Leonardo Padura: Trazo en negro en La Habana

17 febrero, 2018

JAVIER GARCÍA RECIO

En La transparencia del tiempo vuelve Mario Conde, con sus frustraciones y sus esperanzas. Con esa mirada irónica con la que se defiende de la realidad agresiva que lo rodea. Pero el lector se va a encontrar con un Conde que, a los 60 años, se encuentra más maduro, más sensible, con temor a sufrir heridas que parecen inevitables.

Leonardo Padura ha cuajado una voz poderosa para propagar negro sobre blanco las frustraciones de una generación que puso en la revolución cubana de Castro sus esperanzas de un futuro mejor que quedó roto como las olas que estallan contra el malecón de La Habana. El escrito sin embargo, sigue viviendo en Mantilla, el barrio habanero donde creció, al que se aferra por su fuerte sentido de pertenencia y porque su literatura se nutre de lo que es Cuba incluido su exilio, donde vive parte de su familia.

 

El escritor Leonardo Padura. L. O.

La literatura tiene hoy en Padura a nuestro hombre en La Habana y, como Graham Greene, se ha valido de la novela policial y de su detective Mario Conde para retratar la realidad cubana. Padura se ha valido de la novela policial para escribir novelas sobre Cuba. El enigma por el enigma no le interesa, sino hacer que lo escrito tenga una connotación social. Que refleje los problemas y lados oscuros de la sociedad.

Pero tras esa serie de novelas negras con Conde como protagonista, la carrera de Padura tuvo un salto hacia la excelencia tras la publicación, en 2009, de El hombre que amaba a los perros, su relato en torno al asesino de León Trotsky y los sueños rotos de una generación revolucionaria, que es el mismo eco de un desencanto que late en la sociedad cubana.
Padura regresa ahora rescatando a Conde en La transparencia del tiempo, donde a la intriga propia de un relato policial, une ahora el misterio para hacer más atractiva la historia y conseguir atrapar al lector hasta el final.

Leonardo Padura insiste en no abandonar a ese detective que se mueve con él en el tiempo y le permite reflexionar sobre la realidad cubana. Un detective que su creador quiere cada vez menos policial y más social, lo que lo lleva al tremendo reto de escribir una novela policial casi sin policías.

En esencia, en La transparencia del tiempo es el mismo Mario Conde, con sus frustraciones y sus esperanzas. Con esa mirada irónica con la que se defiende de la realidad agresiva que lo rodea. Pero el lector se va a encontrar con un Conde que, a los 60 años, se encuentra más maduro, más sensible, con temor a sufrir heridas que parecen inevitables. Hay, por ejemplo, una reacción visceral ante la posibilidad de que uno de sus grandes amigos (Conejo) emigre.

El detective que ama el ron tanto como la literatura, fumador incorregible, atraviesa barrios empobrecidos y edificios al borde del derrumbe (el paseo en diversos capítulos por una Habana decrépita y decadente que no esconde la mugre de un esplendor olvidado, es sublime) para averiguar qué sucedió con una imagen tallada en madera de una virgen negra, la Virgen de Regla, patrona cubana. Se la robaron a un excompañero de estudios, Bobby, que reaparece dispuesto a pagar muy bien por la pesquisa. Pero, ¿es una simple réplica con valor sentimental para Bobby o, en verdad, una obra con valor patrimonial? Aparecen el compañerismo y el optimismo tanto como los intereses creados. El peligro y una preocupación que atraviesa a Conde: la vejez demasiado cerca.

En el relato Padura nos traslada también la historia de esa Virgen y de su llegada a Cuba desde un valle catalán, cuando el joven Antoni Barral, al inicio de la guerra civil española, la rescató de la capilla de su pueblo para impedir que fuese robada por los saqueadores y emprende un viaje que le lleva hasta La Habana. En capítulos que alternan presente y pasado, Padura avanza hacia atrás en el tiempo buscando el punto inicial de esa talla religiosa y regresa hasta 1291 donde la imagen de la Virgen es salvada por un caballero templario en el cerco de San Juan de Acre, cuya caída en manos musulmanas supuso el fin de la presencia cristiana en Tierra Santa. El caballero templario, iniciador de la saga catalana de los Barrall, regresó con la imagen sagrada a su valle catalán y a su aldea, para depositarla en la capilla donde pasó varios siglos hasta que otro Antoni Barral la rescató en 1937 y se la llevó a Cuba, donde también pasó 70 años escondida hasta que en 2014 es robada y ahí aparece Conde.

FICHA
La transparencia del tiempo
LEONARDO PADURA
TUSQUETS EDITORES
19,90 €
A un Mario Conde a punto de cumplir sesenta años, y que se siente más en crisis y más escéptico que de costumbre con su país, le llega de manera inesperada un encargo de un antiguo amigo del instituto, Bobby, que le pide ayuda para recuperar la estatua de una virgen negra que le han robado.

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