La poesía de Herbert: Del lodo y lo sublime

12 septiembre, 2013
El poeta Zbigniew Herbert en una imagen de archivo.

El poeta Zbigniew Herbert en una imagen de archivo.

LUCAS MARTÍN

Lumen publica por primera vez en español la poesía completa de uno de los autores más representativos de la segunda mitad del siglo XX europeo; el poeta polaco, de especial predicamento en Estados Unidos, desafía a los lectores en castellano desde su título de referencia de culto. Y lo hace con su voz vibrante y melancólica, profundamente divertida

De todos los achuchones y desgarros que dividen a la intelligentzia poética desde que al género le dio por viajar en taxi y humedecerse los labios hasta convertirse en un asunto menor –casi en un subproducto churretoso del monólogo y del ingenio de garrafa, todo hay que decirlo–, pocas verdades parecen tan potencialmente universales como que la escritura de Zbigniew Herbert está capacitada para gustarle al conjunto, entendiendo por éste a sirios y troyanos, heterodoxos, academicistas, carcas, plumíferos e, incluso, lectores que, como a casi todos en esta vida, no les interesa nada la poesía. Herbert, sin pretenderlo, está estilísticamente situado en el lugar que satisface a diestro y siniestro y, además, era una buena persona, tanto que daban ganas de darle un abrazo y, por supuesto, también el Nobel. Aunque en su caso, al igual que con mi predilecto Tranströmer, por algo más que ser un feroz antibelicista.

Después de la publicación de Informe desde la ciudad sitiada y otros poemas por Hiperión–un libro que fue a parar al lugar al que van a parar casi todas las antologías de Hiperión, esto es, quién sabe dónde– y de los dos volúmenes de ensayos de Acantilado, que le redescubren como fino estilista, Lumen ha decidido publicar su poesía completa y de paso sacarnos a sus consumidores en castellano de un elevado complejo de provincianismo–el poeta polaco es, como Thoreau, uno de los autores más citados del mundo y cuenta con un cartel extraordinario en Estados Unidos, donde se le lee con soltura y se le alaba con los mejores timbres, incluidos los de Joseph Brodsky (en su día) y Charles Simic–.

La edición, traducida y preludiada por Xaverio Ballester, con gran sentido de la música y de la palabra, de la poesía, en suma,  permite apreciar por primera vez en español el recorrido de la obra de un escritor colocado, hasta ahora, en el olimpo de las referencias imborrables del pasado siglo, junto a T.S. Eliot, Celan o Henri Michaux. A diferente de todos ellos, Herbert es comunicativo y cercano, aunque de manera natural y felizmente aconfesional, ajena a los  rubores de la mala poesía y del diario de señorito. Su poesía  consigue una temperatura bastante poco común, la de servir de faro de una época y de un lugar sin que eso suponga un sacrificio estético e, incluso, individual. La obra del polaco es un reflejo, pero también un paso adelante en su búsqueda, que no deja de ser en ningún momento íntima, pese al diálogo constante con la desdicha histórica y colectiva. Herbert es el patrón de una noción de lo universal en la que se mezcla el destino del hombre con la aventura plástica y cotidiana del día a día; escribe de la guerra, de una patria aplastada e insignificante, pero también y obsesivamente de los objetos.  Frente a la debacle del mundo, descosido con las balas y las angustias, Herbert mira cara a cara y al mismo tiempo se gira para verse a sí mismo en su experiencia doméstica e instranferible. Y, además, desde una perspectiva diabólicamente melancólica y divertida.

Buena parte de esa visión es heredera del cruce, fecundamente literario, entre su cabeza y el avatar histórico que le tocó en suerte y en especial desde su lugar de observación de partida. El hecho de ser Lvov está  muy presente en su obra y no sólo por lanimación del país durante todo el siglo, sino por la pertenencia a un pueblo más espiritualmente ligero y desprovisto de la soberbia patriótica que otros lugares del mundo. Herbert mira al pasado de los suyos y ve la obra del hombre al completo, desde Grecia al capricho nuclear. Surgen entonces las alusiones a la Biblia, al clasicismo, pero siempre desde una perspectiva fresca y vivencial. El poeta no lee el pasado, sino que lo agarra del brazo y lo arroja a la mesa, junto a la jarra de leche y el rayo de luz del día, con hallazgos como el de su alter ego metacartesiano de Don Cogito, con sus piernas trabadas (la izquierda comparable a Sancho Panza/ y la derecha/ emulando al caballero errante). Un libro vibrante, de sublimación cotidiana, espiritualmente lírico y a la vez navegable, narrativo. Denle mejor un abrazo al libro.

FICHA
Poesías completas
ZBIGNIEW HERBERT
LUMEN
26,90 €

El polaco Zbigniew Herbert pertenece, junto a T. S. Eliot, W. H. Auden, Joseph Brodsky o su compatriota Czeslaw Milosz, a la restringida familia de los grandes poetas del siglo XX. Por primera vez en castellano, este volumen recoge, en la espléndida versión de Xaverio Ballester, su poesía completa.Los poemas de Herbert,  transitan por un espacio en el que se entreveran el mito, la historia, la política, el arte y la intimidad.

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