El premio

19 Nov

Habitualmente se pensaba que la participación en una competición europea era un premio que señalaba a los buenos equipos con respecto a los que había del montón. Es bastante normal oír a entrenadores vanagloriarse de haber vencido a tal o cual equipo de Euroliga, avisar de la peligrosidad de un rival porque juega competición continental o sacar a pasear el currículum de un jugador con varias participaciones en el extranjero.

Ahora, no sé si será una moda pasajera o está para quedarse, por la configuración del mapa del baloncesto europeo, competir contra otros equipos del continente se ve como un problema o como un regalo envenenado, que provoca multiplicar los problemas de los equipos, dispersar esfuerzos y terminar haciendo bueno ese antiguo refrán de «quién mucho abarca, poco aprieta».

Lo cierto es que por Málaga, dejando de lado el debate sobre si el sitio del club está en la Euroliga o su lugar natural está en la Eurocup, ahora la competición continental está siendo la tabla de salvación y el principal apoyo de la gestión del equipo. La actuación del plantel dirigido por Luis Casimiro está teniendo momentos muy grises especialmente en la Liga ACB, donde tiene un balance negativo al completar la cuarta parte de la competición nacional. En la primera fase de la Eurocup, el global que en España es de 4 victorias y 5 derrotas se convierte en un rotundo 6 triunfos frente a un sólo partido perdido.

Apoyarse en la buena imagen numérica del periplo europeo me parece un gran error, alguien podría decirme que si tan «floja» es la Eurocup en su primera fase, cómo es que Lokomotiv Kuban, Cedevita Olimpija o Limoges están pasando las de Caín, estando fuera incluso de los equipos clasificados para la siguiente fase, pero tras ver todos los rivales que los malagueños han tenido en la primera fase, no diría yo que fueran carne de LEB, aunque muchos tendrían dificultades para pelear en los play offs ACB.

Frente a los resultados lejos de España, en la ACB, el Unicaja muestra dos grandes victorias en Valencia o en Vitoria como gran defensa ante derrotas que tienen muy poca defensa, porque aunque el argumento de no estar en el momento decisorio de la temporada para poder darle cierta justificación a algunas derrotas -y sobre todo por la imagen dada en esos partidos-, hace que los dos triunfos ante los equipos de Euroliga pierdan valor, porque está claro, el momento más propicio para vencer a los equipos punteros está en octubre o noviembre, conforme avance el calendario, sorprender a ese tipo de rivales, es casi imposible.

Mientras tanto, el camino muchas veces parece un deambular. De todos los problemas que le puedan haber venido al equipo, dejo de lado el tema lesiones, porque no es algo exclusivo ni original del Unicaja, pero la idea de juego no está implantada aún. Partidos como el de Andorra se ven con demasiada frecuencia, y no sólo bajo la dirección del entrenador manchego, también con Joan Plaza se vieron, pero si el plantel está en camino a tener un patrón de juego, de momento parece lejos de alcanzarlo. Los números enredan más el análisis, puesto que se ha pasado de ser un equipo que en defensa era deficiente y que en ataque tenía muchas maneras de resolver, a ser el que menos anota en la ACB, mientras que está entre los cinco equipos que menos puntos encaja de la Liga.

Todo esto con el arma ofensiva más significada en Josh Adams, que ha frenado su irrupción inicial y que tiene su momento de gloria particular en cada partido apareciendo en los highlights semanales, pero notando demasiado eso de tener que jugar de base por las ausencias de Alberto Díaz y de Jaime Fernández, los cuales no ofrecen los mejores augurios por los problemas físicos sin resolver en cada caso, por la fragilidad de la cura del madrileño, y la repetición de la lesión del canterano, así como la premura que ha tenido para reincorporarse al equipo.

Todo ello hace que recuerde que en pretemporada, reclamaba mucha incidencia del trabajo de banquillo, mayor rigidez táctica y que la figura del entrenador diera menos libertad a la decisión individual de los jugadores. A estas alturas de la temporada, viendo cómo el equipo defiende mejor que ataca me hace pensar que es muy necesario que la figura de Luis Casimiro Palomo tenga mayor presencia.

Evolución por partes

5 Nov
Casimiro. Foto de Álex Zea

Muchas veces abrimos un debate que no existe con lo del baloncesto moderno y el tipo de juego que había antes, más que ponernos a ver si tal o cual jugador tiene sitio, o si la gestión de los equipos están en línea con lo que rivales y competición exigen. Lo que hay a día de hoy es lo de lidiar con al menos dos competiciones para la mayoría de equipos, con los viajes, con esa petición no escrita de necesitar trece o catorce jugadores para poder asumir las exigencias actuales o todas esas cosas que se van planteando durante la temporada.

Lo cierto es que el transcurso del año nos dice que este Unicaja, aún estando lejos del mejor rendimiento, y con la sombra de desconexiones que le hacen tener derrotas inesperadas, puede ganar algunos partidos. Aún pensando que los rivales pueden estar en el mismo tramo de construcción de los malagueños, lo que llevo visto del equipo que entrena Luis Casimiro Palomo, me transmite que aún está en el tramo de conocer y adjudicar roles.

No se trata del tema de la polivalencia y asumir que hay muchas piezas que pueden resultar útiles en varias situaciones, sino que aparte de ser capaces de jugar de tal o cual forma, el equipo malagueño ha de tener claro qué quiere hacer -sobre todo en ataque- y quiénes han de ser las primeras opciones. Jugando a lo fácil, a todos se nos va a venir a la cabeza la figura de Josh Adams, el cual, con la ausencia de Alberto Díaz, tiene mayor peso en el juego del equipo, sobre todo, porque el rol de base director tiene cada vez menos peso en la carga táctica del ataque global. Pero lo cierto, aún con la importancia capital que tiene el jugador estadounidense, la aparición de otros miembros del plantel provocan que incluso podamos hablar de un Unicaja más coral.

Que el equipo malagueño parezca con más diversidad a la hora de aportar en ataque no es algo que me lo pueda transmitir el juego que veo, ya que la aportación la veo más por la iniciativa individual de los jugadores, que por una solidez táctica en el juego de cinco contra cinco de los de verde. No sé si la vuelta de Alberto Díaz podrá ayudar, pero el funcionamiento del Unicaja como equipo, a día de hoy, depende mucho de la inspiración individual de cada uno.

Aunque se ha hecho casi una constante escuchar la diferencia de talento con respecto a la temporada pasada, vista ya una docena de partidos de este Unicaja, lo que realmente estoy esperando es que tácticamente el equipo esté más definido, tenga una conducción mayor desde el banquillo y que no me dé la sensación que la dependencia es de las piezas en lugar del engranaje.

Lo mismo, todo va a terminar dependiendo del transcurso del calendario, quizá es demasiado prematuro pedir tanto como a lo mejor estoy haciendo y que cuando lleguen los momentos importantes del curso todo va a ser mucho más reconocible, pero de momento, cada partido se me asemeja ver qué turno de intervención tiene cada jugador, o sea, a quién le toca jugar hoy.

No es más que mi opinión personal, pero no sólo ahora, cuando ya llevamos un tiempo viendo jugar al equipo, sino desde el inicio ya me manifestaba diciendo que era necesaria una gran dosis de intervención por parte del entrenador, creo que más allá de la inspiración que puedan tener los Adams, Toupane o Thompson en ataque por sus arranques personales, que el equipo tenga un patrón de juego más definido terminará ayudando mucho más.

Me estoy refiriendo al ataque porque defensivamente hablando veo al equipo evolucionar, aunque haya encuentros en los que tenga momentos de ausencia en la pista trasera, lo veo mejor atrás que hace un tiempo, mientras que en ataque creo que el camino que recorre necesitaría una dirección más rígida desde el banquillo, todo ello teniendo en cuenta que esta solución tampoco tiene por qué ser la resolución de todos los problema.

Lo repito otra vez, quizá es pronto y desde luego queda tiempo para dirimir la parte importante de la temporada, así que, de momento tiempo hay, ya iremos observando y la competición ubicará a cada uno en su sitio.

Seguir creciendo

22 Oct

De momento, a este Unicaja se le adivinan cualidades y se le vislumbran defectos, pero la integración de los jugadores es la adecuada.

Siempre ha sido la competición la que ha dictado si la cosa va bien o no, y se puede pensar que es todo fruto de los resultados, pero no está la cosa solamente ahí, que la cara que esté ofreciendo últimamente el Unicaja se limite a victorias, es una gran alegría, pero que el juego del equipo vaya a mejor no debe dejarse de lado.

La media docena de triunfos malagueños encadenados desde el arranque de la Eurocup no sólo tiene la cara de grandes momentos de juego, sino que no hay que olvidar que ha habido partidos cuyo recuerdo invita a pensar cosas malas de este deporte, pero que el Unicaja sacara con triunfo los malos encuentros ante Baskonia y Arka han ayudado también al crecimiento del equipo.

En el breve análisis de algo menos de un mes de competición no hay que olvidar ni el momento de la temporada, ni la diversidad de los rivales, plantear de manera simple que por haber ganado lejos de Málaga a Baskonia y a Valencia va a suponer que ya se va a acabar metiendo miedo a los de Euroliga es un error de principiante. Pero para este Unicaja, el momento de vencer a estos equipos es ahora, cuándo, todo el mundo está en construcción, pendiente de ensamblar piezas y de que cada uno encuentre su sitio.

De momento, a este Unicaja todavía en construcción, se le adivinan cualidades y se le vislumbran defectos, pero de momento hay algo que está realizando bien, más allá del progreso del juego de equipo, cosa que se está viendo, la integración de los jugadores está siendo paulatina y adecuada, algo que entre la mala pretemporada y el peor inicio de competición se podía poner en duda.

Así estamos, de momento queriendo asumir que el equipo ha adivinado el camino adecuado para encauzar las cualidades de cada uno, algo que quizá debería haberse realizado antes, pero que de una forma u otra no ha empezado a manifestarse hasta que llegó el rato de inspiración del Buesa Arena y en un partido perdido en tres cuartas partes, se terminó ganando.

De los partidos ante los equipos de Euroliga, creo que hay que sacar más de una enseñanza, se dirá que Unicaja terminó ganándolos porque los demás han estado muy mal, ciertamente, la duda si priorizar una competición u otra, siempre está de manera obligatoria en equipos que tienen la primera competición como un premio. Ver que en Valencia andan afilando la guillotina contra Jaume Ponsarnau y hablan sin ambages de jugar el play off europeo, en un análisis superficial, seguro que hay que decir que para eso tienen catorce jugadores, que se han gastado un dineral, que entre la inversión para el primer equipo, la cantera y el nuevo pabellón, no sería nada limitar el mensaje a la necesidad de «competir frente a todos los rivales».

De lo que se les exige a los equipos que llegan a la élite creo que ha de aprenderse, aunque lo habitual siempre está en poner presupuestos en fila y hacer así la clasificación, pero comprobar cómo le están atizando a entrenador y jugadores en Valencia, incluyendo también al conocido Chechu Mulero en su posición de director deportivo me hace pensar lo volátil que es todo esto. Quizá se podría incluso pensar que el Unicaja venció cerca del Turia no porque sean muy malos, puede que incluso lo bien que lo hicieran los de Luis Casimiro impidiera a los locales de desarrollar lo bueno que tienen dentro.

No pienso que lo visto hasta ahora por parte del plantel malagueño signifique que aquí se va a triunfar, ni todo el camino va a ser un desfile por una avenida, pero sobre todo por la tranquilidad en el desarrollo de la plantilla, conseguir estos triunfos, que con el cambio de estatus se ven de otra manera, vienen muy bien para seguir creciendo. Mientras tanto, a ganar en Alemania y a Estudiantes en las siguientes citas que hay que afrontar, no deja de ser cuestión de seguir creciendo.

Un toque de distinción

13 Ago
El gran Chicho Sibilio fue pieza capital del FC Barcelona de los inicios de la ACB. Recuerdo que me sorprendió ver cómo un jugador renunciaba a la selección

Sumergidos en el primer tramo de la preparación de la selección española, este pasado fin de semana vivimos en Málaga el torneo que trajo un par de entrenamientos para el equipo de Sergio Scariolo y el debut de Deon Thompson con una selección, la de Costa de Marfil, qué recuerdo ver en el Mundial de 1986 en Ciudad Jardín.

Aquella vez «Los Elefantes», que era el apodo del equipo africano que actuaba como simple comparsa en un torneo que en el grupo de Málaga, tuvo además a Estados Unidos, Italia, la República Federal de Alemania, China y Puerto Rico. Ahora, el nuevo jugador del Unicaja tuvo una buena actuación en un torneo de poco nivel, por otra parte.

De un tiempo para acá, la preparación del equipo nacional tiene más de márketing que de preparación, y comulgamos con ello sin poner la mínima pega. Al ser la competición en China, coincidir con los Juegos Panamericanos tampoco ha ayudado a conseguir rivales de mínimo nivel, pero decir que el torneo de Málaga ha quedado flojito, es quedarse corto.

Durante el mismo, hemos tenido la noticia del fallecimiento con 60 años de Cándido Antonio Sibilio Hughes, el gran Chicho Sibilio, pieza capital del FC Barcelona, de los inicios de la ACB y del cambio del por entonces Taugrés Baskonia, pasando la escuadra vitoriana de ser un equipo de mitad de tabla a una de las incomodidades de los grandes.

La figura del alero dominicano iba más allá de la cancha, un tipo que como jugador ayudó a sus equipos a salir del tono medio para subir al de escuadras importantes. Antes, teniendo un alero de más de dos metros, si encima tiraba y ayudaba en el rebote, tenías en el equipo algo que marcaba la diferencia. Colosal aportación la que tuvo en el mejor FC Barcelona previo a los triunfos en Euroliga, junto con Epi, Juan Domingo de la Cruz, Audie Norris e Ignacio Solozábal formó parte de un grupo inolvidable que tenemos en la memoria.

Más allá de la clase y el talento que tuvo como jugador, porque era un toque de distinción, siempre tuvo un halo de conflicto con su persona. Recomiendo que vean el «Informe Robinson» que Movistar+ le dedicó en su día, donde se marchaba incluso de su propio cumpleaños y recordaba la relación amor-odio que tenía con Aíto García Reneses. El madrileño (como no podía ser de otra forma), lo «castigaba» a entrenamientos tras acabar la temporada, cuándo él quería volver a casa con su familia, aún reconociendo que fue el mejor entrenador que tuvo, también manifestaba quejas sobre su trato. Su pérdida nos deja peor, más tristes.

Con Sibilio, recuerdo que me sorprendió, quizás por ser la primera vez, ver cómo un jugador renunciaba a la selección, una vez se despejó la idea de querer usarlo también de pívot bajo por parte de Antonio Díaz-Miguel. Tener o no al azulgrana daba una configuración y unas posibilidades muy diferentes, pero tener cada verano la duda sobre si iría o no, cuando tenía sitio fijo descuadraba.

Con el paso del tiempo, casos como los de Fran Vázquez, Pau Gasol, Ricky Rubio, Sergio Rodríguez, Serge Ibaka, Nikola Mirotic o Marc Gasol, que han renunciado a acudir con la selección voluntariamente o forzados por sus circunstancias, han hecho que incluyamos una duda cada verano cuándo se piensa en el elenco a presentar cara a las competiciones internacionales.

Eso de las ausencias de las selecciones se ha hecho demasiado habitual, en España hemos pasado de lamentar la reglamentación que impedía tener a más de un nacionalizado, intentando meter juntos a Ibaka o Mirotic, a no tener a ninguno de los dos sin lesiones de por medio.

La vida institucional de nuestro deporte con una pelea perpetua de todo el mundo por debajo de la NBA cansa, y lo mismo por eso, echo de menos épocas en las que al acabar la temporada, jugaba la selección con los mejores, sin dudas por llevarte o no a los que han sacado las castañas del fuego en ese engendro llamado «ventanas FIBA». Después había un descanso antes de empezar la pretemporada, no como ahora, que aparece Pedro Martínez diciendo lo que todos sabemos: que preparar un equipo a plazos, dando entrada a jugadores con cuatro o cinco entrenamientos antes del comienzo oficial de la competición es algo inviable, yo diría algo más, es algo que no debería tolerarse.

La oportunidad

2 Jul

En este espacio temporal sin competición toca hablar de salidas, entradas, confección de plantillas y rumorología variada. Declaraciones de intenciones para el próximo año y establecer una serie de objetivos, irreales en cierto modo, porque se quedan en lo políticamente correcto y en general solo son para engatusar al entorno. Y la verdad final es que la competición pone a cada uno en su sitio.

Después de una temporada que se puede calificar de todo menos inolvidable, el Unicaja encaró el cambio de piezas camino del curso 2019/2020. El movimiento ya lo conocemos, las llegadas ya confirmadas Deon Thompson y de Aleksa Avramovic tienen en común la agencia de representación de Misko Raznatovic, proveedor habitual cajista en los últimos años.

La noticia principal no está en los fichajes, las salidas o la pertinaz insistencia en usar a Beo Basket para surtir al plantel, sino en el abandono repentino y sorpresivo del director deportivo Carlos Jiménez durante la pasada semana.

Esgrimiendo «motivos personales» en una lacónica nota oficial por parte del club, se marcha una de las caras visibles del club de Los Guindos. Llegado en la época dorada del club malagueño, fue tan eficaz como oscuro en su labor en la época de jugador. Después, inalterable en su función de no hacer ruido, pasó a los despachos y junto a la de secretario técnico se le adjudicó también la labor de portavoz oficial del mismo. Sin conocerlo, y sin saber lo incómodo que pudiera estar en cada sitio, la figura de Carlos Jiménez como cara conocida por el mundillo estaba fuera de toda duda. Como fichador estaba por descubrir y lo de portavoz era lo que menos le cuadraba. Su salida se produce en un momento malo, en mitad de la planificación de la temporada y con muchas operaciones, tanto de entrada como de salida de jugadores por concretar.

Aun teniendo en cuenta, tanto lo respetable como lo insondable de los motivos del madrileño para no continuar al frente de su labor en el Unicaja, no hay que perder de vista la mala situación en la que se queda el club, aunque Manolo Rubia recupere su puesto anterior y que la labor del que fuera capitán del equipo nacional no creo que vaya a pasar a la historia del Club Baloncesto Málaga en letras de oro. Creo que ahora se tendría que aprovechar el momento para dotar de una estructura realmente profesional a la dirección deportiva, el departamento que un club profesional tiene que tener con la mejor dotación y estructura. Y que el equipo malagueño se ha venido parcheando con recomendaciones del entrenador de turno, de algún directivo, injerencias del anterior gerente y, sobre todo, tirando del menú de la agencia de representación de moda, algo que condiciona y condena a repetir fallos una y otra vez, o a dar bandazos, intentando buscar una identidad propia que con el paso del tiempo parece imposible.

La estancia de Manolo Rubia nuevamente en su anterior puesto, a tenor de lo poco que se ha podido saber, parece que no va a ser duradera en el tiempo. Se supone que será el nexo de unión hasta la llegada de una nueva figura para fichar jugadores. De momento, parece que la confección de esta plantilla va a cerrarse con la firma actual, lo que habría que ver es si el club va a dejar pasar la oportunidad o junto al nombramiento de un nuevo director deportivo, la persona que llegue al puesto va a tener un equipo que le ayude a tener controlado al mayor número de jugadores posibles, sean o no factibles de inmediato para el primer equipo. Y que de esa manera la dependencia extrema del catálogo vigente del representante de moda deje de estar en el libro de estilo cajista.

Aunque el ADN cajista diga que este club funciona cuando el inquilino del banquillo es intervencionista en aspectos que van más allá de su parcela, pero no sé por qué se pueden mantener áreas al margen de una estructura profesional en estos tiempos que corren. A tenor de las noticias que se van viendo en las élites europeas, o se empiezan a hacer las cosas muy bien, o se corre el riesgo que el recuerdo de la labor profesional de Carlos Jiménez sean todos los rebotes capturados de jugador, fichajes como el de Jaime Fernández y un desayuno informativo en el que le dio un aspecto tan novedoso al concepto ilusión que no sé si seremos capaces de repetirlo en voz alta sin esperar una segunda lectura del mismo.

La situación no es fácil. El cerrar la plantilla es el problema más inmediato a solventar, pero teniendo en cuenta que el respaldo institucional está ahí detrás y la implantación social que tiene el club, lo que toca es adaptarse a lo que te propone el entorno, con una competencia dura e implacable, pero que en muchas circunstancias seguro que mira con envidia hacia Málaga. Ahora solo toca demostrar que no se quiere conformarse con cualquier lugar.