Un toque de distinción

13 Ago
El gran Chicho Sibilio fue pieza capital del FC Barcelona de los inicios de la ACB. Recuerdo que me sorprendió ver cómo un jugador renunciaba a la selección

Sumergidos en el primer tramo de la preparación de la selección española, este pasado fin de semana vivimos en Málaga el torneo que trajo un par de entrenamientos para el equipo de Sergio Scariolo y el debut de Deon Thompson con una selección, la de Costa de Marfil, qué recuerdo ver en el Mundial de 1986 en Ciudad Jardín.

Aquella vez «Los Elefantes», que era el apodo del equipo africano que actuaba como simple comparsa en un torneo que en el grupo de Málaga, tuvo además a Estados Unidos, Italia, la República Federal de Alemania, China y Puerto Rico. Ahora, el nuevo jugador del Unicaja tuvo una buena actuación en un torneo de poco nivel, por otra parte.

De un tiempo para acá, la preparación del equipo nacional tiene más de márketing que de preparación, y comulgamos con ello sin poner la mínima pega. Al ser la competición en China, coincidir con los Juegos Panamericanos tampoco ha ayudado a conseguir rivales de mínimo nivel, pero decir que el torneo de Málaga ha quedado flojito, es quedarse corto.

Durante el mismo, hemos tenido la noticia del fallecimiento con 60 años de Cándido Antonio Sibilio Hughes, el gran Chicho Sibilio, pieza capital del FC Barcelona, de los inicios de la ACB y del cambio del por entonces Taugrés Baskonia, pasando la escuadra vitoriana de ser un equipo de mitad de tabla a una de las incomodidades de los grandes.

La figura del alero dominicano iba más allá de la cancha, un tipo que como jugador ayudó a sus equipos a salir del tono medio para subir al de escuadras importantes. Antes, teniendo un alero de más de dos metros, si encima tiraba y ayudaba en el rebote, tenías en el equipo algo que marcaba la diferencia. Colosal aportación la que tuvo en el mejor FC Barcelona previo a los triunfos en Euroliga, junto con Epi, Juan Domingo de la Cruz, Audie Norris e Ignacio Solozábal formó parte de un grupo inolvidable que tenemos en la memoria.

Más allá de la clase y el talento que tuvo como jugador, porque era un toque de distinción, siempre tuvo un halo de conflicto con su persona. Recomiendo que vean el «Informe Robinson» que Movistar+ le dedicó en su día, donde se marchaba incluso de su propio cumpleaños y recordaba la relación amor-odio que tenía con Aíto García Reneses. El madrileño (como no podía ser de otra forma), lo «castigaba» a entrenamientos tras acabar la temporada, cuándo él quería volver a casa con su familia, aún reconociendo que fue el mejor entrenador que tuvo, también manifestaba quejas sobre su trato. Su pérdida nos deja peor, más tristes.

Con Sibilio, recuerdo que me sorprendió, quizás por ser la primera vez, ver cómo un jugador renunciaba a la selección, una vez se despejó la idea de querer usarlo también de pívot bajo por parte de Antonio Díaz-Miguel. Tener o no al azulgrana daba una configuración y unas posibilidades muy diferentes, pero tener cada verano la duda sobre si iría o no, cuando tenía sitio fijo descuadraba.

Con el paso del tiempo, casos como los de Fran Vázquez, Pau Gasol, Ricky Rubio, Sergio Rodríguez, Serge Ibaka, Nikola Mirotic o Marc Gasol, que han renunciado a acudir con la selección voluntariamente o forzados por sus circunstancias, han hecho que incluyamos una duda cada verano cuándo se piensa en el elenco a presentar cara a las competiciones internacionales.

Eso de las ausencias de las selecciones se ha hecho demasiado habitual, en España hemos pasado de lamentar la reglamentación que impedía tener a más de un nacionalizado, intentando meter juntos a Ibaka o Mirotic, a no tener a ninguno de los dos sin lesiones de por medio.

La vida institucional de nuestro deporte con una pelea perpetua de todo el mundo por debajo de la NBA cansa, y lo mismo por eso, echo de menos épocas en las que al acabar la temporada, jugaba la selección con los mejores, sin dudas por llevarte o no a los que han sacado las castañas del fuego en ese engendro llamado «ventanas FIBA». Después había un descanso antes de empezar la pretemporada, no como ahora, que aparece Pedro Martínez diciendo lo que todos sabemos: que preparar un equipo a plazos, dando entrada a jugadores con cuatro o cinco entrenamientos antes del comienzo oficial de la competición es algo inviable, yo diría algo más, es algo que no debería tolerarse.

La oportunidad

2 Jul

En este espacio temporal sin competición toca hablar de salidas, entradas, confección de plantillas y rumorología variada. Declaraciones de intenciones para el próximo año y establecer una serie de objetivos, irreales en cierto modo, porque se quedan en lo políticamente correcto y en general solo son para engatusar al entorno. Y la verdad final es que la competición pone a cada uno en su sitio.

Después de una temporada que se puede calificar de todo menos inolvidable, el Unicaja encaró el cambio de piezas camino del curso 2019/2020. El movimiento ya lo conocemos, las llegadas ya confirmadas Deon Thompson y de Aleksa Avramovic tienen en común la agencia de representación de Misko Raznatovic, proveedor habitual cajista en los últimos años.

La noticia principal no está en los fichajes, las salidas o la pertinaz insistencia en usar a Beo Basket para surtir al plantel, sino en el abandono repentino y sorpresivo del director deportivo Carlos Jiménez durante la pasada semana.

Esgrimiendo «motivos personales» en una lacónica nota oficial por parte del club, se marcha una de las caras visibles del club de Los Guindos. Llegado en la época dorada del club malagueño, fue tan eficaz como oscuro en su labor en la época de jugador. Después, inalterable en su función de no hacer ruido, pasó a los despachos y junto a la de secretario técnico se le adjudicó también la labor de portavoz oficial del mismo. Sin conocerlo, y sin saber lo incómodo que pudiera estar en cada sitio, la figura de Carlos Jiménez como cara conocida por el mundillo estaba fuera de toda duda. Como fichador estaba por descubrir y lo de portavoz era lo que menos le cuadraba. Su salida se produce en un momento malo, en mitad de la planificación de la temporada y con muchas operaciones, tanto de entrada como de salida de jugadores por concretar.

Aun teniendo en cuenta, tanto lo respetable como lo insondable de los motivos del madrileño para no continuar al frente de su labor en el Unicaja, no hay que perder de vista la mala situación en la que se queda el club, aunque Manolo Rubia recupere su puesto anterior y que la labor del que fuera capitán del equipo nacional no creo que vaya a pasar a la historia del Club Baloncesto Málaga en letras de oro. Creo que ahora se tendría que aprovechar el momento para dotar de una estructura realmente profesional a la dirección deportiva, el departamento que un club profesional tiene que tener con la mejor dotación y estructura. Y que el equipo malagueño se ha venido parcheando con recomendaciones del entrenador de turno, de algún directivo, injerencias del anterior gerente y, sobre todo, tirando del menú de la agencia de representación de moda, algo que condiciona y condena a repetir fallos una y otra vez, o a dar bandazos, intentando buscar una identidad propia que con el paso del tiempo parece imposible.

La estancia de Manolo Rubia nuevamente en su anterior puesto, a tenor de lo poco que se ha podido saber, parece que no va a ser duradera en el tiempo. Se supone que será el nexo de unión hasta la llegada de una nueva figura para fichar jugadores. De momento, parece que la confección de esta plantilla va a cerrarse con la firma actual, lo que habría que ver es si el club va a dejar pasar la oportunidad o junto al nombramiento de un nuevo director deportivo, la persona que llegue al puesto va a tener un equipo que le ayude a tener controlado al mayor número de jugadores posibles, sean o no factibles de inmediato para el primer equipo. Y que de esa manera la dependencia extrema del catálogo vigente del representante de moda deje de estar en el libro de estilo cajista.

Aunque el ADN cajista diga que este club funciona cuando el inquilino del banquillo es intervencionista en aspectos que van más allá de su parcela, pero no sé por qué se pueden mantener áreas al margen de una estructura profesional en estos tiempos que corren. A tenor de las noticias que se van viendo en las élites europeas, o se empiezan a hacer las cosas muy bien, o se corre el riesgo que el recuerdo de la labor profesional de Carlos Jiménez sean todos los rebotes capturados de jugador, fichajes como el de Jaime Fernández y un desayuno informativo en el que le dio un aspecto tan novedoso al concepto ilusión que no sé si seremos capaces de repetirlo en voz alta sin esperar una segunda lectura del mismo.

La situación no es fácil. El cerrar la plantilla es el problema más inmediato a solventar, pero teniendo en cuenta que el respaldo institucional está ahí detrás y la implantación social que tiene el club, lo que toca es adaptarse a lo que te propone el entorno, con una competencia dura e implacable, pero que en muchas circunstancias seguro que mira con envidia hacia Málaga. Ahora solo toca demostrar que no se quiere conformarse con cualquier lugar.

El espejo y el carácter

17 Abr

Es una Semana Santa diferente, no ya por lo maravilloso (versión oficial) o lo dantesco (versión redes sociales) que resulta el nuevo recorrido. Aunque en Málaga somos mucho de tronos y todo lo que los rodea, siempre recuerdo encajar baloncesto entre estos días, que si partidos de categorías inferiores, ACB, Euroliga… pero ahora, nada de nada.

La deserción de cada categoría tiene un motivo diferente, pero este año, entre el abandono de la competición europea por parte del Unicaja y el aplazamiento del partido ACB frente al Valencia Básket, nos hemos quedado sin más argumento que ver la final de la Eurocup entre los levantinos y Alba Berlín, con el resultado que ya conocemos y asistir como espectadores al play off de la añorada Euroliga.

No voy calificar todavía la temporada ni me voy a meter sobre lo justo que puede resultar haberse quedado sin objetivos mediado el mes de abril, pero lo cierto es que a partir de ya, el trabajo tiene que ser para preparar el curso 2019/2020, sabiendo que se va a jugar la ACB y la Eurocup, porque aunque para esta competición la liga española tendrá tres plazas, aparte de la necesidad de quedar entre los siete (!) primeros, la competición se reserva otras tres invitaciones, por lo tanto, no lo veo tan complicado y no voy a ser tan iluso como para pedir el título ACB, total para lo que sirve…

Ahora tenemos un grupo al que el carácter sólo se le ha visto a unos pocos de sus miembros. No sé si habría que pensar en clonar a Alberto Díaz y que esta bofetada de realidad (que se veía venir desde hace mucho tiempo) sirva para que más allá del parquet se vea y se piense qué es lo que se pretende hacer con este club y qué sentido tiene el trabajo que se realiza más allá de la cancha.

Como primer reto para los despachos planteo contar o no con Francis Alonso y Rubén Guerrero en la primera plantilla. Está claro que en contra me van a lanzar ya la consabida frase de si se aguantaría una racha negativa de resultados de un plantel con ambos jóvenes, y creo que lo que no se aguanta es una indefinición año tras año, medianías pagadas a precio de oro que en su día hicieron un partidazo contra los cajistas y lanzamientos de globos sonda aún a sabiendas de que no dejan de ser un brindis al sol tras otro, como ese presunto interés por Darío Brizuela ahora o por Ricky Rubio en su día (pido por favor que no se ría nadie, en su día salió publicado).

Habida cuenta que la Euroliga es historia y que las diferencias van a seguir ampliándose entre los equipos que estén entre los 18 mejores y el resto, las piezas que taparían el sitio a los dos mencionados tampoco estarían entre los primeros espadas del continente, sino que serían veteranos queriendo reconducir su carrera o apuestas por otros jóvenes con cosas por demostrar.

El trabajo en los despachos pasa ahora por mantener lo único que pueda merecer la pena de esta plantilla y que si viene un club a fichar a Mathias Lessort o a Jaime Fernández pase las de Caín y, o termine desistiendo de la labor, o pague una factura que se recuerde por mucho tiempo. Pasa por ser –como dijo en su día Eduardo García- imaginativos y pensar que poner coto a la ambición pertenece a los mediocres y que de esa forma, los objetivos que se alcancen nunca serán bien valorados.

El principal problema de este Unicaja actual no es un Valencia Básket que títulos aparte, está ya a una distancia sideral en cuanto a ambición, organización y valentía a la hora de afrontar desafíos que la competición plantea, tampoco está en los equipos de Euroliga que no se pueden comparar, simplemente están en otro deporte que no es el baloncesto al que juega el club malagueño. El problema del Club Baloncesto Málaga es que no se reconoce al mirarse al espejo, sobre todo porque no sabe qué imagen le va a devolver. Recuerda glorias pasadas que añora, pero no sabe cómo mejorar eso que no le gusta ver.

De esta decepcionante temporada, lo mejor está claro que son los españoles encabezados por Alberto Díaz, él sí que tiene el carácter del que adolecen tantos que visten o han vestido de verde, y si en su día la necesidad o un toque de locura hizo que las miras se pusieran en la cantera, este momento existencial del club exige ver qué identidad es la que se quiere tener, para empezar con uno mismo.

Algo que no se entrena

9 Abr

Tras la visita del Divina Seguros Joventut, lo que toca ahora es congratularse, dar palmaditas en la espalda y seguir con el mensaje positivo. Se ha endosado la mayor diferencia a favor en ACB y por fin, la plantilla está otra vez al completo, algo que no ocurría desde el partido frente al FIAT Turín del 19 de diciembre pasado. Así pues, si seguimos las habituales corrientes de pensamiento y de análisis, estoy esperando que alguien verbalice eso de «el cielo es el límite».

Está claro que no hay que ir por ahí, que este equipo no es bueno ahora por haber ganado con contundencia a un rival directo y equipo revelación en la Liga, ni era malo antes. Que alternase victorias y derrotas en la ACB era algo con lo que habitualmente se viene conviviendo (tenemos claro que la solidez y la solvencia es una asignatura pendiente) al igual que con las ausencias por lesión, nada que no esté entre lo habitual de la competición.

Que el conjunto de Luis Casimiro Palomo depende del acierto en el tiro de tres es algo también sabido, y que la desesperación que nos puede dar en el partido de Zaragoza no desaparece por lanzar 9 triples menos en Málaga, sino que se mitiga al pasar de un 32% a un 55% de acierto.

Camino del final de la Fase Regular, queda aún mucho tiempo para que el conjunto malagueño sea algo que de momento se echa de menos: fiable, sin reparar en lo contentos que andamos todos por la victoria frente a los verdinegros. Lo que realmente saca una sonrisa es la esperanza en que todos sigan sanos, además hemos terminado creyendo que la presencia de Alberto Díaz, Jaime Fernández y Carlos Suárez basta para que la atonía y lo insípido que en muchas ocasiones resulta el equipo, desaparezca, simplemente aportando cosas que no se entrenan.

Al final, todo va a depender del resultado de la final de la Eurocup, habrá que seguir trabajando pese a que la mentalización vaya a ser diametralmente opuesta a partir del Viernes de Dolores o del Lunes Santo, pero sería una pena desperdiciar la posibilidad de hacer las cosas en condiciones, al menos a nivel de pista, lo cual parece la única lucha que se puede hacer de forma equitativa y no desvirtuada, ya que de momento siguen siendo diez tíos disputando un balón.

No me voy a meter si es justo o no, porque desde sitios como Valencia o Bilbao en muchas ocasiones seguro que nos recordarían la Licencia A que el Unicaja terminó dilapidando. Es lo que hay y lo que se ha permitido desde aquí (que cada uno mire su responsabilidad). Pero que ni siendo campeón de Liga se pueda pelear por jugar en la máxima competición continental, me parece que no tiene ni pies ni cabeza, porque aunque desde el club nos vendan como ilusión (según Carlos Jiménez) o como aspiración (Germán Gabriel dixit) la participación en la Euroliga, estoy seguro que muchos como yo pensamos que debería ser el objetivo principal, ya sea vía ACB o Eurocup, y aún usando el presupuesto actual del club como coartada y algo que lo invalide, creo que habría que poder pensar que en un futuro cercano el «Devotion» sonará otra vez en Málaga.

Hablo de coartada refiriéndome al presupuesto porque desconozco tanto el que maneja el Club Baloncesto Málaga como el que manejan tanto los rivales en España o en Europa, a pesar de buscarlo, no he dado con ello. Mientras tanto, ¿qué queda?, esperar a ver cómo se desarrollan los acontecimientos, si vienen acompañados de buenas actuaciones, mejor, y es curioso lo que tiene este equipo, en el que ha bastado que aparezcan los de siempre, lanzándose al suelo por algún balón para que se piense en positivo. Por lo tanto, seamos adultos, seamos serios, y ya que nuestro equipo ha colaborado sustancialmente en la jornada con más triples anotados de la liga española, no dejemos de estar ahí cuándo vengan los reveses.