Otra Copa igual pero diferente

21 Feb

Se fue otra Copa, otra oportunidad, para el Unicaja, para la ACB, para todos. El fin de la cita del Sant Jordi trae una sonora bofetada en las aspiraciones del Unicaja de retomar la grandeza pasada, y el caso es que este año el listón estaba a otro nivel. Ni esperaba un Unicaja campeón ni lo voy a poner al nivel de Mad-Croc Fuenlabrada. Para este Unicaja, la cosa es así de dura: caer en cuartos ante el Banca Cívica es una soberana decepción (sobre todo por la forma de hacerlo) y plantearse algo más que jugar la semifinal era una auténtica entelequia.

De lo que necesita o le sobra al Unicaja actual ya he hablado anteriormente. Además es, o parece ser, el único tema de conversación que puede haber en los próximos días, sobre si cambios sí o no. No seré yo el que aconseje a nadie que no tiene o no quiere gastarse el dinero para algo que no tiene un funcionamiento adecuado. De la acabada edición de la Copa del Rey saco en claro que casi veinte años sin ganar son muchos para cualquiera, mucho más para el Real Madrid. Tal vez, esta victoria le vaya a servir a Pablo Laso como espaldarazo a su labor ahora que estaba en entredicho, y sobre todo cuando se juega el pasar el Top 16 de la Euroliga este jueves ante el Unicaja. También saco en claro que la Copa del Rey es cada vez menos la competición de las sorpresas, y que de esto último tiene culpa la misma ACB que se ha «autocargado» el invento con esa novedad de los «súper cabezas de serie».

El tema de la Copa del Rey tiene su aquel. Tenemos que la ACB, en su vertiente Liga Endesa, es permanentemente criticada por todos los conceptos que ciertos «paracaidistas» de la prensa deportiva se encargan de airear convenientemente como si de las miserias de los protagonistas del «Sálvame» se trataran. Aquellos que escriben sobre nuestro deporte de forma esporádica, suelen afiliarse al bando de algún amigo o conocido y suele hacer frente común a la ACB (enumeren: ABP, FEB, Euroliga…) en cuanto a la Liga se refiere, pero cuando llega la Copa son todo aplausos: que si el torneo de las sorpresas, que si la fiesta del BA-LON-CES-TO, que si cualquiera puede ganar, que si ambiente único… Todo bonito y precioso, pero comparar esta Copa y las anteriores con aquellas que daban finales como Baskonia-Zaragoza, Cáceres-Joventut o Estudiantes-Valencia, no tienen parangón. No me parecen mejores ni peores, pero pensar que la versión copera del clásico futbolero ya va por tres finales seguidas hace pensar en la perpetuación del dominio de madrileños y catalanes.

Esta similitud con la Liga escocesa de fútbol con Celtic y Rangers de tiranos no se tilda en ningún momento como aburrida por parte de todos aquellos que abuchean la Liga Endesa por estar llena de jornadas intrascendentes, con jugadores que cambian de equipo sin ton ni son y sin embargo aplauden la Copa del Rey aunque últimamente lleguen siempre a la final Real Madrid y FC Barcelona y estos últimos den entrada y salida a gente como Joe Ingles o Kosta Perovic de un día para otro. Todo esto con la misma dirección: la de la ACB. Los mismos que ningunean la Liga aplauden la presencia de blancos y azulgrana y los señalan como las locomotoras que tiran del baloncesto nacional. En serio, no me he planteado nunca qué sería de nuestro deporte sin las secciones de los equipos de fútbol, pero si esto significa dar de lado a los otros equipos no le veo la viabilidad.

En estos días, aparte de disfrutar de la gente de nuestro deporte, en Barcelona se están dando los pasos para darle otro aire y otra orientación a la ACB. Todos esperamos eso. La mayor era de esplendor fue cuando la igualdad fue llegando a la competición. Ahora la crisis azota a todos los equipos menos a un par de ellos. Por tanto parece lejano la vuelta de la misma a nuestro baloncesto, aunque no mencione a qué equipos no afecta el bajón de los ingresos.

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