Reflexiones guerreras en la plaza de La Luz

1 Ago
En la plaza las pintadas tribales han dejado sitio a pintadas inteligentes y a reflexiones que parecen sacadas de El arte de la guerra

Cada vez que una nave o una sonda tantea un planeta ignoto casi siempre anuncia que se ha encontrado hielo o alguna prueba que demuestra que no estamos solos en el Universo, algo que en el metro de Tokio a hora punta se da de sobra. Son, claro está, las ganas y las prisas por tropezarnos de una vez con las huellas de Viernes en la playa.

Pero mientras ese momento llega o no, en nuestra ciudad podemos encontrar huellas de provechosa actividad neuronal en un terreno tan plano como las pintadas callejeras, que no deben confundirse con los grafitis artísticos, algunos de ellos caudales de creatividad.

El de las pintadas es un terreno estético que desde la Transición ha caído en picado en lo que a ironía y destellos de inteligencia se refiere. Pero ya vimos en esta misma sección que, frente a la tónica habitual de pintadas tribales en las que sólo aparece el nombre del sujeto, símbolos fálicos o insultos burros nada ingeniosos hay otra rama de la pintada callejera más sutil.

Lo pudimos ver en esta sección el pasado mes de marzo, cuando salió a la palestra la calle Alcalde Baeza Medina de Ciudad Jardín, en la que conviven en las paredes blancas frases de Freud, Chaplin, Voltaire y hasta de Jacinto Benavente. Lo nunca visto.

En una línea parecida –alejada del insulto chungo de famosos del corazón de tercera regional– tenemos también la plaza de la Luz, esos dos espacios del barrio-pequeña ciudad de la Carretera de Cádiz con una zona verde muy aprovechada y unos aparcamientos al aire libre que tampoco tienen nada que envidiar al metro de Tokio en hora punta, pues no suele caber un alfiler.

En este espacio, ya concurrido a primera hora de la mañana por ser un refugio contra los calores, el peatón puede toparse con una pequeña construcción, la clásica para alguna instalación para la luz o el agua, cuajada de pintadas muy interesantes porque «Nací como nadie y nadie será como yo» o «Soy tu peor pesadilla pero aparezco en tus mejores sueños» aunque suenen a frases de manual están muy alejadas de la descalificación cazurra o el improperio lanzado al árbitro en un momento de majaronez transitoria… o quizás perenne.

Y quizás hayan sido sacadas de El arte de la guerra de Sun Tzu o bien de algún refrito televisivo como Juego de tronos las siguientes reflexiones: «El mejor guerrero no es el que siempre triunfa sino el que vuelve a la batalla» (frase con la que difícilmente estaría de acuerdo ese dechado de simpatía que es José Mourinho) y «Dios da las peores batallas a sus mejores guerreros». En todo caso, frases que denotan superación y constancia en este luminoso rincón de La Luz, valga la redudancia.

Julio 2015 en Málaga

Sustancia pegajosa que se adhiere al cuerpo y que sólo se despega pasado el mes, siempre que el tiempo no acompañe.

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