Los buenos soldados

27 Ene

La semana pasada la ministra de Defensa pidió perdón en nombre del Estado a las familias de las víctimas del Yak 42.

Catorce años después, Cospedal enmienda a Trillo. Desde 2003, los familiares han tenido que escuchar que lo que buscan es dinero, no han podido enterrar de forma digna a sus seres queridos, han visto al exministro como embajador en el Reino Unido y tratar lo que debería ser un cese como una marcha voluntaria. Es decir: los familiares de los militares que murieron en el Yak 42 han aguantado demasiado.

62 familias, centenares de amigos, compañeros de armas, aguardaban ya aliviados el regreso de sus maridos, padres, hermanos o hijos. Tranquilos porque ya habían superado el peligro. Volvían con el deber cumplido, habiendo librado la más sagrada de las batallas: la batalla por la paz. Todos ellos estaban dispuestos a dar la vida por cada uno de nosotros, por nuestra libertad y seguridad.

Volvían de cuidarnos y protegernos, pero a ellos ni los cuidaron ni los protegieron. El Estado les falló. No fueron víctimas del enemigo, sino de la incompetencia y la escasez de recursos. En aquellos días que siguieron a la tragedia, quienes estaban al mando de la situación, no eran dignos de nuestros buenos soldados.

Por otra parte, tengo el honor de representar a Ciudadanos en la Comisión de Defensa y vivo los debates y propuestas de todos los grupos. Resulta curioso que quienes defienden de forma permanente reducciones extremas en los presupuestos de Defensa, pidan al mismo tiempo más seguridad y mejores condiciones para los soldados españoles. Sorber y soplar a la vez. Pero en la política de tuit, no se exige coherencia.  No parecen percatarse de que, si bien toda guerra es una desgracia, no todos luchan por lo mismo. Unos tratan de imponer un modelo de civilización tirano y liberticida, otros de preservar la libertad y derechos de las personas. En la guerra moderna, se requieren este tipo de despliegues, hay una íntima relación entre la seguridad de Europa y las misiones internacionales que hoy se efectúan.

No en vano, los ciudadanos valoran a las Fuerzas Armadas muy positivamente. Quieren a su Ejército. Lo quieren con medios y capacitado para librar sus misiones de forma segura y eficaz.

La petición de perdón a los familiares de las víctimas del Yak ha llegado tarde. Pero el Estado ha funcionado a través de sus mecanismos. Con lentitud, pero ha hecho rectificar lo que era un error clamoroso.

El mejor homenaje que podemos rendir a los 62 hombres muertos en aquel fatídico 26 de mayo de 2003, es no volver a escatimar gastos en nuestras Fuerzas Armadas cuando de su seguridad y medios se trate.

Que cuando vayan a jugarse la vida por todos nosotros, les proporcionemos los medios para desempeñar su labor con las máximas garantías.

Y a vosotros, todos nuestros militares: agradeceros vuestra entrega y disponibilidad. Sois un ejemplo para toda España. Procuremos todos ser dignos del sacrificio de nuestros buenos soldados. Tendremos siempre viva la memoria de los caídos, para que como cantáis, la muerte no sea el final.

 

 

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