Toni Quero: El amor es un mismo paisaje
MARCAPÁGINAS / 11 febrero, 2018

GUILLERMO BUSUTIL Las aves. Es difícil cazarlas con la mirada. Se las ve ligeras, un segmento de sombra, rímel suave en el cielo, un parpadeo y de repente nada queda de ellas. Ni siquiera un rastro de humo, como sucede con los aviones. Tampoco una pluma perdida, igual que los besos que se dejan por el camino los amantes. Sin embargo si uno es hábil o imagina por delante, lo mismo que hacen los cazadores cuando apuntan desde un fututo de tiempo fugaz, pude atraparse un ave en el corazón de una cámara fotográfica. He conocido a tipos que lo hacen. El último es joven, monta en moto a lo largo de una huida que tiene mucho de viaje de búsqueda, del trazo invisible de las dos ruedas de una moto por encima y por dentro del corazón de una mujer frágil Igual que si el viaje y su huella fuesen el hilo que cose una herida para dejar que vaya cicatrizando. Es lo que también hace ese tipo que fotografía aves. En el cielo, y en vuelo hacia el mar en el que Duna se desnuda las alas y se baña con una sonrisa azul, mientras él la contempla…