Avaricia

5 Mar

En tiempos de crisis de la República en Roma, Cicerón soñaba con restablecer un orden social distinto y señalaba los deberes de ciudadanos y políticos, percatándose ya entonces del origen de este problema. «No hay, pues, vicio más repugnante –para volver a nuestro tema– que la avaricia, sobre todo en la gente principal y en los que gobiernan la República. Desempeñar un cargo público para enriquecerse no es solamente vergonzoso, si no también impío contra la patria y sacrílego contra los dioses… Los que gobiernan un Estado no tienen medio mejor para ganarse fácilmente que la benevolencia de la multitud que la moderación y el desinterés» (Marco Tulio Cicerón, «Sobre los deberes», Editorial Tecnos, Madrid, 1989, pag. 125).

Es obvio, que la avaricia ha poseído a algunos de nuestros políticos o personas cercanas al poder en nuestro país y han decidido utilizar su ventajosa posición para enriquecerse. Nada nuevo bajo el sol. Sin embargo, lo peor de los casos de las tarjetas Black, del caso Nóos o de la imputación del presidente de Murcia, con todas sus diferencias, es que nos hace dudar de la credibilidad de la justicia en nuestro país. Porque el que Rato, Blesa o Urdangarin hayan salido tan bien parados no cuestiona en sí la aplicación del Derecho de nuestro poder judicial, faltaría más. Lo que suscita la desconfianza de la justicia son, por un lado, las presiones políticas que se producen y que hay detrás de todos estos casos y desconocemos y, por otro lado, la evidente sensación de que todos los ciudadanos no son iguales ante la ley como consecuencia de las sentencias y del trato que se da a los imputados. En una palabra, que la justicia no es igual para todos. (más…)