Vivir Estambul pateando sus calles y plazas

23 noviembre, 2015
Pamuk vuelve a la novela seis años después de su último trabajo con Una sensación extraña.

Pamuk vuelve a la novela seis años después de su último trabajo con Una sensación extraña.

JAVIER GARCÍA RECIO

En el último trabajo de Orhan Pamuk, Una sensación extraña, Estambul vuelve a ser su refugio, su gran exilio interior, el corazón que hace latir una gran historia, la de Mevlut, el vendedor de boza, que ve la transformación de la vieja ciudad en una gran metrópolis donde siguen pugnando la tradición de oriente y la modernidad occidental
El escritor es su territorio; el escenario físico y mental que compone su mundo literario, el que merece ser contado, el que se impone como real sobre la realidad oficial. Para Orhan Pamuk ese territorio es Estambul, «la capital del mundo». La ciudad está presente desde el primer título de Pamuk, Cevdet Bey e hijos, de 1982, y desde entonces seguirá siendo el territorio, el mundo mágico y el real, el corazón de cada libro que nos ha hecho llegar el escritor.

En su último trabajo, Una sensación extraña, Estambul vuelve a ser su refugio, el lugar al que vuelve para identificar esos sentimientos de felicidad y optimismo que van recorriendo la novela. La atmósfera que preside la novela es, efectivamente, la felicidad que Pamuk concibe como un conjunto de logros y satisfacciones que reconcilian a la persona con el mundo y le hace estar de acuerdo con uno mismo.

Como está el protagonista de Una sensación extraña, Mevlut Karatas, un hombre que a los doce años llega a Estambul procedente de una aldea de Anatolia con el propósito de construir una vida diferente en «la capital del mundo». Es a finales de la década de los sesenta y Estambul como el resto del país, se encuentra en un proceso de cambio y de transformación profundo: la ciudad vieja está a punto de convertirse en la gran metrópolis que será posteriormente y las oportunidades para los recién llegados de otras partes de Turquía están a la orden del día.

Mevlut es un hombre con escasos estudios, pero se impone con afán la idea de que la felicidad es saber sortear sin contradicciones las exigencias que te impone el resto del mundo. Como Pamuk, Mevlut considera la ciudad su territorio, un escenario fascinante que él se apresta a descubrir cada noche como vendedor de boza, una bebida tradicional turca. Las mil y una peripecias del  protagonista se insertan en el escenario de la gran urbe. Mevlut recorre incansablemente las calles, bazares y tugurios de Estambul, un escenario imprevisible, desparramado sobre siete colinas y dividido por el Bósforo entre Europa y Asia. Esta división no es sólo geográfica, también alegórica y le sirve a Pamuk para tematizar una de las preocupaciones principales del autor: el enfrentamiento entre tradición y modernidad, entre Oriente y Occidente; un enfrentamiento que el escritor dibuja desde el terreno moral de la estupefacción eterna del hombre ante el cambio, de la necesidad de agarrarse al pasado para que no nos atropelle el futuro. Ésa es la cualidad más universal de su obra. En todo caso cuando Pamuk habla de Estambul como capital del mundo, está señalando a ese lugar en que confluyen la tradición y la novedad, lo clásico y lo moderno, el oriente y el occidente.

Y Mevlut es, como el escritor, el gran amante de Estambul, el hombre que se alimentará de sus miles de historias, que convertirá cada noche a la capital turca en su gran hogar, al que nunca querrá renunciar; por eso noche tras noche y a lo largo de su vida no renunciará a acudir al encuentro con sus conciudadanos, con sus calles, con sus mezquitas, con la ciudad que ama y que es su vínculo con la vida.

Con esas crujías centrales, Una sensación extraña apunta, como en la mayoría de sus escritos, a la novela total, donde caben filosofía, religión, amor, sexo, engaños y política, el mundo entero, o lo que viene a ser lo mismo, la ciudad de Estambul, de la que él es cronista enamorado. Por eso el lector quedará enganchados de la capacidad de fabulación de un narrador compulsivo, y querrán leer más historias como las de Mevlut, de gente que cuenta historias que conducen, infaliblemente, a nuevas historias. El lector se sentirá fascinado al entrar en el hermoso jardín de la memoria de Orhan Pamuk.

Orhan Pamuk es, además de un genio de la narrativa –como ha demostrado en más de dos décadas de excepcional producción con novelas definitivas como El libro negro, La vida nueva, Me llamo Rojo o Kar (Nieve)– un hombre comprometido y luchador por las libertades en una patria tantas veces convulsa y violenta como ha sido Turquía. Eso requiere todo el coraje que ha demostrado con su lucha contra vetos, imposiciones y represiones de los militares y de los nacionalistas. Desafiarlos le ha costado amenazas de muerte, juicios y periodos en un discreto exilio.

FICHA
Una sensación extraña
ORHAN PAMUK
RANDOM HOUSE
22,70 €

Traducción de Pablo Moreno González

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