Una calle del Centro para ir directo al tinte

13 Dic

El paseante sigue necesitando dosis de valor o inconsciencia para adentrarse por la calle Tomás de Cózar. Aunque ha mejorado, el enfermo no abandona el hospital.

No teman, la crónica de hoy no irá del Museo de la Aduana, que hoy se lleva una importante cuota de protagonismo, con todo derecho, en otras secciones y páginas del diario.

En su lugar hablaremos de un céntrico rincón de la ciudad por el que, con toda probabilidad, ninguno de los cargos públicos que ayer llenaban el nuevo museo habrá paseado, entre otras cosas porque a lo mejor tendrían que mandar su traje al tinte.

Nos referimos a la calle Tomás de Cózar, de la que, aunque hace un tiempo comentamos que había experimentado una mejoría, lo cierto es que sigue dando miedo pasear por ella y no se aprecia un pronto reestablecimiento del enfermo.

¿Cuál es el problema? Los solares que persisten están correctamente vallados, pero uno de ellos es tan grande que tiene su propia pradera y sus gatos, a los que a lo largo de la calle no le faltan sus cuencos de comida.

Tampoco ayudan un par de casas en completo abandono y que parecen diseñadas por Tim Burton para alguna de sus películas de ambientación gótica. Y claro, encabeza la calle, frente a la iglesia de Santiago, el palacio de Solesio, o lo que queda de él después de la faena de aliño inmobiliario cometida contra la casa, como dio a conocer este otoño el periódico.

A los gatos, los solares, y el ambiente decrépito hay que sumar el submundo de las pintadas, de todo pelaje, desde las artísticas hasta una que, de puro cabreo contra el sistema, roza lo delictivo por la barbaridad que pregona. Y como es norma en este tipo de prácticas, los grafiteros no se limitan a las casas en estado de derribo sino que también dejan su huella en viviendas nuevas o reformadas que tratan de dignificar la zona.

Durante las obras de arreglo del suelo de calle Granada, los turistas y visitantes se tuvieron que tragar un desvío por la calle Tomás de Cózar, con todas las consecuencias para sus nervios.

Tras estos tiempos, felizmente dejados atrás, Tomás de Cózar mejoró pero sigue siendo una antiestética grieta en el casco antiguo, a la espera de un milagro como el que se produjo con la calle Andrés Pérez, pero con el agravante de que se encuentra en el cogollo más visitado del Centro, entre la casa natal de Picasso y la iglesia en la que lo bautizaron.

La solución ideal está, paradójicamente, a la vuelta de la esquina, en la calle Aventurero, que aunque también recibe su ración de pintadas, cuenta con una de las promociones de viviendas sociales municipales más bonitas de Málaga, con un gran patio de entrada y, lo más importante, sin el aspecto deprimente de algunas promociones municipales de hace unos cuantos lustros.

La calle Tomás de Cózar necesita llenar de vida esos dos solares, reflotar el palacio de Solesio y recuperar las dos viviendas decrépitas. Como se ve, demasiados escollos como para que nuestros inaugurantes se dieran una vuelta por aquí. Luego hay que llevar los trajes al tinte.

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