Sin rastro del alma
NOVELA / 16 enero, 2014

RAQUEL ESPEJO La editorial Alba nos trae una sugerente y perturbadora novela de Émile Zola, Thérèse Ranquin, que explora la bajeza humana con una franqueza literaria y estilo descarnado. Hoy llego con un clásico bajo el brazo, un regalo para los que amamos la literatura, una obra por la que no pasa el tiempo y que en cualquier momento se puede convertir en auténtica actualidad. Émile Zola, padre del naturalismo, es el autor de esta novela, Thérèse Ranquin (editorial Alba Minus), cuyo prólogo se convierte en un excepcional resumen de la teoría de este estilo tan emparentado con el realismo. Si espectacular es la novela, más original es el preámbulo. Zola se dirige exactamente a los críticos literarios, editoriales y periódicos que desde un primer momento han tratado al escrito como «apestosa basura». Célebre es la frase: «En Thérèse Raquin pretendí estudiar temperamentos y no caracteres», premisa primordial de esta forma literaria que se basa en representar la verdad cruda y cruel, con objetividad documental, en todos sus aspectos, desde lo sublime hasta lo más vulgar y con todo lujo de detalles. Y eso fue lo que no gustó: los detalles. Llegaron a tachar a Zola de obsceno, morboso e inmoral…