Isla de Wight
MARCAPÁGINAS / 5 marzo, 2016

GUILLERMO BUSUTIL La juventud es un corazón rodeado de música por todas partes. Un territorio azul en el que la vida es la seducción de los límites imposibles, la embriaguez de todos los tiempos del tiempo. El de la experiencia, el de la imaginación, el de los neófitos y los adictos, inquilinos todos de una atmósfera de eternidad en la que no existe la muerte ni el fracaso. Sólo el amor, el sexo, el desorden y la búsqueda del presente. La juventud es el estribillo hipnótico de una canción que gira sobre sí misma. Es necesario bailarla hasta el final de las fuerzas, beberse sus noches, crecerse filósofos de utopías con sus lecturas. De cómo cada cual la viva, así serán sus fantasmas. Y también el relato hacia atrás con el que descubriremos nuestras traiciones o nuestra afianzada identidad. Y si el resultado es más o menos pacífico, con un saldo a favor, no es extraño que le desempolvemos la niebla, con suave ternura la pongamos en un plato en el blanco y con la aguja de la escritura recordemos la música con la que un día nos enamoramos de la vida y sus combates. Bien lo sabe, bien lo…