Zendegi, mentes enlatadas en Irán

6 agosto, 2013
Una imagen de Tron, donde se plantea la pervivencia en un mundo digital.

Una imagen de Tron, donde se plantea la pervivencia en un mundo digital.

FRAN ROMERO

La editorial Bibliópolis está empeñada en publicar relatos de ciencia ficción, como si España fuera un país normal, no uno en el que hay que esperar más de una década para leer una novela de un autor consagrado como Greg Egan y una de sus grandes novelas, Zendegi.

¿Qué es el ser humano? Si hay una pregunta anclada en nuestro imaginario desde que el hombre es consciente de sí mismo, es ésta. Y todos los aspectos de nuestra sociedad giran en torno a ella, es la reducción máxima, la pregunta primigenia que se esconde detrás de la religión, la política, el arte…

Por tanto, es lógico que, debajo de toda la parafernalia de la que suele hacer gala la ciencia ficción, se agazape la preocupación por lo que sea realmente el ser humano, qué lo define, cuál es su esencia. A lo largo de su historia, la ciencia ficción ha usado todo tipo de recursos para hablar del hombre y lo que representa; lo ha hecho mediante extraterrestres, por medio de los robots, de mutantes, de dioses. Ha descrito a una innumerable caterva de seres inventados, con el único fin de reflejar en ellos al ser humano y ver qué imagen nos viene de vuelta.

El escritor australiano Greg Egan (1961) lleva toda su carrera obsesionado con esta pregunta, disgregando la naturaleza humana en pequeños trozos manejables para saber dónde se esconde su espíritu, para saber si tiene alma, si hay algo más allá de la carne o si el hombre está unido intrínsecamente a la misma. Y su novela Zendegi (Bibliópolis, 2012) no es una excepción.

En ella, Egan desarrolla un relato lógico de los avances informáticos, describiendo hasta dónde parece que pueden llegar en el campo de la digitalización de seres humanos, esto es, el viejo sueño de codificar mentes en un ordenador para alcanzar, si no la inmortalidad, un sueño de la misma.

Algo más apartado de la ciencia ficción dura que suele desarrollar -en la que es un verdadero maestro, recordando en ocasiones a Arthur C. Clarke-, Egan recrea aquí un tratado filosófico sobre los problemas morales de este supuesto, repleto de personajes que tratan de ser mucho más que simples sacos de huesos. Personajes ficticios que luchan por su propia humanidad.

A lo largo de su obra, con relatos como Ciudad Permutación (1994) o Diáspora (1997), entre otros, nuestro autor ha mostrado cierta predilección por mostrar la flexibilidad de nuestra especie, por expandir su particular visión del hombre, que trasciende más allá del cuerpo. Para Egan, el hombre no deja de ser una criatura en continua evolución, capaz de decidir hacia dónde van encaminados los pasos de ésta.

En una obsesión que recuerda a la que siente David Cronenberg por la «nueva carne», este australiano terriblemente celoso de su intimidad mira más allá, para saber qué nos depara la evolución tecnológica; que es, a fin de cuentas, el camino que hemos elegido para crecer como especie. Egan, sin embargo, no confiere a la tecnología un valor moral en sí mismo, más allá, al menos, del uso que nosotros mismos le damos.

Pero, ¿la perfecta digitalización de la mente humana, codificada en un cerebro electrónico, sigue siendo humana? ¿O es un salto enorme y absolutamente radical hacia otra especie, hacia otra cosa? No lo sabemos; quizás nunca se sepa. Al menos en los relatos de Greg Egan se comportan, sienten, y sueñan, como humanos.

Zendegi es un recuerdo de que venga lo que venga, y sean cuáles sean las oportunidades que nos ofrezca la ciencia, somos nosotros, como siempre hemos sido, los que tenemos que decir qué hacer y cómo afrontar estas oportunidades. Y eso, en esencia, es el ser humano.

FICHA
Zendegi
GREG EGAN
BIBLIÓPOLIS
32,90 €

Zendegi es el sistema de realidad virtual más popular en el Irán de 2027. Cada día, millones de usuarios se conectan a sus escenarios y juegos para vivir unas horas de aventuras y diversión. Sin embargo, la presión de sus competidores lleva a los desarrolladores de Zendegi a plantearse mejorar la experiencia, y para ello incorporan Sustitutos: personajes programados con un grado de inteligencia artificial.

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