Dodge City

30 Dic

Dodge, Ciudad sin ley, es una estupenda película de Michael Curtiz donde como en casi todo el género del western, se traslada la acción a un territorio donde el Estado es débil, la ley no consigue imponerse con garantías y los códigos sociales son primarios y violentos.

Escribir un guion que viaja al lejano oeste permite que en estas películas puedan exhibirse rasgos y actitudes que sólo son asequibles porque se ubican en estas tierras que son la frontera de la civilización. No sólo el cine da cuenta de las posibilidades de desarrollar una historia en un entorno de este tipo, de forma más cruel que en cualquiera de las películas, Cormac McCarthy en Meridiano de sangre o en la Trilogía de la frontera desarrolla narraciones magníficas con la ley del más fuerte como código único.

Es el código del honor. La justicia de autoayuda a la que acudimos cuando no hay un Estado o este se muestra incapaz. El duelo a pleno sol, el asesinato por venganza.

A la luz de Darwin, Crick y Watson y lo que desencadenaron, Hobbes tenía más razón que Rousseau. Ya en Leviatán (1651) con una lucidez extrema, determinaba las causas de una riña en el ser humano: la competencia, la inseguridad y la gloria. Garantizarse la reproducción o alimentos, la supervivencia y la reputación son los motores de la violencia en nuestra especie.  Las tesis del filósofo inglés se vieron confirmadas por los científicos que le siguieron.

La ausencia o debilidad de una justicia de Estado producen muertes violentas y agresiones. La criminología asegura que en el origen del efecto pacificador del Estado no está sólo la coerción y la fuerza que el poder público pueda ejercer sobre nosotros, también es causa importante la confianza que inspira en la población. El Leviatán sólo es civilizador cuando los ciudadanos sienten sus leyes como propias.

Son famosas las gráficas de Lawrence Keeley, donde el declive de la violencia es incuestionable. Si bien el trabajo definitivo sobre este asunto es “Los ángeles que llevamos dentro” de Pinker, quien siguiendo las tesis de Norbert Elías liga el descenso de agresiones a dos instituciones fundamentales. Una es el Estado Moderno que es fiable para los ciudadanos y ostenta el monopolio de la violencia. La otra es el comercio de excedentes que genera un juego de suma positiva frente al juego de suma cero que rige la depredación.

Sabemos lo que ocurre cuando desaparece el Estado, lo hemos visto en Irak, en Somalia o en la Alta Edad Media tras la caída de Roma.

Es por esto un juego peligroso que representantes públicos incumplan las leyes. Generará efectos perversos el hecho de que se enarbole un discurso destinado a deslegitimar las instituciones del Estado. Porque si una parte de la ciudadanía deja de creer en ellas, recurre a los códigos de honor y a la justicia de autoayuda: se promueve la violencia.

Es una temeridad llamar a rodear las instituciones y agredir a sus representantes, promover  el incumplimiento de las sentencias judiciales o romperlas en shows cuperos. Estas actitudes son una carga de profundidad contra la convivencia pacífica de los ciudadanos y en consecuencia un ataque a sus libertades. Libertades que son una conquista de siglos, pero que pueden perderse en diez minutos en manos de iluminados, o en un par de años de gobierno que, como en aquel fatídico 9 de noviembre, opte por la dejación de funciones.

Los profetas de la desobediencia y del ataque a las instituciones, son agitadores y adalides de la violencia, en Alsasua o en la puerta de Cedaceros.

Recordaré para terminar, como homenaje por su reciente partida, una estrofa de Democracy de Leonard Cohen: Sail on, sail on/ O mighty Ship of State/ to the Shores of Need/ past the Reefs of Greed/ through the Squalls of Hate/ sail on, sail on

De animales y cosas

19 Dic

En nuestra legislación civil los animales de compañía son considerados cosas. Ello supone que pueden ser embargados o incluidos en la sociedad de gananciales en caso de divorcio. No es habitual, pero es posible. Los jueces con buen criterio generalmente ignoran esta calificación de bien mueble y es, por ejemplo, frecuente encontrar sentencias de divorcio con un régimen de visitas para la mascota. Pero la ley debe responder a la realidad. Existen casos más desagradables, como aquellos en los que alguien adquiere un perro que con los meses resulta tener una enfermedad desde el nacimiento. Con la consideración actual, el criador cumple al cambiarlo por otro similar, no se valora el vínculo generado. El asunto se trata del mismo modo que si hemos comprado una tostadora defectuosa en la tienda.

La casuística no es menor, como apuntan los trabajos del Observatorio de Justicia y Defensa Animal. Es por ello que Ciudadanos hemos promovido una reforma de la norma decimonónica que confío en que sea aprobada a principios del año próximo. Proponemos que se cree una categoría especial para los animales de compañía en el Código Civil, de forma que sean considerados bienes extrapatrimoniales.

Además el Código Penal ya reconoce un estatus especial a los animales, al calificar de forma especial el daño que se haga a estos. No lo incluye dentro de los delitos contra el patrimonio, que es lo que se debería hacer de basarse en la misma consideración que el Código Civil. Hay que dotar de coherencia al ordenamiento.

Pero son varias las líneas de trabajo que pueden seguirse con este tema. En el Ayuntamiento de Málaga estamos trabajando en la misma dirección. Son muchas las medidas y los cambios que vamos a proponer para mejorar la situación de nuestras mascotas. Evitar abandonos, torturas, sacrificios, adquisiciones caprichosas y facilitar su identificación son los objetivos perseguidos. Que no volvamos a permitir casos como el de Torremolinos. Cada hora se abandonan en España 16 perros o gatos. Esto los condena a morir atropellados, de hambre o sed. Si tienen suerte, serán acogidos en un refugio. Somos el país de Europa donde mayor número de mascotas son condenadas por esta vía a una muerte probable. También hemos presentado una batería de medidas en el Congreso de los Diputados destinadas a erradicar estas conductas.

En palabras de Jeremy Bentham “No debemos preguntarnos: ¿pueden razonar?, ni tampoco: ¿pueden hablar?, sino: ¿pueden sufrir?”. Hemos ido desechando la violencia de nuestra vida cotidiana con el advenimiento del Estado Moderno. También se ha reducido considerablemente la que se ejerce sobre los animales. En la Edad Media se ataba un gato a un palo y se le acercaba a una hoguera, alejándolo de golpe, para arrimarlo de nuevo, riendo todos los presentes con los maullidos del animal, al que terminaban quemando vivo. Era una diversión habitual. Hoy  serían muy pocos los que aprobarían esta conducta.

Una de las afirmaciones que hacen quienes consideran estas medidas innecesarias, es que en la naturaleza un león asfixia a su presa, o un águila despelleja vivo a un conejo. Pero es que está en nuestra naturaleza el comprender el sufrimiento de nuestros semejantes, también el de los animales, por tanto se genera el deber de evitarlo. La empatía genera un imperativo moral.

En palabras de Arias Maldonado, que presenta por cierto un libro muy aconsejable estos días, para llegar a este punto “…ha bastado un ejercicio reflexivo sobre las condiciones de nuestra relación con el mundo natural, desarrollado de manera sistemática en las últimas cuatro décadas, para que nos percatemos de la dureza de nuestro trato…”.

Evitar el sufrimiento de los animales y dar especial protección a nuestras mascotas, evita también el dolor a multitud de personas que sufren con estas acciones. Pero sobre todo y lo que a mi juicio es más importante: evitar el daño a otros seres vivos nos hace una sociedad de mejores personas.