Sin ‘pueblo’ y sin ‘gente’

24 Abr

A esta extraña ‘democracia’ estilo Trump, que quieren ensayar en Francia, la caracterizan tres definiciones: se dicen ‘acosadas’ por el populismo y reniegan del ‘pueblo’ y de la ‘gente’.

Habréis visto que las elecciones ya no son más cuestiones ‘nacionales’. Según los medios, en todas se juega ‘el Destino’ del continente europeo. Pero si miramos el ‘estado de Europa’ caso por caso pronto advertiremos que el destino del continente se va alejando cada vez más y ya está a considerable distancia de aquel proyecto inicial de los ‘próceres’ de la unidad continental, que se han arrepentido muy tarde de haber pilotado el proceso dejando de lado la voluntad popular (¿o no se han arrepentido nunca?).

Otra cosa que habréis podido apreciar en estos días es que se va creando un ‘estado de opinión’ con tres características principales que los medios van imponiendo: una, que todos los críticos con el Sistema son ‘populistas’; dos, que las votaciones, los electores, la ‘gente’ (palabra ya rechazada por ‘maldita’) no están en la esencia de la democracia porque ahora se impone una ‘democracia’ de representaciones, lo cual crea un curioso fenómeno: los ‘representantes’ terminan representándose a sí mismos…; y tres, la otra palabra rechazada por maldita es ‘pueblo’, a la que le han quitado su sentido dejándola a la deriva, sin darle una nueva definición.

Pero si este fenómeno se va extendiendo, por otra parte la realidad sigue con su costumbre de ir imponiéndose por encima de la ‘posverdad’ y las demás imposturas que se le están adjudicando, con trampa evidente, a la ‘civilización digital’. Todos quienes siguen usando las palabras ‘pueblo’ y ‘gente’ y no definen como ‘populistas’ a los enemigos del Sistema, generan serias sospechas de pertenecer al mundo analógico, es decir, a una civilización anterior que no sabemos superar.

Es posible que sea así. Pero si vemos cómo han planteado su difícil batalla los cuatro candidatos ‘finalistas’ en Francia (de dónde salieron los dos auténticamente finalistas) nos asombraremos: todos usan las palabras prohibidas y, sin asumirse como populistas, todos son críticos con el Sistema.

Si miramos ahora a los meses anteriores, como mucho un par de años atrás, veremos cómo ha funcionado el Sistema: con qué rapidez ha sacado de la nada a un candidato, Macron, al que ya consideran probable presidente de Francia. Gran portada de los semanarios de colores, gran despliegue sobre su vida pasada, biografía diseñada por expertos que han pintado a pincel a una figura ambivalente: trabajó para los bancos, fue ministro de Hollande pero no es socialista, es un moderno ejecutivo pero con fuertes dosis de ‘populismo’…

Han fabricado la figura perfecta para hacer su imponente entrada mientras el candidato socialista era machacado; el de la derecha caía derrotado ‘con honor’; y el de la llamada ‘izquierda radical’ perdía después de haber llegado cerca al 20% de los votos, pero sus propuestas se habían acercado más a las de Marine Le Pen que a las de los demás.

Entrada triunfal de Macron y salida de escena de todos los demás, menos, claro está, la señora Le Pen.

Ahora quedan los dos, frente a frente y si hay dudas están en que la ‘izquierda radical’ manejó un programa más cercano a Le Pen que a Macron. ¿Y si esos votos se definen más contra Macron que contra Le Pen?

Puede verse así, una vez más, cómo el Sistema comienza manipulando las palabras y termina manipulando la realidad. Ha acudido prontamente a sacar de escena a los ‘gastados’ y poner en primer plano al recién inventado Macron. Y de repente, los cuatro candidatos utilizan las palabras prohibidas; o sea, hablan embelesados del mundo digital y retroceden al mundo analógico. Es porque hay que hablarle a los votantes, siempre sospechosos de ir atrasados.

El partido de la señora Le Pen, a la que se acusa de odiar a los musulmanes para renegar del antisemitismo, tiene una amenazadora cantidad de votantes… una masa tal que hay temores de que Macron no pueda superarla… ¿y sabéis cuántos parlamentarios tiene ese partido? Dos. Es la nueva democracia; la que funciona sin pueblo, sin ‘gente’ y acosada por los ‘populistas’. Algo parecido a lo que ya se ha adueñado de Estados Unidos.

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