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La familia.

18 Jun

Ahora, cuándo sólo queda por dilucidar el campeón de esta temporada en la ACB, y teniendo en cuenta que seguro que va a ser uno de los equipos futboleros, el interés se va a la nueva configuración de la plantilla del Unicaja. Es el momento de evaluar la continuidad de Jaime Fernández, Carlos Suárez y Dragan Milosavljevic, pensar si el fichaje de Deon Thompson va a ser el pívot que se echó de menos cerca del aro o va a ser un «cuatro» que sustituya a Kyle Wiltjer con menos condicionantes que el canadiense. Ahora es momento de pensar en voz alta qué podemos ver para el año que viene y si se va a generar la ilusión necesaria para que la afición se vuelva a enganchar.
Ahora también es momento de airear la mente, dedicarse a pensar en otras cosas que no sean la competición pura y dura, y también dedicar tiempo a situaciones que se creen lejanas y olvidadas.
Este sábado pasado, entre el sufrimiento de nuestro Málaga CF (que espero que vuelva todo lo pronto que pueda a Primera División) y el inicio de la final ACB, un grupo de antiguos jugadores y técnicos de la cantera del Unicaja nos reunimos para simplemente echar un buen rato.
Agradecer a Francis Sánchez que dio el paso hace un tiempo, y así, nos convocó. Con las figuras máximas de Alfonso Queipo de Llano, José María Martín Urbano y Paco Alonso como entrenadores, nos reunimos a su lado, ellos, imprescindibles que nos soportaron y fueron catalizadores de un grupo de chavales con más ganas que virtudes. Fue curioso ver cómo los que en su momento estaban en el grupo jugadores, e hicieron carrera en ACB, LEB, EBA o incluso fuera de España, después pasaron al de entrenadores o preparadores físicos y algunos al de directivos.
La novedad al cabo del tiempo fue otra distribución de los kilos, la aparición de las canas o la desaparición de manera manifiesta del pelo. Además fui con mi hijo Carlos, el cual, antes de jugar en la cantera cajista, pasaba con seis o siete años, tardes y tardes en Los Guindos o celebraba el Día de Reyes en nuestros entrenamientos acarreando petos, conos o balones con aquellos que estaban entre sus ídolos o sus amigos. Ahora él está en el bando de los entrenadores.
Encontrarte con algunos al cabo de unos veinte años no sólo fue bueno para todos, para los que tutelábamos más o menos al grupo de chavales que nos sufrían tanto en dureza como en neuras (y de eso los entrenadores manejamos catálogos muy extensos). Fue muy grato ver cómo la vida es algo que ellos sortean, con sus dificultades y las circunstancias que han ido atravesando, todos con la constante de siempre sacar la cabeza, ver cómo han sido capaces de enfrentarse a enfermedades (propias o de familiares), reveses profesionales o personales. Resumiendo: cómo han crecido y cómo ahora lo que somos es simplemente amigos, tan amplia y grande como es la palabra.
Fue muy grato ver a grandes profesionales en su campo, padres de familia, educadores y gente que nos emocionó al transmitirnos que aquel tiempo que empleamos con ellos fue algo más allá de ganar o perder partidos, de enseñarles a leer un ataque o una zona con frente impar, a recordar un anecdotario extensísimo en el cual la risa a costa de alguna metedura de pata importante fue una constante.
En mi caso personal, teniendo en cuenta que ante personajazos del banquillo como Alfonso, José María o Paco, sólo puedo seguir aprendiendo, fue emocionante ver como todos siguen manteniendo un respeto que ya sentía me tenían entonces. Después de creer durante mucho tiempo que quizá como padre, mi hijo iba a odiarme por tanto baloncesto mañana, tarde y noche, aún pensando que algunos métodos empleados (como dice José María: «hoy en día nos hubieran encarcelado») no sólo son arcaicos, sino que no se pueden aplicar a día de hoy, me sorprendió que los chicos de entonces llaman la atención ahora como profesionales del deporte y echan de menos todo aquello que les transmitimos.
Esa reunión del sábado, naturalmente terminó a altas horas de la madrugada, con el recuerdo de los que no pudieron asistir y con la firme promesa de no dejar pasar otros veinte años hasta la próxima reunión.
Seguro que mucha gente realiza lo mismo en su club, da igual cual sea, pero metiendo en la misma ecuación baloncesto, pasión, dedicación y ganas, como hacía todo ese grupo, no sé si ganarás muchos partidos, pero seguro que estarás deseando volver a reunirte con tus antiguos compañeros sin que pase tanto tiempo, porque los quieres. Gracias a todos por tanto.

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