No son elementos aislados y no deben pasar por anecdóticos. El totalitarismo que permanecía en estado larvario ha eclosionado. La mayor parte de las manifestaciones de este salto en el desarrollo de las ideas liberticidas y supremacistas son en su mayoría sutiles y no se conocen por el gran público. Son las más llamativas y sencillas las que saltan a los medios de comunicación y son conocidas por la opinión pública. Suelen aprovechar los ecosistemas políticos en que las instituciones están en entredicho y su credibilidad socavada.

Señalar a niños hijos de guardias civiles en el colegio, arropar a quienes apalearon a agentes de este cuerpo o coaccionar a las familias que quieren que sus hijos estudien en español en España, son cosas que están pasando.

Rodear y asaltar a un militar y su familia rompiéndole el cristal del coche. Atacar los negocios de las familias de políticos no secesionistas. Pegar carteles en las puertas de los pisos de periodistas contrarios al nacionalismo. Acosar a los jueces que aplican la ley. Políticos secesionistas haciendo fotos a los establecimientos que rotulan en castellano para subirlas a las redes. Pegar a un niño por llevar la bandera de España. Atacar las sedes de los partidos políticos no nacionalistas. Llamar zorra a la ganadora de las elecciones en Cataluña mientras pasea por la calle con su marido. Llamar vagos y mantenidos a los andaluces en la televisión pública. Expulsar de los hoteles a la policía y guardia civil para acosarlos y atacarles en la calle. Un parlamento cerrado para silenciar a los grupos políticos durante más de un mes. Comités agresivos patrullando las calles amedrentando a todo aquel que no sea secesionista. Actores conocidos llamando ´mala puta´ en redes sociales a la principal líder de la oposición mientras la expresidenta del parlamento la invita a que se ´vuelva a Cádiz´. Llevar a los niños en Sant Jordi a cantar soflamas secesionistas o frente a un cuartel de la Guardia Civil a increpar a los agentes. Amenazas de Terra Illure a un periodista en la puerta de su garaje. Enviar la esquela de su abuelo junto a un anónimo al expresidente de una asociación contraria a la secesión. Ataque al camping que hospedó a polícias y guardias civiles. Talar los árboles del jardín de un actor contrario al separatismo. Rodear a un político no nacionalista que regala libros y rosas e insultarle durante minutos. Artículos de un líder secesionista sobre la raza catalana. Romper sentencias judiciales frente a las cámaras. Llevar a la televisión pública catalana a un condenado por terrorismo a hacer bromas sobre la desaparación física del líder del principal partido adversario del secesionismo. Y un largo y distópico etcétera.

 

La libertad es una conquista costosa y poco frecuente a lo largo de la historia de la humanidad. Perder la perspectiva de lo delicado que es su equilibrio y banalizar las acciones para socavarla es peligroso. Pensar que estos sucesos son un tema de otros es una frivolidad. Una sociedad libre conlleva siglos de conquistas, pero bastan unos meses despistados para perderlo todo. Aunque para algunos sean matices en el paisaje mediático del día, son siempre las mismas dinámicas tectónicas las que subyacen y que fueron magistralemente descritas por Arendt en sus Orígenes del Totalitarismo.

 

Todo es un plan alternativo a aplastar la mariposa.