Un disparate bien pensado

8 octubre, 2013
El escritor mexicano Jorge Ibargüengoitia (1928-1983).

El escritor mexicano Jorge Ibargüengoitia (1928-1983).

ALFONSO VÁZQUEZ

RBA sigue rescatando la obra del fallecido escritor mexicano Jorge Ibargüengoitia, ahora con La ley de Herodes, una colección de relatos tan divertidos como cáusticos.

El irónico título de esta colección de cuentos, La ley de Herodes, hace referencia al dicho mexicano que continúa con la frase «o te chingas, o te jodes», lo que deja muy pocas vía de salida a quien quiera optar por una opción más digna. El título, que además es el de uno de los mejores cuentos del libro, resume el espíritu que impregna toda la obra, un fatalismo humorístico que el escritor mexicano Jorge Ibargüengoitia lleva hasta sus últimas consecuencias.

La vida de este completo autor y periodista, tan ducho en el drama como en el humor surrealista, se vio truncada de forma trágica a los 55 años, en 1983, cuando falleció en España en un accidente de aviación. La editorial RBA se está encargando de recuperar su figura, injustamente olvidada, algo que también hizo Reino de Redonda, la colección de obras de Javier Marías, que publicó hace unos años Revolución en el Jardín, un conjunto de artículos periodísticas en el que brilla con luz propia el que da título al libro, un mordaz y despiadado paseo por la revolución cubana en los años 60.

En La ley de Herodes, como hemos dicho, lo que prima es el humor que la mayoría de las veces se vuelve surrealista y disparatado, en la mejor tradición de los Hermanos Marx o esa primera etapa literaria de Woody Allen en la que cualquier cosa puede pasar en los textos. Pero no hay que irse a Estados Unidos para buscar similitudes. El humor español de los años 20 y 30 del siglo pasado también puede encontrarse en muchos guiños que parecen escritos por Mihura o Jardiel.

Antológicos son los cuentos en los que el protagonista, con tintes biográficos del autor, persigue a las mujeres de su vida, como Pampa Hash («Habíamos nacido el uno para el otro: entre los dos pesábamos ciento sesenta kilos. En los meses que siguieron, me llamó búfalo, orangután, rinoceronte… en fin, todo lo que se puede llamar a un hombre sin ofenderlo») o Julia («Yo, por mi parte, pensaba que a ella le faltaban pechos, le faltaban piernas, le faltaban nalgas y le sobraban dos o tres idiomas que ella pensaba que hablaba a las mil maravillas»).

El logro de Jorge Ibargüegoitia es el ritmo que da a la narración, veloz, contenido y que no cansa al lector, a pesar de que el tono de humor tiende a lo desaforado.

Y no busca el autor el mero fuego de artificio, perfectamente justificado, pero es que detrás de ese humor absurdo hay mucho espacio para la ironía social y la causticidad, para arremeter contra instituciones tan loables como los boy scouts, los jesuitas, la administración mexicana o los jóvenes progres que en los 60 quedaron abducidos por la estética revolucionaria. A este respecto, resulta maravilloso el comienzo del cuento que da título al libro: «Sarita me sacó del fango, porque antes de conocerla el porvenir de la Humanidad me tenía sin cuidado».

Por todo ello, La ley de Herodes es un disparate humorístico muy bien pensado, para que, como en las grandes obras de la literatura de humor, sus andanadas se dirijan a las bases presuntamente más sólidas de nuestra sociedad.

 MIS PAGINAS MEJORES, Julio Camba

FICHA
La ley de Herodes
JORGE IBARGÜENGOITIA
RBA
20 €

Ibargüengoitia, agudo observador de las actitudes y los hábitos sociales de su entorno, adopta un espíritu entre humorístico y frustrado para elaborar una serie de ingeniosas historias en las que el narrador protagonista se convierte en víctima de las circunstancias y de la arrogancia.

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