Traición de clase

29 Nov

Una gran parte de la izquierda española ha quedado hueca. Un gran sector de esta ideología en España ha cambiado su razón de ser. En una traición sin precedentes a su tradición internacionalista, grandes sectores antaño progresistas abandonan el objetivo que fue la solidaridad de clase entre los trabajadores. Era un objetivo por encima de cualquier lealtad patriótica. Ahora asumen como leitmotiv la independencia. Han asimilado los objetivos burgueses. Han cesado en las reivindicaciones sociales. Han mordido el anzuelo de aquellos que cubren corruptelas y miserias con la bandera del lugar.

¿Qué tipo de izquierda es esa cuya acción política termina en preservar lo propio y levantar sus fronteras frente al otro? En democracia, los únicos sentimientos políticos que se pueden defender son aquellos que se sostienen en la idea de que todos somos acreedores de unos mismos derechos. Pero es más grave el hecho de que una ideología política que tuvo como objetivo esencial la igualdad social, tenga como fin principal en el presente el reconocimiento de una desigualdad territorial y tenga su razón de ser en el levantamiento de una frontera.

Es difícil defender que alguien es de izquierdas cuando está asumiendo como irrenunciable uno de los elementos que más condiciona las oportunidades de vida de un ser humano: la nacionalidad. ¿Qué tipo de movimiento obrero es ese que se moviliza para levantar un muro que divida a los trabajadores según su residencia? ¿Cómo se define un proyecto que quiere suprimir los derechos sostenidos en una Constitución para que se basen en Códigos Postales? ¿Qué se supone que pretende quien considera que uno tiene más o menos derechos en función del terreno que pisa y no por su condición de ciudadano?

Una izquierda que renuncia a las reivindicaciones de los más débiles para defender que los derechos se sostienen en el terreno. Un terreno que se impregna de un pasado, que en muchas ocasiones es un mito, en virtud del cual prima el burgués acomodado en un territorio frente al dependiente o enfermo que no tenga la fortuna de residir en el suelo considerado elegido. Los derechos para esta tipología de izquierda son originarios, la historia se limita a descubrirlos. Permiten que los muertos gobiernen sobre los vivos.

Demasiada reacción, demasiado Hessel y poco Spinoza. El racionalista holandés consideraba que el fin último del Estado es la libertad. Las opiniones se pueden expresar por la vía de la razón, pero no de la cólera, el engaño o el odio, ni con la intención reestructurar la organización del Estado por la autoridad de una minoría. Ya conocemos los que vivimos en Andalucía los recursos a estas torticeras vías. Hace pocos días, Dolores Bassa de Esquerra Republicana, dijo que los niños que esnifaban pegamento en las calles de Barcelona eran andaluces y ceutís. Y lo que es más preocupante: una Cifuentes adalid de la renovación popular, ha replicado el ancestral discurso y dice que son los madrileños los que pagan la sanidad a los andaluces. Como si no hubiera de unos y de otros cotizando en ambas regiones. Es este tipo de discurso una de las causas de la peste de nuestro tiempo.

Hay que elegir, Antiguo o Nuevo Régimen, reacción o progreso. Podemos, sus satélites, Bildu, Compromis, el PSC (según la dirección del viento), la CUP y todas las demás formaciones de supuesta izquierda  y también independentistas, han renunciado a luchar por los más débiles para blindar un territorio. Así se entienden las confusiones con la Cruz de Borgoña de los gudaris (sic) de Iglesias.  Las filias del líder de Podemos por todo movimiento independentista hacen comprensible la confusión de símbolos que resulta en marcar a los vascos de izquierda con el símbolo del carlismo. Política fusión. Tema aparte es que sea además profesor universitario de estas materias.

En definitiva, hoy gran parte de la izquierda ha abandonado la defensa de los derechos de los más débiles y priman los territorios y no las personas, hoy la igualdad y la libertad de los ciudadanos, vuelve a estar en peligro por culpa de la mayor corrupción moral que conoce nuestro país: el nacionalismo. Hay que hacerle frente.

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