Otro finde más.

29 Ene

Bueno, pues pasa otra semana más y vemos como este Unicaja nuestro, el que hace nada nos aburría o nos cabreaba a partes iguales, sigue con el paso que queríamos y que hemos pensado que le correspondía por todo lo que había atrás en la historia vivida.

Si la semana pasada tuvimos los partidos ante Tofas y Valencia, resueltos con una solvencia de las que meten mucho miedo en los rivales, ésta en la que estamos lleva de la mano contrarios con menos nombre, pero que no dejan de ser otro objetivo a cerrar en la agenda de trabajo del grupo que gobierna Ibon Navarro desde el banquillo.

Para llegar a la alegría vivida este fin de semana (otro más), particularmente lo inicié disfrutando de la presentación del magnífico libro del amigo José Manuel Puertas «Los bad boys de la NBA», una obra que ayuda a comprender parte de una competición tan grande que necesita estrellas, pero que sobre todo creció también gracias a los villanos imprescindibles en todas las historias.

La presentación del libro se encuadró en la entrega de becas de la Fundación Otto del Nido, una de las personas tan grandes que el baloncesto en Málaga terminó convirtiendo en personaje, hay tanta buena gente en esa organización que sólo diré que el bueno de Otto seguro que está orgulloso de todos los valores que legó a los suyos… y fueron muchos.

Y podría decir que como colofón, el partido del domingo del Unicaja ante el Valencia Básket fue magnífico y que dio otra muestra más de lo bien que se están haciendo las cosas. Pero por otro lado, mucho más viendo las informaciones lejanas al entorno nuestro, se puede ver como otro día más en la oficina. Porque lo dan como algo tan natural como que el lunes venga detrás del domingo, sin tener importancia alguna. Y me alegro mucho que sea así, porque significa pensar que aparte de hacernos disfrutar, este equipo tiene otras miras más allá de dar algún susto a los que a priori están en la parte noble.

Cada momento hay más datos que han de servir para poner en valor el camino que se recorre. El Unicaja es el único equipo que gana a los cuatro equipos Euroliga españoles, el domingo dobló en valoración a un equipo que hace tiempo que adelantó en objetivos, inversión y ambición al malagueño (en gran parte por desidia propia, no lo dejemos de lado) y que le dio un baño en el juego desplegado en el parqué y sobre todo en lo expuesto desde el banquillo, con un planteamiento inicial y un desarrollo durante los cuarenta minutos que demostraron que estar en la Euroliga requiere algo más que gastar mucho dinero en fichar jugadores.

Vale que Ibon Navarro aprovechó una alineación peculiar por parte del Valencia Básket, que intentó de todo, zona incluida, que ayudaron a una victoria más que contundente, que no sólo decantó el hipotético empate con los locales del lado malagueño por el average, sino que transmitió la falsa impresión de una diferencia irreal entre ambos equipos.

Porque, aunque luego tienes que intentar no pegarte un tiro en el pie con la elección de jugadores, los equipos que están en Euroliga con ciertas aspiraciones tienen plantillas de 14 ó 15 jugadores, pero en serio, no de 12 séniors y 2 ó 3 jóvenes que se limitan a ayudar en los entrenamientos o hacer puntualmente la rueda de calentamiento. Y eso, caso de igualdad de condiciones, se termina notando, aunque no sea todo tan bonito como podamos imaginar.

Porque tiene que ser el sueño de todo director deportivo manejar 20 ó 30 millones de euros para ir a por fulanito y que no te discuta el fichaje un equipito de esos que a lo mejor juegan play off en tu liga. Pero el tema está en ver si así no se pagan medianías a precio de oro, porque la exigencia es tal que encontrar los realmente buenos, los que justifican lo que valen, se pone complicado.

Porque, como ha declarado recientemente Luca Banchi, el entrenador que sustituyó a Sergio Scariolo en el banquillo de la Virtus de Bolonia, y seleccionador de Letonia, «el formato de la Euroliga mata el juego y pone en peligro la salud de los jugadores, deberíamos reflexionar pero no sé si hay voluntad de escuchar». Y es que, pese a que nos encante, la diferencia en cuanto a partidos entre un equipo que juegue o no Euroliga, puede llegar a 30 partidos menos por parte de uno que juegue FIBA BCL, por ejemplo.

Todo esto nos deja la duda que seguro que nos planteamos: si realmente hay mercado para satisfacer una necesidad de jugadores tan extendida, y que realmente no sufra la inflación de talento que la exigencia de la competición va demandando. La eterna disyuntiva entre ser cola de ratón o cabeza de león, ser consciente de las limitaciones, no sólo como club, y tener un comportamiento sensato sin caer en la tentación fácil de una recompensa inmediata en forma de pertenecer a los «grandes».

Al fin y al cabo es como lo llevamos viendo hasta ahora. ¿Es posible, sabiendo la realidad que se vive, aceptar que lo exigido por la competición llamada Euroliga es una prueba que puede condenar a un club a medio plazo?…

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