Vita Sackville-West: La nobleza nos obliga

29 septiembre, 2018

ALFONSO VÁZQUEZ

La editorial Tusquets publica Los eduardianos, la novela más famosa de la novelista británica Vita Sackville-West, del grupo de Bloomsbury, en la que la autora, hija de un barón, ajusta cuentas con la alta sociedad británica de comienzos del siglo XX con sorna y elegancia, cuando dos hijos de una rica viuda conocen a un afamado y plebeyo explorador

Hay cierto paralelismo entre el protagonista de En busca del tiempo perdido, que en el inicio de la obra aguarda el beso de buenas noches de la madre y escucha la llegada de los invitados y Sebastian, el joven protagonista de Los eduardianos, quien, al inicio de la narración, desde el tejado de la mansión familiar otea los preparativos de un gran evento social; sólo que, lo que en la obra de Proust es atracción por los ambientes mundanos, en la de Vita Sackville-West la escalada de Sebastian supone la única forma de escapar, de forma momentánea, de la opresiva y aburrida alta sociedad.

La escritora Vita Sackwille-West, en Ascot en 1912.

La escritora Vita Sackwille-West, en Ascot en 1912.

La editorial Tusquets recupera Los eduardianos, la novela más famosa de Vita Sackville-West (Knole House, Kent 1892-Sissinghurst Castle, Kent, 1962), integrante del grupo de Bloomsbury. Precisamente, esta novela fue publicada en 1930 por la editorial Hogarth Press, de Virginia y Leonard Woolf, los miembros más destacados del grupo y, por cierto, el libro fue un sonoro éxito. La autora, por lo demás, ya vaticinó en el verano de 1929 que se haría rica con la obra y que sería «una gran broma». Confiaba, de paso, en que «todo el mundo» se enfadaría y apuntaba que estaría «rebosante de aristocracia».

Los eduardianos, de hecho, parece la versión caustica de En busca el tiempo perdido. Un análisis de la Inglaterra de rancio abolengo, cuando muchos de sus miembros ya son conscientes de que, en la época en la que se desarrolla la novela, 1905-1919, está dando su canto del cisne, aunque buena parte de este mundillo de nobles apellidos se resista a perecer. Un buen ejemplo de que los cambios están sacudiendo el cuasimedieval universo de mansiones con ejércitos de sirvientes es el hijo del carpintero mayor de Chevron, la casa solariega inglesa donde transcurre buena parte de la novela, ya que el joven criado, lejos de querer ser carpintero, para desazón paterna desea ser mecánico de coches. «Pero para mí que mi chico mayor quiera dejar los talleres para ser mecánico de automóviles es como si se hundiera el mundo», confiesa el inconsolable carpintero.

En el apolillado mecanismo social de la aristocracia inglesa, la autora introduce a su vez un elemento que aunque en un principio pueda parecer anecdótico, un invitado de paso, un aventurero del Polo Sur y el Amazonas llamado Leonard Anquetil, pondrá en marcha una subterránea revolución social en los dos protagonistas, los hermanos Sebastian y Viola, hijos de la viuda propietaria de Chevron y sus tierras. Anquetil ejercerá en la pareja una atracción tan fuerte como la del señor Swann en el protagonista de la obra de Proust, sólo que sus efectos serán absolutamente diferentes. Anquetil, de hecho, será el espejo en el que los dos jóvenes se mirarán, el atajo de salida para dejar atrás su ridículo e hipócrita universo.

Es más que probable que el gran éxito que despertó la obra se deba a los recios mandobles literarios que con tan buen tino reparte Vita Sackville-West, que era hija de un barón, a la hora de abrir paso al lector por la maleza de compromisos sociales, fiestas fatuas, meriendas y chascarrillos. Mandobles con los que la autora ridiculiza con elegancia la Inglaterra rígidamente clasista que sobrevivía en el siglo XX y por algo advierte al comienzo de la novela que «ninguno de los personajes de este libro es enteramente ficticio». Al mismo tiempo, subraya la inutilidad de toda esa carcasa de pompa y circunstancia. La novela, por cierto, finaliza de la forma más pomposa posible, con la coronación de un nuevo monarca que anuncia nuevos tiempos y un golpe de efecto digno de una comedia de los estudios Ealing.

Los eduardianos es «una gran broma», pero al mismo tiempo es un descarnado e implacable retrato de la alta sociedad británica, un mundo llamado a desaparecer y de cuyos últimos instantes Vita Sackville-West fue testigo y notaria.

FICHA
Los eduardianos
PAUL AUSTER
TUSQUETS
19 €
Traducción de María Luisa Balseiro
Sebastian y Viola, dos jóvenes hermanos que heredarán en un futuro no muy lejano la mansión de Chevron están a punto de dejar atrás la adolescencia y adentrarse en los entresijos de la alta sociedad inglesa. La irrupción de un impetuoso aventurero trastocará irremediable y definitivamente sus vidas.

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