Leche y Miel : el Sueño y el Mito

29 Ago


1.- Entre los diversos alimentos tradicionales con que se nutren los seres humanos, hay algunos con una fuerte carga simbólica. El trigo, el pan, los peces. Manzanas, granadas, la vid y su conversión en vino. En algunas culturas, el arroz, que sustituye al trigo. Y otros más que ahora no necesitamos recordar porque nuestro interés se va a centrar sobre todo en dos tipos de alimentos que están rodeados de una muy fuerte carga no sólo simbólica sino incluso mitológica : la leche, y la miel.

No hará falta recalcar que nos remitimos exclusivamente ahora a nuestras culturas y tradiciones más cercanas en el  medio geográfico que nos es propio : el del Mediterráneo. Desde Israel y todo el Oriente Próximo, hasta las Columnas de Hércules y el llamado “Jardín de las Hespérides” : La Península Ibérica. Aun cuando muchos suelen situar este mítico jardín en las montañas del Atlas, debido al papel que este titán juega en el relato, también mítico, de las manzanas de oro y la leyenda de los Trabajos de Hércules, hay otros muchos autores que lo sitúan en lo que era en tiempos Iberia, y luego Hispania.

Ambos son alimentos sagrados. Reservados a reyes y héroes. Hay dos ámbitos en los que la leche, que va a ser ahora nuestro centro principal de atención, está presente como símbolo y como eje sobre el que se articulan leyendas y sentidos : el ámbito de los mitos, y el ámbito de los sueños. Pero en el terreno de los que ya no sean ni héroes ni dioses, ni tan siquiera reyes, ¿puede la leche, puede la miel, ya juntas o ya cada una por separado, servir como remedio que cauteriza dolor interno alguno? Y sin allegarnos al territorio de lo que duele, ¿pueden leche y miel dar fuerzas suficientes para enfrentar la vida y sus luchas con garantías de, al menos, equilibrio en sus combates? En el Mito, sí. Y también en los sueños : al ser símbolos de sustancias mucho más “cargadas de energías” de lo que el mero elemento material sugiere. En un primer acercamiento al tema nos vamos a ocupar de los valores y potenciales que tradicionalmente se ha visto en la leche, dejando para otro texto los que atañen a la miel.

Texto 1.-

Algunos sueños consisten, en un determinado nivel de “actancia onírica”, en una información sobre algún aspecto muy específico que por otras vías nos permanece oculto. Son los denominados “nouménicos”, o “reveladores”. También se les llama “sueños de conocimiento”.

Si alguien en un momento dado de su vida, por ejemplo, cuando debe enfrentar algún problema de hondo calado, alguna actividad donde es mucho lo que tiene que poner en acción, ( : porque mucho es lo que está en juego), a veces podría ocurrirle que, en alguna ocasión, le vinieran sueños de carácter muy especial y que esos sueños, antes o después, acaben revelando su carácter numinoso.

Así, personas ajenas al mundo de la miel, o sea, que no sean cultivadores ni trabajadores implicados en ese mundo, de pronto sueñan que son alimentados con ese manjar, o que manejan sin peligro colmenas de las extraen miel, están ante un tipo de sueño de los que hemos marcado antes en lo que llamamos “Texto 1”. Algo parecido podemos decir con respecto a la leche.

Son múltiples las manifestaciones del arte, con un trasfondo religioso y mítico, donde la leche es un elemento primordial. Así, la diosa hindú Maya se representa manando leche de sus pechos, y según refiere el Ramayana del batir de un océano de leche nace el “amrita”, que es una bebida esencialmente vital.

En la leche se reconocen propiedades curativas : un druida picto, Drostan, recomendó al rey de Irlanda ordeñar ciento cuarenta vacas blancas y derramar el liquido en un gran hoyo en el centro del campo de batalla para curar a los soldados heridos de flechas emponzoñadas. Hay pueblos que, según se lee en autores clásicos como Homero y Hesíodo, “galactófagos”, esto es, “los que se alimentan de leche”. Por contra, otros pueblos también llegados a nuestros conocimientos desde los mitos o a través de los mitos, eran aquellos que se denominan “lotófagos”, esto es, que se daban al consumo de la flor del loto, que produce el olvido. En La Odisea, Ulises obliga a sus marineros a alejarse de la compañía de los lotófagos y enfrentar el retorno a la patria, a Ítaca.

Volviendo a la leche, entre los celtas la leche era la bebida de la inmortalidad, además de aquellas propiedades curativas que antes de han dicho a propósito del druida Drostan. No muy lejos de estas creencias referentes al potencial de la leche están los musulmanes, cuando de acuerdo con un hadith, (referido por Ibn Omar), el propio Mohammed (es decir, Mahoma) había declarado que soñar con leche equivale a soñar con la ciencia o con el conocimiento.

En la Mitología clásica griega, es la diosa Hera quien da de mamar a Hércules, y es también la que dejando manar leche de sus senos crea o da lugar a la Vía Láctea. A ese mito corresponde la imagen que hemos puesto como ilustración de este texto, que no queremos extender más. Ocasión tendremos de atender a sueños (sueños reales, sueños referidos por personas, cuyas identidades, obviamente, no seré yo quien revele : en todo caso, las propias personas soñadoras sean quienes se manifiesten como receptoras de tales experiencias oníricas) y de ir desgranando sus posibles sentidos : ni más ni menos a como lo hace por ejemplo Robert Graves en un libro donde se ocupó del sentido de los sueños y donde sueños suyos refirió con absoluta normalidad y solvencia.

CULTURAS…, ¿BÉLICAS?

9 Ago

I.- Hay cosas muy curiosas en el estudio de las palabras, en sus historias, en sus etimologías. En una gran cantidad de sentidos, el mundo de las palabras es como un espejo donde podemos ver, sólo con adoptar la adecuada perspectiva, “cosas” que atañen a nuestra mente, a nuestra visión del mundo, a

Meteoritos con base de ADN

nuestra historia como seres humanos, como animales dentro de un proceso evolutivo, como culturas. El día en que realmente sepamos mucho más, muchísimo más, de las culturas primitivas, de la prehistoria y de sus valores intrínsecos, y hasta del mismo lenguaje que utilizaran los distintos grupos étnicos prehistóricos ya plenamente “humanos actuales”, (al margen tecnologías más o menos “punta” ; el control del fuego y el descubrimiento/invento de la rueda y del uso de palancas, son en sí logros comparables al de las modernas aeronaves o la telefonía móvil. Mediten las razones de esto que digo), ese día lograremos entender algo que hoy sólo nos es dado intuir : el ser humano alcanza su plenitud como “humano” el día en que alcanza a darse cuenta de su verdadera naturaleza y de su papel en el seno de lo que llamamos “vida”, “cosmos”, y “evolución”.

Si atendemos al origen etimológico de la palabra “cultura”, entre otras cosas veríamos que tiene conexión, llegado un momento de la historia de la evolución del lenguaje neolatino donde la contemplaremos, con “elementos” que sugieren, en un modo u otro, cierta actitud belicosa. Veremos que un determinado ejercicio de “violencia” es preciso para llevar a cabo algunos actos y dar cumplido colofón de algunos procesos : el arado, por ejemplo. ¿Extraña el ejemplo? Ya lo razonaremos. Del mismo modo que en su día lo razonamos en un artículo de aquellos que solía publicar, años atrás, en la edición impresa de La Opinión de Málaga cada miércoles. Pero eso es otro tema, otro tiempo, y en absoluto es preciso acudir a aquel ya lejano escrito : el sesgo que hoy trataré de dar a este otro texto, obvia lo anterior.

II.- La palabra griega “Kuklós” (“círculo”, en un sentido amplio) deriva de la raíz indoeuropea KwEL- que tiene o comporta la idea general de “revolver, mover alrededor”. Y decimos “revolver” en su sentido primario de “re-volver” : quien o lo que vuelve una y otra vez. Por ejemplo, un arado. O quien lo lleva, el que ara : una y otra vez llega a un término donde se vuelve, gira, y se mueve de nuevo hacia donde antes, sólo que invirtiendo el sentido de la marcha. Se pudo pasar de la cultura de cazadores, o cazadores y recolectores, a la de agricultores cuando se dispuso de un instrumento, la reja, que permitía “arar el campo”.

El arado “penetra la tierra, la abre en círculos, le hace surcos”, y sólo luego se hace posible sembrar en ella. La semejanza con las relaciones mujer / hombre para la procreación son obvias. La poesía, incluso la del siglo XX, ha visto y utilizado tales símbolos, ha elaborado metáforas sobre esa idea. Pablo Neruda, por ejemplo. La cuestión ahora es : ¿todas estas operaciones implican una cierta “violencia implícita” en los procesos a llevar a cabo? Dejemos eso ahí, y sigamos.

Hay otros derivados de esa raíz KwEL-, y habremos de detenernos en ellos. El término “cárati” del sánscrito vale por “da vueltas”, y “karsa-” es “surco”; en otras lenguas del mismo origen ide. (como saben, ide. es abreviatura de “indoeuropeo”), los vocablos “kelan” y “kaklas”, “kokls” están emparentados directamente con el griego antes comentado, “kuklós”, y significa “rueda”. Calesa viene de ahí, y en checo “kolesa” es una especie de carruaje.

En otros derivados predomina otra idea, emparentada semánticamente tanto con el uso de la rueda (y de las cosas que precisa de ruedas para ser útiles) como del arado. En el término latino “colo” tenemos las ideas de “cultivar, habitar” : colono, colonia, (no el perfume, obviamente), colonizar, inquilino, (éste, con prefijo in-). Y del también latino “collum”,nos vienen “cuello” y “collar”; y con prefijo de- / des- : “degollar.”

La palabra griega “télos”, (: “fin”), contiene el sentido básico de “terminación de un ciclo,consumación, perfección”. La teleología es el “tratado de la finalidad de las cosas”. Un “agricultor” es el que “cultiva la tierra surcándola con arados”, en el sentido más primigenio de la palabra. ¿Es el ser humano, en algún sentido, la culminación de un ciclo en el largo proceso de la evolución, desde el inicio o génesis del cosmos hasta el largo recorrido de todas las especies?

III.- No hace mucho leíamos, -ahora no recuerdo exactamente dónde, pero he comprobado la noticia en diarios como El País y El Mundo, y en El Universal.mx-, que en los meteoritos se han encontrado materiales que están en nuestro ADN. Es la NASA quien ha proporcionado la noticia, y según parece ser esto venía ocurriendo desde la década de los años 60 del pasado siglo XX. Lo del hallazgo de “ladrillos” del ADN en meteoritos localizados en la Antártida. La famosa “tesis de la panespermia”, por un lado, y eso de que somos “polvo de estrellas” y por lo tanto estamos hecho de sus mismos materiales básicamente, y el origen de la vida en la Tierra no es una singularidad tal y como se puede caer en pensar, cobran fuerza a la luz de estos datos.

Es en las páginas digitales del link que les dejo a continuación donde pueden ustedes ampliar el dato :

NASA encuentra bases de ADN en meteoritos – El Universal – Ciencia

No es fácil responder a estas preguntas. Las ideas acuden de manera algo desordenadas, en principio, a nuestra mente, y hay que pararse y mirar. Es clave hacerlo, de hecho, en los momentos más importantes de nuestra vida, “pararse y mirar” es tanto o más importante, en principio, como seguir adelante. Hay que seguir adelante siempre, ciertamente. Pero si lo hacemos sin la debida reflexión, si lo hacemos sin la previa contemplación y consideración del camino a recorrer y del paisaje que le circunda, podemos encontrarnos de pronto dando vueltas y más vueltas en torno a un punto que ni es de veras “real” ni significa nada para nosotros ni para nadie : un “punto vacío de sentido”… Eso sería caer en un modo de “vueltas cíclicas” que acaban recordando las maldiciones de algunos personajes de la Mitología Griega clásica : Sísifo y su eterna roca, por ejemplo.

Para dejar por hoy este texto, que no deseo hacer muy largo ni caer yo en él en modos de morosidad nada deseable, señalaré una etimología muy curiosa. Una palabra latina, en diminutivo, y de la familia más directa del término “culto, cultura”, cual es el vocablo “cultellu”, da de sí, directamente, nuestra palabra “cuchillo”

Seguiremos antes de que nos coja la Feria de Málaga, y confiemos en que tampoco este año lo que debe ser “feria” se nos convierta, como a veces llegó casi a pasar, en “fiera”. Gracias, lectores, y hasta pronto.