Estos cielos azules y este sol obstruido

7 Mar

Recuperamos un poema apócrifo, falsamente atribuido a Antonio Machado, en el que hasta cierto punto el poeta ensalza la simpar tribuna cofrade de la plaza de la Constitución.

Si escribir en España es llorar, escribir sobre la gran tribuna de la Semana Santa de Málaga es hacerlo a moco tendido y bordear la depresión.

El año pasado esta sección publicó un poema apócrifo, atribuido a Vicente Aleixandre, nada menos que la continuación de Ciudad del Paraíso. En esta ocasión, hemos esperado a la reaparición del gigantesco mecano cofrade para publicar en exclusiva unos versos apócrifos, falsamente atribuidos a Antonio Machado, en los que el poeta, con los nervios a flor de piel, exhibe su sensibilidad poética y urbanística:

Estos cielos azules y este sol obstruido

Si un Habsburgo levantara la cabeza
lo mismo se quedaba de una pieza
al ver como su plaza sin igual,
era invadida por el vil metal.

De Génova trajeron una fuente,
tras sortear diez mil piratas bravos
-Barbarroja no era moco de pavo-
sobrevivió a guerras indecentes,
a vándalos, gamberros y becerros…
pues trata de encontrarla entre los hierros.

Y al fondo, la hilera de palmeras
esbeltas, fraguadas en madera,
escaparon del gris picudo rojo,
un bicho más aciago que los suevos.
Ahora son presas del cofrade antojo,
manda huevos…

Afanes, euros y algunos desvelos
ha costado situar nuestra ciudad
en el top ten del turismo de cruceros,
en verdad.

Yo intuyo que como este Jueves Santo,
siguiendo los pasos de la Legión,
los turistas descubran el espanto,
ya no vuelvan hasta el Armagedón.

En ocasiones, Málaga importuna.
Proclive al hito chungo, al trazo grueso,
carente de políticos de peso
que frenen la invasión de la tribuna,
solo queda decir todos a una:
¡Vaya exceso!

Menos mal que en cuestión de arquitectura,
tenemos una ilusionante meta,
un hecho que nos meterá en cintura:
la octava maravilla del planeta.
Un portento que a nuestro alcalde mola,
hasta el punto que le extiende la alfombra,
pues por fin va estar siglos a la sombra
la Farola.

El secreto: piano, piano, ir despacio,
levantar sin complejos la tribuna,
al igual que un día la diosa Fortuna
hizo posible el Málaga Palacio.
Luego retar al Gibralfaro Monte
y en el Puerto construir a todo meter,
justo en mitad del virgen horizonte,
el hotel soñado por Le Corbusier.

Ahora que estamos faltos de ideales,
sea Málaga pionera en toda Europa
en dañar entornos monumentales.
Y a la Unesco… estopa.

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