Zahoríes

4 junio, 2016

GUILLERMO BUSUTIL

Me cae bien Jon Bilbao. Es un tipo callado que observa desde cualquier esquina del silencio y parece estar en paz con el ruido que hay a su alrededor. Tiene pinta de hombre tímido que ha observado muchas veces el mar arisco y cómo los naufragios desnudan en las orillas los restos de su tormenta imperfecta. Tal vez  sea porque tiene aspecto de arponero. Largas patillas, pelo revuelto de espuma seca, un tres cuartos abotonado lo justo y su forma de aislarse rodeado de personas de las que seguro adivina el tatuaje que esconden, la resaca que se interpreta en el pasado de sus miradas. Y les cuento dibujándoles la imagen de Jon Bilbao porque en cierto modo uno escribe como es, como mira, como se relaciona, como sucede en público. Incluso como viste. De ese modo todo lo anterior que les dije (lo de un tipo en paz con el ruido que hay a su alrededor, que sabe del  mar arisco y naufragios, y que parece un arponero en la realidad por la que navega a proa) es una metáfora de su escritura. El ADN de los cuentos que Jon Bilbao nos pone entre las manos como un mapa arrugado sobre la ruta acostumbrada que de repente se convierte en un pañuelo mugriento de grasa o quemado por el humo de un cigarrillo. Igual que un vaso tallado por el mismo gesto de la mano abrigándolo y que estalla sobrio cortando la seguridad de siempre, dejándonos confusos y derramándonos la fragilidad que somos y de la que nos escondemos. Esto es Estrómboli.

Jon Bilbao contempla lo que sucede, en esos cuentos en cumbre y con subsuelo, como si él no lo contase de perfil ni de frente, y simplemente fuese un espectador silencioso, esperando alerta a que la rutina desvele la ballena blanca que esconde dentro. A que la vida erupcione y brote el magma de la violencia que burbujea en nuestra sangre y amenaza con trastocarlo todo. Esto y más es Estrómboli. Su último libro de cuentos y el primero de Impedimenta. Una editorial romántica y cuidada y un lobo curtido en la extraña hermandad de un género tan arisco e independiente como pandillero, y en el que brilla la mejor literatura en corto de un país donde los escritores de verdad se vuelven ermitaños o funámbulos. Un buen ejemplo, de los mejores, es este excelente cuentista que en estos nuevos cuentos le sube o le baja el volumen  al mundo real y la vida, que casi siempre a sus personajes les ha importado una mierda o han sido la parte del binomio indiferentemente en paz, se detiene en seco y les descubre que son capaces de cualquier cosa. De zarpar desde una palabra hacia lo que no se sabe delante.

Ocurre en estas ocho piezas de precisión y potencia Bilbao, pulidas en su lenguaje, inquietantes en la levedad de su suspense, corrosivas en el humor negro que se agazapa en su interior, atmosféricas y en blanco y negro en sus diálogos, unas veces cómodos y otras anavajados, y en sus silencios interiores, interrumpidas en su final y precedidas de puntos suspendidos en sus comienzos- como debe ser en todos los tranche de vie, que es una cosa muy francesa pero que le gustaba mucho a Carver el maestro americano de tantos-. Una manera de que sus cuentos, los de Bilbao, claro, nos dejen un eco por delante y una pregunta por detrás. La sensación de que la historia viene larvada de lejos y no terminará hasta un par de curvas más hacia el horizonte. Dos cuestiones que me gustan mucho del estilo con el que Jon Bilbao nos lleva al invierno de una boda, a buscar oro, a recorrer la novela negra de una carretera y a otros lugares donde las parejas, familiares, afectivas o a la contra, entrecruzan deseos, duelos, culpas, la necesidad del perdón, la fuerza del poder económico y político, las posibilidades de un estallido y búsquedas, expresiones interrogativas y maneras de escaparse.
En el fondo sus historias y resoluciones nos enseñan que el arrepentimiento es una mala forma de perder el tiempo, que siempre se puede dejar atrás una época difícil, que hay gestos que provocan rechazo o seducción, que la coherencia exige valor y límites, que a veces llueve sobre el agua.

Estrómboli es un interesante puzle en el que sus criaturas son zahoríes de sí mismos. Al igual que  letras negras son un fondo blanco en el que deben encajar respuestas y actitudes morales, una forma de no traicionarse echando a correr en lugar de darse una oportunidad. Dejen que la temperatura en rojo de la vida lata entre sus manos.

Estrómboli, de Jon Bilbao

FICHA
Estrómboli
JON BILBAO
LIBROS DEL ASTEROIDE
20,95 €

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