Un Belén moderadamente llano y repleto de detalles

22 Dic

Los Belenes reelaboran cada Navidad el paisaje mítico del Nuevo Testamento, de ahí que si un palestino de hace 2011 años se diera una vuelta por nuestros Nacimientos, le sería muy difícil reconocer algún detalle de su tierra natal y sobre todo, se asombraría de ver la misérrima aldea de Belén convertida en una nutrida metrópolis con más gente que en la guerra.

Cada belenista tiene en mente su estampa particular, aunque en los últimos tiempos triunfan, por su espectacularidad, los belenes que convierten este rincón de Judea en una pequeña cordillera del Himalaya.

Cierto que en Palestina, sobre todo en Galilea, hay montañas, pero por su precioso efecto los rincones desérticos se tornan un cantón suizo. Por eso, el precioso Belén del Ayuntamiento llama la atención ya que ha limitado el número de cumbres borrascosas y sólo cuenta con un enorme peñasco, muy logrado, en el que aparte del ángel que anuncia la Buena Nueva a los pastores, hay lobos que aúllan a la luna de diciembre.

Los Reyes Magos emprenden su camino para visitar el Portal y al fondo vemos un viaducto, quizás un guiño a los que jalonan la nueva hiperronda.

Suenan villancicos ingleses y españoles y Belén, en llano, se despereza en medio de una gran actividad. Ahí están los agricultores cuidando de grandes espigas de trigo, mientras también vemos la escena de la Anunciación a la Virgen, en un bonito templo de aires renacentistas que bien podría haber albergado la Anunciación de Fra Angélico.

Esta tumultuosa Belén, mezclada en una temprana área metropolitana con Jerusalén cuenta con un anfiteatro en el que dos gladiadores tratan de capturar con su red un fiero león. Y en una posada, por cierto, se ofrece a los comensales un menú muy de la época con lentejas y gárum. Para lo que costaba el gárum por entonces, no está mal de precio.

El alfarero hace barros malagueños y como todos los años, una barca de jábega en este escenario de Judea confirma la antigüedad de la barca malagueña, con ese ojo fenicio en la proa que es garantía de autenticidad.

Durante la visita del firmante al Belén del Ayuntamiento, un grupo de guiris ingleses comentaba con mucho entusiasmo los mil y un detalles del Nacimiento, como la fuente llena de monedas (de céntimos de euro adelantados a su tiempo) o el templo en el que, en la azotea, un rabino enseña las leyes a un atento muchacho.

Y como siempre, el Portal del Belén, con su composición clásica y los focos de la instalación que consiguen iluminar, como la estrella que es, la cabeza del Niño Jesús.

Pero como la vida sigue, y la historia del Nuevo Testamento también, antes de despedirse de este gigantesco escenario, los espectadores tienen la oportunidad de ver cómo la Sagrada Familien huye a Egipto para escapar de la cólera de Herodes.

Un año más, un completo ejercicio de belenismo en una Palestina más bien mesetaria. Será que como dice aquel, en tiempos de crisis hasta aumentar la orografía de un Nacimiento cuesta su dinero.

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