Visita al patio de Monipodio en los 90

5 marzo, 2016
Huelva, parque de las Palomas. FOTO: Wikipedia.

Huelva, parque de las Palomas. FOTO: Wikipedia.

ALFONSO VÁZQUEZ

Mario Marín crea en El color de las pulgas una Huelva desgarrada y esperpéntica poblada por la brillante fauna de los invencionistas
En la Huelva imaginada pero también recreada al detalle por Mario Marín (Huelva, 1971) en El color de las pulgas, su primera novela, se da cita un grupo de pícaros de los años 90. Un patio de Monipodio poblado por los invencionistas, que en palabras de uno de los protagonistas deben el nombre a que «Inventamos nuestra vida a cada momento, construimos una realidad paralela en un territorio con doble titularidad, la nuestra y la de los demás. Y controlo el tiempo y lo tengo todo. Yo invento».
Porque el logro de esta potente novela es ese grupo de vividores sin vida, la adaptación hispana de las criaturas de la literatura beatnik, adoradores del porrito, la transgresión y la cerveza hasta que el cuerpo aguante. Una vida canalla y de bajos fondos que por los recovecos por los que se mueve está más próxima a las brillantes creaciones de Rafael Azcona que a Burroughs y compañía.
El color de las pulgas, que acaba de publicar Ediciones del Viento, tiene ritmo y poesía, aunque a los ojos de estos vividores sea una poesía sui géneris, repleta de tacos, frases cortas y directas con las que Marín describe la picaresca, pero también la desesperanza de unos personajes que viven al límite y al día.
La novela entrelaza muy bien dos tramas muy dispares, por un lado una tragicomedia esperpéntica y desde luego digna de Azcona pero también de Álex de la Iglesia y por otra una intensa historia de amor.
Por encima de todo la auténtica protagonista es Huelva, una ciudad real, nada idealizada, presente en cada página por medio de sus calles, gentes, tapas y olores, rodeada por ese manto protector que es su marisma, a veces no tan añorada por el «olor a caño» que destila. Y de telón de fondo los años 90, simbolizados en los concursos televisivos del tipo El gran juego de la Oca, que los invencionistas consumen con avidez en sus horas de asueto, que son todas. Buen estreno de Mario Marín con esta novela difícil de olvidar.

En la Huelva imaginada pero también recreada al detalle por Mario Marín (Huelva, 1971) en El color de las pulgas, su primera novela, se da cita un grupo de pícaros de los años 90. Un patio de Monipodio poblado por los invencionistas, que en palabras de uno de los protagonistas deben el nombre a que «Inventamos nuestra vida a cada momento, construimos una realidad paralela en un territorio con doble titularidad, la nuestra y la de los demás. Y controlo el tiempo y lo tengo todo. Yo invento». Porque el logro de esta potente novela es ese grupo de vividores sin vida, la adaptación hispana de las criaturas de la literatura beatnik, adoradores del porrito, la transgresión y la cerveza hasta que el cuerpo aguante. Una vida canalla y de bajos fondos que por los recovecos por los que se mueve está más próxima a las brillantes creaciones de Rafael Azcona que a Burroughs y compañía. El color de las pulgas, que acaba de publicar Ediciones del Viento, tiene ritmo y poesía, aunque a los ojos de estos vividores sea una poesía sui géneris, repleta de tacos, frases cortas y directas con las que Marín describe la picaresca, pero también la desesperanza de unos personajes que viven al límite y al día. La novela entrelaza muy bien dos tramas muy dispares, por un lado una tragicomedia esperpéntica y desde luego digna de Azcona pero también de Álex de la Iglesia y por otra una intensa historia de amor. Por encima de todo la auténtica protagonista es Huelva, una ciudad real, nada idealizada, presente en cada página por medio de sus calles, gentes, tapas y olores, rodeada por ese manto protector que es su marisma, a veces no tan añorada por el «olor a caño» que destila. Y de telón de fondo los años 90, simbolizados en los concursos televisivos del tipo El gran juego de la Oca, que los invencionistas consumen con avidez en sus horas de asueto, que son todas. Buen estreno de Mario Marín con esta novela difícil de olvidar.

FICHA
El color de las pulgas
MARIO MARÍN
EDICIONES DEL VIENTO
17 €

Esta es una historia de amistad, un relato de Ignacio Aldecoa narrado por Bukowski, un esperpento, un camino sin salida. La historia de unos amigos de un barrio de Huelva que viven ciegos de porros y cerveza, que se ríen de sí mismos, cuando, accidentalmente, tienen que deshacerse de un cadáver.

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