Sánchez Solo

30 Abr

Pedro Sánchez va a seguir siendo presidente del gobierno. La socialdemocracia española sigue viva en Europa

 

Se inicia la hora de los tiempos, que es arte en política. Es el momento de la reorganización territorial para refundar a España con catalanes y vascos incluidos

Carlos Pérez Ariza

España amaneció socialista de nuevo. Los populares, con una mochila cargada de pasado y el peso muerto de la corrupción, se derrumban. Abandonar el centro, que es donde está el caladero mayor de votos, les ha salido caro. Amenazar a Cataluña con reeditar el 155, también. Los Ciudadanos, encajando el centralismo liberal, crecen sin paliativos. La nueva derecha entonando su VOX por RRSS y mítines abanderados, llegan con menos de los diputados pregonados, pero es su victoria pírrica. De la nada a dos docenas de diputados es un triunfo para esa ‘reconquista’, que el tiempo colocará o no en ese nuevo territorio político. El PSOE de Sánchez, con la ventaja que siempre da ser candidato desde el gobierno, ha recuperado a sus votantes de toda la vida. Demuestra que su partido está más unido que nunca, sin que Andalucía se le haya escapado, sino todo lo contrario. Su campaña de bajo perfil, paso a paso, ha sido la mejor. Pasó, tal como pedía su eslogan.

Los resultados están ahí. Con más votos la derecha que la izquierda, tiene más diputados y senadores el PSOE, que ha ganado en ambas Cámaras. Cosas del sistema electoral español. La abstención no fue significativa. Ahora, los escenarios posibles para gobernar soportan la sombra de las municipales próximas. El mes de mayo puede ser el más largo del año. Lo más urgente va a ser esperar ese nuevo mapa electoral local. Es probable que el socialismo pueda volver a gobernar en muchos de los ayuntamientos donde dejó de hacerlo hace décadas, por ejemplo en Málaga. Este mes, que comienza mañana, se va a diluir entre formar las Mesas del Parlamento y las conversaciones a varias bandas para lograr esa cifra mágica de sumar 176 diputados, que le permita ser presidente del gobierno. Si no lo consigue en primera instancia, tiene la posibilidad de un segundo intento con más sí que no y alguna abstención, lo que falta es puro trámite. Sánchez ya es presidente de nuevo, esta vez con el poderoso aval de las urnas.

España no tiene precedente de gobernar en coalición. Hoy se abre esa puerta. La derecha sumada no tiene poder de vetar la elección parlamentaria de Sánchez. Éste tiene la opción de cogobernar con Podemos y el apoyo de otros partidos. Asociarse a Cs no parece probable, no les conviene a ninguno de los dos. A Rivera, porque le lastraría su ascenso al liderazgo único del centro-derecha. A Sánchez porque va a agotar todas las opciones para gobernar solo. Pactará, pero sin ceder su hegemonía del voto mayoritario. Es cierta la posibilidad, más al gusto del ganador, de gobernar solo. Ya lo ha hecho, tras ganar la moción de censura con menos diputados, ¿por qué no habría de hacerlo ahora? No hay duda, lo repite a cada ocasión, que Iglesias acaricia el título de ministro. El PSOE no está por compartir tanto poder nuevo que acaba de obtener. A Carmen Calvo, le ha faltado tiempo para declarar que su partido intentará gobernar en solitario. Pues ese es el escenario más probable. Aunque al final de la campaña, Sánchez haya dicho que podría incluir a Podemos en su gobierno, lo va a esquivar con toda seguridad.

El descalabro de la derecha popular es histórico. Les costará al menos dos décadas, reconstituirse como opción de gobierno. En el camino tienen a Ciudadanos, que crece y ocupa ese centro, que ellos han descuidado. El PSOE ha transitado once años por el quemante desierto de la oposición. Ahora han vuelto, demostrando que siguen siendo el partido referencia de gobierno, desde los primeros años de la Transición y siguen tan campantes. El momento actual es bien diferente, las necesidades de esta sociedad requiere de soluciones urgentes y creativas. Crear puestos de trabajo desde el sector privado. Prever la tormenta de la economía europea y global. Conseguir la concordia territorial, agotada en estos cuarenta años, con fórmulas de consenso, con el ojo puesto en los resultados de los independentistas en Cataluña. Hace falta mucha valentía, arrojo y brillo. Este instante es el más complicado desde aquellos días de la España que se asomaba a la libertad. Gobernar va a ser tarea más que difícil. El doctor Sánchez va a poner a prueba su lugar en la historia política española. El PSOE es la socialdemocracia europea que resiste a la extinción.

VOX, como ayudante del PSOE ha sido eficaz. Desangró al PP y agitó el miedo a la vuelta al pasado, que los socialistas y podemitas aprovecharon al unísono. Si, tras las municipales, crecen o son ave de reconquista pasajera está por verse. Los que apuntan a elevar su votación es Cs, que aspiran a gobernar ayuntamientos a granel. En Andalucía han aventajado al PP. Tras esta jornada electoral agotadora, viene mayo con las Europeas, CCAA y municipales, dedicaremos esta columna semanal a analizar tales opciones. Mientras eso va sucediendo, el ojo estará puesto en el pugilato de las alianzas, que permitan a Sánchez formar gobierno, esta vez con la ventaja de ambas mayorías en Diputados y Senado, una almohada para soñar.

Constituciones

23 Abr

Fue un marco de libertad para la Europa de la época e inspiró a los nuevos países de la América española. La España electoral de hoy se pregunta si necesita cambiar la Constitución de 1978

 

Hace 207 años de la Constitución de Cádiz, la Pepa. Fueron tiempos convulsos. Los de ahora, tan diferentes, convocan otra crisis constitucional

Carlos Pérez Ariza

El siglo XIX no acabó bien para España. La Pepa, que tuvo una escasa vigencia de dos años, fue derogada por Fernando VII, un Borbón de infausto recuerdo; Deseado y Felón al mismo tiempo. Ocho Constituciones fallidas recorrieron ese siglo de trompicones. La de Cádiz fue guía de liberalismo democrático para Europa, especialmente para la América española, que dejó de serla para abrirse a la independencia de la madre patria. Aquellas Cortes de Cádiz, único territorio libre de la invasión napoleónica, establecieron las reformas políticas, sociales y económicas para fundar un nuevo orden social en España. En eso se parece a la Constitución Española 1978 (CE78), que es la que aún nos rige como Ley Magna. Ambas marcaron el inicio de una nueva era, ambas abrieron horizontes de libertad. Aquella no lo logró. La de ahora está en ello desde hace 40 años. Aquella decía: “La Nación Española es libre e independiente, y no es, ni puede ser patrimonio de ninguna familia, ni persona”. Se ponía fin al Antiguo Régimen. Contenía los principios básicos de un Estado liberal democrático, que para la época fue una guía progresista. Fue norte para el constitucionalismo liberal europeo del siglo XIX. Sin embargo, para España abrió el camino para un período de enfrentamientos, que no cesaron hasta bien entrado el siglo XX. Viene al recuerdo en este momento electoral español, donde corrientes subterráneas miran hacia cambiar la Constitución actual para desenrollar la afrenta separatista catalana y otras que se incuban al socaire independentista.

Una Constitución es la referencia de un Estado de Derecho, por eso Fernando VII no la aceptó, el Estado era él. Esas Cartas Magnas tienen la virtud de centrar las leyes, pero molesta mucho aplicarlas al pie de la letra. Si los epígrafes que indican su texto no se compagina con la realidad, el camino fácil es cambiarla, para que todo aparezca dentro de la mayor y nueva legalidad. Es lo que parece avecinarse, tras las elecciones del próximo domingo, si la coalición de la llamada izquierda progresista se forma con los partidos que propugnan ser independientes en una nación de naciones. Iglesias lo ha dicho: “Estas elecciones son constituyentes”. En esa corriente están los que afirman que el proceso de la Transición española y su Constitución de 1978, están caducados. Explican que hay que darle la vuelta porque los tiempos han cambiado. Aspiran a una Constituyente para pergeñar una nueva Ley Suprema. El Federalismo les agrada más. Una Monarquía Parlamentaria, no tanto. Un Jefe del Estado no electo, les parece cosa de la Edad Media. Tal vez sea que la CE78 no se haya aplicado a plenitud.

La derecha en liza electoral, acepta que habría que adecuar algunos ítems, pero sin entrar a saco en un proceso constituyente. Creen que está en peligro la actual forma de Estado. Una fórmula que, con sus evidentes claros/oscuros, ha servido para que este país levantisco avance en apreciable paz, pese a todos los años de plomo de la ETA. Por esta situación larvada de las CCAA, que no están cómodas en esta fórmula, podría ser una catástrofe mayor cambiar radicalmente el rumbo constitucional hacia una República, que dejaría un mapa de España bien distinto al actual. España no ha tenido buena fortuna en sus etapas republicanas. En estas elecciones se juega mucho más que un nuevo gobierno, tal vez lo que está a las puertas es una forma de secesionismo al gusto de los que proclaman su independencia.

Lo más probable es que los debates, de ayer lunes y de esta noche del martes, no hayan resuelto este dilema. La subasta del voto tiene un objetivo inmediato, cual es hacerse con el sillón del Ejecutivo. Sea cual sea el bloque que pueda formar gobierno el problema principal de España, en esta hora, es por dónde encaminar el proceso catalán y el vasco, que mira hacia el mismo rincón. No es hora apacible para ninguno de los dos bloques contendientes. La responsabilidad es enorme. Por eso el voto del próximo domingo vale más que nunca antes. Votar es compartir ese compromiso. El resultado inclinará la balanza hacia una reforma constitucional; sin duda necesaria para que esta democracia, aún incipiente, avance; o a un proceso de cambio radical, cuyos resultados pueden ser un remedio peor que la enfermedad.

Tenemos el voto, que es la voz que emite el ciudadano. No es un sistema perfecto, ni mucho menos. Aquí hay aún mucha tela que cortar para que el mantel alcance para todos. Los políticos, que son los que tejen, tienen alta carga en esto. Todos ellos. Los votantes lo único que esperan es que no los defrauden una vez más. Esta vez no hay espacio para la indecisión. Conjurar el fantasma de la abstención, que se pregona alta, es más necesario en esta ocasión que nunca antes. Ojalá el espíritu de la Pepa, les sirva, oriente e inspire. Por los momentos, vaya y vote que el domingo 28 es fiesta de guardar para la democracia española.

Santo martes electoral

16 Abr

El milagroso Cautivo, que ayer recorrió las calles de Málaga, puede que sepa cuántos indecisos votarán

 

¿Adónde irán los votos este martes de pasión política? Puede que El Cautivo lo sepa. Muchos españoles aún no se han decidido. La procesión va por dentro

Carlos Pérez Ariza

La sombra de la gran economía, que advierte el FMI, y el cáncer de la corrupción, incrustado en los recovecos de la política, con la ayuda de empresas y comisionistas privados, oscurecen estas elecciones. Dos temas poco o nada recordados en esta campaña. Desde el FMI, casa de malas noticias, pone a la economía española en peligro cercano. Señala insuficiente el ‘ajuste fiscal’ y pone el dedo en el delicado asunto de las pensiones; su incremento, dice, ‘pone en riesgo la viabilidad del sistema público de jubilaciones’. Lo ha dicho su avinagrada directora, Christine Lagarde: “El paro español no bajará del 14% en los próximos dos años. La previsión de crecimiento no es real, empeorará. Trabajadores afectados por los ERE (despidos) ha aumentado un 26% en el último año”. La jefa del Banco Santander, también pide a quien gobierne: ‘responsabilidad y madurez para un pacto por el crecimiento’. España pertenece a las economías altamente endeudadas del mundo (EEUU, Italia, Francia, Reino Unido, Japón). Y aquella regeneración de la democracia, que tanto pide ‘Transparencia Internacional’, no se escucha por los mítines. Con la veda abierta a la caza del voto, se explica poco o nada qué hará con esos asuntos el partido que logre formar gobierno. Temas pringosos de citar. Los candidatos van por la vida, tocando timbales, como flautistas embaucadores seguidos por sus ratones.

Hacer premoniciones es aventurado. Ni el ‘CIS Campeador’, del ahora José Félix Tezanos, es capaz de asegurarlas. Su reciente sondeo da una holgada ventaja al PSOE de Pedro Sánchez, deja en la cuneta al PP y toca a VOX de soslayo. Aunque después declara en la radio que duda de su propia encuesta: El PP puede sacar más votos y VOX también, porque ‘hay mucho voto oculto’, afirma. Parece responder al susto que lleva en el cuerpo el candidato socialista, de que los buenos resultados de su sondeador Tezanos, distraiga a su electorado. Sobre la abstención, verdadero fantasma hamletiano, nadie se pronuncia con tanto terror como Sánchez, que sabe lo que se puede estar tramando en el sur andaluz de sus tormentos, clama porque nadie se quede en su casa el próximo domingo 28. No es casual que haya iniciado su periplo electoral en Sevilla. Casado pide unificar el voto de la derecha, siempre que sea por su PP. Rivera, niega ser bastón de nadie, pero le va ser escurridizo. Iglesias, olfatea ya las moquetas de La Moncloa. Abascal, ensilla su caballo. Con tal panorama, no hay sondeo demoscópico que pueda vaticinar un resultado cierto, Tezanos lo sabe.

Votar desde el extranjero es difícil. Un derecho ciudadano escamoteado por distintas dificultades burocráticas-políticas. Hasta la semana pasada, sólo el 8,4% de los españoles en el exterior habían logrado formalizar su voto (176.500 personas de algo más de 2 millones). Un palo más a la previsible abstención, obligada o no, que puede rondar el fatídico 30% del electorado total. Esto es mala noticia para todos, especialmente para el PSOE sanchista. La derecha va sin Frente Único, la izquierda tampoco presenta un Frente Popular. Ambos se equivocan. Hablan mucho de la Constitución, verdadera prima donna del debate y de la España indivisible, pero el verdadero quid de la cuestión es quién pactará con quién para gobernar en el más delicado momento de España desde la Transición.

La política de bloques, enfrentados a cara de perro, tiene una espada de Damocles. Es un escenario de alianzas postergadas, hasta tanto se sepa el resultado de las municipales, autonómicas y europeas (26/mayo), para que los pactos parlamentarios no condicionen esos resultados. Se esgrime el voto ante dos desafíos: el grosero independentismo y la alarma internacional de un nuevo período de recesión, sin que España haya resuelto totalmente la crisis financiera anterior. Jugarse a la vez la unidad de España y los números adversos de la gran economía es un reto de alta política. Ninguno de los equipos parece preparado para tan alto riesgo. Los expertos de la economía desconfían.

Estas elecciones han destapado el voto disperso, que anda por pueblos despoblados. El voto oculto y el indeciso (42%), que no es nuevo, pero que se agazapa en un porcentaje decisivo en esta ocasión. El fenómeno VOX, que de la nada aparece a caballo con las alforjas repletas de un discurso sencillo, directo y rescata a una derecha, que se creía cosa de austriacos, húngaros, italianos del Fascio, franceses de Vichy, alemanes neonazis trasnochados. Esos catalanes, que odian a España, le han dado aliento. Un líder desgajado del PP los guía, recluta a generales retirados y amenaza con convertirse en un partido bisagra. El bipartidismo resiste, pero ya no es suficiente ganar en votos para poder gobernar. Estas son unas elecciones terminales. La segunda vuelta es de urgente necesidad. Con una Semana Santa electoral de por medio, la motivación para votar va de penitencia.

Y pese a la ‘ineptocracia’ rampante por el mundo, que ha señalado el filósofo francés Jean d’Ormesson, los agujeros negros siguen ahí, tan campantes, en medio de cualquier rincón del Universo; tal como teorizó Albert Einstein. El voto es una brizna, polvo de estrellas enanas, en medio del huracán hispano.

Pasarán

9 Abr

Para Sánchez, lo que tenga que pasar, pasa por espantar el fantasma de la abstención

Del ‘No pasarán’ al ‘Haz que pase’ los lemas bélicos/electorales dan para toda interpretación, mayormente negativas. Que hablen, luego caminan

Carlos Pérez Ariza

En el primer caso, pasaron y se quedaron a vivir 40 años. En el segundo, producto del genio socialista en campaña por España, invita a espantar el fantasma de la abstención, que tan mal rato les ha dado en Andalucía. La base polisémica del ‘Haz que pase’ ha abierto la veda a la burla. Nuestro idioma es endiabladamente peligroso, con más excepciones a las reglas que ellas mismas. Ese ‘pase’ se vuelve un meme contra Pedro Sánchez, cuyo rostro preside el cartel con su lema. Van algunos: pase, de pasar al pasado…el tiempo pasa; de seguir…pase usted; de final…que pase ya, entre otras figuras negativas. Las RRSS multiplican las burlas, sin olvidar el plagio: Un grupo de estudiantes universitarios de Madrid, un jugador de la NBA y una empresa de cosméticos, lo habían usado. El lema en inglés, ‘Make it happen’ (Haz que suceda), un suceda en vez de pase, hubiera sido más apropiado. Esta Era de la publicidad atiborrante, aplicada a las campañas políticas, cargan las armas de la oposición. La emocionalidad se sale por los poros.

Estas elecciones de abril conjugan el verbo en agrio, la de las dos Españas eternas. Cuánto cuesta cambiar esas trincheras cainitas. Es ya una vena incrustada en el ADN español, que reverbera en su corriente política. Este proceso electoral, que abrirá un gobierno socialista y sus socios (Federalización) u otro de la derecha de extensa base (Centralismo), marca el final definitivo de la hegemonía bipartidista. Abre la incertidumbre de cuál sería mejor, o menos malo, para el país. No asoman ventajas claras ninguno de los dos. Demasiado instalados en el pasado, nublan el presente y no vislumbran el futuro, que es de lo que se trata.

Esta es una campaña de emociones simples, a bajo nivel conceptual. Con promesas difíciles de cumplir. Dónde están las propuestas que solucionen el paro (aún sobre 3 millones); la absorción de la inmigración ilegal (34.000 en Andalucía); la reforma de la educación básica, media y superior; el problema de las CCAA, caras, desbandadas e ingobernables (Cataluña a la cabeza), sin abordar con valor su reorganización nacional; la creación de empleo sólido y duradero, también en el sector privado; la dependencia excesiva de la economía estacional del turismo y la producción agroindustrial y pesquera, por citar algunas. Se les va la fuerza sobre toros sí o no; caza no, ni tampoco; propensión de los idiomas locales, dejando el español arrinconado debajo de los pupitres; si monarquía o república en las universidades, donde los estudiantes ignoran casi todo al respecto. En feminismo encontrado contra lo masculino, frente al contemporizador. Con los pensionista alzados, los pueblos olvidados en pie de guerra. La España real aparece poco o nada en las arengas de fin de semana de estos aspirantes a que los voten. Muchos votantes para tan pocos estadistas.

Estas son las votaciones de los colectivos, donde no milita el español común: el que no lee periódicos, el que se asoma a los informativos de la tele, sin mucho criterio formado, para que se lo vayan formando; el que ha estudiado poco o nada; el currante o el que está en el largo paro con más de cincuenta años; ni entiende la alharaca diaria del proceso catalán. Forman una legión desconocida, pero que respira aquí todos los días. Esas masas, antes plegadas a la izquierda, vienen dando impulso a los movimientos populistas de la derecha en toda Europa. Los de profesión política no les prestan demasiada atención, aunque son un voto decisivo. Son los desahuciados de la revolución digital, ellos no navegan por las RRSS, ni falta que les hace. Eso del eslogan ‘Haz que pase’, ni lo entienden; lo suyo es pasar el mes y llegar al final a trancas y barrancas. Esa masa puede que se pase a votar por motivaciones simples, sencillos postulados; que manejan bien, sin estridencias mediáticas, los legionarios de VOX. O no moverse un domingo a votar para que todo siga igual. Lo dicen sin haber leído a Lampedusa. El voto real va a sorprender, más allá de los sondeos cocinados a fuego lento en cada fogón. Ninguna encuesta ha tenido buen ojo. La actualidad está ahí: Macron, asediado por los chalecos amarillos; el apoyo al Brexit por los campesinos británicos; los ‘red necks’ americanos, que quieren a Trump.

Esos mismos españoles, mayoritariamente jóvenes, se enamoraron de Podemos con su mensaje directo y sencillo: ‘Los pobres sin esperanzas contra la casta’. Recabaron cinco millones de votos. En caída libre ahora, ya no convencen. Su principal líder pertenece ahora a su peculiar casta, como ‘marqués de Galapagar’. Eso ha desinflado a los seguidores y su cúpula, que huye a otras trincheras. Esos españoles olvidados por los grandes partidos, miran a otro mago del mensaje: VOX. Si agregamos que el proceso catalán ha despertado el nacionalismo, que España tenía adormilado, los resultados de estas elecciones pueden sorprender a Europa. El votante ha madurado en medio de su aparente ignorancia general, los políticos siguen creyendo que son como niños. El ‘Haz que pase’ de Sánchez, recuerda a José Ortega y Gasset: ‘Que no sabemos lo que nos pasa: eso es lo que nos pasa’. Vaya, vote y que sea lo que Dios quiera que pase.

‘México lindo y querido’

2 Abr

López Obrador se erige en acusador del Imperio español de hace 500 años. Quiere sacrificar a Hernán Cortés en el Templo Mayor

 

La estrofa de Jesús ‘Chucho’ Monge, canción considerada por los mexicanos como un himno, da hoy el titular. México en nuestro corazón, AMLO en el suyo

Carlos Pérez Ariza

El presidente de México, Andrés Manuel López Obrador (AMLO) exige al rey de España, Felipe VI, que pida perdón por la conquista y colonización de México. Hace 500 años, Hernán Cortés piso tierra de los mexicas y, aliándose a las tribus subyugadas por ellos, conquistó, colonizó y creó el virreinato de la Nueva España. Cortés ha cargado con lo peor de la ‘Leyenda Negra’, que ahora usted, señor AMLO, intenta reavivar. El historiador mexicano, Juan Miralles Ostos asegura que Cortés creó a México, lo dice en, ‘Hernán Cortés, el inventor de México’. Los españoles no realizaron un genocidio en México. Hoy, con 130 millones, el 30% de la población son descendientes de aztecas y mayas; el 60% mestizos (europeos, americanos y africanos). Desde las primeras Leyes de Indias, los nativos fueron considerados súbditos de la Corona de España, querían integrarlos, no exterminarlos. Es de suponer que tanto usted como su esposa, quien reprocha en su tesis doctoral a Bernal Díaz del Castillo (un testimonio directo de aquellos tiempos), siendo gente cabal y culta conocen tales hechos. Pero su vena populista –emparentada con Hugo Chávez (mestizo) y Evo Morales (indígena)– todos ustedes con apellidos españoles, le hace inclinarse por la parcialidad de las malas actuaciones de los conquistadores, que las hubo, y desdeñar la herencia a la que pertenecemos, que no es otra que la Hispanidad.

Dudo que AMLO quisiera vivir hoy bajo el yugo azteca, a menos que fuera uno de sus guerreros o sacerdotes. En lo que el imperio mexica llamaba ‘Guerras Floridas’, capturaban prisioneros para ser sacrificados a sus dioses. 5.000 sacerdotes se ocupan del ritual, creían que con esas ofrendas humanas retrasarían el fin del mundo. Sacaban sus corazones al corte de la afilada obsidiana, podían asesinar al menos a 15.000 opositores cada año. Después, se los comían. En ese imperio del terror, fue cuando Cortés se alió con los pueblos martirizados por los mexicas, para liberarlos. Fue una guerra de unos 300 hispanos y cientos de miles de americanos contra sus opresores. Muchos de estos también murieron. La ‘Noche Triste’ es un relato de aquello, ahí fue asesinado Moctezuma por sus propios súbditos. Tzvetan Todorov fija la responsabilidad española de las muertes indígenas en: 1,5% enfrentamientos; 2,5% trabajos excesivos y 96% enfermedades. Su compatriota, Octavio Paz, dejó escrito: “Para juzgar con equidad la obra de los españoles en México hay que subrayar que sin ellos (quiero decir: sin la religión católica y la cultura que implantaron en nuestro país) no seríamos lo que somos”.

España ha sido tierra de cruces de religión y razas. En América se construyó el mestizaje biológico, cultural, político, económico y social desde los primeros años. Cortés mismo tuvo un hijo con doña Marina, la Malinche, y con alguna otra india. Así que el presente de México, que es también nuestro, porque hermanos somos, proviene de aquella semilla que en su tierra sembraron. El imperio español de esos casi cuatro siglos fue constructor. Las Leyes de Indias, desde los Reyes Católicos, fueron de una densidad humanística infrecuente en su época. El hispanista estadounidense Charles Fletcher Lummis, se refiere a los conquistadores españoles como ‘civilizadores’, dice: “Ellos construyeron las primeras ciudades (…), iglesias, escuelas y universidades (…), las primeras imprentas (…) por 1575 –casi un siglo antes de que hubiese una imprenta en la América inglesa–, se habían impreso en la ciudad de México muchos libros en doce diferentes dialectos indios”.

En el siglo XVI los españoles fundaron 50 ciudades en América, incluida la más antigua de los actuales EEUU, San Agustín. Allí siguen. La Habana, con 500 años, está algo deteriorada por culpa de sus amigos los hermanos Castro. La Audiencia de Santo Domingo, de 1511, para administrar justicia contra los encomenderos abusadores de los indios. Fundaron universidades desde 1538, en 1555 la suya en México. En más de once universidades estudiaron indios, mestizos y criollos. Los anglosajones tardaron dos siglos en abrir la de Pensilvania en 1740. En aquella época un trabajador mexicano vivía mejor que un aldeano europeo. El imperio español legisló por sembrar el germen del derecho laboral. Se aplicó a los trabajadores de la mita; protegía a las mujeres y menores de 14 años. Es cierto que no siempre se cumplía, pero estaban escritas desde 1512.

Tras la independencia americana, señor AMLO, a los indios se les maltrató. Aún hoy, bajo su mandato, se le acusa de lo mismo. Se lo ha dicho por CNN/Español, María de Jesús Patricio Martínez, ‘Marichuy’, que con su nombre y apellidos no es una española, sino la voz del Consejo Nacional Indígena de México. Denigró de su extemporánea petición de perdón y le exige que “deje de despojar a las comunidades indígenas de sus tierras”; y añadió: “El nuevo gobierno (el suyo AMLO) no ha traído cambio alguno para los pueblos originarios”. Cortés, hizo más por los indios que lo que usted, tan proindigenista, hace. El ‘malvado’ Hernán Cortés en 1521, se empeñó en construir hospitales, aún está en pie el de Jesús Nazareno –usted lo conocerá, señor AMLO–, allí están, en una hornacina, los restos de Cortés. Allí trabajó un médico español, Francisco Hernández, autor de la primera botánica mexicana. Lorca dijo: ‘El español que no conoce América, no conoce España, es muy cierto. Nuestra patria, señor AMLO, es  el idioma español. Céntrese en su presente si quiere tener futuro, México lo necesita.