La biblioteca que supera a Alberto Manguel

28 Jun

Cuando el escritor y editor argentino Alberto Manguel vino al mundo, el ginecólogo le anunció a su madre: «Señora, ha tenido usted una biblioteca».

Manguel da la impresión de haber leído todos los libros del mundo y de haberlos memorizado. Escoja al azar un clásico de la comunidad copta del siglo IV después de Cristo y se encontrará, no sólo con que Manguel lo ha leído sino que, probablemente, también lo ha prologado.

Después de un par de intentos, como en una competición deportiva, un servidor pudo concluir los cinco libros de Gargantúa y Pantagruel. Ni que decir tiene que en el prólogo para la reciente edición española, Alberto Manguel confiesa que esa traducción al español le ha gustado más que las que leyó en inglés y en alemán y casi tanto como el original, en francés del Renacimiento.

Una sola institución supera a este argentino borgiano en acopio de saberes y es la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos.

Julio Camba ya se encargó, hace un siglo, de glosar la capacidad de los americanos por hacer las cosas a lo grande. Baste decir que en esta biblioteca hay 838.000 estanterías, repartidas en tres edificios, con lo que hasta Hércules lo tendría crudo para quitarles el polvo.

Entre sus 151 millones de objetos (libros, manuscritos, planos, películas…) todos los años incorpora libros publicados en Málaga o de autores malagueños, un guiño local que no tiene nada de particular, cuando vemos que así hace con casi todos los rincones del mundo.

En todo caso, esta biblioteca de Washington probablemente sólo es superada por el Archivo Municipal de Málaga en acopio de temas malagueños y de obras de escritores de la tierra.

De cuando en cuando, esta sección repasa los libros de Málaga adquiridos por los congresistas en los últimos tiempos. Se han hecho, por ejemplo, con el ensayo sobre la República y la Guerra Civil en Málaga Arcadia en llamas, de Francisco Chica. También, de forma sistemática, con todo los catálogos que publica el Museo Picasso Málaga, como esa maravilla de fotografías tomadas en casa del artista por David Douglas Duncan. De igual forma, el año pasado se hicieron con catálogos del Museo Carmen Thyssen.

Y adentrarse se adentran en todas las ramas del saber, como prueba el ensayo sobre ese original escritor y pre-bohemio del XVIII, injustamente olvidado, que es Diego de Torres Villarroel, cuyo análisis de sus obras y el rastro de lo que él llama lo «jocoserio» hace Emilio Chavarría Vargas.

Y qué me dicen de otra obra publicada en Málaga: Glosario de voces españolas recogidas en gramáticas de español para extranjeros del Siglo de Oro, de Diana Esteba Ramos. Tampoco falta un libro muy vendido el año pasado, Bobby Logan, de Miguel Ángel Oeste, con la movida de Pedregalejo como telón de fondo.

También está la reciente guía de Iglesias de Málaga de Mónica López Soler, una biografía de Antonio Muñoz, el cura guerrillero de Riogordo, de Francisco Luis Díaz Torrejón, libro del que dimos cuenta en este diario y Ardales, paraíso natural, selección de fotografías de Andrés Morales. ¿Hay quién dé más a 6.000 kilómetros de Málaga?

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