Un viaje al corazón de las cruzadas

14 abril, 2018

TINO PERTIERRA

El sueño y la tumba, un clásico del historiador británico Robert Payne que cuenta las ocho cruzadas para recuperar Jerusalén

Las campañas militares de las cruzadas pretendían recuperar Jerusalén. L. O.

Una obra maestra. Reveladora. Profunda. Matizada. Lúcida. Amena. Rotunda y evocadora. Todo eso y algunas cosas más es El sueño y la tumba, la historia de las Cruzadas que el historiador británico Robert Payne tejió durante siete años, poco antes de morir.

Imposible no abrir los ojos como platos: «Los cruzados partían hacia Tierra Santa por cientos de miles, unos a pie, otros en burro, otros en carros, algunos enfundados en armaduras y a lomos de caballos engualdrapados para defender la pequeña franja costera que llamaban reino de Jerusalén, que mantuvieron menos de cien años».

Había 50 lugares en Jerusalén relacionados con Cristo, pero «solo uno les merecía veneración y respeto absolutos: la tumba de Cristo. Para la mentalidad medieval, su presencia se manifestaba sobre todo en la tumba vacía. No les obsesionaba la tragedia de su muerte. Lo que cautivaba su imaginación no era tanto la tragedia de su muerte como el triunfo de la resurrección. Ese fue el milagro supremo, el milagro que daba sentido a la vida cristiana. En aquel espacio tan reducido, Dios hecho hombre retornó a la vida tras haber muerto».

En el siglo XII, subrayemos, «existía una franqueza de la que nosotros carecemos. Veremos lo poco que discutían de estrategia en sus guerras; lo más normal era que se lanzasen sobre el enemigo sin hacer amagos, tender emboscadas o elaborar estratagemas. Aunque eran directos, lógicos y razonables, no tenían ninguna dificultad para creer en milagros, presagios y apariciones, y cuando más cerca se hallaban de Tierra Santa, más dispuestos estaban a hacerlo.

Esperaban ver hechos milagrosos y los aguardaban con avidez mientras que, por otra parte, continuaban siendo hombres extremadamente prácticos. Esperaban encontrar aquellos hombres «la santidad en una forma concreta, algo que se pudiese ver, tocar, besar, adorar e incluso que pudiesen llevarse. La santidad estaba en los caminos por los que Cristo anduvo, en las montañas y valles que Cristo vio, en las calles de Jerusalén por las que Cristo había caminado. Nunca se les pasó por la cabeza que Jerusalén hubiese sido arrasada tras la muerte del Salvador».

Y que quede claro: «Pocas veces hubo hombres tan pecadores como los que partieron a conquistar Tierra Santa, y pocas veces los hubo tan profundamente religiosos, tan seguros de su fe. De todas las confusiones e incertidumbres que envuelven a las cruzadas hay una certeza absoluta: la fe cristiana».

FICHA
El sueño y la tumba
ROBERT PAYNE
ATICO DE LIBROS
24,90 €

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