El movimiento casi perfecto de Pérez-Reverte y su tango

16 enero, 2013
Pérez-Reverte logra, en su nueva novela, una visión nostálgica a tiempos pretéritos y los efectos del paso del tiempo.

Pérez-Reverte logra, en su nueva novela, una visión nostálgica a tiempos pretéritos y los efectos del paso del tiempo.

FERNANDO BAUDET

El escritor, periodista y académico cartagenero publica El tango de la Guardia Vieja (Alfaguara). donde aparca las aventuras de Diego Alatriste para contar una apasionada historia de música, ajedrez y sexo que versa, sobre todo, del paso del tiempo. No en vano la idea para el libro surgió en 1990. Veintidó años después, el resultado es magnífico.

Lejos de territorios comanches; alejado de los callejones del Madrid del Siglo de Oro o en las trincheras de Flandes donde relucen espadas y cuchillas en cada esquina al paso de Diego Alatriste; y nada que ver con reinas del narcotráfico y buscadores de tesoros. El tango de la Guardia Vieja es algo distinto, y brillante. Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, 1951) ha rematado en 2012 una historia que comenzó en 1990 y que aparcó por no encontrar una experiencia que, con sus 61 años actuales, le ha permitido cuajar una historia que pasa del blanco y negro al color bajo los sones de un tango, banda sonora permanente para Max y Mecha, amantes y protagonistas.

Todo comienza en los años 20, cuando el buscavidas Max Costa, entonces bailarín mundano, conoce a Mercedes Inzunza y su esposo, compositor en busca de inspiración para vencer una apuesta, en un viaje transatlántico camino de Buenos Aires, donde los lances y miradas de sus primeros bailes pasan al tórrido y desenfrenado cuerpo a cuerpo hasta la huida de quien no era lo que aparentaba ser. Cuarenta años más tarde, el mismo Max Costa, ahora el chófer del doctor Hugentobler y rozando la ancianidad, se reencuentra con una Mecha en la que el paso de los años no ha conseguido borrar el encanto y la belleza que lo cautivaron en Argentina, donde todo comenzó, y en Niza, donde se reencontraron cuando Europa estaba a punto de romperse y ellos no acababan de unirse.

Tres encuentros separados por los años, de una intensidad brutal los dos primeros, y que ambos recuerdan durante la disputa de un torneo de ajedrez (de nuevo presente en la obra de Pérez-Reverte, como en La tabla de Flandes). Una historia de pasión, más que de amor, que sobrepasa los marcos de la trama histórica de la novela: el periodo de entreguerras en Niza y la Guerra Fría de los 60, que conducen a Max Costa por caminos plagados de fascistas italianos, españoles republicanos y espías soviéticos, pero en los que siempre está Mecha, cuya figura se hace gigante en cada página en la que aparece. La imagen de la mujer inalcanzable. Una femme fatale con un secreto en su interior, pero elegante, sofisticada aún en sus bien entrados sesenta años, siempre detrás de una voluta de humo y una mirada ámbar que se convierte en torbellino sexual al que arrastra a Max Costa en una pensión de Buenos Aires y en las mansiones y hostales de la Riviera Francesa.

Es precisamente este aspecto, el pasional, el más novedoso de la novela, al ser un terreno en el que Pérez-Reverte se ha prodigado en una o ninguna ocasión y que resuelve con mucho acierto, de la misma forma que sí deja caer pildorazos de ese espíritu crítico suyo con nuestro país («Aquello es España, ¿lo has olvidado?… El paraíso de la envidia, la barbarie y la vileza», dice Mecha en un momento), además de dotar de la empatía acostumbrada a sus personajes secundarios (a bote pronto, don Francisco de Quevedo y Villegas, en las aventuras de Alatriste; y Luis de Ayala, en El maestro de esgrima) para dejar frases más que subrayables: «Cuando te toca, ni aunque te quites. Y cuando no te toca, ni aunque te pongas». El copyright es del cabo segundo legionario Boris Dolgoruki-Bragation.

Suenan de maravilla el medio millar de páginas de El tango de la Guardia Vieja, envuelto en un tono melancólico, llanto por los paraísos perdidos y los buenos años pasados que no volverán, en el que irrumpe esa luz fugaz que supone el reencuentro, la esperanza de recuperar un antiguo yo que, sin embargo, el espejo no devuelve. Qué quieren. Al fin y al cabo, no deja de ser un tango.

FICHA
El tango de la Guardia Vieja
ARTURO PÉREZ-REVERTE
ALFAGUARA
21 €

Max Costa y Mecha Inzunza se reencuentran en Italia tras muchos, muchos años, en el marco de un enfrentamiento ajedrecístico que trasciende lo político y en el que el hijo de ella es uno de los protagonistas. Vuelve a sus memorias una apasionada historia interrumpida que tendrá en los años 60 su último capítulo. Desde su primer tango, a bordo de un transatlántico a finales de los años 20, destino a Buenos Aires, hasta este último encuentro casual en Sorrento, ambos rememoran cuándos, cómos y dóndes para intentar hallar el porqué de una historia que siempre los llevó por caminos separados.

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