¿Qué negro hemos fichado?

9 Jun

Aunque esperemos expectantes la vuelta del baloncesto y la ACB aparezca como una de las pocas competiciones que aún no ha echado el cierre a la temporada 2019/2020, sigo pensando que hay cosas más importantes que la vertiente económica/espectáculo de nuestro deporte, sobre todo ahora, con el tiempo que estamos viviendo.

Muy lejos de aquí, en Minneapolis y en el resto de Estados Unidos, la llama de las protestas (derivadas en disturbios) a causa del racismo se ha vuelto a avivar, ha vuelto porque eso no se apaga nunca, como mucho, el fuego se queda en rescoldos, y basta que cambie mínimamente el viento para que reaparezca, es algo que existe y no tiene pinta de irse, es más, se propaga.

En España jamás nos hemos considerado racistas, en gran parte, pienso que es porque aquí no ha empezado a haber diversidad racial hasta hace poco tiempo, sí que había extranjeros, pero no parecía que convivieran en la realidad nuestra, los que nos consideramos gente de baloncesto tenemos gran parte del trabajo adelantado, aunque creo que realmente, más que racismo, el problema aquí podría ser el clasismo, simplemente recordar cómo el Jeque Al Thani, en modo Rey Midas era árabe o catarí cuándo llegó y pasó a ser “el moro” con toda la carga despectiva del mundo, conforme pasó a ser el principal problema económico del Málaga CF.

Creo que todo está en la educación para con el diferente, y en la mano de cada uno está el cómo afrontarlo. Mis dos hijos estuvieron en la cantera del Unicaja y tuvieron la suerte de tener compañeros extranjeros y de otras razas. Yo mismo en aquella casa entrené a jugadores extranjeros y sólo espero que tengan de mí el mismo buen recuerdo que tengo yo de ellos. Creo que como les ocurrió a Carlos y Jorge, convivir con gente diversa les vino perfectamente.

Este último tuvo como compañero a Golden Dike, exitoso producto de las pistas de EBG Málaga, que a su paso por las canteras de Unicaja y Real Madrid le suma su pertenencia a la Universidad de Loyola-Maryland. Malagueño de origen nigeriano, Gody, protagonizó en su época de infantil cajista una anécdota con el malagueño más universal del momento, Antonio Banderas. El 27 de abril de 2014, en el partido frente al Obradoiro, el equipo infantil salió al centro de la cancha, celebrando su triunfo en el Torneo de Elche, en el túnel de vestuarios coincidieron con el actor que iba a recibir su merecido homenaje, el mejor publicista de Málaga, cercano y simpático como siempre, hablaba con los chicos, y al ver a Gody, se acercó a él y le dijo:

“¿Y

DE

DÓNDE

ERES?”

Todo ello gesticulando, vocalizando y alzando la voz, con esa cualidad tan “malaguita” por la que pensamos que los extranjeros, más que no hablar español están aquejados de una sordera realmente grave. El chico, todo natural y extrañado porque le hiciera a él la pregunta, le respondió:

– “¿Yo?, yo soy de Huelin”.

Creo que la gente del baloncesto llegamos con los deberes hechos, porque sabemos aceptar e integrar a los demás vengan de dónde vengan, aunque oír expresiones como “la manifestación por el americano ése, negrito”, “America first” o “los españoles, los primeros” no ayudan a nada, es mi opinión.

Mi padre era el autor de la frase que da título a esta columna y se lo aplicaba a cualquier extranjero que viniera a jugar a Málaga, ya fuera de Illinois, Canadá o Yugoslavia, lejos de cualquier tinte racista. Hasta que llegó Louis Bullock, para él, el mejor guiri que jugó en Málaga fue Dan Caldwell, simplificaba y llevaba al extremo un pragmatismo que le hizo aguantar en los sesenta en Berna que los jefes le dijeran “señor Bonilla, es un muy buen trabajador, serio y cumplidor, tendría que ser suizo…”, algo que por duro que sonara, estaba en lo habitual en su momento. Y aunque él supo aguantar aquello, no nos puede valer con cualquier filosofía barata que nos haga conformarnos con “soportar” a los extranjeros porque vistan nuestra camiseta o aporten riqueza a nuestra sociedad.

Más allá de la situación que ha vuelto a Norteamérica, aquí tenemos nuestros problemas y damos por bueno mirar por encima del hombro a aquellos que no son de nuestra raza, nuestra piel o nuestra opción sexual, como si por pertenecer a una mayoría más habitual fuéramos superiores. Quizá lo único que hacemos es vivir más tranquilos por tener que fingir menos para que otros que no nos importan nos acepten como somos. Tenemos mucho trabajo por delante para aceptarnos, aparte de la raza o la opción sexual, porque el rechazo o el odio al extranjero o al diferente no es sino es el primer paso para desdeñar a aquél que no sea como nosotros, sin valernos siquiera el que sea del barrio de al lado, por eso creo que necesitamos ser capaces de educarnos a nosotros mismos y a los nuestros para ser ¿mejores?. No sé, al menos más tolerantes y más abiertos y que seamos capaces de aprender. Eso, simplemente, se llama crecer como personas.

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