Prohibido prohibir

1 Ago
Las RRSS ese enemigo intimo nuestro de cada día

 

Ese lema, que dio alas al París-Mayo 68, refleja hoy una tendencia en las RRSS, que han devenido en un Ágora de la amenaza. Una forma de dictadura del grito en cascada que presiona e incita a la autocensura

La democracia del ‘buenismo’ ha impuesto lo que es o no correcto. Antes de escribir en las redes, tiene usted que ser exactamente preciso con los términos a publicar. De lo contrario, algún tecleador estará alerta para imprecar y escribir en 140 caracteres exactos su disconformidad. Son un grupo de presión instantáneo. A marcha martillo, incansables, saben que lograrán su objetivo. Esta plaza pública del disenso abre 24 horas, no coge vacaciones. Siempre hay alguien de guardia con los dedos ágiles sobre el teclado. Descartan la confrontación dialéctica. El discurso es el suyo: unilateral, de un sentido único, sin receso, sin posibilidad de diálogo. Como ha dicho Arturo Pérez-Reverte, el invento no es que sea malo, sino su utilización por una mayoría de ágrafos, iletrados. Les faltan libros, ha dicho el periodista-novelista. Una cosa es disentir y otra no permitir el diálogo. Esto tiene un peligro mayor, cual es que incita a la autocensura, la peor de todas (recordar la Ley Fraga del 66). Y lleva implícito una afán de prohibir posturas que no sean consideras las correctas por esa fauna implacable que depreda por las praderas del ciberespacio.

Si se le ocurre decir en las redes digitales que está de acuerdo con las corridas de toros, le caerá un aluvión de insultos. Si dice que no le agradan demasiado los perros, será maldecido por los amigos del fiel can. Y ni se le ocurra apoyar a Donald Trump, le tildarán de nazi, como mínimo. Lo políticamente correcto se impone, se esparce como una mancha de crudo petróleo por el mar cibernético. Imparables, los guardianes de la fidelidad soplan sus soflamas y juegan a ganador. Permitir dialogar no está en su ADN.
Se ha perdido aquella práctica del ágora griega, donde los tribunos discutían cara a cara. Eso, hoy en día, parece basura analógica. La perorata digital es lo que se lleva. Acudir a un foro, donde el tema sea polémico, para discutir a viva voz y expandir argumentos en pro o en contra, no se estila ya. El objetivo de los practicantes del catecismo de las RRSS es acabar con los enemigos sin verles, sin darles oportunidad alguna. Han instaurado su particular dictadura de las redes. Todo acto que no les agrade será derribado a punta de tuits.

Un análisis sobre este tema lo han desarrollado Javier Benegas y Juan M. Blanco (enlace al final). Llaman la atención sobre la grave deriva que han tomado las amenazas contra profesores americanos en el ejercicio de la libertad de cátedra. Entre otras cosas señalan: “(…) la plaga de la corrección política, una moda que invade los campus universitarios del mundo desarrollado, constituyendo una asfixiante censura que, en no pocas ocasiones, provoca dramas absurdos perfectamente evitables”. Que tal dictadura se cebe, especialmente en las universidades, es más que preocupante. En España, uno de los escasos espacios para el debate sosegado, para la discusión académica, que quedan aún abiertos está en las universidades públicas. No se puede perder tal territorio de libertad por un aluvión de tuits agresivos, masivos y, en ocasiones, anónimos.

El post de los citados autores, agrega: “La corrección política es producto de ese pensamiento infantil que cree que el monstruo desaparecerá con solo cerrar los ojos. Pero la maduración personal consiste justo en lo contrario, en descubrir que el mundo no es siempre bello ni bueno, en la toma de conciencia de que el mal existe, en llegar a aceptar y encajar la contrariedad, el sufrimiento. Y, por supuesto, en aprender a rebatir los criterios opuestos. En su esfuerzo por hacer sentir a todos los estudiantes cómodos y seguros, a salvo de cualquier potencial shock, las universidades están sacrificando la credibilidad y el rigor del discurso intelectual, remplazando la lógica por la emoción y la razón por la ignorancia. En definitiva, están impidiendo que sus alumnos maduren”. Y es una de las principales tareas de las universidades públicas españolas. Inculcar conocimientos técnicos, prácticos y teóricos, pero también, y no menos importante, formar ciudadanos con madurez democrática. Eso pasa por el debate, donde se aprende a respetar al contrincante intelectual, donde se enseña y se experimenta el ser demócratas.

Estos tuiteros instalados en su cómoda trinchera, estos ‘policías del pensamiento’ (¡Oh, Orwell!), ganarán la batalla si la Academia retrocede asustada. ¿Qué le espera a la sociedad toda? Mayor favor harían asistiendo a los debates en vivo y directo. Tal vez puedan imponer sus razonamientos con un verbo suelto y convincente: ¿serán capaces? Si estos grupos de presión prevalecen, instigados por los que han dictaminado qué es correcto y qué no, se irá imponiendo una autoridad supra mental, que es una forma de gobierno autoritario, como quien no quiere la cosa. Con la libertad de expresión se está a favor o en contra, no hay términos medios.

Javier Benegas y Juan M. Blanco. Puede ver su post en: https://benegasyblanco.com/2016/11/18/y-si-clint-eastwood-tuviera-razon-hacia-una-sociedad-adolescente/

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