Una melodía Bartok
MARCAPÁGINAS / 7 octubre, 2018

GUILLERMO BUSUTIL La escritura es como un arco que interpreta en las cuerdas de un violín el movimiento de su lenguaje, y transforma la vibración de la palabra que dibuja vibrato, trémolo o pizzicato Bartok, en una música que nos cuenta una historia que emociona. Bien lo sabe y lo demuestra Teresa Gómez en su último libro, esbozado cuando vislumbró el envés humano del alma del instrumento que creó Andrea Amati en 1542 en la espalda de Viktoria Mullova. Hermosa imagen de cómo la música se siente en el cuerpo y de cómo el cuerpo la templa en un arte armónico que nos envuelve, se nos mete dentro y nos fuga de su brazo. Lo mismo que los 32 poemas con los que Teresa Gómez nos regala este pentagrama poético, La espalda de la violinista, publicado en la colección Vandalia, en el que ha escrito del amor como preludio, y de la pasión, de la ternura y de la evocación de lo perdido como tres movimientos que nos desvisten, nos desnudan del todo y nos enfrentan al destello, al miedo, a la soledad, a la esperanza y al destino de lo que somos. Mujeres y hombres de un relato construido…