Un solar apropiado para un adjetivo malagueño

11 Ago

Aunque en Málaga no ha abundado como en otras tierras el ganado porcino, sí que ha tenido buen anclaje un adjetivo muy rotundo que deriva del cerdo: «puerco».

Si bien el Diccionario de la Lengua hace referencia con este nombre al hombre desaliñado, sucio, incluso sin cortesía ni crianza (el clásico «tío puerco»), hay una acepción no recogida por los académicos, pero que también en Málaga ha tenido mucho predicamento. Nos referimos a «puerco» como sinónimo de sitio sucio. Así, «esto está puerco perdío», hace referencia a un rincón de la casa o de la vía pública, en el que la limpieza ha hecho mutis por el foro.

Además, la naturaleza anárquica del urbanismo malagueño con un desarrollo de la ciudad proclive a demoler o dejar que se caigan los edificios del pasado, ha propiciado la proliferación de solares, hasta el punto de que, hace unos años, el fotógrafo Pepe Ponce presentó un libro de fotos llamado Solar del paraíso, con todo nuestro amplio catálogo de derribos.

Los tiempos han cambiado, pero en barrios como la Trinidad sigue habiendo un número excesivo de «solares puercos», así como en el Centro Histórico.

El que hoy comentaremos se encuentra además en una zona de alta sensibilidad cultural y turística. En concreto, está a diez metros de la parroquia más antigua de la ciudad, esa en la que a Picasso le colocaron esa retahíla de nombres tan raros.

El «solar puerco» asoma al inicio de la calle Tomás de Cozar, frente a la iglesia de Santiago. Y aunque tiene un muro de ladrillo, cuenta con una abertura por la que podrían pasar todos los elefantes de Atila.

La visión de este solar sólo puede compararse con un paisaje de la película Salvar al soldado Ryan. En un cuadrado de casas devastadas, con una carcomida torre, probablemente del siglo XVII, se encuentra este solar, en el que además de la montaña de escombros y las legendarias cacas de perro, coexisten varios montículos en los que se amontonan vasos y botellas. Además de algunas piezas de coches, el objeto más prominente es un carrito de la compra lleno de objetos inútiles y cargados de porquería.

Que una zona con el suelo recién cambiado luzca un solar tan tremebundo y abierto al público, evidencia esa falta de cuidado por los pequeños detalles que tenemos en Málaga, aunque en este caso, eso de «pequeño» se puede matizar. Frente a la iglesia de Santiago, a dos pasos de Casa Natal de Picasso y de su museo. Pasen y vean. «Puerco total».

Guirnaldas

A tanta concentración de suciedad, le han salido guirnaldas. La previsión en la colocación de los arreglos de las fiestas ha despistado a más de un turista, que si han llegado ya los tiempos de El Cartojal y la batahola. Se ve que no son muy habituales por estas tierras. La Feria, si está en curso, no necesita del asentimiento de los lugareños, es casi palpable. El ruido se vuelve sólido acompañado de kilos de bolsas de basura. Esperamos que este año se resuelva el problema de los contenedores. Un poco puercos.

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