El espejo y el carácter

17 Abr

Es una Semana Santa diferente, no ya por lo maravilloso (versión oficial) o lo dantesco (versión redes sociales) que resulta el nuevo recorrido. Aunque en Málaga somos mucho de tronos y todo lo que los rodea, siempre recuerdo encajar baloncesto entre estos días, que si partidos de categorías inferiores, ACB, Euroliga… pero ahora, nada de nada.

La deserción de cada categoría tiene un motivo diferente, pero este año, entre el abandono de la competición europea por parte del Unicaja y el aplazamiento del partido ACB frente al Valencia Básket, nos hemos quedado sin más argumento que ver la final de la Eurocup entre los levantinos y Alba Berlín, con el resultado que ya conocemos y asistir como espectadores al play off de la añorada Euroliga.

No voy calificar todavía la temporada ni me voy a meter sobre lo justo que puede resultar haberse quedado sin objetivos mediado el mes de abril, pero lo cierto es que a partir de ya, el trabajo tiene que ser para preparar el curso 2019/2020, sabiendo que se va a jugar la ACB y la Eurocup, porque aunque para esta competición la liga española tendrá tres plazas, aparte de la necesidad de quedar entre los siete (!) primeros, la competición se reserva otras tres invitaciones, por lo tanto, no lo veo tan complicado y no voy a ser tan iluso como para pedir el título ACB, total para lo que sirve…

Ahora tenemos un grupo al que el carácter sólo se le ha visto a unos pocos de sus miembros. No sé si habría que pensar en clonar a Alberto Díaz y que esta bofetada de realidad (que se veía venir desde hace mucho tiempo) sirva para que más allá del parquet se vea y se piense qué es lo que se pretende hacer con este club y qué sentido tiene el trabajo que se realiza más allá de la cancha.

Como primer reto para los despachos planteo contar o no con Francis Alonso y Rubén Guerrero en la primera plantilla. Está claro que en contra me van a lanzar ya la consabida frase de si se aguantaría una racha negativa de resultados de un plantel con ambos jóvenes, y creo que lo que no se aguanta es una indefinición año tras año, medianías pagadas a precio de oro que en su día hicieron un partidazo contra los cajistas y lanzamientos de globos sonda aún a sabiendas de que no dejan de ser un brindis al sol tras otro, como ese presunto interés por Darío Brizuela ahora o por Ricky Rubio en su día (pido por favor que no se ría nadie, en su día salió publicado).

Habida cuenta que la Euroliga es historia y que las diferencias van a seguir ampliándose entre los equipos que estén entre los 18 mejores y el resto, las piezas que taparían el sitio a los dos mencionados tampoco estarían entre los primeros espadas del continente, sino que serían veteranos queriendo reconducir su carrera o apuestas por otros jóvenes con cosas por demostrar.

El trabajo en los despachos pasa ahora por mantener lo único que pueda merecer la pena de esta plantilla y que si viene un club a fichar a Mathias Lessort o a Jaime Fernández pase las de Caín y, o termine desistiendo de la labor, o pague una factura que se recuerde por mucho tiempo. Pasa por ser –como dijo en su día Eduardo García- imaginativos y pensar que poner coto a la ambición pertenece a los mediocres y que de esa forma, los objetivos que se alcancen nunca serán bien valorados.

El principal problema de este Unicaja actual no es un Valencia Básket que títulos aparte, está ya a una distancia sideral en cuanto a ambición, organización y valentía a la hora de afrontar desafíos que la competición plantea, tampoco está en los equipos de Euroliga que no se pueden comparar, simplemente están en otro deporte que no es el baloncesto al que juega el club malagueño. El problema del Club Baloncesto Málaga es que no se reconoce al mirarse al espejo, sobre todo porque no sabe qué imagen le va a devolver. Recuerda glorias pasadas que añora, pero no sabe cómo mejorar eso que no le gusta ver.

De esta decepcionante temporada, lo mejor está claro que son los españoles encabezados por Alberto Díaz, él sí que tiene el carácter del que adolecen tantos que visten o han vestido de verde, y si en su día la necesidad o un toque de locura hizo que las miras se pusieran en la cantera, este momento existencial del club exige ver qué identidad es la que se quiere tener, para empezar con uno mismo.

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