Los sueños funiculares pueden hacerse realidad

12 Abr

Proyectos considerados ilusorios en su día como el Canal de Panamá o, a nivel malaguita, un túnel bajo la Alcazaba, ya son realidad. Habría que mirar con interés el proyecto de un funicular subterráneo a Gibralfaro.

En el siglo XIX, en la prensa y en las tertulias de media Europa y parte del extranjero, era normal poner como ejemplo de empeños imposibles la construcción de un canal transoceánico en Panamá y otro a lo largo de la Mancha para unir a ingleses con franceses, pese a que no se tragaran.

En nuestros días, estos dos sueños no solo son una realidad, sino que también se ha unido Dinamarca con Suecia con un puente más largo que un día sin pan.
A una escala bastante más pequeña, malaguita, en los últimos años se han hecho realidad dos proyectos considerados ilusorios: Un cuadro de Bernardo de Gálvez cuelga en una sala del Capitolio de Washington y los malagueños podemos ver la plaza de la Merced desde el paseo de Reding sin necesidad de rayos X, gracias al túnel de la Alcazaba.

Con estos antecedentes, si ahora que la economía sale del bache -aunque no lo hagan la mayoría de los sueldos- deberíamos mirar sin escepticismo el nuevo proyecto de comunicación mediante funicular subterráneo del Centro con el Castillo de Gibralfaro porque lo mismo en unos años se hace realidad. Y si no, al tiempo.

Al contrario que el hotel benidormiesco que unos políticos sin sensibilidad ayudan a perpetrar en el Puerto, para que ejerza de rudo guardaespaldas de La Farola, el funicular no tendrá impacto visual alguno porque irá bajo tierra y de paso, nos ahorrará a los malagueños mucho de lo que sueltan los tubos de escape de los miles de autobuses que abarrotan el entorno del monumento cada año.

El proyecto, mejorado frente a dos anteriores, es ahora más barato y tendría su entrada junto al túnel de la Alcazaba, el que da a la plaza de la Merced. En esta sección hemos recogido en varias ocasiones la frustración de muchos turistas por un camino peatonal de subida al Castillo que recuerda a algún círculo del Purgatorio, por ese suelo pizarroso deslizante, un mirador principal de Gibralfaro, objetivo principal de los vándalos y el miedo a sufrir un robo a esas alturas, sin olvidar que no siempre hay ganas de atender a vendedores de todo tipo en mitad de la subida.

La idea de que los visitantes suban por el interior de la Coracha terrestre, el pasillo doblemente amurallado entre la Alcazaba y Gibralfaro también está ahí, pero lo cortés no quita lo valiente.

Quienes teman un aumento exponencial de turistas por el funicular hay que recordarles que uno de los más antiguos del mundo, el que comunica Salzburgo con su castillo no ha supuesto la sobreexplotación de la que nos advertía Malthus, al igual que el ascensor a la Alcazaba (pequeño, es verdad) tampoco ha colapsado nunca la fortaleza.

El funicular sería un atractivo más para Málaga, un sueño de locos que, como otros que han planeado sobre esta ciudad, bien puede terminar siendo real. Y ojo, subterráneo, así que no hay riesgo de que los asesores de la Unesco nos saque los colores.

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